Le Rosey, ubicado a orillas del lago Ginebra, es el colegio más caro del mundo. En él se han educado y se educan príncipes, aristócratas, hijos de multimillonarios y, en general, los descendientes de las élites internacionales.

Se trata de un internado con dos lugares de residencia, uno de invierno y otro de verano, dotado con las instalaciones que se le suponen: piscinas, canchas de tenis, instalaciones ecuestres, centro naútico, estación de esquí, campo de golf… además, por supuesto, de laboratorios, ordenadores, bibliotecas y demás accesorios necesarios para la docencia.

Entre sus ex alumnos se cuentan el rey Balduino I de Bélgica, Aga Khan IV, el Príncipe Eduardo de la Familia Real Británica, Dodi Al-Fayed, el Rey Juan Carlos I de España, el rey Rainiero de Mónaco,  Fuad II último rey de Egipto, Mohammad Reza Pahlevi último sha de Irán… Tal vez estos nombres nos sirvan como referencia para valorar si el hecho de ser el colegio más caro del planeta también lleva implícito que sea el que proporciona la mejor educación. Aunque está claro que sí proporciona unas excelentes relaciones.

Hay otros colegios de este estilo, como Eton College y Harrow School en Reino Unido, la École des Roches en Francia o Phillips Academy en Estados Unidos, y a cada uno de ellos se le puede asociar una lista de alumnos notables: Aldous Huxley, George Orwell, John Keynes, Wiston Churchill, Jawaharlal Nehru, el príncipe Rahim Aga Khan, George Bush padre y George Bush hijo y un largo etcétera. Parece que es en estos colegios donde se educa a las futuras élites, como ellos llegan a afirmar, aunque bien pudiera suceder que fueran los lugares en los que se concentran sus hijos, con la intención de seguir siendo élites en un futuro.

Y al plantear este debate hay que tener claro que una educación de élite no es lo mismo que una educación clasista, aunque es habitual que una conduzca a la otra; como también es frecuente que por intentar evitar la segunda se impida o dificulte la primera.

Desde que tenemos memoria de ello, siempre ha habido aristocracias, noblezas, jerarquías, oligarquías y castas privilegiadas, siempre ha existido una clase dirigente; pero el concepto de élite es relativamente reciente y procede de la Revolución Francesa, queriendo simbolizar con él la aspiración republicana de que aquellos que ejerzan el poder deberían ser escogidos por sus virtudes y sus méritos y no por su origen familiar o los privilegios heredados.

Lo cierto es que, con independencia del mecanismo mediante el que se forman, las élites son un hecho, como también lo son las clases sociales y los grupos de poder. Todos ellos se confunden y es posible que el único matiz que permita diferenciarlos sea su menor o mayor intención de perpetuarse, su propósito de impulsar y posibilitar el cambio de una sociedad o de impedir que se produzca; su intención de servir a la comunidad o atender a sus propios intereses.

En todo ello juega un papel clave la educación, como transmisora no solo de conocimientos sino sobre todo de ideologías, valores, patrones y estilos de vida. Y se plantea la pregunta de si corresponde al Estado, o no, intervenir en la formación de las élites y hasta qué punto debe hacerlo.

Parece claro que en las autodenominadas sociedades democráticas el Estado no puede prohibir la iniciativa privada, y esta iniciativa incluye la creación de escuelas y universidades exclusivas. Cierto es que, al establecer las leyes de educación, prescribir los currículos y homologar las titulaciones, las está condicionando de alguna manera; pero este marco común de referencia suele referirse a los contenidos académicos y no parece que suponga un gran obstáculo para su ideario, metodología o forma de funcionamiento, sino que incluso resulta beneficioso para algunas de ellas. La principal intervención del Estado debe consistir en proporcionar una alternativa, un sistema de educación público y, en consecuencia, equitativo.

Equidad y atención a la diferencia son dos de los principios sobre los que se sustenta cualquier sistema educativo que se tenga por progresista; pero ambos se entienden y se aplican mal y suelen estar en conflicto. Y forma parte de esta discusión si una política social equitativa es incompatible con la existencia de escuelas y universidades públicas de élite; es decir, instituciones con los mejores medios y profesores y un sistema riguroso y propio de selección de alumnos, dando por sentado que los condicionantes económicos no iban a ser un impedimento y que todos estos alumnos estarían becados.

Porque, en este momento, asistir a las universidades de nuestro país, tanto públicas como privadas, no garantiza que se vaya a recibir una educación superior, por mucho que así se llame a las enseñanzas que allí se imparten.

Tenemos muchos más alumnos y profesores, muchas más universidades y titulados que hace cuarenta años pero seguimos teniendo los mismos premios Nobel o las mismas medallas Fields (ninguna) y seguimos ocupando, más o menos, las mismas posiciones en las valoraciones internacionales (más de 150 posiciones por debajo del MIT, que encabeza la lista) con todas las reservas que deben tenerse con cualquier escala o clasificación.

Si realmente quisiéramos mejorar la calidad de nuestra educación superior, hay un camino claro: fundar instituciones encaminadas a la formación de élites científicas, artísticas, tecnológicas, políticas o de cualquier otro tipo capaces de impulsar a la sociedad. Es decir, crear centros que tuvieran las virtudes de las Grandes Escuelas francesas o de la Universidad de Cambridge pero evitaran sus defectos; en concreto aquellos vicios y condicionantes que facilitan la formación de minorías privilegiadas y endogámicas. Se estaría preparando conscientemente, desde lo público, a los que más pueden, y deben, dar.

Para ello habría que ser rigurosos tanto con los que enseñan en estas instituciones como con los que pretenden estudiar en ellas. Exigiendo a unos y otros, no solo que reúnan los méritos y requisitos que se consideren necesarios, sino también que cumplan con el compromiso adquirido, los primeros trasmitiendo sus saberes y propiciando la mejor manera de adquirirlos y los segundos entregándose al proceso, gracias a la confianza que sus profesores les merecen. No cumplir este compromiso debería ser motivo suficiente para no continuar enseñando o aprendiendo en estos centros. Pero la vigilancia de este cumplimiento no debería ser competencia directa del Estado sino de la propia institución, que tendría que labrarse su prestigio. Incluso habría que cuestionar si correspondería al Estado la selección de los que trabajan en estos centros y si estas personas deberían tener la condición de funcionarios. El intervencionismo excesivo, el afán de legislar hasta el detalle, hace muy difícil que llegue a practicarse algo diferente de lo que tenemos. Sin autonomía y sin confianza difícilmente puede actuarse de otra manera.

Con nuestros referentes actuales, es muy posible que la creación de estas Escuelas viniera acompañada de un nefasto proceso de selección como el que ahora tienen en Corea del Sur, donde se exige y se elige a los futuros universitarios desde la infancia. Un proceso que recuerda la manida exaltación de la excelencia que se viene manejando en el discurso de la actual reforma educativa, con las reválidas, la selección temprana y los itinerarios educativos supuestamente adecuados a cada talento. No es eso lo que propongo. Si todo el sistema educativo está orientado a conseguir el acceso futuro a unas titulaciones que van a proporcionar dinero, poder y prestigio personal a una minoría, sin que la sociedad reciba una contrapartida, no estaríamos consiguiendo un cambio sino potenciando lo peor del sistema que ya tenemos. Habría que buscar la fórmula, una especie de pacto o de contrato, que garantizase que esta contrapartida se produce; por ejemplo, estableciendo la obligatoriedad, una vez obtenida la formación, de trabajar en lo público durante un cierto número de años.

Suele ser habitual que las élites ejerzan sus privilegios y descuiden las responsabilidades que llevan asociadas, al mismo tiempo que mantienen su estatus mediante el empleo del poder en sus múltiples facetas, en vez de hacerlo mediante el reconocimiento de sus obras. Eso es lo que está sucediendo ahora y de ahí el rechazo que suscitan. Pero el concepto sigue siendo válido: que la sociedad avance subiendo el listón y apoyando a aquellos capaces de elevarlo.

12 comentarios

12 Respuestas a “Educando a las élites”

  1. Adam Smith dice:

    Enrique,

    Muchos queremos mejorar lo que está bien y eliminar lo que está mal. El problema que enfrentamos es que no nos ponemos de acuerdo en qué está bien y qué mal. Todos los días, en todos los países (supongo que hasta en Corea del Sur), uno lee o escucha largos discursos sobre la educación y sobre las élites pero sin la profundidad para llegar siquiera a un acuerdo sobre las dimensiones que definen la educación y las élites, algo básico para avanzar hacia acuerdos sustantivos (no consensos, sino posiciones negociadas como corresponde en democracia constitucional). Por supuesto, el problema se complica si además queremos relacionar educación y élites, y peor todavía si aceptando que siempre habrá algún tipo de élite, uno no define qué tipo y cómo se relaciona con un sistema escolar (para mí la educación es mucho más que la escuela) que necesariamente es primero un mecanismo de división entre excelentes y no-excelentes (no importa si se usa o no la palabra excelencia) y segundo un medio de formación diferencial de esas dos categorías.

    Hace poco leía que en el análisis de la persuasión y la argumentación uno debe tener claro si su propósito es evaluar lo pasado para determinar causas y responsabilidades, o evaluar el presente para determinar qué valores, creencias e intereses están en juego, o evaluar el futuro para elegir entre las opciones disponibles. Sí, a veces nos centramos únicamente en uno de los tres tiempos, pero en temas de políticas públicas que necesariamente nos centran en el futuro no podemos avanzar sino hay acuerdos mínimos sobre el pasado y el presente. ¿Qué hacer cuando no hay tales acuerdos? En democracia constitucional, no debe extrañar primero que coexistan soluciones alternativas que reflejan esa falta de acuerdos mínimos y segundo que algunos grupos (generalmente ideológicos) intenten imponer su solución.

  2. eduideas dice:

    Totalmente de acuerdo con tu propuesta: una élite intelectual y comprometida. Sí creo que las notas tienen que ser un criterio de acceso pero no el único y no a base de reválidas que no miden el potencial sino la capacidad memorística, el aguante al estrés y la clase social.

    Quizá no haga falta crear centros ad hoc sino que cada universidad privilegie aquellos estudios donde sea mejor, sin competir por tener todas las carreras de manera absurda

  3. colapso2015 dice:

    Mi dificultad para entender la gente aumenta por momentos…

    ¿Exactamente de qué estamos hablando? ¿Élites? O sea: “Minoría selecta o rectora”

    No siento en absoluto ser aguafiestas pero “las élites” genérico aplicado sobre una sociedad de forma indiscriminada nos refiere a aquellos con poder. Las fuerzas especiales o de élite son grupos de mandados,…, entender eso como “las élites” lleva al engaño. Pues en la misma selección se atribuye una exclusión mutua. Por ejemplo, los GOE son élite, los diputados también se podría entender como una élite, pero no se forma un conjunto con estas dos élites.

    Y esto nos lleva a que la democracia como sistema de gobierno, está justamente fundado sobre el respeto formal de la independencia del individuo sobre los grupos. Desde mi punto de vista “las élites” y la democracia son incompatibles. Como alguien ha dicho y no recuerdo ahora, la democracia es una forma de desalojar élites (temporales) de forma pacifica y ordenada.

    Es decir, formar “las élites” es incompatible con la democracia y atenta contra ella, …

    Por otra parte estoy en contra de la educación planificada y centralizada (por esto me llaman neo-liberal). Pero a la vez estoy a favor de la renta básica (llegamos a un mundo de reglas impuestas), (por eso comunista).

    Si miramos “las élites” de Harvard (ej: Obama) vemos que se nutren y organizan por viejos alumnos. Es decir aquellos han quitado provecho directo del “buen” funcionamiento de la universidad.

    El principio de forma gráfica se basaría en lo siguiente:
    – La sociedad decide, democracia, si desea “monetizar” alguna conducta social y se crea una renta X.
    – Con la renta X el beneficiario decide donde “gastar” y/o invertir.

    Es decir si alguien quiere estudiar Z se le da un cheque descuento X para que lo invierta en la universidad Y.

    Ideas tenemos muchas y no necesariamente las de educación de élite son las mejores. Ejemplos a cientos, por citar algunos la de un registrador de patentes y la de otro que empeño su casa, pasó hambre para inventar algo que volaba aparentemente sin alas,…,

    Lo de la educación de élite y el mundo de los expertos es una cosa parecida a la verdad absoluta neo-liberal, éxito (social) = verdad, falso por todos lados.

    Por ejemplo el tema que nuestras élites preparan para la reforma eléctrica, se les ha ocurrido que el cliente pueda elegir de quien consume la luz y a que precio dadas unas ofertas en el contador inteligente en tiempo real, ¿parecido a un “router” PLC elige la menor oferta a la baja?.
    Como corresponde a PLC se monitoriza con un ordenador,…, o una pantalla.
    Y posteriormente se compensen los costos en las distribuidoras y las mayoristas. Por supuesto eliminar el término de potencia que es una barrera de entrada a la competencia monumental, y demás costos ocultos,comercializadoras intermedias que puedan gestionar el “router”, difícil de implementar pero sin voluntad imposible, e incluso la liberalización absoluta. Todo va de mirar pros y contras. Que la élite selecta de técnicos decida una cosa no significa que a la gente le parezca lo mejor, y es aquí donde la democracia toma partido. Si no estoy de acuerdo debo tener un representante al que dirigirme, dependiente en cierto grado de mi para hablar del tema.
    Lo que para “las élites” sería “el populacho”….

  4. Adam Smith dice:

    Enrique,

    Hablando de elite intelectual y comprometida no puedo dejar pasar por alto este post de Luis Garicano y J. F.-Villaverde en Hay Derecho?

    http://hayderecho.com/2014/02/13/los-misterios-del-curriculum-del-candidato/

    Su lectura me dejó pensando en para qué formar intelectuales comprometidos. Luis y Jesús se han estado presentando, en base a sus antecedentes académicos fuera de España, como intelectuales comprometidos. Pero ambos son economistas y deben saber los beneficios y los costos de la especialización. El post de referencia es patético porque pretende ilustrar una deficiencia grave del sistema político español –esto es, su horrible mecanismo de selección y promoción de políticos hasta posiciones de liderazgo en sus partidos y probablemente en gobiernos futuros– pero ignora que los caminos a la cima están pavimentados con lealtad incondicional a los que ya llegaron. Sucede en la mafia y en todas las organizaciones, incluyendo las mismas universidades donde Luis y Jesús son profesores.
    En fin, el post termina siendo ridículo metiendo el dedo en la llaga, al mismo tiempo que ignora esa consideración y se plantea con un sesgo anti-PP que genera la burla de algunos lectores. Una recomendación para todos los intelectuales (en particular pseudo-académicos con pretensiones de poder) que dicen comprometerse es que primero aprendan las reglas del juego y sólo después de conocerlas decidan si participan del juego o si se dedican a analizar seriamente por qué reglas tan horribles han sobrevivido largo tiempo y quizás sigan sobreviviendo por siempre (como lo ilustran los revolucionarios tipo Fidel que sólo seleccionan y promueven sólo alcahuetes).

    1. Teresa Cabarrush dice:

      Espero que este blog me permita mi intervención por esta vez y en consideración a mi apreciado Señor Adam Smith: ¡ Qué triste me parece los Blogs o Personas tan pobres que se pierden a personas tan inteligentes como Usted, Señor Adam Smith!.

      Alguien Verdaderamente » Brillante e Inteligente», no lo desaprovecharía, al contrario, sanamente compartiría con Usted, grandes enseñanzas. » Las Personas Grandes y Brillantes, son las que saben estar con HUMILDAD en todos los lugares, no necesitan de darse publicidad a ellos mismos, porque son conscientes de que SABEN, pero además deben tener otras cualidades personales muy » especiales», porque sabemos que hay personas con muchos Conocimientos, pero luego no saben vestir con el traje adecuado a los personajes.

      Ya sabe Usted, Señor Adam Smith, cuando alguien » Brilla » todos los demás lo ven y deciden dejarlo sin brillo.

      Un abrazo de mi parte para Usted.

      https://www.youtube.com/watch?v=TPMoOk5GzXk

      Quien vale, siempre vale…siempre…resplandece siempre…

      1. admin dice:

        Estimado Adam Smith,

        No es la primera vez que, colocando un comentario en este blog, aprovecha para cuestionar o criticar los contenidos de otro, en concreto el blog Hay derecho.

        En este caso con el apoyo de Teresa Cabarrush, que debe estar más informada que nosotros acerca de su posible contencioso con dicho blog, tal como se desprende de la lectura de su comentario.

        Les agradeceríamos que no mezclaran los asuntos.

  5. Teresa Cabarrush dice:

    Gracias por la publicación de mi comentario. A ver, cuando me refiero a las personas que desaprovechamos las enseñanzas que otras personas nos pueden ofrecer, me incluyo yo la primera y a los demás, lo digo en sentido general, y al igual que las personas, a los blogs les ocurre lo mismo, a los Blogs en general, puede ser cualquier blog, no he nombrado a ninguno en concreto, también me refiero a ellos en sentido general.

    Mi comentario va en sentido general, nada más, no hay que dar más importancia al asunto. Esto es por mi parte, y dejo zanjado el tema.

    Gracias y como no es mi intención interrumpir conversaciones, me despido de Ustedes.

    Saludos.

    1. Adam Smith dice:

      Estimada Teresa, un gusto volver a saber de usted. Me temo, sin embargo, que en esta oportunidad no he entendido qué le ha molestado de mi comentario sobre el contenido del post de Luis y Jesús, si es que algo, y por cierto me causó sorpresa la reacción del administrador del blog. Si usted estima conveniente aclarar su punto, no tendré problema en explicar mi comentario.

      1. Teresa Cabarrush dice:

        Estimado Señor Adam Smith, no me refiero en nada al Post del que Usted habla, no sé por qué este mal entendido, tan sólo me refiero, a lo que explico en el último párrafo, que tanto las personas como los blogs en general desaprovechamos las enseñanzas de personas que pueden ofrecer mucho, NADA MÁS. No entiendo la intromisión del Administrador, ni sus palabras, porque no hablo ni nombro a ningún Blog en concreto, creo que nadie puede hablar por voz de nadie, porque creamos sobreentender, cuestión distinta es lo realmente reflejado, y por supuesto, lo único claro es mi apoyo no sólo a Usted si no a cualquiera que pueda ser censurada sin motivos, a veces incluso.

        Tampoco entiendo su comentario, Señor Smith. Lo que sí queda muy claro son las reacciones del Ser Humano, somos tan complejos que nos queda mucho por aprender.

        Es muy evidente que sólo hablo del desperdicio de las enseñanzas, y sí es muy evidente que le apoyo a Usted, Señor Smith, ahí lleva mucha razón, el Señor Administrador, pero también que no pongan en mi boca lo que no he dicho, porque se pueda o no desprender algo, las percepciones son percepciones.

        De todas maneras, soy persona que si no estoy contenta con algo de un Blog, no tengo dudas de comunicárselo a sus administradores en privado y no pasa nada, pero que de algo positivo se transforme en algo negativo, me niego…rotundamente me niego…bastante negativismo existe ya en la vida, cada cual con lo suyo…

        Si acaso, Señor Smith tendrá que decirle algo al Señor Administrador, no a mí…creo yo…es muy evidente, de todas formas, es importante estos acontecimientos porque así sabemos más.

        Queda muy claro, mi apoyo a Usted, y no entiendo su comentario hacia mí, debería ir referido al Administrador, y tampoco entiendo al Administrador de poner en mi boca lo que no he dicho, así de claro, no dar más vueltas al asunto, lo dejo por zanjado, porque no tengo nada que aportar, todo queda bastante claro, y no voy a ser partícipe de intenciones no muy claras para mí.

        Saludos.

  6. Teresa Cabarrush dice:

    Perdonen, que añada algo, esto me parece como si estuviéramos en el Teatro del Absurdo, y ha salido de forma espontánea, Rafael Azcona llevaba mucha razón en sus opiniones.

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