Estoy convencida de que hay mucha gente que se adentra en el mundo de la política con intención de mejorar la vida de los habitantes de sus países, ciudades o pueblos. Y estoy casi convencida de que algunos de ellos mantienen esta intención incluso obtenida ya una posición de cierto poder. Pero a menudo, una vez dentro de la vorágine, van olvidando las razones que los llevaron hasta allí y acaban priorizando su situación personal, la de su familia y la de su partido, tratando a la ciudadanía como un medio para alcanzar sus fines. En el momento en el que la población deje de ser el fin de nuestros gobernantes, éstos deberían optar por dedicarse a cualquier otra cosa.
A medida que el tiempo pasa, la distancia que separa a gran parte de la clase política de la sociedad es cada vez mayor. Como si se hubieran subido a una noria y ésta fuera elevándose poco a poco, haciendo que pierdan de vista los rostros de aquellos para quienes trabajan, hasta que resulta imposible empatizar con las personas a las que supuestamente pretenden proteger. Es entonces cuando nos observan con indiferencia desde lo alto, en donde es más fácil divisar las copas de los árboles que los ojos de los ciudadanos que, para más INRI, son los que han pagado su entrada al parque de atracciones.
Y una vez arriba, se resisten a bajar. ¿Quién quiere vivir en un sótano pudiendo disfrutar de un ático? (basado en hechos reales).
Aquí abajo es todo sucio, ruidoso e incómodo.
En «El tercer hombre», Harry Lime, personaje protagonizado por Orson Welles, trafica con penicilina adulterada causando daños irreversibles a los pacientes y, en algunos casos, incluso la muerte. Cuando su amigo lo interroga acerca de sus actividades y le pregunta por sus víctimas en lo alto de la noria, esta es la respuesta de Orson Welles:
– ¿Víctimas? No seas melodramático. Mira ahí abajo. ¿Sentirías compasión por alguno de esos puntitos negros si dejara de moverse? Si te ofreciera 20.000 dólares por cada puntito que se parara, ¿me dirías que me guardase mi dinero o empezarías a calcular los puntitos que serías capaz de parar? Y libre de impuestos, amigo. Nadie piensa en términos de seres humanos; los gobiernos no lo hacen, ¿por qué íbamos a hacerlo nosotros?
Orson Welles deja claro que ese cinismo que se destila desde las alturas no es solo aplicable a la política.
¿Qué son las estadísticas, los titulares o las cifras sin nombre de muertes, paro o pobreza?
Imagino que a veces no somos tan distintos a Harry Lime. Quizá no veamos como puntitos negros a los que sufren penurias en nuestro entorno, pero es fácil que las víctimas de los innumerables conflictos bélicos existentes se conviertan en esos puntos negros que poco a poco van dejando de moverse. No sabemos qué ganamos con su desaparición, pero si tomamos distancia pensando que lo que sucede más allá de nuestras fronteras no es asunto nuestro, estará claro lo que perdemos: Humanidad; la única herramienta que puede sacarnos del fango en el que se revuelve el mundo.
Lo mínimo que podemos pedirle a la clase política es que tenga el valor de bajar a tierra y mirarnos a los ojos. Y si no lo hacen por su propia voluntad, tendremos que bajarlos nosotros tomando las riendas de nuestro destino colectivo.
De lo contrario, solo nos queda el recurso de seguir esperando al Mesías.
Anton Karas – The Third Man Theme (The Harry Lime Theme) – Original Version
Me temo que, si el único recurso que nos quedase fuera seguir esperando al Mesías, es que en realidad no nos quedaría NINGÚN recurso.
Por fortuna, las cosas no pintan tan oscuras: http://politikon.es/2013/12/27/nueve-graficos-sobre-el-progreso-del-mundo/
Que conste que lo he leído Barbara,muy acertado.
Muchas gracias a los dos.
Tengo la impresión, querida Bárbara que no solo los políticos que viajan en la Noria con el billete que les hemos pagado los ciudadanos ven «puntitos negros».
La crisis es un recurrente tema de conversación en todos los ámbitos.
En el trabajo, el la calle, en sitios de encuentro..
Yo he tenido la oportunidad de participar en centros de trabajo, en todos los comentarios (porque nunca he podido constatar debate en estas conversaciones) los presentes (incluida yo), de forma más o menos estereotipada, o incluso con tintes explicativos que trataban de justificar lo injustificable, poníamos de manifiesto nuestro miedo, terror a perder lo que pensamos es nuestro por «derecho propio»..Así, porque sí.
Y ¿qué es lo nuestro por «derecho propio»…porque sí.., pues los beneficios de los convenios colectivos, los horarios, los turnos, las pagas….la jubilación.
A propósito de esto último, y esto está basado también en «hechos reales», se llega a pedir la venida de más «puntitos negros» (emigrantes en este caso) que tengan los hijos que nosotros no nos atrevemos, para que sean ellos quienes paguen en su momento nuestras pensiones..las nuestras, no las de ellos.
Luego hay otros «puntitos negros» que mejor que no se muevan o si no les pasa lo que les pasa…mueren o se hieren en fronteras protegidas con «cuchillitas».., en el mar…en ese aspecto somos los «machacados ciudadanos por sus políticos», los que vamos en
la Noria.
Nos faltan…Nos sobran «puntitos negros»…ya no sabemos, estamos despavoridos ante el miedo….solo tememos..
Enhorabuena, has descubierto la democracia, un sistema de gobierno en el cual los puntitos negros tienen rifles con mira telescópica, para bajar los palomos que se descarrían por las nubes.
De una forma más mundana, el mandato imperativo y la revocación de mandato*. El cual en países más democráticos que el Estado de Partidos español ya utilizan.
*: ejemplos: EEUU, Suiza. Países estos muy distintos pero democráticos.
A colapso2015
No sé si la enhorabuena de su comentario va dirigido al mío.
Sí es así le aseguro que no hay razones para ello.
Ya me gustaría descubrir «la democracia»
Conocer el sistema en el que se supone que vivimos y nos relacionamos de verdad.
Bajar de la Noria y poder hablar de nuestro sistema político con conocimiento, en conversaciones de trabajo, en la calle…tomando un café…
Poder tratar temas como recursos, necesidades, de cómo es de verdad el entorno en que nos movemos y relacionamos, a qué llamamos derechos y a qué obligaciones, cómo hemos llegado a esta situación y qué es lo queremos a partir de ahora.
¿Qué queremos cambiar? ¿A qué estamos dispuestos a renunciar, para que ese cambio sea de verdad democrático y llegue a cuánta más gente mejor?.
Debatir, plantear quejas, sí, pero fundamentadas, que se note de estamos interesados en conocer de verdad el sistema donde nos encontramos.
Empezar a huir de la ignorancia….por favor
Feliz Año Nuevo
Un buen artículo para mover conciencias, y como no tengo mucho tiempo, pero me gustaría hacer un breve comentario, me voy por lo facil y te copio parte una canción de hace cuarenta años, que creo que tu conoces bién y viene al caso.
Dame la mano y vamos a sentarnos
bajo cualquier estatua
que es tiempo de vivir y de soñar y de creer
que tiene que llover
a cántaros.
Estamos amasados con libertad, muchacha,
pero, ¿quién nos ata?
Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio,
preparada tu marcha.
Hay que doler de la vida, hasta creer,
que tiene que llover
a cántaros.
Ellos seguirán dormidos
en sus cuentas corrientes de seguridad.
Planearán vender la vida y la muerte y la paz.
¿Le pongo diez metros, en cómodos plazos, de felicidad?
Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian
que la siesta se acaba
y que una lluvia fuerte, sin bioencimas, claro,
limpiará nuestra casa.
Hay que doler de la vida, hasta creer,
que tiene que llover
a cántaros.
(A Cántaros de Pablo Guerrero).
Un abrazo
¿No tenemos todos, o muchos de nosotros, actitudes políticas mediocres en nuestro día a día? ¿Qué haríamos si nos regalarán una entrada para la noria? ¿Qué hay de político en el día a día de cada uno de nosotros y qué hacemos de ello?
Los políticos electos se entretienen en la noria y la ciudadanía política ¿en el Tren de la Bruja?
Opino que hay personas que entran en la política por convicción personal de que pueden hacer algo en la sociedad en la que viven, otras personas entran porque trabajar a destajo por cuatro duros es jodido.
Siempre pensé que la política es, oficio público, así pues los sres. Diputados etc..deben estar al servicio de los ciudadanos y no justo «al revés», deben o deberían tener un sueldo como el de casi todo dios, y quién quiera negocios mas allà de la política, deben hacerse en las mismas condiciones que el común de los mortales..
Así debiera de ser creo yo,
Qué trato de favores y sobresueldos volando en sobres de mano en mano!!, qué venta de lo púplico a manos privadas!!, leàse Intereses muy privados, qué ocupar cargos la family entera y descendientes sin habersélo ni preparado!!, qué tanto enchufe en las electricas y subidones de recibos a golpe de engañifa para esos sueldos mensuales-anuales imposibles!!, qué de qué vamos la ciudadnía si esto NO se para de alguna manera?,
Si desde lo alto de la noria nos veràn como puntos negros y cómo tales, creen que no valemos una ripia..así pues..al comercio y rentabilidad con esta gente, y al beneficio infame e inmoral de mi Cuenta bancaria (MI), que para mí es lo que vale..
Desde lo alto de la noria igual es que no ven tres en un burro, pero quizàs no sea porque estén ahí en las alturas..sino porque a golpe de tanta vuelta en la Noria, el mareo adquirido tiene que ser morrocotudo que dirían en mi pueblo. Cómo para ver o decidir algo normal!!..difícil!!
No se bien que significa la Politica de los políticos, puesto que están mareaditos de tantas vueltas que ya no les importa nada que no nos creamos sus mentiras.
Pero si que podríamos subirnos a esas revolanderas tan bonitas, de madera, con columpios colgados de grandes cuerdas,( también se llamaban voladoras en Andalucía) que nos hacían de todo.
Se sentía la brisa, se veían al lado tus compañeros, daba un poco de miedo por la falta de seguridad, pero era mucho mayor el aprendizaje de lo cerca que estaba la tierra o el mar- cuando las ponían en la playa, y de lo mucho que perderíamos si no pudiéramos bajar en tiempo.
Esas revolanderas «ecológicas» que jamás fallaban porque estaban conducidas por un maestro, profesional de su pequeña noria nómada, que nos enseñaba los límites, los pequeños vuelos y el aterrizaje a tiempo. Se necesitan urgentemente esos columpios para que al bajar se note la sensación de la gravedad terrestre.
Esas revolanderas serían capaces por si solas de cerrar los parques de atracciones. Porque los vuelos deben empezar a hacerse en pequeños grupos que sean capaces de continuar en el tiempo sin averiarse y sobretodo sin perder la cabeza, de tantas vueltas.
Lo de bajarlos a ellos de sus Norias, ya se bajarían ellos solos. Bastaría un soplo de justicia que los sentara en otros columpios y cabeza abajo, fueran soltando todo lo que tienen en los bosillos; los dineros, la extorsión violenta, la destrucción del territorio y el comercio de esclavos.