Con el cambio de año es habitual que los medios de comunicación hagan balance de cómo ha ido el año que termina y qué perspectivas ofrece el que empieza. Un balance mediatizado por la tendencia de estos medios a mostrar la realidad por sus lados más negros e inquietantes. Pero lo que subyace en el fondo es nuestro concepto de progreso, un concepto mucho más controvertido de lo que parece.

Si nos guiamos por los criterios de los historiadores, los pueblos de la Antigüedad reconocidos como grandes civilizaciones eran aquellos capaces de construir imperios, con sus capitales, templos y palacios. En definitiva, grandes edificaciones susceptibles de ser localizadas y desenterradas posteriormente por los arqueólogos. Naturalmente, estas construcciones solían estar asociadas a poderes dictatoriales apoyados en castas sacerdotales y en ejércitos potentes. El pueblo servía para proporcionar mano de obra y soldados. Pero su progreso o bienestar no era el objetivo de aquellas civilizaciones.

Curiosamente, si en aquél entonces existieron otras culturas, con estructuras de poder más repartidas entre la sociedad y más próximas a lo que hoy entendemos como democracia, probablemente no habrían considerado prioritario emplear sus energías en esas grandes obras. Y, por tanto, paradójicamente los arqueólogos las habrían tildado como menos avanzadas.

No cabe duda de que la introducción de la democracia ha supuesto un avance gigantesco, al dotar a la ciudadanía de un cierto poder sobre las élites políticas. Un avance que ha cambiado por completo la propia noción de progreso, vinculándolo mucho más al bienestar de la sociedad en su conjunto.

Sin embargo, el debate debe centrarse en desentrañar qué significa eso del bienestar. Habitualmente, los parámetros que empleamos para definirlo y medir su avance tienen que ver con la salud general de la población, con su nivel de educación y con su nivel de riqueza. Desde este punto de vista la mejora que se ha producido en las últimas décadas es indiscutible, como ha puesto de manifiesto un reciente artículo. Si en 1950 la población mundial tenía una esperanza de vida de 60 años, en el año 2010 era de 74 años; y si en 1950 el 12% de los niños moría antes de llegar a los 5 años, en el año 2010 solo moría un 0,4%. En 1960, el 60% de los habitantes de este planeta eran analfabetos, cifra que se reduce al 15% en 2014. En cuanto al nivel de pobreza, desde 1980 el porcentaje de personas que viven en situación de pobreza extrema (con menos de 2 dólares al día) se ha reducido a una cuarta parte, pese al enorme crecimiento que ha experimentado la población mundial. Por supuesto, todas estas cifras admiten muchos matices. Sobre todo cuando hablamos de cómo se distribuyen en el mundo. Pero, en general, parece que la tendencia va a mejor.

Sin embargo, el mundo desarrollado no mira al futuro con optimismo y confianza. Hay miedo a perder buena parte de esas conquistas. O, simplemente, a que no se mantenga esa tendencia a mejorarlas. Pero, más allá de cómo evolucione en las próximas décadas la capacidad adquisitiva del promedio de los ciudadanos, la pregunta que cabe hacerse es si, además de las anteriores, no hay otras variables que determinen su nivel de satisfacción. En otras palabras, imaginando que pudiéramos confiar en un futuro con empleos estables y bien retribuidos, con esperanzas de vida cada vez mayores, ¿nuestro concepto del bienestar y de progreso sería completo?

Parece evidente que no, que todo eso es necesario pero no suficiente. Hay otros aspectos que sabemos importantes en nuestras vidas, como por ejemplo las relaciones afectivas, la felicidad y, en definitiva, todo aquello que nos hace sentir que estamos viviendo nuestras vidas como realmente merece la pena vivirlas. Son aspectos que pueden no resolverse mínimamente en la vida de una persona por mucho que, paralelamente, tenga un elevado nivel adquisitivo, tenga seguridad en su trabajo y disfrute de una salud envidiable. Son aspectos todos ellos que, en gran medida, quedan fuera del interés de los políticos y de su radio de acción. Suelen dejarse al ámbito privado de cada persona. Como si la forma de funcionar de nuestra sociedad no incidiera de ningún modo en esas cuestiones.

El error, sin embargo, es promover políticamente un modelo de bienestar que no incluye todas las variables que hacen que las personas se sientan felices. Incluso admitiendo la dificultad de definir el concepto de felicidad y de encontrar el modo de llegar a él. Pero el auténtico desafío es ese. Es un desafío que tiene que ser planteado en el debate público y que, por supuesto, requiere la participación activa de científicos, educadores, psicólogos, filósofos, periodistas y todos aquellos que puedan aportar algo.

Precisamente ahora, cuando las perspectivas económicas de cara al futuro pueden no ser tan prometedoras como nos gustaría, es cuando la reflexión social, cultural y política debería incorporar todo aquello que incide en hacer que la vida sea todo lo estimulante que podría llegar a ser. Sea para contribuir con medidas que permitan avanzar hacia ello o para eliminar obstáculos que lo estén impidiendo.

6 comentarios

6 Respuestas a “¿A qué llamamos progreso?”

  1. Manu Oquendo dice:

    ¿Progreso?

    Es muy sencillo pero es imposible de definir sin tener un criterio compartido de qué es un ser humano. Este criterio compartido hoy no existe.

    Una vez tengamos dicha definición se puede decir que Progreso son………….. todas aquellas condiciones materiales, espirituales y anímicas que ayudan a cada persona a realizarse plenamente en función de su naturaleza. Esto es dinámico, es decir, cada generación prepara y mejora (para esos fines) el camino de la siguiente.

    Recordemos que el ser humano o es libre o no es.

    Sin este criterio razonablemente compartido y homogéneo, creo que solo es posible intentar definiciones segmentadas por el factor de más bajo nivel y en este caso, al excluir otros factores cruciales estamos o podemos estar tomando como «progreso» cosas que, en realidad, son «regreso».

    Este es uno de los problemas fundamentales del sistema cultural vigente.
    Ha llegado a una situación en la cual el mantenimiento de unas condiciones materiales solo se consigue a base de Pasar Deuda a Generaciones Futuras con el agravante de que esto se hace a costa de destrozar gravemente la condición moral, psicológica y espiritual de segmentos inmensos de la población. Mayoritarios.
    Por cierto el sistema cultural vigente de hecho niega la faceta moral y spiritual y convierte a la psicológica en mecanicista material.

    Hay para escribir bibliotecas pero diría tres cosas.

    1. Más del 40% de la población vive sostenido por drogas legales e ilegales. Diez suicidios diarios públicos (dato de España –mayor que la media ocultado a la población) son solo la punta del Iceberg.

    2. Occidente se debe a si mismo 200 millones de millones de dólares y creciendo para poder mantener esta ficción.

    3. El problema no es económico. Está arraigado en una forma de poder que, independientemente de las formalidades, es de hecho culturalmente totalitario y uniforme.

    Pero, como de costumbre, el asunto da para ríos de tinta y vidas de trabajo..

    Dice Toynbee en su célebre giga-obra «El Estudio de la Historia» (hay versión resumida en 2 volúmenes) que las grandes civilizaciones y culturas nacen en la dificultad y se hunden en la molicie.

    Por lo tanto………….lo llevamos claro.

    Feliz año.

  2. RBCJ dice:

    Del Financial Times . Sobre felicidad y progreso : Hygge, un nuevo concepto exportado desde Dinamarca.
    Hygge: the Danish key to happiness or pseudo-wisdom?
    ‘The irony is that at the heart of the idea is pure common sense. If it’s freezing outside, you stay in with a fire’
    The Danish art of cosiness has been co-opted as the latest lifestyle trend to make us feel our disorganised, overworked, over-digital and under-curated lives are utterly inadequate. It is now, after bacon and wind turbines, Denmark’s biggest export.

    https://www.ft.com/content/a3402ab2-bbd7-11e6-8b45-b8b81dd5d080

  3. EB dice:

    Manuel, a pesar de los progresistas, el mundo progresa. Los progresistas han intentado y siguen intentando por todos los medios y con todo tipo de excusas conseguir más poder político, lo único que realmente les interesa. Sí, la hipocresía de los progresistas causa risa pero lamentablemente imponen un costo alto a la gente común.

    En cuanto al progreso del mundo, los viejos que hemos estado recorriendo el mundo por décadas no necesitamos precisar la definición de progreso porque nos basta comparar el presente con cualquier pasado reciente (sí, el caso de China es extraordinario pero sobre todo porque dejó atrás toda la porquería de Mao, pero lo mismo vale para muchos otros países). Los progresistas no quieren hablar de ese progreso tan visible y perceptible para cualquier persona decente y mienten sobre lo que ha estado ocurriendo, pero gracias a las nuevas tecnologías no pueden ocultar la nueva realidad.

  4. Alicia dice:

    Al hilo del comentario de EB acerca de los progres y la progresía.
    Conocí progres en los años 70 orgullosos ellos de venirlo siendo desde los 60. Los conocí bien porque como progre novata que yo era me fascinaron un poquito e, incluso, me uní a un grupito de trotskistas. Y de trotskista que fui durante una temporada, tan moderna yo, pegando carteles de boicot a la constitución y prestando mi coche a unos más modernos todavía que tenían que ir a Bilbao por no sé qué (que de verdad que ni idea), y entre los que iban los había con coche, pero por alguna razón (de la que tampoco ni idea) mi coche era el más adecuado porque tenía el maletero más grande y cabían más carteles…
    ¿Cómo una sola persona puede ser tan idiota? Parece que hace falta una reata imbéciles para juntar tanta tontuna. Pero, no; que yo solita y, encima – puede resultar chocante, pero así era – sin tener (tampoco) pajolera idea de quién sería ese tal Trotski.
    Pero y lo orgullosa que estaba yo de ser progre…
    Bueno, pues aquello se acabó. Y algún libro he leído y enterádome de quien era Trotski, que no me cae mal, por cierto, y que los que se supone que habían de ser “los suyos” no se conformaron con ser bastante cabrones para con él sino que terminaron matándolo.
    El caso es que, pasadas cuatro décadas – que es a lo que voy – veo que sigue habiendo progres y, lo más desconcertante de todo, es que son idénticos, absolutamente idénticos a los que conocí entonces. Ello me hace entrar en profundísimas cavilaciones metafísicas y preguntarme si será verdad – aunque yo no lo entienda (pero quiero creerlo aunque ese es otro tema) – que el tiempo no existe, y que por eso no pasa.

  5. Loli dice:

    Desde hace algún tiempo, se viene contemplando la posibilidad de añadir, incluso se está ya implementando, una nueva materia o actividad en el sistema escolar, desde etapas muy tempranas.

    Es el tema de cómo gestionar, acumular, invertir, mover o inmovilizar el dinero con la vista puesta en un futuro….lejano.

    Trasladar desde ya la actual estructura de ingeniería financiera a los esquemas de pensamiento infantiles.

    ¿Eso es progreso?.

    Parece, más bien, un intento mezquino de atar, los caminos de cognición que comienzan a perfilarse, de forma inequívoca al destino de deudores eternos que se está perfilando para ellos.

    Nuestra prosperidad sigue unida a la capacidad de consumo, de posesión, no de creatividad ni de una actitud expansiva.

    Claro que estos dos últimos conceptos darían, o quizás, debería dar para mucho debate, mucha reflexión y replanteamientos.

    ¿La creatividad y la inducción al consumo son términos compatibles?.

    ¿Enseñar a un niño que invertir con sagacidad sus bienes para que en un futuro le reporte “seguridad”, es animarle a explorar sus capacidades, a desplegarlas, a descubrir los mundos que soportan su vida, a “progresar”?.

    Los mensajes sobre la “progresía”, pueden deslizarse y ser deslizados de forma absolutamente silente e insidiosa.

    Es posible que la carencia sensorial, sensitiva, a la que se ve sometida una sociedad a la que han saturado una parte de esa sensorialidad, apelando al bienestar, y desmembrando y aislando su capacidad perceptiva, facilite también el mensaje demagógico.

    Las respuestas se verán más enlentecidas, tórpidas en sus despertares, pero, es curioso que, a pesar de parecer que, en ese aspecto, el modelo tiene todas las sartenes por el mango, (comunicación, educación, monopolio artístico y cultural), situaciones que se etiquetan bajo nombres de enfermedades, situaciones anímicas que se pretenden achacar a la “falta de más bien-estar”, a “incapacidad por no poder consumir más”, tristezas que con toda osadía son apropiadas como eslóganes por tendencias y corrientes políticas, como motores de una forma de sociedad, que buscar organizarse de otro modo, indican que no todo es tan «controlable», por un sistema social.

    Los recortes económicos golpean de forma importante y muchas veces cruel a personas, familias, a pueblos a los que se nos ha convencido que no hay nada más allá de esta manera de organizar nuestras vidas.

    Y la palabra “felicidad”, se une a la de “seguridad”….(curioso es ver, a este respecto, el anuncio televisivo de la compañía de seguros “El Ocaso”).

    Cuando, es más que posible, que esa palabra tenga mucho más en común con la “luz”, y con «movimiento», que con el de “estancamiento» y «seguro de por vida».

    El hecho de que una célula del organismo deje de ser susceptible a la excitabilidad de los mensajes, en forma de estructuras biológicas como las hormonas, y no los reciba…, y con ello no se produzca la posibilidad de sintetizar nueva información, parece que es una de las señales para su muerte.

    No ser capaces de recibir mensajes desde nuestra capacidad sensible, es la que, seguramente, está provocando un decaimiento anímico importante en las sociedad más «desarrolladas».

    En algún momento, creo, la realidad de que necesitamos «respirar» más allá del «deseo» del disimulo, y de la ocultación, se impondrá, a pesar de la «progresía»….que no del verdadero «progreso».

  6. O'farrill dice:

    El término «progreso» da para muchas y variadas interpretaciones. De forma natural, se entiende que significa «avance» pero ¿hacia donde? Ahí radica, en mi opinión, el asunto.
    Los autollamados «progresistas» en términos políticos son muy ambiguos en cuanto a sus objetivos de progreso y, probablemente, ni siquiera los conozcan. En ese caso, su calificativo queda en una palabra hueca, sin contenido.
    La Humanidad ha ido avanzando en cuanto ha ido «conociendo» más. Entonces el «progreso» sería conocimiento y sabiduría en vez de estar ligado a cuestiones puramente materiales (que es a lo que se le asimila generalmente). Tendríamos así dos formas de «progreso»: la intelectual y la material así como dos tipos de «progresistas». Mientras la primera es un camino siempre abierto, la segunda se satisface con la posesión de bienes o su consumo. La primera nos hace libres, la segunda nos hace dependientes porque quedamos a expensas de otros, es decir, con libertad tutelada o restringida.
    En todo caso, la Historia nos ha mostrado cómo hay períodos de una cosa y la otra. En este momento la sociedad empieza a estar saturada de lo segundo y empieza a interesarse por lo primero. Es una buena noticia que indica un cambio de ciclo o de «modelo» de vida. Todo es cuestión de que el «progreso» sea una opción libre y no algo que nos venga impuesto.
    Un saludo.

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