Necesitamos el encantamiento y la posibilidad de lo extraordinario, pero queremos que tengan un soporte racional que los avale.

Katze

Aunque tiene más de un siglo de existencia y sus predicciones han sido confirmadas una y otra vez por los resultados experimentales, todavía sigue sin comprenderse en su totalidad. Algunas de sus conclusiones van tan en contra de la experiencia corriente, tan en contra de lo que parecen decirnos nuestras construcciones mentales y nuestros sentidos, que incluso los físicos no terminan de encontrarse cómodos con ella.

Porque la Teoría Cuántica nos habla de un mundo en el que dos o más objetos pueden vincularse para siempre, de forma que lo que le sucede a uno de ellos repercute inmediatamente en los otros, por muy grande que sea la distancia que los separe. Describe un universo en el que coexisten una situación y la contraria; un mundo en el que un gato puede estar vivo y muerto a la vez, dentro de una caja, mientras que no intentemos abrirla. Una realidad en la que las partículas, como los fantasmas, pueden atravesar las barreras, en lugar de trepar por ellas.

No hay una interpretación única de la Teoría Cuántica. Para algunos es un artificio, una forma eficaz de predecir la realidad, pero no de explicarla. La superposición de estados y el entrelazamiento cuántico se pueden entender de distintas maneras. El mayor elemento de desacuerdo consiste en decidir si la naturaleza es o no determinista; y en saber cómo evoluciona cuando no hay un observador consciente ni se lleva a cabo una medida.

La interpretación más aceptada entre los físicos es la llamada interpretación de Copenhague, según la cual los sistemas cuánticos existen en multitud de estados superpuestos de los que solo se materializa uno, cuando alguna parte del sistema es observada, sin que tengamos la certeza de cuál de ellos será, aunque podamos calcular las probabilidades de que ocurra cada uno de ellos. Pero hay otras explicaciones, como la que sostiene que el observador solo obtiene uno de los posibles resultados, pero los otros también se están produciendo en otros universos; de modo que cada observación es una elección y marca la evolución de cada universo futuro. Y hay otros que mantienen que la teoría es incompleta y sus resultados son aparentemente aleatorios porque están interviniendo variables ocultas que, si se conocieran, despojarían a la Teoría de su incertidumbre.

En los primeros años del siglo XX, los logros de la ciencia y el optimismo tecnológico eran tales que la humanidad llegó a creer que había descubierto los arcanos del Universo. Hasta que la Relatividad y la Teoría cuántica pusieron en evidencia que hay mucho más de lo conocido, tanto en la enormidad de las distancias intergalácticas como en lo infinitamente pequeño. Y esta sacudida intelectual no solo afectó a los científicos sino también a los filósofos, los artistas y a todos aquellos que se preguntan sobre la existencia.

Desde la misma ciencia se ofrecía la posibilidad de la magia y del milagro. Viajes en el tiempo, puertas a otras dimensiones, partículas que saltan dentro y fuera de la nada, leyes físicas de desarrollo incierto y mentes que inciden sobre la materia. La nueva Física parecía avalar la posibilidad de lo imposible.

Para muchos pensadores, incluidos algunos de los físicos implicados en el desarrollo de la Teoría Cuántica, el papel del observador abre una puerta a la conciencia, que de alguna manera interviene en los fenómenos. Hay un punto de encuentro entre la ciencia, la mente y la espiritualidad al que podríamos llamar misticismo cuántico. Uno de los divulgadores más conocidos de esta tendencia es el físico Frijof Kapra, autor de El Tao de la Física, un libro en el que se exploran los paralelismos entre el universo descubierto por la física moderna y el misticismo oriental.

Pero una cosa es encontrar paralelismos y otra bien distinta es utilizar estos paralelismos como hechos establecidos, fuera de contexto y sin un desarrollo experimental y matemático que los soporte. Este proceder es una trampa intelectual. Los paralelismos y las analogías deben presentarse como tales, como un material para pensar, pero no como teorías establecidas y hechos verificados. A lo sumo podríamos decir que la ciencia ofrece puntos de conexión o vías de investigación para explorar nuevos caminos.

En este momento, se entiende por ciencia el conocimiento que se adquiere aplicando el método científico, lo que ahora entendemos como tal, que consiste en la verificación experimental de la hipótesis. La ciencia da cuenta de lo observado y hace predicciones verificables. Cuando no se cumplen estos requisitos, cuando se mezcla la especulación con una adaptación a la medida del proceder científico, se habla de pseudociencia. Y la palabra suele estar cargada de una connotación despectiva.

En esta denominación se incluyen un amplio espectro de prácticas, saberes y disciplinas no todas ellas equivalentes. Se consideran pseudociencias la homeopatía, la acupuntura, la reflexología, la astrología o la numerología, por citar algunas; pero también el psicoanálisis, la programación neurolingüística y la terapia gestalt, dependiendo de lo puristas que sean sus detractores. Y bien podría aplicarse esta denominación a la psicología, la economía y todas aquellas disciplinas que no sean estrictamente una ciencia dura.

Aunque cabe decir que entre los filósofos de la ciencia no hay unanimidad al respecto; desde el positivismo ortodoxo de Karl Popper hasta el anarquismo metodológico propuesto por Feyerabend; que critica esta distinción entre ciencias y pseudociencias, y hasta la misma existencia de un método científico único. En cualquier caso hay distintas formas de aproximarse a la verdad, no solo la Ciencia, y todas ellas son incompletas, sus límites no están bien definidos y sus logros, aportaciones y descubrimientos en algunos casos se complementan y en otros parecen contradecirse.

Hay distintas formas de aproximarse a la verdad, no solo la Ciencia, y todas ellas son incompletas

La interpretación científica es veraz pero no da cuenta de toda la realidad de los humanos, incluidos el Arte, las emociones, los sueños y la aspiración de trascendencia. No es suficiente. Es por eso que se buscan puentes y conexiones entre lo medible y lo intangible. Necesitamos el encantamiento y la posibilidad de lo extraordinario, pero queremos que tengan un soporte racional que los avale.

Así, por ejemplo, se habla sobre curación cuántica y se escriben libros sobre ello. O se justifica la acción de la homeopatía recurriendo a una interpretación sui generis del entrelazamiento cuántico: las moléculas de agua conservan la información; esto es, siguen influidas por moléculas que alguna vez estuvieron disueltas en ella, por muy grande que sea la dilución.

La memoria del agua, los meridianos de energía, las corrientes telúricas… son bellas explicaciones, incluso razonables; pero no verificables con la instrumentación, la metodología y las tecnologías actuales. Su justificación teórica no está formulada en términos de materia y energía, de magnitudes medibles, ni tiene detrás un aparato o un modelo matemático que la desarrolle. No se puede construir, por ejemplo, un mapa metabólico que explique cómo actúa un cierto remedio; la acción de la Echinacea compositum no se puede describir con la misma claridad que la de la amoxicilina o el aciclovir. No es de extrañar, por tanto, que, si es preciso elegir, muchos apuesten por lo que parece más seguro.

Las terapias naturales, como la homeopatía, el reiki o la magnetoterapia, vienen avaladas por los testimonios de aquellos que piensan que les hacen bien o consideran que se han curado con ellas; algunas, como la medicina ayurvédica o la medicina china tradicional, se han practicado durante milenios. Pero carecen de soporte empírico desde los cánones establecidos. Y es por esta falta de evidencia experimental por la que se niega que estas terapias sean efectivas; todo ello agravado por la proliferación de sanadores, de personas que han hecho un cursillo y consideran que pueden curar a los demás distribuyendo esencias florales, colocando adecuadamente espejos y piedras o recitando mantras, pero desconociendo lo más elemental sobre sí mismos. Y esto no significa que no haya terapeutas auténticos, sino que abundan los impostores y son más difíciles de detectar que los que ejercen fraudulentamente la medicina convencional.

Estos son tiempos de contrastes, en los que coexisten las terapias génicas y la imposición de manos. Y seguramente se podrían encontrar enfermedades y enfermos en las que la segunda sea más efectiva; aunque solo fuera por la autosugestión del paciente. Comprender la enfermedad, y tratarla, no es exclusivamente un problema de la Ciencia, por muy cuántica que sea.

Y esta afirmación podría extenderse a muchas otras parcelas de la realidad, sobre las que es posible indagar con una actitud más crítica y ecléctica, que vaya más allá del enfrentamiento entre la ciencia y la creencia.

5 comentarios

5 Respuestas a “Entrelazamiento y encantamiento”

  1. Alicia dice:

    No tengo ni idea de física cuántica, pero con conocimientos o sin ellos siempre me ha gustado ―o disgustado, que esa tendencia mía a la elucubración y que no sé o no puedo evitar, me ha hecho en no pocas ocasiones sufrir bastante―, eso, elucubrar y calentarme los cascos con preguntas que o no tienen respuesta o, si la tienen, no voy a saber encontrársela.
    Así, por ejemplo ―con este sistema nuevo que le habéis puesto al blog veo a simple golpe de vista “artículos relacionados”, de modo que lo que escribo lo habré escrito tal vez, igual o parecido, comentando en alguno de esos artículos, pero no me acuerdo―, algo que siempre me ha intrigado mucho es si en los actos terroristas (tirando por lo trágico), en los que por la intervención y voluntad de un gilipollas (o varios) mueren más o menos personas, no estarán concurriendo factores desconocidos imposibles de detectar ni de conocer sus orígenes ni sus porqués ni sus paraqués.
    Pongo este ejemplo porque me parece que lleva muy al límite la importancia o trascendencia que esos factores desconocidos puedan estar ejerciendo sobre algo tan absoluto como son la vida y la muerte, y los porqués y los paraqués de la una y de la otra; y porque entiendo (o no lo entiendo, pero lo creo) que la Voluntad o la Inteligencia que crearon el hecho Vida (la muerte se me antoja más fácil) han de ser infinitamente superiores, de más “calidad” que las del gilipollas que hace estallar la bomba.
    ¿Cómo una voluntad mezquina puede ser más determinante que la Voluntad creadora?
    Estos tejemanejes de mi cabeza me llevan a pensar, a preguntarme, si en los entresijos del existir, las personas, con nuestros libres albedríos o con nuestras predestinaciones no elegimos, desde el principio, desde que estamos siendo engendrados como seres humanos, asumir unos papeles que ―como un actor sobre un escenario― serán lo que nos confiera un “ese es así” con el que pasemos a la más o menos grande o insignificante historia que nos haya tocado vivir.
    Quiero decir.
    Imaginemos que en el mismo instante y en el mismo lugar en los que acontece el acto terrorista, las mismas personas, idénticas circunstancia, están ahí con sus pensamientos, con sus proyectos, con sus emociones, con sus distracciones, o con un dolor de mulas un señor que lleva sombrero y una corbata azul o una jovencita muy afligida porque termina de romper con su novio. Vamos, que todas las circunstancias del momento y del lugar van a ser las que sean, y más o menos aleatorios, y son esas personas y no otras las que están en ese mismo lugar en ese mismo instante y sin haber contemplado, en sus decisiones, estar justo junto a esas otras personas, a las que muy probablemente no conocen, y no otras que igual de probablemente no las conocen.
    Pero están ahí y en ninguna otra parte.
    ¿Es la voluntad mezquina del gilipollas y la bomba que activa lo que los mata?
    ¿Es la concurrencia de unas circunstancias lo que lleva de forma más o menos inconsciente a esas personas a buscar la muerte y acudir adonde aunque no lo sepan van a encontrarla?
    ¿Es la Voluntad creadora la que en su proceso de creación insufla a la víctima, aun sin saberse víctima, su condición de víctima?
    ¿Hay un destino que ha de cumplirse (tanto para la víctima como para el victimario) sea como sea?
    ¿Y si, imaginando, en ese mismo lugar y circunstancias idénticas pero sin la intervención de ningún gilipollas, y sin saber por qué, esas mismas personas muriesen en ese mismo instante, sin causa aparente?
    La lógica parece decir que no, porque por qué.
    ¿Pero puede tenerse la certeza absoluta?
    ¿Es el gilipollas la mano inocente de un destino que le asignó el papel de asesino?
    Pero el mismo planteamiento, por desdramatizar, cabe para ejemplos sencillos de la vida cotidiana.
    Hasta que no levante la tapadera de la olla exprés no sabré si se han pegado las lentejas.
    ¿Y si es, son, el hecho y el instante de levantar yo la tapadera los causantes de que se peguen las lentejas?
    Puede sonar todo esto a chascarrillo; pero lo digo totalmente en serio y en no pocas ocasiones me ha quitado el sueño.
    Bueno, las lentejas menos.

  2. Yo. dice:

    Puestos a creer, por qué he de creer que la ciencia es Tal y por ello infalible?,
    Tampoco sería cuestión de creérselo todo, venga de donde viniere ese saber o conocimiento científico o no!

    Si es el humano el que observa el «hecho», para posteriores teorías y demás..
    Observa desde sí, desde sus capacidades personales- mentales, con ayudas de instrumentos etc..
    Y cómo desde sí «observa», su «pensar» le lleva a las conclusiones.. Las que fueren..
    Y ese «pensar», acaso no está delimitado(por las características propias de las neuronas etc..) y limitando lo que se quiere conocer más en profundidad? – –

    Andaba buscando que puede significar la palabra «espiritualidad», y encontré esta definición: espiritualidad sería cómo descubrir /Acercarse a «verdad universal», en cada cosa, circunstancia, situaciones etc.. Curioso no?
    Buscamos la «verdad» casi con desesperación, para comprender el ‘mundo’, y… Creo, que sin una actitud- de espiritualidad- o, de posicionamiento real- verdadero, en un@, de quererlo.. NO SABREMOS REALMENTE…
    Y claro, esto no lo contempla el método científico «observable y empírico»;
    Ocurre que el espectro de luz.. Tiene infinidad de colores según su frecuencia/ energía que emite etc.. Y hay infinidad de » luces» invisibles al OJO, que existen.. Y, contemple cómo cierto o no La Ciencia y por ello más válido…
    Cómo todo es relativo (Einstein), y el haz de luz casi Infinito.. Y, parece que sin espiritualidad, la verdad no es tal, siento abandonar la ciencia y pasar a la literatura con el «principito» : «la verdad es invisible a los ojos, sólo se ve con el corazón» // y ya lo constataron los médicos, eso lo del efecto «placebo».. Al final que es lo que vale?,
    Pues, lo que le va bien a un@!!…y sigamos con la ciencia o pseudociencia.. Que igual se complementan? – –

  3. Manu Oquendo dice:

    Es llamativo que cien años después de estos descubrimientos sus consecuencias e implicaciones sigan siendo un misterio para el 99.9% de los universitarios del mundo occidental. De hecho solo un número limitadísimo de Físicos, entre 5 y 10,000, aborda profesional y científicamente este campo a través esencialmente de las Físicas de la Relatividad y la de Cuerdas. Como si el resto de las materias pudiesen desarrollarse sin tenerlos en cuenta. No sorprende que sigamos viendo al ser humano como apenas un ente biológico y que la Biopolítica florezca justo al mismo tiempo que la ciencia se expande en la dirección opuesta.

    Los libros de texto del resto, desde escolares a bachilleres, siguen viviendo en el paradigma de Newton. Es decir, que más de cincuenta años después de mis años de colegio ,mis hijos y nietos han estudiado y estudian de esto mucho menos de lo que nosotros pudimos escuchar fuera de programa.

    Uno de mis profesores de Física durante el bachiller, el P. Poggio, había trabajado de joven con alguien que luego fue premio Nobel de la materia. Otro jesuita, el P. Le Maître, hace el planteamiento cosmológico del big-bang que de momento sigue vivo y coleando. El P. Poggio intentaba explicarnos cosas como tratar de pensar espacialmente en más de tres dimensiones y tratar de imaginar un universo de campos de fuerzas que solo en determinadas circunstancias se muestran como partículas. El P. Teilhard de Chardin crea por aquellos años una cosmología religiosa acorde con los hechos y las hipótesis científicas de aquel tiempo. Hoy, la tesis de doctorado –cum laude– de uno de mis profesores, P. Cacho, sobre Teilhard sigue siendo el único de sus libros que la Compañía no ha tenido a bien publicar. A pesar de los desvelos de algunos de sus amigos.

    A estas alturas estoy bastante convencido de que el sistema de educación actual –que ha casi duplicado los años de escolarización– no tiene por objetivo primordial impartir conocimientos sino servir de aparcamiento y de forma de ingeniería social.

    ¿Por qué esto es así? Que cada uno de nosotros se lo intente contestar pero da la sensación de que alguien ha decidido que la masa no somos de fiar para entrar en una materia que las élites no ven con buenos ojos.

    Así las cosas una de las ventajas que hoy tenemos es que se publica mucho más en plan de divulgación y hay mucho contenido en la red que explica las cosas bastante bien para los no especialistas. Seguro que muchos de nosotros conocemos buena bibliografía al respecto.

    A un servidor le gusta especialmente Kaku, Michio. Y dentro de su extensa obra divulgativa «Universos Paralelos» aborda precisamente las cuestiones de las que se ocupa el artículo. De Kaku, nacido en Osaka, sorprende el profundo conocimiento que tiene de la Filosofía Occidental. Este físico no ha pasado por la inaudita segmentación en : Ciencias y Letras que nosotros hemos sufrido.

    La definición del ser humano que ofrece Kaku en uno de sus libros –como una Función de Ondas– me parece profundamente disruptiva y luminosa.

    Esto nos ofrece una nueva visión de casi todo y, por primera vez en nuestra historia, abre un camino de convergencia entre Ciencia, Religión y Filosofía.

    Otro físico, ya fallecido y de más complicada lectura, es David Bohm. Hay mucho suyo ya traducido al español –«La totalidad y el Orden Implicado»– pero aquí traigo una excepcional entrevista –un arte difícil entrevistar– de hace muchos años que explica bien su visión holística del universo desde lo más grande a lo más pequeño.
    Bohm es un hombre sencillo y el entrevistador, Suzuki, hace un gran trabajo. De esta entrevista hace 38 años.
    https://www.youtube.com/watch?v=r-jI0zzYgIE&list=RDQMrRI5J6gPHzg&index=1

    Buenos días y gracias a Enrique por traer el tema.

    1. Estimado Manu,

      Muy interesantes tus comentarios. Yo también he leído a Bohm y creo que a nivel divulgativo falta mucho por aprovechar todo lo que escribió y comentó.

      Estamos de acuerdo con la educación, yo también lo percibo similar. Se trata más de un entrenamiento laboral y adormecimiento social, que una real educación que fomente la curiosidad, la auto indagación y la experimentación directa y contínua de los dogmas y procesos físicos.

      Sobre la física cuántica, me parece sin duda que aún está en una etapa muy antropocentrista y también su lenguaje utilizado, en donde se considera que la observación del experimento, cambia sus resultados. Sin embargo se trata de que la interacción o medición es la que cambia los resultados, no la observación humana.

      El gato estaba muerto o vivo antes de abrir la caja, porque no necesita que lo veamos, sólo necesita que el sistema interactúe complejamente entre sí, para lo cual, ni nos necesita, ni nos espera.
      La partícula no sucede y no pasa por ninguna rendija, hasta que se mide (es decir, se interactúa con la forma de onda de forma que colapse en comportarse como si hubiera partícula), sin importar si el científico se ha jubilado y no se miraron nunca los resultados.

      Sin duda, siempre quedará mucho por responder, y eso nunca terminará. Esperemos que tampoco, el impulso a descubrir.

      Un saludo!

  4. Estimado Enrique,

    Me ha resultado muy interesante el post.
    En especial que existen formas de acercarse a la verdad, pero todas de ellas incompletas.

    Haciendo alusión al Argentino, Fernando Birri:

    «La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que camine nunca la alcanzaré. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar»

    Entonces, podemos decir, que la verdad, el horizonte, es algo que no se puede poseer ni alcanzar.
    Pero incluso aquella lejana montaña, no está tan cerca del horizonte, como aquél que vive caminando hacia él.

    Saludos.

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