¿Os acordáis del 15M, aquél movimiento que tanta atención y expectativa despertó en España y en otras partes del mundo? Pocos discutirán que el sentimiento de indignación y rechazo hacia el funcionamiento de nuestras instituciones políticas, encarnado por ese movimiento, era compartido por la mayor parte de la sociedad en aquél momento. Sin embargo, no han pasado ni tres años y parece que de todo aquello no ha quedado casi nada. ¿Cómo es posible cuando, además, la crisis ha seguido creciendo y las medidas del Gobierno han sido a cual más impopular?
¿Por qué se ha producido esa desmovilización social? La respuesta, en mi opinión, es que la mayoría de los ciudadanos no ve la utilidad de estar manifestándose por las calles cada dos por tres con unos objetivos excesivamente difusos o genéricos. “Democracia Ya” o “No nos representan” son eslogan que reflejan un sentir pero, en sí mismos, no constituyen ningún plan de acción. Y esto segundo fue lo que faltó.
Las manifestaciones pueden ser muy eficaces si tienen objetivos concretos, consiguen reunir a muchas personas y se consigue además que salgan una y otra vez. No obstante, el problema de las manifestaciones es que en la práctica solo sirven para oponerse a determinados proyectos, pero no para fabricar su alternativa. En términos futbolísticos diría que sirven para la defensa de la portería propia pero no para meter goles en la contraria. Para esto segundo se requiere otro modo de actuar completamente distinto.
Normalmente, en una democracia ese modo de actuar se suele reservar a los partidos; pero cuando la sociedad ha perdido la confianza en ellos, esta opción deja de ser útil para canalizar las propuestas de la sociedad. Queda entonces, como única esperanza, que eso que llamamos “sociedad civil” asuma parte, al menos, del papel que los partidos no están actualmente en condiciones de ejercer.
Pero, ¿qué es la sociedad civil? Admitiendo que no es un concepto preciso, yo diría que es esa parte de la sociedad que queda cuando se excluye a las instituciones y empresas, tanto públicas como privadas; es decir, cuando nos quedamos los ciudadanos con nuestros propios recursos e iniciativas. Todos tenemos ejemplos de lo que puede dar de sí esa sociedad civil. No hay más que ver la cantidad de ONG que hay por todas partes. No me voy a extender ahora sobre la sociedad civil porque es un tema del que ya he comentado con anterioridad. Lo curioso es que en el ámbito de la política la sociedad civil no es tan activa como en otros campos, quizás porque ahí los objetivos han de ser necesariamente ambiciosos y eso hace que parezcan difusos e inalcanzables. Ante la típica pregunta: “¿qué puedo hacer yo que sirva para cambiar la situación política?”, la mayoría suele contestar que, más allá de leer la prensa, ir alguna que otra manifestación y votar cuando toca, no ve que pueda hacer nada más.
Sin embargo, es mucho lo que podría hacerse. Siempre y cuando, obviamente, se esté dispuesto a echarle algo de tiempo y ganas. Solo con las posibilidades que brinda Internet se pueden hacer muchas cosas. Me voy a centrar en una de las que, por razones obvias, nos queda más cercana. Cualquier persona que quisiera “pasar a la acción” para contribuir a cambiar la situación política podría empezar por participar como comentarista en diversos blogs de opinión política. Hacerlo asiduamente, tratando de aportar su propia reflexión sobre cada cuestión que se vaya suscitando, tiene un doble efecto positivo. Por una parte, es muy autoformativo porque, por el mero hecho de ver publicadas sus opiniones, se animará a profundizar en ellas más allá de lo que probablemente le requeriría la típica charla “de café” con los amigos o compañeros del trabajo. Por otra parte, contribuirá a la reflexión colectiva que promueven esos blogs, enriqueciendo el proceso de formación de opinión que se está dando a escala social. Y solo el hecho de ejercitar una cierta “gimnasia” que ayude a ir creando opiniones cada vez más independientes y solventes, ya es importante para la calidad de nuestra democracia como hemos comentado en otra ocasión.
Desde luego, un paso más sería que cada una de esas personas se lanzase a escribir sus propios artículos de opinión en un blog colectivo ya existente o en uno propio.
Más allá del hecho de disponer de una mayor capacidad de producción de artículos, reunir a un grupo de personas tras un blog colectivo brinda la oportunidad de crear, e ir potenciando, una “cocina de ideas”. Basta con que la revisión de los artículos, que suele hacerse antes de su publicación para garantizar un mínimo de calidad y coherencia, se aproveche para debatir sobre sus contenidos, profundizando en sus ideas y buscando enriquecerlos. Es fácil imaginar lo que puede conseguirse si se establece una dinámica de reuniones periódicas, entre 10, 20 o 30 personas, para debatir a fondo los borradores de los artículos más controvertidos que se quieran publicar.
Si el número de articulistas, de comentaristas y de lectores asiduos del blog crece, puede llegar un momento en que sea interesante complementar las reuniones antes citadas con otras abiertas a la participación de todos los que quieran asistir. Estas reuniones pueden enfocarse para debatir en torno a los diferentes temas que sucesivamente se vayan planteando y, además, según sea el perfil de los asistentes, pueden ir dando paso a la creación de grupos de trabajo ad hoc sobre temas específicos, con el objetivo de elaborar documentos de mayor calado. Obviamente se puede llegar más o menos lejos según vaya siendo el número, perfil y nivel de compromiso de quienes se sumen a este proceso.
Llegado un punto, se podría dar el paso de establecer una organización con, al menos, dos objetivos básicos: el análisis de la información disponible sobre los temas más importantes para la sociedad con la intención de difundirla de forma más digerible; y la formación de los ciudadanos interesados. La proliferación de organizaciones independientes con estas características ayudaría a los ciudadanos a irse formando opinión sobre los temas que más les interesasen. Algo parecido a lo que sucede hoy con los blogs, pero a mayor escala. Naturalmente, en esta fase los productos ya no deberían limitarse a artículos de opinión, sino que también deberían consistir en informes, vídeos, libros, etc. Y los canales de difusión podrían llegar a incluir hasta radio y televisión por Internet. Pero hasta aquí solo estamos hablando de dar información y formación.
La siguiente fase, siempre que el aumento de colaboradores y recursos lo permitiese, podría ser pasar a elaborar programas de actuación en diversas áreas. Programas que puedan aplicarse por el gobierno de turno o, en función de su contenido, por la propia sociedad. Para ello la organización debe tener la capacidad de reunir a suficientes expertos en las áreas que se elijan para reflexionar colectivamente sobre lo que debería hacerse en los próximos años. Además de traducir esa reflexión en los correspondientes documentos, también deberían seguir nutriendo los procesos de información y formación antes mencionados.
Para captar la importancia de este tipo de programas de gobierno conviene tener en cuenta que, en la actualidad, los partidos políticos apenas dedican tiempo a este tipo de trabajo. Se supone que estos estudios se los hacen las fundaciones o “think tank” que están en la órbita de cada partido; pero, aun admitiendo que realmente fuera así, un trabajo de este tipo hecho por diversas organizaciones como las que estoy intentando esbozar en este artículo aportaría un importante valor añadido de independencia que no tienen aquellas.
Alguien me podría decir que el siguiente paso lógico es organizar un partido que se presente a las elecciones y compita con los actuales. Y evidentemente esa es una opción que no se debe descartar. Pero, en mi opinión, una organización del tipo de la descrita en los últimos párrafos, que no aspirase a llegar al poder y se limitase a jugar este papel “de opinión cualificada e independiente”, podría llegar a acumular un capital de credibilidad y de influencia, sobre los gobiernos, partidos y, en general, sobre la opinión pública, que probablemente perdería si se dejase “contaminar” por las típicas dinámicas electoralistas en las que suelen entrar los partidos cuando se disputan los votos de los ciudadanos para intentar ganar las siguientes elecciones.
El valor de organizaciones como las mencionadas es tanto mayor cuanto más dispuestas y capacitadas estén para articular reflexiones de gran calado para la sociedad y con la perspectiva a futuro que se requiera. Por citar algunos ejemplos: ¿qué sistema educativo sería el deseable para nuestra sociedad? ¿Cómo se podría resolver el problema del desempleo? ¿Qué tipo de sector público necesitaríamos? ¿Qué tipo de sociedad nos gustaría tener dentro de 10, 20 o 30 años? Cuestiones que, en este momento, no son afrontadas por las instituciones y los partidos o, si lo hacen, suele ser desde enfoques muy parciales y demasiado cortoplacistas.
Si la sociedad civil asumiera de verdad este protagonismo, los partidos, gobiernos e instituciones tendrían muy difícil ignorar sus opiniones.
No obstante, a nadie se le escapa que para llevar adelante un proceso como el descrito hay que salvar dificultades de diversa índole. Por ejemplo: encontrar personas con ganas, tiempo e ideas; paliar los excesos personalistas; evitar que los sucesivos relevos en el liderazgo del proyecto lo lleven a su fracaso; ser capaces de generar opiniones independientes y con criterio, rehuyendo el alineamiento ideológico; evitar que las fuentes de financiación condicionen la marcha e independencia del proyecto; mantener la credibilidad, etc. Dificultades que explican por qué muchos de estos proyectos fracasan. También es cierto que cuantos más proyectos como el descrito se intenten, mayor será el número de éxitos.
La clave, sin embargo, es que cada persona que está en su casa, “observando la situación”, asuma que puede hacer mucho más de lo que se dice a sí misma, si realmente quiere.
Guisful zinking , spanglish
No percibe el tema, …, los partidos son estatales, los sindicatos son estatales, un montón de grupos son estatales esto es importantes oficialmente. Esta herencia tecnológica del fascismo no es casual, está ahí para desarmar la sociedad civil. Introduciendo ese concepto tan falaz de las masas en el Estado se anula la legitimidad y opción de la discrepancia.
Y la gente que no es tonta, no hará nada si no percibe algún tipo de eficacia en su acción.
Esperemos por la abstención,…, y demás resistencias activas y pasivas, fuercen el cambio de régimen. Porque no hay fuerza de convocatoria fuera de los aparatos del Estado ( ej Cataluña )…
Porque la sociedad civil es la viva representación de la pluralidad y eso tiene sus problemas.
Te lo explico más sencillo, ellos tienen tu dinero y tu tiempo.
Estimado colapso2015,
Es cierto que las mayores organizaciones políticas, sindicales y sociales están subvencionadas y, por tanto, en gran medida interesadas en colaborar con el Estado.
Pero, en su momento, cuando empezaron, muchas de ellas tuvieron que hacerlo apoyándose en grupos de ciudadanos dispuestos a movilizarse. Si, por ejemplo, pensamos en los comienzos de los sindicatos, no creo que en aquellos tiempos la gente lo tuviera más fácil que nosotros ahora. En realidad, lo tuvieron mucho más complicado. Tenían menos tiempo y dinero. Es una cuestión de voluntad.
Hay que desmitificar eso de que no podemos hacer nada. ¿Cuánto tiempo le dedicamos a la televisión? Si tú aportas tus opiniones de forma habitual, ¿por qué no lo pueden hacer otros?
Un cordial saludo
Una ligera, pequeña e insignificante diferencia,…, aquellos sabían eran esclavos, una dictadura clara y asesina, los de ahora piensan son libres, estamos en una democracia, con derechos civiles ¿verdad? En efecto, esto ya no es una dictadura, pero ¿es una democracia?
Recordando la cita, “Nadie es más esclavo que aquel falsamente se cree libre»
La batalla comienza en su cabeza,…,
Es evidente que entre una dictadura y una democracia hay… muchas medias tintas. Y en esas estamos. Esto, desde luego, no es una democracia de verdad. Pero ¿existe esa democracia en algún sitio?
El problema es que de todas esas carencias siempre acusamos a los «de arriba». ¿Y, además de eso, los de «abajo» hacen lo que está en su mano hacer?
Dices que «La batalla comienza en su cabeza…» Sí, pero también tenemos que referirnos a otras cosas, menos «intelectuales». Por ejemplo, la comodidad, el miedo a significarse y que el compañero de la oficina sepa lo que piensas, la humildad de exponer tus ideas y que te hagan ver que son una obviedad… De todo esto también depende la calidad de una democracia.
Un cordial saludo
Yo creo que la reflexión de Bautista tiene calado. Tiene tanto calado que nos cuestiona nuestro interes en participar activamente.
Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad, quizas inducidos, es la incapacidad de incidir con nuestra voluntad en el devenir social.
Ejemplos sencillos, diarios, denotan nuestra pasividad. Subamos el escalón. Por ejemplo, simplemente la cortesía. La cortesía al conducir nuestro coche, al ceder el paso cuando el otro tiene prioridad, al subir al transporte publico, etc. Tenemos pasividad en las cosas más simples. En el esfuerzo diario, digamosle, de la convivencia.
Y, en una manifestación. Es cierto, el 15 M guardo mucho las formas. Era, a su manera, un canto de paz. Pero que es la paz?. Es la pasividad o el cese de la guerra?. En costumbres sociales y religiosas, paz, es un saludo, una advocación, un rito. Paz tenía ese otro significado. Era una mirada cortés. Pero ahora paz implica un previo grito de guerra. Un previo grito del ego. Y así nos va en las manifestaciones.
Bautista, creo yo, nos incita a actuar. A poner en acción nuestra voluntad. Probablemente así podemos contribuir a un cambio, a una transformación.
Hola José María,
Estoy de acuerdo contigo en que eso de activarse para contribuir a producir un cambio en nuestra sociedad tiene muchos grados y escalones. Llevado al máximo, abruma a cualquiera. La cuestión es empezar… y continuar. Lo importante es convencerse que, en muchos casos, si somos simples espectadores es porque queremos.
Un saludo cordial
Si el 15M hubiera quedado en casi nada, dudo que hubieras escrito esta entrada. Hizo que la gente supiera que no está sola en su rechazo a las instituciones y la corrupción, creo conciencia de hablar de política de verdad y no de las agendas que pretenden marcar los partidos.
Además no creo que haya desaparecido, lo que pasa es que es otro tipo de movimiento, porque las viejas formas no sirven en la actualidad, y las nuevas se están probando, entre las que se encuentran todo lo que cuentas en el post.
Estimado Juan Carlos,
Es cierto que el movimiento 15M abrió los ojos a mucha gente y mostró que así no podíamos seguir. En ese sentido, fue muy útil porque sembró la necesidad de hacer algo. Pero, ¿cuánta gente de los que entonces sintió esa necesidad, se ha vuelto a inmovilizar?
Este blog nació al calor del 15M. Nos pareció que había que hacer algo, que el ambiente lo pedía. Pero, al menos en nuestro caso, ya llevábamos tiempo dándole vueltas a hacer algo como esto. Con 15M o sin él, lo habríamos hecho.
Así que no tengo ninguna intención de hacer una lectura negativa de ese movimiento. Pero es evidente que había que ir más lejos, mucho más. Y hay muchas formas de movilizarse, yo solamente he expuesto una.
¿Por qué este y otros blog tienen miles de lectores asiduos y solo un puñado de comentaristas? Algo pasa.
Un saludo cordial
Creo que lo que sucede es que la situación no es tan grave como para hacer salir a la gente a la calle. Tenemos la suerte de que nadie muere de hambre y que en las manifestaciones no matan a nadie. Esas son situaciones extremas que si sacarían a la gente a la calle.
Nadie tiene las respuestas acertadas, tal vez no está en nuestro adn salir a manifestarnos por cualquier medida, tal vez nos hemos hecho burgueses o mejor dicho aspirantes a serlo.
Fijaté que la gente ni participa en los comentarios.
Tal vez es el miedo a perder lo que se tiene sea poco o mucho, o puede que no hayamos hecho todavía el recorrido necesario.
El 15M es un símbolo, yo comencé mi blog un par de semanas antes de que sucediera y he tenido rachas más activas y pasivas, pero mi conciencia sigue activa y con espíritu presente y optimista.
Saludos y enhorabuena por el blog en general
Estimado Juan Carlos:
Es matizable lo que comentas pero desde luego es respetable.
El problema basico, para mi, no es que se salga o no a la calle. El problema es la pasividad. Pasividad, tambien, podría ser que dejaramos que gente se muriera de hambre. O, que empezara a crecer la problematica de la salud publica, etc.
Son paisajes anecdoticos pero esta mañana, en un autobus, viajaban un grupo de obreros, ya cercanos a la jubilación, y mostraban un malestar profundo sobre la actitud de los politicos. Señalaban la corrupción, la impunidad que tienen frente a las evidentes dificultades economicas de una parte, importante, de la sociedad.
Creo, Juan Carlos, que tenemos que actuar para que se produzca un cambio profundo en cuestiones de gobernanza y convivencia social.
Un cordial saludo
Estimado José María:
Por supuesto que es matizable, es solo un intento de respuesta. Estoy de acuerdo que hay un problema de pasividad generalizado, pero no hay una receta para cambiarlo, no se puede planificar, hay que estar alerta porque surgen chispas que encienden la mecha. Pero la gente no va a salir por el simple cabreo, ya lo habrían hecho.
La marea blanca, o la verde han salido cuando el coco ya estaba en casa y el problema es que no fueran una marea única, y a esto sumalé el resto de gente que sale cuando ya no hay otra.
Nos falta el todos a una, no hay solidaridad o está contrarestada con el miedo (no estoy seguro)
Saludos
La reflexion es correcta pero yo pienso que dar opiniones simplemente para calmarse uno mismo, no sirve para nada y solo es util a los politicos de turno. Pienso que si éstos, los politicos, tuvieran una formacion adecuada no existirian tantas divergencias. Todos sabemos la clase de formacion, estudios y preparacion que tienen nuestros politicos, tanto en un PSOE como en un PP y ya no digamos en los otros. Es muy dificil llegar a tener elementos comunes que sirvan para educarlos. En el PSOE se decía que a los que saben y piensan SE LES CONTRATA no se les mete en la politica, un caso que no es desconocido por D.Manuel Bautista Perez, cuyo C.V. demuestra la disponibilidad que he mencionado. No aspiramos a ello ni a imitarle. Nada mas pensar que gente con excelente preparacion está en el paro y que gente con pésima preparacion, autenticos ladrones, tiene un despacho con la bandera de España en sus espaldas……….me pongo malo.
Estimado Miguel Aleman,
Si las opiniones se dan para calmarse uno mismo, estaríamos hablando de una especie de terapia personal. Si solo sirve para meter ruido, hay que tratar de evitarlas.
Si, en cambio, esas opiniones fueran interesantes y les sirvieran a los demás para hacerles reflexionar y formarse una opinión más elaborada sobre la realidad de las cosas (que siempre suele ser compleja), entonces bienvenidas sean. Necesitamos muchas como estas!
No creo que, si los políticos de uno u otro signo tuvieran una formación adecuada, «no existirían tantas divergencias». Quizás no tantas como hay. Cierto. Pero, incluso con mucha formación, suele haber diferentes soluciones para cada problema y, por tanto, es perfectamente legítimo preferir unas en vez de otras. Me parece bien la divergencia de opiniones, cuando son rigurosas y de verdad pretenden solucionar las cosas.
Todo lo cual no quita que, en mi opinión, hay demasiada gente poco formada en nuestra clase política. Es más, creo que a la vista de todos está que el banquillo de los dos grandes partidos cada vez es más pobre. Es dramático pero así es.
Pero no comparto su opinión final. Conozco algunos de los que están, o han estado, en los despachos oficiales, y en general son gente muy capaz, y nada de ladrones. Quizás los que yo conozco no sean representativos del conjunto, pero me resisto a creer que todas nuestras dificultades se deben a eso. Creo que el problema tiene muchos más matices y, si no los ponemos encima de la mesa, mal diagnóstico estaremos haciendo.
Pero, en todo caso, es evidente que la clase política se ha agotado en gentes, ideas e impulso. Por eso es fundamental que desde la sociedad impulsemos y protagonicemos una renovación profunda de la política y de la cultura social.
Un cordial saludo,
Manuel, en una de tus respuestas, la que das a colapso 2015, pones como ejemplo los comienzos de los sindicatos. Es sólo un ejemplo, sí, pero los propios sindicatos — tal y como son hoy en día y en qué han venido a parar — ejemplo también (lo mismo que también son ejemplo los partidos) de que las cosas, cuando empiezan, parecen estar impulsadas desde la honestidad y con ánimo tan encomiable como el que emana de tu artículo. Pero la constatación del discurrir de las cosas parece demostrar que antes o después, lo nuevo, lo que pretende romper con la situación no deseada, se termina burocratizando y acomodando, ocupándose más por hacerse un hueco en lo que hay que de crear algo de verdad distinto y nuevo.
No pretendo, que Dios me libre, insinuar ni de lejos el menor desacuerdo con qué propones; pero no sé si es que hay algo en la naturaleza humana, o de cada ser humano, que se agarra con uñas y dientes a cada pequeño logro, cada cual contempla y se enorgullece de “esto lo he hecho yo” y quiere que no se lo toque nadie, y le cuesta un trabajo enorme admitir que su idea pueda ser modificada, aun entendiendo tal vez que esa modificación sea para perfeccionarla.
Creo que para que una idea, un impulso, un lo que sea, funcione ha de nacer desde un ánimo desasido de todo sentimiento de perpetuidad, echarlo a rodar sin plantearse ni pretender que haya de permanecer sino aceptando de buen grado su condición de ocasional, o puntual, y si su validez no alcanza a más de un rato, un día o un mes o un año, dejarlo morir, extinguirse, y quedarse tan sólo con el germen de para qué sirvió su existir por más que fuese efímero.
Pero, pregunto, ¿somos las personas lo bastante humildes para proceder así?
Hola Alicia,
Planteas una cuestión que, en mi opinión, tiene mucho más calado del que pudiera parecer: la asunción de que todas las organizaciones y modelos de funcionamiento sociales no son un fin en sí mismos, y que como tales medios pueden dejar de ser útiles en un momento determinado, en cuyo caso habría que poderlas disolver.
Completamente de acuerdo. Y es verdad que, cuando las organizaciones alcanzan una determinada dimensión y poder, la tendencia de sus dirigentes es la de convertir su perpetuación y engrandecimiento en su fin principal, con ellos al frente. Aunque los fines reales y cotidianos queden ya muy lejos de los que, en su momento, justificaron su creación. Ejemplos tenemos muchos por todas partes: partidos, sindicatos, iglesias, etc.
Por este motivo, hay una cierta alergia y desconfianza hacia las organizaciones «estables», con líderes «estables» y con todos esos rasgos que denotan una vocación de perpetuación.
Sin embargo, tenemos que reconocer que sin ese tipo de organizaciones no es posible dar determinados pasos y adquirir una cierta relevancia. Por poner un ejemplo, no me imagino a Green Peace, a Amnistia Internacional o a Médicos Sin Fronteras, por decir algo, sin una mínima organización y estabilidad.
Pero, desde luego, el tema tienen mucha enjundia.
Un cordial saludo, Alicia.
Debemos dar gracias que la gran mayoría reconozcamos nuestra profunda ignorancia sobre muchas cosas de la vida al punto que nos impide hacer algo individualmente o participar en una acción colectiva. Sí, la gran mayoría somos honestos sobre nuestra ignorancia. El problema político se origina en aquellos que ambicionan el poder para beneficio propio y para lograrlo tienen que disfrazarse de personas capaces de ayudar a la masa ignorante y lo hacen con la ayuda de los que dicen saber mucho.
Recomiendo la lectura de este post corto publicado ayer el economista Don Boudreaux
http://cafehayek.com/2014/01/two-utterly-banal-thoughts.html
y especialmente la lectura del artículo del filósofo Michael Huemer (In Praise of Passivity) que sirve de base al post de Don. El artículo desarrolla en detalle el argumento de la ignorancia.
Estimado Adam Smith,
Estoy de acuerdo en que es necesario ser conscientes en todo momento de que es mucho lo que ignoramos y de que, por tanto, nuestro conocimiento de las cosas es siempre relativo. Es un principio que deberíamos recordarnos a menudo. Como individuos y como sociedad.
Pero, por otra parte, es evidente que si llevásemos este principio al extremo no podríamos hacer nada. Nos bloquearíamos.
El caso es que, en cualquier debate o intercambio de opiniones, vemos a diario que hay personas que a veces dicen cosas interesantes y que a los demás nos sirven mucho. Pero también vemos lo contrario: gente que no dice nada interesante y que, sin embargo, no paran de hablar. Este tipo de gente es una de las amenazas más claras para lo que expongo en mi artículo.
Pero usted dice además otra cosa muy interesante: el problema político se origina en aquellos que ambicionan el poder para beneficio propio. Estoy completamente de acuerdo.
Pero, también existen personas que ambicionan disponer del poder necesario para llevar a cabo determinados cambios en la sociedad. Y esta ambición me parece positiva. No toda ambición de poder es para fines egoístas.
Un saludo
Estos días ha sido noticia la marcha atrás de la privatización de seis hospitales de la Comunidad de Madrid (en realidad la concertación de su gestión a entidades privadas), gracias a la presión de la «Marea Blanca», es decir de las manifestaciones que en su contra se han ido produciendo sobre todo en la capital (además de la denuncia ante los tribunales de justicia que finalmente han paralizado el proceso).
Aquí la gente ha salido a la calle ante la percepción de que la «privatización» de esta gestión hospitalaria atentaban contra su salud y podía aumentar el índice de morbi-mortalidad.
No estoy muy segura de hasta qué punto esta percepción (sería interesante ahondar dónde podía estar el origen de algunas unanimidades de criterios y posturas antes temas
como la salud), soportaría un análisis en profundidad.
En momentos supuestamente más «boyantes» en la Sanidad Pública, (no hace mucho o al menos eso nos hicieron creer), la «cartera de servicios» de la misma crecía casi de forma exponencial a una demanda que no parecía tener fin, y que aumentaba curiosamente cuando se acercaban períodos de elecciones (como en otros sectores).
Se llegaban a realizar pruebas diagnósticas carísimas sin que su indicación estuviera siempre justificada no tanto por los signos o sintomatología, como por la ansiedad del usuario.
Hay un término que se empezó a acuñar entonces y que se mantiene ahora: ejercer la Medicina Defensiva….
Es decir se trabaja muchas veces para evitar complicaciones y demandas judiciales que en base a una atención especializada y eficaz.
Ha habido seguramente un despilfarro importante en la Sanidad Pública, los sucesivos gobiernos han estado más interesados en mantener en la creencia de que los servicios en este aspecto son infinitos porque saben que con ello se podían asegurar votos, pero a la vez es imposible que no supieran que un Sistema de este tipo es insostenible económicamente si no se van buscando medios para sostenerlo desde antes, y nunca han tenido el valor suficiente para plantearlo a su población (como en otros muchos temas), pero especialmente en éste.
Es cierto que en el caso de «las privatizaciones» de los hospitales de la Comunidad de Madrid ni siquiera sus promotores parecían tener claro el ahorro que suscitaría las mismas.
Seguramente respondían a objetivos más ideológicos que económicos.
Aún así esta «Marea Blanca»`parece haber quedado como ejemplo de que las manifestaciones en la calle bajo eslóganes unificados, generalizados y diría hasta estereotipados, se consigue mantener «logros» y «derechos».
El problema es que no somos capaces de concretar de verdad cuáles son esos logros y cómo se van a sostener a partir de ahora sin renunciar a nada.
Tengo la sensación, tras la alegría generalizada del «sí se puede»…. de los resultados de la «Marea Blanca», que estamos en el mismo sitio que antes, con la misma disyuntiva de insostenibilidad económica del Sistema Pública de Salud, y que la mayor parte de la gente que ha participado en ella, tampoco sabe cómo se puede hacer.
Una consecuencia del fuerte cambio demográfico de los últimos 50 años es que hoy la población mundial y la población de cada país es, en promedio, más vieja. Aunque la educación formal de los mayores de 50 años difiere mucho entre países, los viejos hemos aprendido que mucha gente hace promesas que nunca podrán cumplir. No importa cuan ignorante un viejo es, sabe bien que los demás están lejos de saber lo mucho que dicen saber, especialmente aquellos que hablan mucho. Sí, la pérdida de algunas capacidades implica que muchos viejos pueden ser engañados por aquellos que les prometen seguridad, paz y algún momento feliz. Pero en su totalidad los viejos son más difíciles de engañar que los menores de 25 años, a quienes siempre ha sido más fácil motivar con promesas de paraísos terrenales o celestiales y con promesas de justicia revolucionaria. Si hoy parece que es más difícil engañar con esas promesas a los menores de 25 años es porque muchos tienen una vida cómoda y además enfrentan una oferta muy competitiva de promesas cuya confiabilidad no están en condiciones de juzgar. Hoy sabemos mucho más que en cualquier momento de la historia de la humanidad, pero la ignorancia sigue siendo grande, entre los menores de 25 años muy grande.
Hoy, como ayer y siempre, sobran ideas pero falta conocimiento. El caso del conocimiento científico es ilustrativo. Se supone que los profesionales dedicados a la Ciencia (como antes los profesionales de la Fe) tienen sus propias reglas para determinar si X es o no conocimiento científico, pero bien sabemos que no es así, que sus reglas ambiguas no son aceptadas por todos los disfrazados de científicos (ver por ejemplo esta columna publicada hoy http://www.bloomberg.com/news/2014-01-30/climate-change-skeptics-have-a-right-to-free-speech-too.html ). Sí, hay Xs que todos consideran ciencia en el sentido de que hasta ahora la evidencia encontrada no prueba que sean erróneas. Pero hay muchas Xs falsas porque no han sido contrastadas con evidencia alguna (en cuyo caso lo mejor que se puede decir es que son teorías) o peor porque se ha encontrado evidencia de que sería errónea pero se la ha ocultado. Hacer ciencia es difícil, muy difícil, y poco ayuda que hoy un ejército de predicadores —algunos científicos pero la mayoría simples intermediarios con baja comprensión de lo que es hacer ciencia— quiera abusar de la ciencia para justificar sus falsas promesas. Por supuesto, los viejos no estamos en condiciones de juzgar la confiabilidad de lo que nos dicen esos predicadores, pero por suerte muchos aprendimos a desconfiar de los que se nos presentan como sabios y a exigir pruebas.
¿Por qué participar en un partido político ya organizado cuando dudamos que sus acciones tendrán los resultados que buscamos? Uno siempre puede intentar influir al partido de manera que se opte por acciones eficaces. Sí, hay ejemplos de gente que se unió a un partido y eventualmente consiguió imponer parcial o totalmente sus ideas. Esos ejemplos, sin embargo, nos recuerdan que son excepciones.
¿Por qué organizar un nuevo partido político? En democracias maduras esta alternativa es difícil porque o hay dos partidos fuertes que históricamente se han turnado en el gobierno o hay varios partidos no tan fuertes que juegan a formar coaliciones pre- o post-electorales para gobernar. Ambas situaciones son resultado de instituciones que han estado vigentes por largo tiempo. En cualquiera de las dos situaciones, sin embargo, uno puede imaginarse que una variedad de ideologías e intereses están representados por los partidos (en el caso de dos partidos fuertes, cada partido acomoda varias ideologías e intereses). Por lo tanto, si uno quiere organizar un nuevo partido tendrá que hacerlo en base a personas y no de sus ideologías e intereses. El caso más claro es el empresario rico que se auto-considera gran líder carismático, simpático y empático y forma su propio partido.
¿Por qué organizar un partido revolucionario? Aun en las democracias maduras muchos piensan que la crisis económica de los últimos 5 años ha dejado en evidencia el fracaso de la institucionalidad política para sostener el estado de bienestar en un contexto de creciente globalización de la economía mundial. Independientemente de las motivaciones y los planes individuales, la crisis aparece como una oportunidad que debe aprovecharse para reformar la institucionalidad. Aunque poco o nada se ha avanzado en definir esas reformas, la presunción es que los partidos existentes jamás las aceptarán y por tanto debe producirse un quiebre institucional que, sin llegar a la violencia, genere la nueva institucionalidad (sobre Obama y su promesa de cambio leer http://www.theatlantic.com/politics/archive/2014/01/the-decline-and-fall-of-hope-and-change/283454/ ). La vejez de la población asegura que cualquier violencia no desembocará en guerra civil, pero la rebelión permanente pronto se convierte en un obstáculo grande para el objetivo último de sostener el estado de bienestar. Más aún, la vejez es un impedimento para que siquiera se forme un partido o movimiento revolucionario porque ningún líder revolucionario querría enfrentarse a viejos que desconfían de sus intenciones. Movilizar jóvenes puede ser fácil para un líder carismático, pero movilizar viejos requiere promesas grotescas que ahuyentan al resto de la población. No conozco ejemplos de partidos revolucionarios aparecidos en los últimos 5 años. Quizás lo más parecido es la coalición de partidos catalanes en favor de la independencia, pero yo no apostaría a que puedan movilizar a los viejos (cualquier estrategia de esos partidos para tener éxito requiere promesas grotescas sobre la gestión de gobierno post-independencia porque conseguirla tendrá un costo alto y los viejos querrán que el resto pague el costo).
Estimado Adam Smith,
De acuerdo que Occidente está perdiendo la capacidad de movilizarse por la regeneración de sus sociedades debido, en gran parte, al envejecimiento de la población (además de por el nivel de confort alcanzado).
Pese a los problemas que ha citado, yo no creo que sea descartable ninguna de las opciones citadas. Ni la de entrar en uno de los principales partidos, ni en uno de los pequeños, ni la de crear uno nuevo. Pero es evidente que cuando los partidos entran en la competición electoral, la mentira y el engaño es difícil de evitar. Ese es uno de sus lados oscuros. Por eso la política está condenada, estructuralmente, al desprestigio entre los ciudadanos. Aunque, en parte, éstos también sean responsables de ese engaño. Como ya lo razoné en uno de mis primeros artículos, no me extiendo sobre ello.
Pero, justo por eso creo que en estos momentos es necesario crear organizaciones que NO aspiren al poder y que NO compitan en las elecciones. Que su objetivo sea formar e informar a la ciudadanía, y elaborar propuestas políticas y sociales realizables. Esto es lo que estoy proponiendo en mi artículo.
La distancia entre lo que la mayoría de los ciudadanos piensan que es la práctica de gobernar, y lo que realmente es, es demasiado grande como para que el engaño por parte de los políticos y la desconfianza de los ciudadanos no sea hoy por hoy algo inherente a nuestro sistema político.
Entre la física y las matemáticas que se les enseña a los jóvenes en la escuela, o incluso en los primeros años de una ingeniería, y la que se precisa para fabricar un avión, hay tal distancia que si estos no la recorren nunca entenderán cómo es posible fabricar tal cosa.
Por eso, es fundamental para lograr una mayor madurez en nuestras democracias facilitar la formación de cuantos más ciudadanos mejor.
En cuanto a la necesidad de partidos «revolucionarios» NO violentos, a mí no me parece mal revisar el modelo actual y pensar y proponer nuevas fórmulas, pero yo no sé si a eso le llamaría revolucionario (sobre todo por las connotaciones históricas que tiene la palabreja) pero sí le llamaría «valiente». Y creo que hay que ser valientes a la hora de cuestionarnos qué nos vale y qué no nos vale del modelo de sociedad y de sistema político y económico que tenemos. Y tratar de imaginar cómo deberían ser las cosas en un futuro, aunque sea a largo plazo.
Muchas gracias por su comentario. Muy interesante.
Un cordial saludo
Supongo que estamos hablando de cómo iniciar y ejecutar una especie Transición Estructural seria que no termine en daños aún peores. El tránsito desde un mundo viejo, agónico, en acelerada entropía hacia un horizonte verosímil con un cambio de signo.
Diría que es posible al menos intentar hacerlo y que no se debe excluir una razonable probabilidad de éxito. A pesar de su inmensa dificultad, de las –exorbitantes– capacidades de los intereses que actúan en contra y de las –formidables– limitaciones de la ciudadanía.
En cualquier caso, si la motivación personal entra dentro de lo que prevalece culturalmente es –diferentes sabores del Utilitarismo–, lo que cualquier persona inteligente debería hacer es ponerse del lado del poder. De ese metafórico 1%.
Lo digo porque la naturaleza de los incentivos es la principal barrera de entrada para crear el núcleo de una organización capaz de –a lo largo de probablemente décadas– diseñar y conducir el proceso. Esta sería la primera tarea. Condición absolutamente Necesaria.
Una organización, una red «capaz» que, hoy no existe como tal.
Existe dispersa, apenas nodos solitarios, aislados y por tanto sin operatividad ni funcionalidad alguna. Peor, porque ese talento diseminado produce ideas que son capturadas y reformuladas por el Poder actual para reciclarlas y revenderlas sin que el fondo de la cuestión se modifique.
Este trabajo previo consiste en tejer una red fuerte. Básicamente es lo que apunta Manuel en su artículo tal como yo lo he leído.
Una red son Nudos unidos por Hilos y para ser eficaz debe operar fundamentalmente sumergida.
Lo cual, en pocas palabras, ilustra la dificultad y el por qué no se materializa.
Pero poder, claro que se puede.
Hola Manu,
Está claro que la consecuencia lógica de lo que expongo en el artículo es lo que tú planteas.
Empleando tus propias palabras, hace falta una Transición Estructural y, naturalmente, hacia algo mejor que lo que tenemos.
Curiosamente, sin embargo, mucha de la gente que, en principio, podría estar dispuesta a movilizarse en la línea expuesta, si se les propusiera un proyecto de la envergadura del que tú planteas, seguramente se retiraría abrumada por el «exceso de ambición». Les parecería alejado de cualquier viabilidad.
Quizás esto suceda porque, como son muy visibles para la mayoría las miserias del sistema político, y de sus principales líderes, máxime cuando además aparece la corrupción por medio, para muchos es fácil indignarse y movilizarse. Lo que ya no resulta tan fácil es visualizar algunos de los problemas estructurales, de fondo, de nuestra sociedad.
Entre que esos problemas no se perciben claramente, sus soluciones son muchísimo más complejas y difíciles de definir, y además se eleva sustancialmente el nivel de la apuesta que se requiere, desde la ciudadanía, para intentar dar con esas soluciones, el resultado es que, cuando se plantea en esos términos «estructurales», la participación se encoge mucho más y el ánimo se enfría.
Es por eso que, en mi opinión, esa Transición Estructural de la que creo que tú hablas (y en cuya necesidad yo coincido) debe venir precedida por una amplia etapa de toma de conciencia ciudadana, de debate, análisis y en definitiva formación de la opinión. Sería imposible esa Transición sin una parte significativa de la sociedad concienciada.
Aquí los ritmos no cuadran, porque esa etapa puede requerir muchos años, quizás décadas y, lógicamente, habrá muchos que deseen actuar ya porque hay problemas que no esperan.
Comparto la opinión de que es necesario potenciar la sociedad civil en este sentido, creando fuertes redes de colaboración. Pero la estrategia que se requiere es muy distinta si estamos apuntando a la punta del iceberg o también a sus profundidades.
Un cordial saludo, Manu
En el articulo de Bautista hay varias vertientes a analizar.
Enunciemos a bote pronto. Se inicia con una web de opinión, hay muchas con grados de interes y de intereses. De alguna manera se conforma una corriente de opinión. Es dificil que no implique una cierta complicidad ideologica. Es usual que los comentarios divergentes pierdan peso. Entonces se vuelve un portal de referencia sectorial. Extrapolando, cae en lo mismo que los periodicos de tirada popular. Se entra dependiendo de una identificación con la editorial. De alguna manera, nos volvemos en seguidores de una linea editorial. Y, pase lo que pase. Diga lo que diga somos sus seguidores.
Este sintoma se extrapola a todo en nuestra convivencia social. Desde luego a la Politica pero, ampliamente,a todo nuestro ambito vital.
Y asi en la personalización de los lideres politicos. Nos gusta tal o cual porque creemos que nos parecemos a el. Que así actuariamos si tuvieramos un cargo de responsabilidad. Los erigimos en nuestros lideres. Lideres de paja que cuando actuan ajenos a nuestros intereses pierden su valor. Y aqui esta el problema que es que, en realidad, no hay una participación activa de los ciudadanos. Esto nos llevará a deducir que lo que llamamos «Democracia» se convierte en una falasía.
Como solucionar esto? «esta es la cuestión». Es facil un «pasquin» más, es facil un «librejo» más, es facil un «lider». Pero el » ser y el devenir» del asunto es dificil. Se vuelve a la desilusión y como ilusionar a un pueblo?. A base de «mas consumo a mas población»? de una oratoria?. de una imagen publicitaría?. De una mercadotenia?. Quizas, simplemente, con un cambio de actitud.
Interesante cuestión la que planteas José. En mi opinión ese es uno de los mayores puntos débiles que tenemos en nuestra democracia.
En el fondo nos gusta leer o escuchar aquellas ideas que refuerzan las nuestras. Y cuanta menos ganas tenemos de «complicarnos la vida» pensando en los asuntos «de la política», más dispuestos estamos a adherirnos a las frases ingeniosas e impactantes de los líderes políticos. De este modo, lo de la libertad de opinión se acaba quedando en una mera cuestión de corrección formal.
¿Cómo puede evitarse eso que planteas de que un blog, o un periódico, se acabe convirtiendo en un referente más, para la gente que piensa en su misma línea?
Incluso cabría preguntarse si, en ese caso, hacer un blog contribuye a crear y diversificar las opiniones o, por el contrario, solo contribuye a reforzar, estatificar y al final esclerotizar unas determinadas opiniones. Viene bien tomar nota de ese riesgo.
En el peor de los escenarios posibles, si los puntos de vista que acabe consolidando un blog al menos fueran relativamente novedosos significaría que algo nuevo se aporta al panorama general.
Pero, desde luego, el ideal sería que sirviese para conocer y contrastar opiniones muy diversas y que, en este sentido, ayudase a cuestionarse las propias, ampliándolas o reemplazándolas por otras nuevas. En definitiva, que ayudase a ir comprendiendo la complejidad de la realidad social y política.
Naturalmente eso dependerá de cómo se argumenten las opiniones, qué respeto hacia las contrarias exista, hasta qué punto el debate no se configure como un mero pulso de posiciones inamovibles, etc. Pero ese debería ser el objetivo.
Un saludo
Si uno no quiere ser político, puede plantearse la posibilidad de influir a los políticos, en particular a los políticos que en el momento gozan del poder. Hay varias formas de influir a los políticos y destaco cuatro formas principales.
La primera es conseguir empleo en un órgano estatal encargado de ejecutar las políticas del gobierno. Mucho se ha escrito sobre la burocracia estatal y sin duda es una forma importante en que uno puede participar en el proceso de las políticas públicas. La mejor prueba de su importancia es que los políticos tratan de que los ejecutivos de los órganos estatales sean leales a ellos. Por cierto, esta alternativa es buena sólo para aquellos que tienen un interés grande en el área responsabilidad de su órgano y poco interés en otras áreas. Un caso claro es los académicos de las universidades estatales que a pesar de su declarado amor por buscar la verdad muchas veces su objetivo inmediato es que las políticas públicas de su especialidad reflejen sus preferencias y creencias.
La segunda es influir directa y personalmente a los políticos aprovechando sus preferencias, creencias e intereses. Si el presidente es católico, el obispo tiene mayor probabilidad de que el presidente lo escuche sobre cualquier tema, en particular sobre valores en juego. Si el presidente cree que la obesidad se combate con deportes, los deportistas tienen mayor probabilidad de convencer al presidente de que el país organice los próximos juegos olímpicos. Si la pareja del presidente gusta tomar vacaciones exóticas, las empresas hoteleras en esos lugares pueden convencer al presidente que los fondos discrecionales del gobierno estarán muy bien gastados en sus hoteles.
La tercera es influir directamente a los políticos extorsionándolos. El medio tradicional era hacer público algo malo que los políticos hubieran hecho, pero la infidelidad, el consumo de drogas y otros pecados ya no llaman la atención, en particular en países donde la confianza en los políticos siempre ha sido baja. Hoy el medio preferido de los activistas es la presión verbal y no-verbal que fuerce al gobierno a reprimirlos para luego acusar al gobierno de haber violado sus derechos fundamentales, o peor a no reprimirlos imponiendo un costo al resto de la sociedad y por lo tanto debilitando el apoyo electoral del gobierno. En situaciones extremas, los activistas se transforman en revolucionarios y ejercen presión física (amenaza de violencia o actos de violencia).
La cuarta es influir indirectamente a los políticos a través del debate público y la opinión pública (separo debate de opinión porque el primero está controlado y dirigido a grupos específicos, mientras que el segundo está dirigido a la masa). El medio usado por los grupos de persuasión es la circulación de ideas de todo tipo. Los llamados think tanks contribuyen al debate y los medios masivos a la opinión. La extraordinaria expansión de los think tanks hizo creer que jugarían un papel decisivo en la preparación y aprobación (excepcionalmente también en la ejecución) de políticas públicas, pero no ha sido así y su importancia todavía es discutible. Por su parte, los medios masivos sí llegaron a tener gran importancia en la formación de la opinión pública pero eso fue cuando consiguieron imponer fuertes restricciones a la libre entrada en su industria (hasta el extremo de monopolizar la protección constitucional a la libertad de expresión bajo la forma de algo llamado libertad de prensa), algo que definitivamente perdieron con los cambios tecnológicos dejando en evidencia su profunda corrupción (España es un ejemplo clarísimo de esta experiencia).
De lo dicho en el post y comentarios posteriores pareciera que Manuel piensa que hoy otros medios —las redes, la sociedad civil— pueden contribuir al debate público y a la opinión pública. Ojalá se tome el tiempo para explicar por qué esos medios serían eficaces en comparación con otros que han sido usados por largo tiempo.
Probablemente esas cuatro opciones, además de la de hacer carrera dentro del partido gobernante, sean las vías clásicas para influir en el poder político.
Si para un ciudadano cualquiera ninguna de esas cinco opciones fuera posible o deseable, tendría que plantearse entre resignarse (y quedarse quieto) o buscar alguna otra posibilidad.
Si lo miramos desde un punto de vista práctico y hacemos un balance entre los esfuerzos a invertir y las probabilidades de éxito, la conclusión es obvia: no merece la pena moverse. Esta es la razón, creo yo, por la que muchos ciudadanos se quedan en su casa.
Pero para cualquiera que tenga una cierta inquietud por contribuir en mejorar la situación general y no quiera resignarse a la quietud, «hacer algo» aunque no vea claro sus posibilidades de éxito, más que el resultado de un cálculo racional será casi un impulso. Supongo que cuando la gente decide ir a una manifestación es por este tipo de impulso, y no por esa clase de cálculo.
¿Cómo se mediría el éxito de una acción de formación política entre los ciudadanos, aunque fueran muchos los que se sumaran a ella? ¿Cómo se mediría el éxito de credibilidad, prestigio y, por tanto, influencia social, de una organización como la esbozada en el artículo?
No es nada evidente que recurrir a las redes y a la sociedad civil llegue a ser más eficaz que las opciones clásicas citadas. Pero es una vía que tiene una gran ventaja: está al alcance de cualquiera porque solo requiere un poco de tiempo, perseverancia y ganas de opinar. A partir de ahí la bola de nieve puede ir creciendo. Por supuesto tiene muchas posibilidades de fracasar… pero quizás en alguna ocasión, a la tercera, a la novena o a la decimoquinta intentona, tenga «éxito».
¿Se le ocurre alguna otra opción?
Desde la comodidad que me dan la vejez para justificar no hacer algo hoy y la experiencia de cinco décadas de haber hecho algo en varios países, mi recomendación a los jóvenes es siempre hacer aquello qué confían poder hacer bien. Cualquiera de las vías señaladas tiene potencial para cambiar el estatus quo pero sólo si actuamos bien. Sí, no tengo problema moral alguno con esas vías, ni siquiera con la violencia porque acepto situaciones excepcionales que la justifican.
El problema es no engañarnos sobre los resultados de nuestra acción y esto supone primero y ante todo conocernos bien, algo que los viejos sabemos que solo conseguimos (y no siempre) tarde en la vida. Conocerse a uno mismo incluye la auto-evaluación de las capacidades de percibir correctamente las circunstancias y de anticipar las consecuencias de nuestras opciones, en particular las consecuencias para todos y cada uno de los demás cuyo bienestar nos preocupa. Hay vías distintas porque no hay una única vía de vivir la vida y uno tiene que buscar aquella que mejor le acomode a sus capacidades y sus valores. Los que hemos tenido la suerte de haber podido dar marcha atrás cuando nos equivocamos, siempre agradecemos haberlo podido hacer. Los que hemos reconocido pronto cambios profundos en nuestras circunstancias y hemos hecho el esfuerzo de adaptarnos a las nuevas circunstancias, siempre agradecemos haberlo podido hacer. Sabemos bien que siempre podríamos haberlo hecho mejor de lo que lo hicimos, pero no nos quedamos llorando por nuestros fracasos sino que seguimos buscando hacerlo mejor la próxima vez. Hoy no puedo hacer bien las cosas que hacía antes y no las hago, pero si puedo leer y escribir y celebro y gozo de vivir en el fin del mundo pero conectado al resto del mundo.
Si usted está en posición de hacer algo, ojalá mis ideas le sirvan para decidir bien.
Cuesta discriminar entre tanto comentario bueno a un buen artículo.
He vuelto a leerlos y me he detenido en uno de Adam Smith que siempre ofrece un ángulo reflexivo y experimentado además de fuentes de documentación interesantes.
Antes de este artículo, al filo de las 8, estuve releyendo el de Isaac Salama sobre esta Constitución. Antes de ayer por la noche me llama un amigo, articulista de un medio electrónico, para plantear las mismas cosas y preguntar si esto no estará siendo lo que los traders cutres llaman el «rebote de la rata muerta».
Cada día de cada semana desde hace cinco años sucede lo mismo o parecido.
También es impresionante la cantidad de cosas que se me escapan en la primera lectura y el valor de tantas ideas. Asusta la rapidez del olvido. «¡Anda! y ¿Esto lo he escrito yo?» o «Hay que ver con….qué escondido lo tenía, qué buena idea».
Creo que nunca tantos le dimos tantas vueltas a lo mismo conscientes de que somos muchos y muy parecidos.
En gran parte del mundo sucede lo mismo y está en marcha un proceso de aprendizaje y estudio osmótico. Lo encuentro valiosísimo, –mind boggling–, y me hace recordar una clase de filosofía moral hace más de 50 años en la que el profesor, el P. Moral SJ casualmente, nos explicó cosas de Teilhard fuera de programa. Una mente universal.
Una mente que resulta impotente porque no opera. Carece de los medios para ello. Todos los mecanismos de actuación –y los incentivos para ello– están construidos desde cosmologías jerárquicas. Esta mente tiene las patitas cortas y le faltan manos.
Sería cuestión, quizás, de darle otra vuelta de tuerca y ver, sin prisa pero sin pausa, qué se podría ir añadiendo a esta red penosamente emergente que se va configurando –fuera del modo Broadcast del modelo clásico top-down– para aumentar su eficacia, su capacidad de trasladar ideas a la realidad de modo que además de mente-cabezón nos fuera creciendo un cuerpecillo.
A veces fomentamos un debate de máximos y parecemos enfrentarnos al posibilismo como si fueran incompatibles. Pasa mucho.
El debate de máximos no quiere decir ni revolución, ni ruptura ni caos. Nunca tantos estuvieron tan bien como hoy. Ese no es el problema.
Lo es y no poco la tendencia que no se va a revertir sin un horizonte bien dibujado.
Esa es la función del enfoque de máximos……..ir dibujando un horizonte.
Una vez se fije este lugar mental ya se irán haciendo caminos posibles.
Pero hoy nos falta un horizonte. Dibujarlo es como darle patitas y manos a esa mente maravillosa antes de que se nos vuelva melancólica.
Buenos días
Si los mercados dictan las leyes de los países y sociedades, está claro que pasa con las personas, da lo mismo aquello que les pase porque se piensa poco en ellas, que lo que prima es la expansión y el máximo beneficio de aquello con lo que mercadeo, da igual el que..
se dice por las redes, que en un planeta finito-crecer ilimitadamente expoliando todos los recursos naturales, no es que sea imposible sólamente, es que es INVIABLE y nefasto para el planeta y por lo tanto, para los de dentro..todos los de dentro!!
ya lo decían los indios americanos mientras eran relegados a las reservas indias, a la vez que la reserva federal americana crecía y crecía..
cuando el planeta entero esté muerto y los ríos contaminados etc..entonces quizá entenderemos que el dinero «no se come».
al margen de ideologías y su poder de influencia sobre nosotr@s, que poder tienen y mucho..venga de donde venga el ideario, la fórmula-dinero-máximo beneficio a costa de lo que sea-y especulación dineraria a diestro y siniestro..parece no funciona..»a la vista está..como las libretas de ahorro»..?,
puesto que el «sistema» por así decirlo, es algo papado desde que nacemos, que no «mamado», como pasa con las religiones, que uno se las cree y punto..
está en nosotr@s o casi tod@s, los que lo decidan y quieran el romper o desprogamarnos del tinglado al que nos están induciendo casi como constantemente, y atender realmente a lo queremos y necesitamos para nuestra vida para en definitiva vivir minimamente felices o tranquil@s o sin tanto susto o sobresalto etc..
si vamos como por esta línea-mental…este sistema se caería solito y casi en un pis-pas..y cambiaría todo muchísimo…así como quién no quiere la cosa, sin haberlo «buscado»…
pero claro..sigamos viendo la tele como posesos, y vayamos a comprar para resolver nuestro vacío interno, y a gritar ahí al fútbol!!–goooolll!!!–mientras te la van metiendo doblada, se paraliza el país, los jóvenes son expulsados al extranjero..con el consiguiente dolor para los padres, y te van subiendo los recibos así como por las nubes, mientras te reducen los sueldos las pensiones ect..
está claro que se están cargando todo el sur europeo, para un norte europeo de «cine»..y que las medidas económicas que se van tomando, ni Franco las hubiera aceptado!!–lo que pasa no tiene nombre, y el 15M-no es que esté muerto..es que trabaja en otra onda, y con otras formas..que..claro está–no hay por que detallar..
cada cual que sienta la vida como le parece y haga desde donde lo vea, con sencillez y humildad entenderá que la esencia del 15M-en el fondo, es..hacer ver, que nos están generando unos modos de vivir–para mucha gente imposible de mantener…y esto, de alguna manera..colapsará;
sirva de ejemplo simple, que hace poco escuché a unos viejitos de mi zona barrial que la guerra civil española se originó cuando la gente estaba muy endeudada, se les había generado tantísima deuda imposible de sostener…que..el estallido era imposible de pararlo–esto escuché a los viejitos..y..cada cual..que piense como le surja; adeu.
Siempre me ha resultado curioso a la par que una cierta tristeza ver como en esas películas futuristas, (creo que ya vamos por el año 2500 y pico), nos muestran a los seres humanos, mezclados con otro tipo de seres, con las mismas pasiones, los mismos deseos de poder, las mismas armas, más sofisticadas, es decir, con más poder de destrucción, pero en definitiva con el mismo deseo dominar y esclavizar a todos los que no piensan igual o se oponen al poder que en esos momentos impera.
Solo he visto una serie de películas, en las que aparecen unos seres, no solo humanos, que a base de voluntad, trabajo y entrega, han conseguido un desarrollo de sus capacidades neuronales que les hacen diferentes del resto, me refiero a la orden de los Jedi. Pero, lo que pasa casi desapercibido quizás porque implicaría una cierta responsabilidad, es como llegan a ese estado de desarrollo.
El caso es, que son los únicos que pueden luchar contra el lado oscuro porque ya no lo tienen, es decir, han conseguido con trabajo dominar su voluntad para que el pensamiento no los ate a la parte más vil y animal de su estructura física.
Aunque estoy de acuerdo con la intención y la invitación que Manuel Bautista nos plantea en su artículo de participar más en la sociedad, no lo estoy tanto con alguno de los métodos que propone. Mal asunto sería si se pretendiera potenciar mi autoestima publicando mi comentario, tampoco creo que fuera interesante crear un grupo de personas que tuvieran los mismos intereses y necesidades, porque en algún momento esos mismos intereses y necesidades podrían cambiar, ya que en definitiva son solo eso, intereses.
Posiblemente la necesaria solución al modelo social que vivimos, parta del trabajo individual, primero de la valentía necesaria para desprendernos de los intereses y necesidades que nos atan al modelo y después,… después, ya se vería, lo mismo con ese salto se cambiaba todo.
Saludos
El primer paso hacia eso que dices lo podéis dar vosotros invitando a otros blogueros a participar en Otras Políticas o solicitando su permiso para publicar artículos ya existentes. Es curioso que los diversos blogs de política aparezcan absolutamente aislados unos de otros.
En esto se diferencian de la empresa privada que lo primero que hace es interconectar sus webs y compartir contenidos y colaboradores.
Me parece muy interesante y necesario que la gente se forme, investigue, lea… Pero me preocupa la sobreinformación que nos inunda. Veo opinión en todos lados, pero me cuesta encontrar lugares dónde esas opiniones se reúnan y confronten. Hablo de, partiendo de un tema concreto o problema a solucionar, recopilar las opiniones que hay sobre él. Qué análisis se hacen, con qué datos, qué soluciones se proponen…
No sé, es algo que me ronda por la cabeza hace mucho tiempo, desde que me cansé de hablar de «lo que ha dicho Rajoy sobre ___» o lo que le ha contestado la vecina del quinto, y me di cuenta de que no tengo el tiempo suficiente para formarme sobre cada tema de actualidad de la forma adecuada.