Es el grito de guerra de los movimientos sociales que han surgido en España y en buena parte de Europa en los últimos años. Con ello, se quiere dar a entender que los ciudadanos afines a tales movimientos establecen una distancia insalvable con aquellos a los que democráticamente han sido elegidos por el conjunto.
El eje central de la democracia, desde sus orígenes a la actualidad, ha consistido en que el pueblo –conjunto de electores con derecho a voto– elija por sufragio universal a sus representantes. Queriendo evitar que el poder lo ejerza alguien ajeno a los intereses de los ciudadanos, se creó esta fórmula a la que llamamos democracia que se instrumentó mediante elecciones con diferente tipo de rango.
Hay numerosos ejemplos en los que esta representación genérica ha adquirido en concreto connotaciones bastante dispares, y en algunos casos paradójicos con el origen primero con el que se postulaba. Lo que se conoce eufemísticamente como «clase política», se las ha apañado a veces para que el designio establecido en las urnas acabe en un galimatías de considerable calibre. Los idearios que suponen los programas políticos suelen ser bastante poco conocidos por la población electora, y la fidelidad de los dirigentes con ellos también.
En realidad, el término representación es tan ambiguo como dual.
La ambigüedad procede del hecho de lo que se entiende por representación, y al ponernos a ello nos encontramos tantas variantes como electores hay en el censo. Visto que no se puede analizar así, lo que podemos es trazar una tipología restringida de la representación, con idea de tratar de aclararnos un poco, echando mano de aquello que afirmó el insigne filósofo español Ortega de «Yo soy yo y mis circunstancias».
En primer lugar tendríamos al elector fiel a las siglas, al que le da exactamente igual quién se presente, cómo se presente, cuándo se presente y lo que represente. De unas características similares al forofo de un equipo de fútbol, siempre está ahí cuando nieva, truena o graniza. No habituado al mundo del pensamiento, hace una elección sensitiva guiado por los colores, las siglas, los anagramas y los escudos. El grado de responsabilidad que adquiere en el hecho de escoger suele ser bajo e inversamente proporcional al carácter visceral, cerrado e indeleble de sus decisiones. Según la idea del filósofo este solo es las circunstancias, porque lo que se dice yo, no se le aprecia por lado alguno.
Con detenimiento podemos observar otro perfil como es el que elige al que más parecido a él mismo le resulta. En una opción de espejo, no tiene en cuenta lo que diga o lo que se diga, solo se va buscando a sí mismo en los candidatos, al que le da la razón, al que haría lo que él haría, aunque no tenga ni repajolera idea de en qué consiste gobernar un país. No reconoce ni sus limitaciones, ni su ignorancia, ni lo concreto de su propia situación, sino que parece actuar basado en el lema «Ya que no soy yo, pues que por lo menos se me parezca». Se vota al estilo de operación triunfo, es decir «el que más me pone», y su particular modo de ver las cosas es lo que ha de prevalecer. Volviendo al filósofo este solo es yo, ni pizca de circunstancias.
En tercer lugar nos encontramos con el elector del «café con leche bien calentito», es decir aquel que entiende poco de política y nunca le ha interesado mucho y no va a cambiar, que cree que el poder es un mal menor sobrevenido y tiene que elegir por aquello de que «ya que puedo… no vaya a ser que…» Este elector se alinea con el político que le deje más en paz y le meta en menos líos. La consecuencia, por el otro lado, suele ser o un político insulso ideológicamente y cabizbajo de las creencias, un gestor gris, o un político que actúa opacamente para no asustar al medio con el que le suelen llegar las noticias finales al elector. Para el filósofo este va un paso más allá y se preocupa sobre todo de que su yo y sus circunstancias no se peleen.
Y hay un último elector que no debe pasar desapercibido, aunque adopte formas de muy buen ciudadano, que es el que piensa en lo que se entiende por el bien común. Parece que recoge adecuadamente el sentimiento del conjunto, y haciéndose con él lo reivindica y lo reafirma. Es quien busca el consenso sin que haga ninguna falta, el portavoz de una opinión mayoritaria que casi siempre está equivocada, quien descarta el arrojo por llevar una postura contraria porque teme reconocer ciertas verdades por su supuesto dramatismo. Este suele elegir al presidente de la comunidad más popular entre los vecinos, el que va a dar más gusto a todos que les represente, el que cree que todos son iguales, para acabar dando igual lo que suceda porque es representativo. Al final suele aprovecharse de ello el más listo, pues sabiéndose el truco, hipócritamente va a cumplir el papel de «representante de la mayoría» que se supone debe representar. En este caso, el filósofo diría que tiene un yo solo circunstancial, supeditado a los otros.
Con esto llegamos al culmen de nuestra democracia representativa en el que actualmente estamos, que no es tal sino su perversión: una representación de democracia. He aquí la dualidad del término:
¡Sí, sí están representando!
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Cada vez se echa más en falta, y se le necesita como el comer, un tipo de elector que haga menos autorreferencias en su elección, que piense menos en si mismo y piense más en los otros, en los demás, en todos y en el conjunto del país, que conozca el pasado sin sesgos y piense en el futuro de las generaciones venideras. ¡Claro qué esto es lo que proclama cada opción política! Porque lo que se dice tontos no son, los equipos que preparan las elecciones de los partidos. Pero ¿cómo lo hacen sino apelando sistemáticamente al carácter egocéntrico de su potencial elector? En vez de educarle, convencerle y hacerle pensar en el bien de todos, se le persuade, se le seduce y se le compra con auténticas estrategias sibilinas y poco decentes solo para ganárselo.
Y ustedes podrán pensar lo antidemocrático que resulta todo este desarrollo, pero se confunden, porque al igual que el vino, la democracia la hay selecta, normal y de brik. La nuestra ojalá que llegara a ser a granel.
Se tacha de demagógicos a los que hacen caricaturas del mundo político, o a quienes hacen soflamas fáciles para ganarse la simpatía del auditorio; pero, díganme ¿se puede tomar realmente en serio a nuestro país, en el que mires donde mires lo que ves es un deterioro indeleble en la esfera de lo público?
Para que un sistema democrático tenga unos mínimos de calidad debe haber un pacto general intrínseco previo, en el que los políticos trabajen seriamente para que sus posibles votantes alcancen el mayor nivel posible de conocimiento del mundo de la política y se tomen con la mayor seriedad posible sus responsabilidades, aunque estas estén limitadas al hecho de votar. Ni lo uno ni lo otro sucede en general, y no tiene ninguna pinta de que vaya a suceder, y por lo tanto lo que tenemos es una democracia a lo Tele5 para décadas.
Hoy Ortega hubiera cambiado la expresión y diría «Yo soy lo que queda de mí por sus circunstancias».
Me ha encantado su artículo, de muy buena calidad, estoy de acuerdo en todo. Tengo una pregunta, como podemos abrir nuestra mente y cambiar nuestra visión. Por que nos dejamos llevar tan fácilmente. De verdad somos tan estúpidos, yo creo que no.
Más bien somos de fácil conformar.
Espero y nos sirva de experiencia lo que estamos pasando, para pensarnos dos veces a quién damos el voto, la próxima vez.
Menos mal, que siempre se podrá rectificar.
¿Y quién nos representaría?
Una gran mayoría de votantes — escribo “votantes” dudando si sería más exacto “ciudadanos”, pero es que a la palabra ciudadano le tengo antipatía porque me trae a la cabeza la revolución francesa — carecemos de conocimientos de política, o de economía, lo bastante alambicados para poder enjuiciar si tales o cuales medidas o formas de gobernar son las adecuadas, o si se ponen en práctica porque no queda más remedio por las circunstancias que fuere y por más cuestionables que puedan antojarse, y ahí cabe la posibilidad de que opinemos llevados de nuestra inmediatez y de intereses no del todo desapasionados y puede que hasta incluso mezquinos. Pero hay otros aspectos del opinar que están muy sólidamente asentados en principios éticos y, dependiendo de qué signo sea cada partido de los que se presentan a unas elecciones, el votante puede suponer qué tipo de leyes va a dictar y cuáles no van a tener cabida en su mandato.
Estoy pensando exactamente en la ley del aborto. Un partido de izquierdas va a abrir (y ya lo hemos visto) la mano hasta extremos absolutamente repugnantes, en tanto que un partido conservador se supone que va a ser bastante menos complaciente; pero sólo se supone, claro, ya que una vez llegados al poder no es sólo que no deroguen la ley en vigor sino que se toman con una calma del todo exasperante el apenas modificarla un poquito.
Y lo mismo que a unos nos ocurre con la ley del aborto a otros les sucederá con otro tipo de leyes; y ningún partido ni ningún elector ni ningún programa ni ninguna propaganda electoral nos va a garantizar, a nadie, el que no se harán cosas que choquen frontalmente con nuestros principios.
¿Entonces qué pasa? Pues que se elija a quien se elija siempre habrá que hacer concesiones, y de tripas corazón, y prostituirse y mirar para otro lado alegando que se transige porque la opción a que nos acogemos es el mal menor.
Así que eso de rectificar tras haberse equivocado que leo en el comentario de AABRC me deja un poquito perpleja porque, ¿en qué consistiría esa rectificación? ¿en volver a dar el voto a la izquierda?
Vamos, que se me ponen los pelos tan de punta con lo que tenemos (y que lo voté) como con lo que tras la “rectificación” podemos tener (y que jamás votaré).
Y luego cabe abstenerse, pero y qué… La democracia de la que tan orgullosos nos sentimos seguirá estando ahí.
Porque es una absoluta aberración que de entre todos los criterios a que pueda estarse atendiendo a la hora de emitir un voto sean tan válidos, y merezcan el mismo respeto, unos que otros.
Además no es verdad, ni lo será nunca por mucho que nos empeñemos, que seamos todos iguales.
Así que, no, no nos representan.
Aunque sí tal vez considerando que todos esos que no nos representan son la prueba y representación fehaciente y palmaria de hasta qué punto todos y cada uno somos irrepresentables.
Pero se insiste en pretender que lo seamos.
Cuando aquello de Marbella, se escuchó decir que ni siquiera había papel higiénico en los lúgares públicos..del consistorio, bibliotecas etc…
enormes chalets, cochazos de alta gama, pisos en compra por parte de los que gobernaban; salta la operación policial- detenciones y Marbella creo recordar es gobernada por una Gestora un tiempo, hasta la politización normalizada creo.
Dicho de antemano,la política y sus tejes y manejes me superan y mucho…parece que para que se presenten nuevos partidos electorales han de recaudar muchísimas firmas y luego que les den el visto bueno para elecciones; unos votos de unos partidos parece que valen la mitad que si son de otro partido;
desde luego quién gane, como se suele decir, gana!–pero, que esto está pero que muy amañado casi desde el origen parece que sí, y eso de ir a votar, que yo siempre fuí..hoy por hoy me lo pienso y mucho para votar…simplemente creo que me están tomando el pelo y que lo que hago sirve de poco, es mi sentir hoy día y punto.
en alguna ocasión escuché que «con dos de pipas nos la dan»…y que no pillaba la frase!–pero que en esto de la democracia…parece que nos la están dando pero bién;
Se dice que gobiernan los mercados y bancos, con la «clase» política de teloneros de lo anterior, eso se dice…y …aguantando…pero que esto sea así ahora, no significa que deba ser así siempre, y que los mercados habrá que regularlos y ajustarlos a demandas de carácter humano y no tan mercantiles en beneficio infinito de uno «pocos»..
la democracia de hoy en día…para mí que está como ausente- desaparecida..y le pese a quién le pese, con democracia y sin ella, las personas en este mundo tenemos derechos por el simple hecho de ser nacidos-de estar aquí- de estar vivos…
así que nacerán nuevos partidos que se irán abriendo paso, que sean capaces de defender un mundo mas justo y más normal para con las personas, de defender y de actuar…les pese a quién les pese.
Muy buena reflexión. A menudo me pregunto por qué se sigue votando a imputados, gente que ya ha sido elegida y ha demostrado una supina incompetencia, etc. Esto me ayuda a racionalizar esa frustración.
Este análisis está relacionado con un post mío titulado Al ladrón, al Borbón pero todos somos corrupción (http://wp.me/p2fW1E-fu) creo que tenemos un problema cultural en España que junto con la estructura que se montó en la transición y nuestra manera de utilizar el voto hace que los que lleguen al poder no sean los más aptos si no los que mejor han servido a los intereses económicos y del partido.
Se necesita un cambio cultural que obligue a las instituciones a abrirse, ser más eficientes y escuchar a los ciudadanos españoles. Sobre todo que se busquen todas las soluciones posibles, por ejemplo sí que hay dinero para salir de la crisis y se podría conseguir sin aprobación de Europa, sólo hay que querer, aquí hay medidas económicas que se podrían hacer sin recortar los derechos de nadie http://wp.me/p2fW1E-hh.
Además la gente debe darse cuenta de que todos debemos expresar nuestras ideas políticas porque si no lo hacemos la minoría que tiene el control usará el poder para su beneficio. Aquí (http://wp.me/P2fW1E-7U) hay unas propuestas para introducir a la sociedad en la política y comenzar ese camino, a la espera de que un partido político se presente con un programa aperturista.
Hay que confiar en la sociedad y aprender a hacer compromisos, siempre y cuando se garanticen unos derechos sociales mínimos de convivencia.
Ay que los quiten de en medio, ay Señor que se los lleven, a algún lugar donde vivan como Dios si es lo que quieren. Y que no les pase nada, y que vivan muy felices, pero que se marchen lejos de las gentes infelices que se ven asaeteadas, agredidas y asaltadas por quienes dicen que velan y que cuidan y se esmeran por liberarlos del yugo del opresor dirigente.
Y que vengan otros mantas, otros traidores a tantas promesas que nadie entiende cómo es posible que asombre el que incumplan y se arroguen el derecho a la mentira en que viven instalados con sus reales asentados en sillones en sus sedes.
Ay que se los lleven madre, que los perdamos de vista, que dejemos de sufrirlos y que podamos ser libres y les cantemos contentos “ay qué bueno que viniste” a enseñarnos que no debe darse poder ni derechos, ni subvenciones ni leches, a personajes indignos que apenas vergüenza tienen.
Que desaparezcan todos, líderes y dirigentes, y salvadores de patrias que dobladas nos las meten y nunca se ven metidos ellos mismos y sus gentes ni en la cárcel ni entre rejas porque no hay juez ni jurado ni libre ni independiente.
El asunto del artículo es complejo. Requiere estudio, análisis, reflexión reposada en un momento en el cual los acontecimientos se aceleran porque siempre que está el río revuelto aparecen depredadores cuya estrategia es precisamente lo del refrán: Pescar en río revuelto.
No tengo ninguna simpatía por los movimientos llamados sociales porque tengo bastantes indicios de que son instrumento de ese tipo de pescadores.
Desde luego no se distinguen ni por el estudio, la reflexión reposada o la capacidad de explicarse razonadamente, razonablemente o, incluso, racionalmente.
Pero una cosa de las que dicen es verdad: «No nos representan». El problema es que lo dicen sin saber por qué no nos representan ni desde cuando. Pero aspiran a reemplazarlos en el ejercicio del poder. Cuanto más mejor.
Tremendo.
Para no contradecirme voy a cerrar con algunas citas.
1. Pedro de Vega: Una de nuestras autoridades constitucionalistas. «El constituyente está secuestrado por el constituido» (1985 y las siete ediciones siguiente). La verdad es que está secuestrado desde que las Asambleas francesas hicieron lo mismo con el «pueblo». Usurpar su representación.
2. Luigi Ferrajoli. Un profesor de profesores: Autor de «Principia Iuri» y de un librito reciente que ya hemos citado aquí: «Poderes Salvajes» (Trotta editores).
Resumiendo el texto de Ferrajoli:
1. Degradación por arriba de la representación efectiva La idea del jefe de partido como encarnación de la voluntad popular.
2. Concentración e indiferenciación de poderes en la cúpula del estado.
3. Patrimonialización del poder en una casta limitada.
4. La integración de los Partidos en las Instituciones de Control.
5. El control partidario e institucional de la Información.
6. Degradación por la base. Homologación de los que consienten y denigración del discrepante.
7. Despolitización masiva, disolución de la opinión pública y primacía de grupos de intereses privados.
8. Dramática y creciente reducción de la participación política.
9. Manipulación de la Información y hundimiento de la moral pública.
Literal y no sólo en Italia o en España.
Saludos
Es una gran desgracia que el poder sea una necesidad ineludible que de una u otra forma hay que estructurar en una sociedad, muy a pesar del ideal anarquista sostenido por Marx, que parece actualmente inalcanzable para la práctica totalidad de todos los seres humanos.
Pero aunque haya que hacerlo hay muchas formas diferentes, con fines, formas, procesos y organizaciones distintas. Seguramente nuestra sociedad española por reciente, por vaga y por traumatizada, no es precisamente de las más logradas que existen. La conformación en la transición española optó por dos pactos, el del bipartidismo y el de los nacionalismos. Pasadas tres décadas la hipertrofia de estos poderes está dando lugar a un auténtico levantamiento popular de indignación, de cuyas formulaciones hay que hacer muy poco caso, pues la mayoría de ellas están contaminadas de los flecos de unos poderes que intentan la perpetuación.
En todos los tránsitos relativos a la naturaleza humana, se sabe de donde irse pero no a donde llegar, y pasará mucho tiempo y muchas tentativas hasta lograr una conformación de poder que corresponda.
Me ha llamado la atención que nuestros contertulios del blog hayan puesto más el acento en los defectos evidentes de los representados, que en el objeto de la crítica como es la mala forma evidenciable en que hacen uso de su voto los electores.
Un saludo y gracias a todos.
Hola, Carlos.
Es cierto que nuestros problemas en España son especiales. Pero si nos salimos de los no estrictamente «Autonómicos» su naturaleza es la misma en todas las naciones regidas por estructura constitucionales derivadas, fundamentalmente, de la Ilustración y la Revolución francesa.
Cerramos los ojos si eludimos la evidencia de un modelo que está obsoleto, estructuralmente obsoleto. Como diría un ingeniero: «Beyond Repair».
Nosotros llegamos al final del paradigma, cuando a éste le llegaron los achaques.
Los paradigmas envejecen todos y han de ser reemplazados.
Este ha desarrollado una visión minimalista, penosa, triste, de la humanidad. Relativista, escéptica, inútil, negativa. Por eso se ha quedado en derechos falsos y sin valores de verdad.
Y esto se evidencia en momento históricos como este.
Momentos en los que, aquello que era el escaparate del futuro, se muestra como incapaz ni de ofrecer un mínimo plato de lentejas, o de cumplir sus propias reglas y por ello las destroza y exige una sumisión abyecta, y se basa en una coacción creciente.
En ese instante pierde legitimidad otorgada y deja de servir.
Su vida útil termina. Es obsoleto y antes o después cae. Como cayeron las monarquías absolutas, la Unión Soviética, el muro y todos los Imperios.
Todo tiene su momento, es larga la transición inevitable, y nada garantiza que sea a mejor.
Especialmente si delegamos nuestra responsabilidad.
Un abrazo
Tampoco concedo una especial singularidad a España en los problemas de un sistema en decadencia como el nuestro, aunque sí en el papel que jugará en el futuro.
A diferencia de la lectura de los estructuralistas, pienso que cada sistema tiene una razón de ser en el momento histórico en el que se desarrolla, apoyándose en unas realidades humanas concretas, con sus valores, creencias y posibilidades. El nuestro actual es consecuencia de la decisión en la Ilustración de favorecer el desarrollo económico frente al desarrollo humano individual.
Después de la decadencia con sus huidas hacia adelante, viene el declive, y ya estamos empezando a vivirlo pues una de sus características es la desesperanza por el presente, y la añoranza de lo perdido. Por eso la transición, como dices es inevitable, pero lo que garantiza que sí sea mejor es el devenir inexorable de los tiempos.
Los valores añejos cumplieron su función, y su desuso es consecuencia de que ya no es un firme soporte para el grado de evolución alcanzado. Los nuevos: transparencia, socialización y estética emocional, tardarán en dar sus frutos, pero es un salto cualitativo sustancial que han de canalizar las generaciones venideras.
Saludos cordiales.
Ultimamente me encuentro cada vez más con demostraciones » in vivo» de unos, sobre escritos y reflexiones maduradas por otros.
La verdad es que me produce una sorpresa agradable, que el futuro que algunos escriben desde el presente como predicción, o como «feeling» – sin puntuar o juzgar esa «impresión»- de pronto se ve testimoniado.
Hablo en serio. Es un alivio constatar que eso de que nadie se entera de nada, eso de que la gente está perdida, de que seguimos siendo un pueblo inculto debería quitarseles de la cabeza a quienes aún mantienen la razonable idea de que es posible la manipulación y el engaño. Quizás por eso la única estrategia que es siempre la que sigue a los camelos y a la coacción, sea la represión.
Y ni siquiera es un fenómeno de los políticos.. es un fenómeno de intento desesperado de mantenerse en el poder, para los que saben que lo están perdiendo. El arrastre autodestructivo de los que se aferran. A lo que sea.
Por esto, señor Peiró, claro que sí se representan, por supuesto que sí.
¿ Nos sentimos representados? Quizás haya gente a la que le guste que la representen, no digo que no.
Cuestión de gustos, a mí, a granel también! ( fantástico símil)
Más que representada me siento identificada o no con según que políticas y por supuesto ahora reconozco que es importante y empiezo a valorarla. Sobre todo en el significado más bello que induzco de esa palabra y que es el diálogo entre personas que no piensan como uno.
Eso creo que ya ha empezado a hacerse en muchos ámbitos, la gente se intercambia ideas, empieza a haber proyectos concretos que funcionan, en medio del «alto comisionado» de lo que sea, empezamos poco a poco a construir. Eso creo, porque a veces yo también dudo de mi optimismo, pero no voy a descartarlo, eso seguro. Funciona de «motor- fuera- borda»
Lo de la estética emocional me ha dejado un pelín traspuesta, si le pareciera al profesor Carlos Peiró ..que explique cuando quiera y le sea posible.
Próximamente aparecerá un artículo al respecto de lo que demandas. Te emplazo a ello para que se siga comentando un tema tan apasionante como ese.
Gracias y un saludo.
Divertido articulo, Peiro, es bueno que oxigenemos la palabra Democracia. Yo creo que, con su estilo, hace tomar consciencia de que esta democracia es un baile de confusiones. Algo así como los colores burlescos de una propaganda de Nes Ty.
Una vez, un politico avezado, me comento que su Jefe de Campaña le enseñaba como decir la frase y que sonrisa poner, dada la circunstancia. Por ejemplo, Rubalcaba, como no tiene buena dentadura,debe sonreir con los ojos sin que se le note la calva. Y Rajoy, teñirse el pelo de negro para no parecer viejo sino vieja reserva….
«Para que un sistema democrático tenga unos mínimos de calidad debe haber un pacto general intrínseco previo, en el que los políticos trabajen seriamente para que sus posibles votantes alcancen el mayor nivel posible de conocimiento del mundo de la política y se tomen con la mayor seriedad posible sus responsabilidades».
Ese es el problema. Y, a mi juicio, el primer paso de ese pacto intrínseco previo, sería el que los partidos (exceptuando, porque nunca lo harán, a los excéntricos) reconociesen el carácter demócrata de sus rivales. Eso implica, para unos, dejar de creer que los socialistas tienen cuernos y rabo y son el demonio (parece mentira pero aún los hay así) y para otros, dejar de calificar a todo el que no tenga un pensamiento de izquierdas como «fascista». Hasta que no enterremos el guerracivilismo, no vamos a ir a ningún lado. Por poner un ejemplo (y se me va a ver el plumero, pero no me importa): NO se puede culpar de la mala situación económica de Andalucía, ni a Cataluña (hay gente que lo hace) ni a Franco, que gobernó 36 años (1939-1975), cuando el PSOE lleva allí en el poder 35 años (1978-2013).
El día en el que los partidos empiecen a abandonar los viejos estereotipos (Franquismo-comunismo, curas y monjas-quema de iglesias, sindicato vertical-sindicato horizontal, educación sólo laica-educación religiosa…) quizás ese día podamos empezar a votar con el cerebro y no con las gónadas…
Por cierto, se me ha olvidado comentar que he descubierto hoy este blog y que, comparado con la mediocridad imperante, es un paraíso de respeto y de sensatez. Enhorabuena.