Un amigo me envía el siguiente chiste por correo:
Pitágoras no paraba mucho en su casa, y Enusa, su esposa, aprovechaba tal situación para copular con 4 campesinos analfabetos que cuidaban sus tierras.
Un día que Pitágoras volvió temprano a casa, los sorprendió, y matando a los cinco de un solo viaje, decidió enterrarlos en el jardín.
En consideración a su esposa dividió el terreno por la mitad y en un lado la enterró a ella. El otro lado lo dividió en cuatro partes y enterró a cada uno en un cuadrado igual; de esa forma los cuatro ocuparon un espacio idéntico al que ocupaba la esposa.
Luego subió a la montaña para meditar y, mirando desde la cima pensó:
«El cuadrado de la puta Enusa, es igual a la suma de los cuadrados de los catetos».
SI ASÍ ME LO LLEGAN A EXPLICAR EN EL «COLE», NUNCA LO HUBIERA OLVIDADO.
Tras leerlo comienzo un debate electrónico para explicarle el porqué de mi rechazo.
¿Por qué me ofende tanto este chiste?
Primero, porque decir barbaridades sobre temas sensibles no es hacer humor negro. El humor negro no debería nutrirse de provocación hueca e infantilismo, sino de ingenio e inteligencia. Y si queremos jugar en esa liga, vamos a tener que afinar los chistes. Es lo mínimo que podemos exigirnos.
Segundo, me llega sólo unas horas después de escuchar un caso más de mujer asesinada por su ex marido. Me llega un mes después de estar leyendo a diario informaciones sobre la mujer violada y asesinada en India. Unos días después de leer la noticia sobre las agresiones sexuales a seis turistas en México. Me llega cuando escucho en la radio la batalla para frenar la todavía frecuente práctica de la ablación (mas todos esos casos que suceden a diario y nunca leeremos en ningún periódico). Y encima me llega cuando veo un anuncio de unos carnavales con un par de tetas como reclamo, o una mujer desnuda haciendo de bandeja en un restaurante japonés, con un montón de pescado crudo sobre su piel. «Es arte, es sólo otra forma de expresión, es un experimento…» Venga ya; es humillación. Cuando empezamos a levantar cabeza alguien se las ingenia para que volvamos a enterrarla. Y no, no quiero ver a un hombre haciendo de bandeja en un restaurante japonés. El respeto no lo vamos a ganar exigiendo una igualdad de mierda.
Sé lo que estáis pensando algunos: «No es para tanto. Si no podemos reírnos de esto entonces tampoco podríamos reírnos de (inserte aquí el ejemplo demagógico que más le guste) ¿Y si hubiera sido la mujer la que mata al marido te molestaría tanto? Las mujeres no tenéis sentido del humor. Pues a mi novia le ha hecho gracia, así que el problema lo tienes tú. Aquí llega la moralista a darnos lecciones». Sí, puede que tenga la enorme incapacidad de expresar mi opinión sin dar lecciones, pero no creo que sepa solucionarlo de aquí a que termine este texto, así que disculpad la demagogia.
No quiero portar la bandera de la inquisición femenina, pero creo que hay un mensaje detrás de este tipo de chistes que evidencia que las mujeres seguimos estando sometidas (intentad recordar un chiste con mujeres que violan o matan hombres. Tic Tac) Seguimos siendo las principales víctimas sexuales en el mundo entero, y cuando levantamos la voz para poner esto de manifiesto no se nos toma en serio porque debéis de pensar que llevamos toda la vida quejándonos del trato recibido. Pero de ser así, lo es por algo. Y con esto no justifico el victimismo; justifico el cabreo.
Seguimos viviendo en un patriarcado. Y nosotras seguimos emulando el rol masculino para poder escalar profesionalmente, para pedir cierto respeto y para protegernos. «Si vosotros sois así de bestias, nosotras también podemos». Claro que podemos, pero la solución no consiste en silenciar nuestra feminidad, sino en dejar de avergonzarnos de ella. Consiste, entre otras cosas, en asumir nuestros cambios anímicos y en aceptar la complejidad de nuestro funcionamiento cerebral, sin pretender allanarlo para adaptarnos socialmente.
Ser femenina no tiene nada que ver con depilarnos las ingles o comprar lencería; ser femenina no tiene nada que ver con disfrazarnos para resultar sexualmente apetecibles. En esto, como en tantas cosas, nos la han vuelto a colar.
A muchos les resulta anacrónico hablar de la liberación de la mujer. Insinúan que ese tema ya está superado y que si alguna se queja de machismo es porque se trata de una feminista histérica. «Votáis, trabajáis, podéis ir en minifalda, viajáis sin permiso de vuestros maridos… ¿de qué os quejáis ahora?». Pero la liberación consiste en dejar de disimular lo que creemos que nos hace débiles (y en evitar levantarnos al cuarto de baño ocultando el tampax como si intentáramos pasar cocaína por el arco de seguridad de un aeropuerto). No somos hombres, no sentimos como ellos, ni vivimos nuestra sexualidad como ellos, ni nos comunicamos como ellos, ni afrontamos los problemas como ellos. Y sin embargo, a veces nos sentimos orgullosas por actuar como ellos, como si fuera un paso necesario en nuestra evolución, como si nuestra condición femenina tuviera que ser superada en algún momento. Pero no tiene que ser superada, todo lo contrario; tiene que ser reivindicada.
Y da igual si nos gusta o no ser mujeres, simplemente, es lo que somos, así que intentemos llevarlo con dignidad. Dejemos de disculparnos por nuestras diferencias.
SI ASÍ ME LO LLEGAN A EXPLICAR EN EL «COLE», NUNCA LO HUBIERA OLVIDADO.
Hola, Bárbara,
No te imaginas qué alegría me dá «tu cabreo», palpitante entre líneas.
Me alegro porque me adhiero e identifico íntegramente,lo has descrito tan bien que parece un calco de múltiples y similares situaciones y actitudes experimentadas u observadas.
Imagino que para reivindicar esa femineidad tendremos que identificarla y poseerla primero, no sólo en las mujeres sino en los hombres. Tarea larga, dura y espero no estéril.
Un abrazo,
Victoria
Entre «la crianza» de la que habla Carlos Peiró, atribuida a las madres principalmente, según se dice, y lo de la feminidad de este artículo…cuanto despiste!!–
que vivimos en un mundo inventado y gestionado por «el hombre» o lo «masculino», eso parece, desarrollado en posesiones, dineros, sexualidad, territorialidad y engañifa por todos lados, así al menos lo veo yo;
Las féminas en general tenemos un problema o yo por lo menos creo tenerlo, me creía casi todo lo que me contaban, y cuando se queda una colgada de un titi..se aguantan carros y carretas sin tener porqué…porque pasa esto?–porque salir de este armado masculino organizado urbi et orbi..misión imposible parece, a no ser que se desarrollen aspectos masculinos en nuestra personalidad que por mal que queden, de algún apuro sí nos sacan; Puesto que hombres y mujeres, somos personas- seres humanos, si desde ahí nos consideraramos, como que la perspectiva en el trato de ambos cambiaría, y no se trata de reivindicar nada, opino, sino derespeto mutuo entre personas de diferente signo sexual, pero que no por ello haya que estar en lucha permanente, sino buscar algo que una y complemente..
Se nos trata como objetos sexuales o decorativos, ( que mona y guapa eh?), o personas a explotar totalmente en todos los ámbitos, (mujeres de crianza..que dide Carlos–de crianza?..las mujeres?….espera que coja el palo y te arreee..joopeetaaasss…ejem..disculpen..se me fué la pinza en un segundo), pareciera que lo hemos de resolver todo por mal que nos lo pinten todo..en fin, qué sería del mundo masculino sin la mujer eh?, qué sería eh?…nada..sí!..nada..
con eso no digo que seamos lo más ni lo más importante, para nada, cada cual tiene su ámbito de actuacón y resolución; cuando un «hombre» abre la boca y ese torrente de voz sale por ahí..ya está diciendo mucho, a ver si ahora nos vamos a crgar esa masculiniddad de cada hombre.. no, coña..pero, a ver si ellos son un poco reflexivos y se enteran de que cuando tiene de frente a una mujer, no tienen una «cosa a utilizar en beneficio propio», sino una persona de iguales derechos y sentimientos a tener en cuenta..porque la que pueda caer..puede ser muy gorda..que ya no estamos en el siglo XX…y esa ley de V. de género viene pisando fuerte!!;
No diré que las mujeres somos algo más que los hombres, pero que en algunos asuntos somos más resolutivas yo sí lo creo; y esta sociedad ya seencarga de tener al varón bién mediatizado y ocupado para que sea incluso incapaz de tratar bién a quién quiere (la mujer)..que si el trabajo, la pasta, el fútbol, la amante…vamos hombre, no seas tonto!!–parece que dice ese urbi et orbi…..
el día que hombres y mujeres seamos capaces de respetarnos en nuestras diferencias y tolerarlas, y dejemos de ver a la mujer como eso que salió de la «costilla del hombre», como reza el Génesis….vamos hombre!!..las cosas cambian..y tengo claro que, EVA no pervirtió a ADÁN..sino que fué al revés..que la «urgencia» del colega jovenzuelo y amoroso..dejó gilitonta a la susodicha, pero es mejor poner al árbol-serpiente- y manzana de por medio..que todo queda como más interesante; a que esto último lo redactó un «hombre»??…gggggrrrrgggggrgrrr…
si es que…….esto es la leche….así la mujer de crianza EH??….obligatorio?–está claro que no!!-pienso.
Es que si son «catetas», el chiste no tiene gracia…
Gracias Bárbara, porque a las mujeres también nos cuesta expresar bien esta cuestión en muchas situaciones, porque no es fácil, y que además, quede claro, tanto a hombres como a mujeres. Sí, si, que a veces nos creemos que porque nos concedan un derecho como mujeres para igualarnos a los hombres significa que nos acerquemos a «la liberación de la mujer»…. jajajajaa… que sólo de resonar estas palabras por mi cabeza al escribirlo me da la risa. ¿Que quién nos concede QUÉ?… Perdón, pero es que… como seres humanos nadie es quién para conceder a nadie nada… vamos que este tema… trae cola… y no es un chiste.
Podría pasarme la vida hablando de estos temas, pero no merece la pena. No nos engañemos, hay actitudes que no son inocentes. Obedecen a intereses de un sistema que había empezado a cambiar empujado por el cambio de la mujer. Pero al PODER no le interesa, por miles de razones que no terminaríamos aquí de analizar. Lo peor de todo no es lo que consiguen, sino la confusión que crean.
Y claro que no nos conceden nada. Un derecho no se concede, se tiene por la propia condición. Los derechos humanos son los derechos de las personas y las mujeres, antes que ser mujeres somos personas. Así nos deben considerar y así debemos considerarnos.
Con esto no quiero decir que en mi vida cotidiana no me implique, me refiero a que, en lugar de «cabrearnos» -que es lo que muchas veces persiguen- sigamos en paz, aunque con tolerancia 0. Y eduquemos. Yo no tengo hijas, pero cuando uno de mis hijos me contó, por ejemplo, que en el cole una niña había llamado a otra «tetas planas» le dije, después de hablar un rato con él, que si volvía a ocurrir interviniera. Así fue por segunda vez, pero no volvió a haber una tercera, después de que le preguntara: ¿es que tu cuando seas mayor quieres que te midan por el tamaño de tus tetas?
Los niños son siempre inocentes, pero con los adultos hay que intuir cuándo lo son y cuándo no, para no caer en su juego, porque no todos los hombres son iguales. Conozco a muchos que nunca contarían ese chiste.
Hola, Bárbara.
Hay que tener cuidado con las misivas de algunos amigos. Éste no ha estado muy fino.
De entrada la esposa de Pitágoras no se llamaba Enusa sino Teanos. A seguir, los catetos son dos, no cuatro. .
De todas formas seguro que lo ha hecho con buena intención, no te cebes en él.
Amparo, una amiga, murió de un coágulo cerebral a primeros de noviembre pasado. Su casa está a un kilómetro de la nuestra y nos cruzábamos los sábados y los domingos con los perros. El suyo se llama «Paquito», aún vive pero ya en otra casa.
Amparo, con sus 77 años confesados, era una mujer femenina, coqueta, lista, inteligente, culta, amable, generosa y de acero.
Cuando se nos fue le dije a mi esposa que se nos estaba muriendo una generación de seres maravillosos que nuestras hijas, tan duras, autónomas y aguerridas, quizás no serán capaces de reemplazar.
Algo estamos haciendo mal cuando hay mujeres que aspiran a patriarca. Los patriarcas y las matriarcas de mi familia fueron seres generosos y abnegados que lo dieron todo, literalmente todo, por los suyos. No se nace con este don, se construye cada día vivido para otros.
A este arquetipo también nos lo hemos cargado o estamos a punto. A mi me gustaría salvarlos.
Saludos
Bárbara, me voy a permitir algunas observaciones en referencia a uno de tus párrafos sin, por ello, restar importancia al hecho de que se dan demasiados casos de violaciones, agresiones y asesinatos a mujeres.
Ocurre que la violación a una mujer siempre conlleva violencia; pues el mismo acto e igual de sexual deja de ser violación cuando la mujer toma parte (con ganas o sin ganas, pero eso ya son sus razones y cuestión de vaya usted a saber qué índole) voluntariamente. En el caso de que quien desee esa misma relación sea la mujer no recurrirá a la violencia sobre el hombre, en primer lugar porque no creo que un hombre violentado o asustado se encuentre muy en condiciones de ser violado (no sé si me explico) y, en segundo lugar, porque para obtener los “favores” de un hombre la mujer no precisa en absoluto de recurrir a la violencia sino que, y muy al contrario, los conseguirá con amabilidad, dulzura, tacto, coquetería y saber hacer… Que sigo sin saber si me explico, pero… ¿de veras que no hay hombres violados?, ¿ninguno?
En el tema de la ablación, y por extraño o escandaloso que pueda parecer, no todas las mujeres que se someten o son sometidas a ella están en contra de semejante práctica. Quizá porque estén excesivamente fanatizadas por su religión; tan fanatizadas como cualquier otra persona pueda estarlo por su propia religión o por cualquier otro tipo de convicciones. Luego, entiendo, habría que erradicar la convicción antes que la práctica.
Lo que comentas de los cuerpos desnudos haciendo de bandejas en algún restaurante japonés lo escuché en la radio hace unos días, sí, pero entrevistaban al dueño de uno de esos restaurantes y me quedó la sensación de que eran tanto mujeres como hombre; de todos modos aquí te dejo un enlace en el que se dice que así es:
http://www.20minutos.es/noticia/1702027/0/desgustacion/sushi-corporal/polemica-vila-real/ y no quiero decir con ello que el hecho sea menos estúpido o vejatorio, tan sólo exactamente igual de estúpido y de vejatorio.
En cuanto al asunto, en general, de mujeres y hombres, hace muy pocos días Toni Cantó cometió la imprudencia de afirmar que muchas de las denuncias de mujeres por violencia de género (o doméstica, bueno) eran falsas. Se organizó en los medios de comunicación tal pollo y prepararon las feministas tamaña bronca que tuvo que agachar las orejas, y pedir perdón y retractarse y explicar que había utilizado datos no contrastados.
Cuando el caso es al revés, cuando los acusados son los hombres, nunca he visto yo que se arme semejante pifostio, ni que se le exija a ninguna mujer que se retracte, ni que se cuestione si utiliza datos contrastados o sin contrastar.
Por cierto que — dato contrastado o sin contrastar, pero como soy mujer me voy a tomar la libertad de darlo por bueno o de por lo menos no cuestionármelo — oí, hace no muchas noches en una tertulia radiofónica, que muchos “accidentes” de automóvil en los que fallecen hombres son en realidad suicidios.
Y es que verdaderamente, no; mujeres y hombres no somos iguales por más que lo pretendamos.
Las mujeres no necesitamos utilizar la violencia para violar, ni necesitamos arma alguna ni blanca ni de fuego para matar.
Palabras que yo he escuchado en boca de algunos hombres: «necesito -carne fresca»- refiriéndose a nuevas relaciones..o …estoy bién, aunque me falta «una cosita»..refiriéndose al abandono de la amante, la palabra P. (de libre interpretación por quién lo lea)..la tienen pero que muy a mano…y sobre la ablación, aparte de lo religioso, bajo climas de Pavor y Terror–suena esto de ALGO??–puede pasar de TODO!!; nada en contra de los hombres, que los hay buenos, y muy amantes, y guaperas de veras, te suena?, pero el clima de machismo insoportable papado desde hace unos XXsiglos, cómo pararlo- y cambiarlo en años?, aún así que espabilen los titis que a las mujeres se nos acabó la paZiencia..vale?..
¿Cuándo podremos hablar de este tema sin gritos, sin ataques, sin mala leche, sin generalizaciones malintencionadas, sin proclamas, sin chillidos, sin posesión de la verdad, sin humillaciones, sin rencor?
¿Cuándo podremos hablar de este tema con el amor con el que hace falta tratarlo?
¿Cuándo?
Cuando eduquemos y seamos educados en el amor.
Así pues, ¿el chiste está mal porqué en él matan a una mujer?¿los cuatro hombres que matan dan igual?
Yo también oigo hablar sobre guerras donde participan (y mueren) una mayoría de hombres, una ingente cantidad de delitos violentos en que mueren hombres, un 90% de reclusos hombres…
Enfoques feministas o machistas sólo hacen que dividir hombres y mujeres todavía más. No es aceptable el enfoque por el cual matar a un ser humano sólo está mal si es una mujer.
Ese enfoque defiende sólo a un grupo (mujeres), no busca una justicia universal con independencia del género, busca privilegios de grupo.
Es más, puede que ese enfoque que prescinde de la mitad de la población, que no lo valora ni lo tiene en cuenta (cuando no lo menosprecia y acusa de criminal) sea peor que el chiste y radicalice a aquellos propensos a actuar en contra de las mujeres.
Estoy seguro que no es la intención de Bárbara, pero el mensaje que muchos hombres leen con artículos con este enfoque es «tráteme distinto, que soy mujer» (privilegio), en vez de «trate con respeto a los seres humanos, porque lo merecen» (justicia universal).
Tienes razón, pero no creo que se insinúe en el texto que el mundo sólo sufren las mujeres. Simplemente, ése es el tema que trato esta vez.
http://www.otraspoliticas.com/sociologia/venganza
Vamos por partes… Como diría Pitágoras.
Gracias por comentar (a todos)
Me meto Bárbara, porque me parece importante el tema que has sacado a la palestra, no dudo que real por otra parte, dada la «ociosidad impuesta» de nuestro pequeño mundo que nos parece un Mundo, en la que la gente se dedica a llenar tu correo, muchas veces con tonterías de mal gusto.
A mí también me hubiera molestado. Hoy dicen que es el día de la mujer trabajadora, y en el café, dos amigos míos se acercaron a darme un beso. Y como pincho cuando se que no duele, les dije que felicitaran a las que trabajan igual que yo y no cobran, a las madres de antes, como la mía- y aparenté una ofensa-.
Bueno, pues estaba totalmente equivocada.
Primero porque ellos me aprecian y era un elogio que me hacían- días politizados con nombre aparte-
Segundo porque es cierto; está bien que se reconozca que muchas han seguido tirando de la familia a la par que se entusiasmaban y se integraban en el mundo laboral porque para la realización personal y la vocación o el impulso en el desempeño de un trabajo determinado, las personas no tienen sexo. Siempre es duro aceptar los límites y sobretodo profundizar en las renuncias y más aún seguir sintiendo las desigualdades objetivas que la sociedad -sexista en su conjunto porque nos sigue separando- nos recuerda tantas veces,.
Exacto, como en tu chiste.
Pitágoras es un gran desconocido, entré a leerle sólo por la música y hay un libro reciente llamado «Vidas de Pitágoras» que desmitifica una figura sobre la que muy pocos saben porque no hay documentos escritos -perfecta para la especulación-.
Yo me reiría del chiste con tu amigo, y le haría otras lecturas alternativas – que las hay ¿no te parece? (risas) porque el Gran Pitágoras se reiría de todo si supiera..
Me gusta como escribes.
No creo que a Pitágoras le hubiese gustado este chiste. Primero, porque no es un chiste. Y segundo, porque no sé que opinaría él sobre nosotras, pero el que lo ha inventado no sólo está denigrando a las mujeres. También a los hombres. Espero que el autor revise lo que entiende por inteligencia y sentido del humor. Más no creo que pueda pedírsele.
No sé si las mujeres deberíamos sentirnos ofendidas ante estas joyas machistas, pero encuentro que lo más lógico es preocuparse. Y enfadarse. Sin victimismo, estoy de acuerdo con Bárbara. Tampoco entiendo por que habría que envolver estas animaladas en paños calientes. Si a mi me cuentan algo así y me quedo como estoy o hasta le río la gracia que no tiene (hay por ahí un blog de estudiantes de matemáticas donde una chica dice que es un chiste muy bueno), estaré contribuyendo a seguir pisando mi propio cuello y el de todas las mujeres. Y por tanto, lo femenino. Esté donde esté. Y esto, lo reconozcan o no los hombres, tiene que ver con la violencia de todo tipo que se ejerce contra mujeres y niñas incluida la más extrema. La violencia o el maltrato de cualquier tipo, y en particular contra los seres más débiles -como los niños- es igual de execrable, pero no es lo que se está discutiendo aquí.
Nosotras -y vosotros- tenemos mucho más que suficiente con 50.000 años de asfixia de lo femenino (espero que ya habremos aprendido de nuestros propios abusos en la época matriarcal), aunque a la mayoría de los hombres aún les parezcan pocos. Claro, que también son demasiados para acabar en unas cuantas décadas con el reinado masculino y poner al fin las cosas en su sitio. Pero unos y otras debemos olvidarnos de ejercer poder, y me temo que para esto todavía nos queda un rato.
Días atrás discutía yo sobre patriarcado y machismo con dos compañeros de trabajo, que congenian más bien poco. Sin embargo, al tocar este tema, el pacto fue instantáneo. A los dos les ha dejado su pareja. Uno de ellos ni sospechaba que su novia llevara años acumulando humillaciones. Entre otras, la de obligarla a cambiarse de ropa, peinado y maquillaje casi cada vez que tenían una cita. Tras el pasmo-soponcio inicial, se ha vuelto cínico y ya no dice que la quiere sólo a ella. Ahora se pasa el día buscando novia vía redes sociales. Condiciones: que sea dócil, esté muy buena y dispuesta a responsabilizarse de la mayoría de sus actos (de los de él), que es un cabra loca. Tiene 30 años.
El otro, que tiene cincuenta y ya era cínico antes de la ruptura, se dedica a enviarle mensajes al nuevo novio de su “ex” a través de teléfonos de amigotes. En ellos le «informa» de que está con una puta que le hará cornudo en cuanto se descuide. Y así.
Les decía yo que estas actitudes aún son habituales y deben desaparecer de las relaciones hombre-mujer, que siguen en pie porque vivimos en un modelo patriarcal que legitima la sumisión, el uso y el desprecio a lo femenino. Su respuesta fue la misma que comenta Bárbara: que el patriarcado ya está superado y las mujeres liberadísimas (risitas y miradas cómplices).
Y en defensa de este cuento, que la mayoría de los hombres cree y muchas mujeres quieren creer, se argumentan “logros históricos” como el derecho a abortar (la maternidad desterrada a las tinieblas, porque resulta que se ha descubierto que no es ni moderna ni progresista, y que en el mundo ya sobra mucha gente). A la propiedad del cuerpo. A realizarnos trabajando fuera de casa, al tiempo que se atienden marido, casa, hijos y con frecuencia a sus abuelos, a cambio de un sueldo miserable y teniendo que funcionar como hombres para que se nos respete y no, simplemente, se nos tolere. Derecho a vestir como queramos (¿acaso las modas no son una imposición?). A votar (a políticos electoralmente pro-feministas y “pro” lo que haga falta).
Pero no acaban aquí nuestras conquistas, no. Ultimamente, hemos conquistado también nuestro sitio en el lenguaje. Muchos ya anteponen en sus frases el femenino gramatical -correcto o no- al masculino, aburriendo a oyentes y lectores. Otros emplean la “arroba” unisex (¿no éramos dos sexos?) para simbolizar una igualdad absurda -por imposible- entre hombres y mujeres. Al feminismo oficial no se le ocurre (¿por qué será, será?) que lo que tendríamos que reclamar es justamente el valor de aquello que nos diferencia de los hombres, de lo que nos hace mujeres. Y sacarlo del armario. Pero señoras, señoros y señores, ya estamos liberadas: “jueza” y “jineta” (¿caballista o gato almizclero?).
Aclaro que he olvidado firmar el comentario inmediatamente anterior como Inés T. G. La comentarista que firma su escrito del 8 de marzo con el mismo nombre pero sólo con él, y yo, no somos la misma persona. Lo aclaro para evitar malentendidos.
Hola Bárbara,
totalmente de acuerdo con tu reflexión y posterior crítica al chiste … hay cosas sobre las que no se puede bromear.
Te conocí en Yo Dona y ahora te sigo en Grazia y a partir de hoy por aquí … felicidades por tu sentido del humor y tu proverbial clarividencia!
Es que el humor negro es como las piernas. Se tiene o no se tiene
Los chistes que generan los hombres, en la que involucran a la mujer, es para tratarnos de «putas». Nos puede hacer reír pero nos tiene que resbalar. Que no nos incomode para nada. No hay genialidad en esos chistes, sólo el gozo que tienen para maltratar. No lo logran si nos resbala, no nos enojemos, eso no es con nosotras mujeres. Que nos haga reir, mostrar dicha. Tendrán que inventarse otra.
Pero la verdad es que:
– La esposa de Pitágoras no se llamaba Enusa, se llamaba Teanos (según leí)
Un triángulo rectángulo, tiene tres lados, dos se llaman catetos a y b, forman entre si 90⁰ y el tercer lado c es la hipotenusa.
– El verdadero Teorema de Pitágoras dice: la suma del cuadrado de los catetos de un triángulo rectángulo es igual al cuadrado de la hipotenusa.
a²+b²=c²./
Tremenda deformación hicieron para buscar insultar. No debe ser. La matemática es justa.
Hola Barbie!, en mi barrio se diría que formas parte del grupo de «Las Malco», pero no es el caso, creo que la mejor réplica sería publicar una versión «edulcorada» del chiste; así demostrarías tu destreza y superioridad intelectual frente al intelecto básico del hombre…..(que paradoja que sea un hombre que te lo recomiende y que no se te haya ocurrido, no?)…jajaja, besito en la frente!!
Me ha llamado la atención que un artículo del año 2013 sea actualizado con nuevos comentarios, pero la realidad es que el tema suscitado daría para muchos más.
Desde las leyes biológicas básicas, los seres humanos como cualquier otra especie de seres vivos, las relaciones entre machos y hembras han estado presididas por la atracción mutua, con juegos de seducción en ambos sentidos con el fin último de reproducir la especie desde la Prehistoria hasta nuestros días.
Esos juegos tenían el aliciente o la morbosidad de escapar a una estabilidad de pareja como novedad a explorar y así se ha venido haciendo desde que el mundo es mundo en ambas direcciones. El viejo refrán dice: «el hombre es fuego, la mujer estopa… » intentando explicar como funciona el mundo de las relaciones, por muchos intentos de encorsetarlo en promesas y lealtades mutuas. Al final pueden más los instintos sexuales de una u otra parte para romper, traicionar o -como se dice- «poner los cuernos» al contrario. En los períodos apropiados sobre todo.
¿Puro instinto de reproducción con alguien diferente a la pareja o maldad premeditada para traicionar su confianza por puro placer?
Las respuestas, si son honestas, serían sorprendentes e intuyo que ganaría la segunda opción: el pasarlo bien un rato, un período de tiempo o hacer un cambio por alguien mejor dotado (en todos los sentidos). Si seguimos siendo honestos las preguntas al cabo del tiempo serían: ¿mereció la pena destruir la confianza mutua por una traición placentera? ¿mereció la pena destruir la vida de otra persona sólo por un «calentón» más o menos pasajero en el caso de suicidios como se ha apuntado en algún comentario? ¿mereció la pena destruir una familia por un revolcón ocasional?
Pues sí merecía la pena cuando es algo que tiene un soporte moral más importante en el que el amor y el desamor que son elementos con más fuerza emocional que la lealtad debida al compañero.
Así fue a través de los tiempos, en diferentes tipos de civilizaciones y en religiones muy distintas entre sí. Y así seguirá siendo. Todos los intentos de evitar que el fuego y la estopa se unan llevándose todo por delante, serán inútiles. Serán más o menos conocidos, pero seguirán siendo.
Otra cosa es la consideración de todos los seres humanos sin distinción de ningún tipo, como personas portadoras de valores o carentes de ellos según los casos. Valores que nos permiten a todos trascender el puro instinto para desarrollar vidas, sueños, esperanzas e ilusiones, aspectos que ya pertenecen a lo intangible del alma.
Un saludo.