Los años finales del siglo XIX y principios del siglo XX fueron, sin duda, una época fascinante llena de personajes novelescos. Los tiempos movidos dan lugar a historias de película y hoy voy a hablar de una protagonizada por un individuo que bien podría salir de un guion de Tarantino, si este hubiese nacido en aquellos tiempos: Gabrielle D’Annunzio.

Nacido en 1863, conocido en su época como “il Vate”, fue en su juventud considerado como una de las grandes promesas de la literatura italiana. Poeta y escritor, publicó su primer libro de poesía con 16 años, alcanzó fama temprana y empezó a moverse con soltura por los salones (y los dormitorios) de la alta sociedad italiana. Pese a su nada imponente aspecto físico (pequeño, cabezón y calvo desde su temprana juventud), su personalidad era arrolladora y según muchos de los que le conocieron, aunque vivía en una realidad paralela que a veces lindaba la locura, su capacidad de involucrar en su mundo a los que le rodeaban y hacerles partícipes de su realidad pronto se convirtió en leyenda.

Dicen que su dominio del lenguaje era casi hipnótico y su capacidad de persuasión increíble, lo que no impidió que tuviera que huir de Italia, perseguido tanto por sus deudas como por los maridos de sus amantes. No obstante, pese a llevar una vida muy movida, lo que hizo que D’Annunzio haya pasado a la historia no fue su poesía (casi olvidada) sino su intervención durante los inicios de la Primera Guerra Mundial y la influencia que tuvo su hedonista personalidad en Mussolini y en el Fascismo.

Aunque siempre había sido nacionalista y se había involucrado en la política desde muy joven, la declaración de la Gran Guerra y el tufillo “heroico” de esta cuando estalló hicieron que sus ideas nacionalistas se hicieran más fuertes, lo que le hizo regresar a Italia, donde dio una serie de multitudinarios discursos apoyando la entrada de su país en la contienda. Sus monólogos, larguísimos y teatrales, consiguieron enfervorizar a las masas y ayudaron a posicionar a la gente a favor de la intervención en el conflicto bélico junto a los aliados.

A diferencia de otros, que prefieren defender sus ideas desde lejos y donde no corren peligro, y pese a tener más de 45 años, se alistó en el recientemente creado cuerpo de aviación y llevó a cabo una hazaña bélica por la que sería posteriormente condecorado: consiguió atravesar las líneas enemigas comandando una escuadrilla de nueve aviones y llegar a Viena para bombardearla ¡con folios llenos de poemas! (que, naturalmente, había escrito él).

Convertido en héroe, acabada la guerra y descontento con el trato recibido por su Italia en los acuerdos de la Conferencia de París, y más específicamente por la cesión de la ciudad de Fiume (ahora Rijeka, en Croacia), se vistió con su uniforme de gala y, cubierto de condecoraciones, se tapó el ojo que había perdido en la guerra con un parche y encabezó una marcha de nacionalistas italianos destinada a reconquistar Fiume. Tal era el poder de su personalidad, según cuenta la leyenda, que cuando el general del ejército italiano que el Gobierno de su país había enviado a detenerle se encontró con él, apenas tardó unos minutos en unirse a su causa.

D’Annunzio tomó Fiume, y allí ensayó todo lo que luego le copiaría el Fascismo italiano, esas cosas del teatro a gran escala que tanto nos gustan a las masas: él inventó las camisas negras, reintrodujo el saludo romano (con el que luego también se saludaría a Hitler), los desfiles de miles de personas con antorchas, las hogueras…su puesta en escena era fabulosa y sus discursos, electrizantes. Para terminar de darle a todo un toque entre romántico y surrealista dotó a Fiume (a la que declaró estado independiente) de una Constitución en la que el Principio básico del Estado era la Música, y creó un sistema de gobierno corporativo que luego calcó Mussolini en muchos de sus puntos.

El Estado Libre de Fiume fue un sueño libertario dirigido por un prefascista que despreciaba a Mussolini (que, por contra, le tenía idolatrado a él) y que duró solo un poco más que la República Catalana (D’Annunzio llegó a declarar la guerra a Italia, pero se rindió cuando los aliados empezaron a bombardear la ciudad), pero ofrece algunas lecciones sobre las caras más oscuras de los nacionalismos y sobre la capacidad de influencia de los líderes carismáticos.

Porque D’Annunzio es un ejemplo claro de cómo en épocas confusas alguien con una poderosa convicción, por extraña, loca o peligrosa que sea, puede llevar a pueblos enteros a aceptar como ciertas realidades que solo están en las cabezas de unos pocos. El poeta, convertido en héroe de guerra, arrastró a multitudes porque era capaz de imponer su realidad a la de los demás.

Se llama Ley de la Realidad Dominante, y no la encontrarás en los libros de psicología convencionales, los que se estudian en la Universidad, sino en los de autoayuda y en los talleres de crecimiento personal; pero es uno de los principios que utilizan los hipnotizadores y que han utilizado profetas y líderes religiosos a lo largo de los tiempos y que D’Annunzio empleaba de forma inconsciente: en cualquier interacción, aquella persona que tenga una realidad “más fuerte”, que crea más en su realidad y sepa transmitirla mejor, impondrá su visión al resto.

Y manipularnos a todos, imponernos su visión y obligarnos a hacer cosas (cosas del estilo de votar entusiasmado a gente ante la que, en otras circunstancias, echarías la mano a la cartera para que no te la robase, o corear consignas con un grado de convicción que jamás habríamos creído posible), es algo que cada vez resulta más sencillo para los que saben cómo hacerlo, porque en la época de la posverdad los hechos no importan, solo importa la capacidad de persuasión de los que nos cuentan su visión de ellos; y los sesgos cognitivos que son inherentes a cómo funciona nuestro cerebro, hacen que solo prestemos atención a aquellas noticias, discursos y razonamientos con los que estamos ya de acuerdo, haciendo muy difícil para cualquiera ser realmente libre.

Por eso me dan tanto miedo casposidades como los nacionalismos: porque sé que tocan cosas que nos hacen fácilmente manipulables; grandes ideas, grandes palabras que, aunque vacías de significado muchas veces, apuntan a aquello que nos mueve.

Creemos que nuestro pensamiento es libre, que estamos bien informados, que tenemos nuestras propias ideas y que nadie nos manipula; pues lo siento, siento sacarte de tu error, porque, cuando el ambiente se enrarece lo suficiente, y nos obligan a tomar partido, posiblemente serías el primero en correr detrás del D’Annunzio de turno, vistiendo orgulloso la camisa negra o del color que corresponda, con tu antorcha flameante en la mano, y lo que más me duele es que visto lo fáciles que somos de manipular, posiblemente yo correría junto a ti y llevaría otra antorcha, totalmente convencido de que la causa es justa, sea cual sea esta causa.

Y eso pese a que no me gustan lo que representan las camisas negras (ni las azules, ni las rojas, ni las rojas y gualdas, ni las que llevan estrellas blancas sobre un triángulo azul…) y las antorchas me dan mucho respeto, sobre todo cuando sirven para encender hogueras donde se queman libros.

7 comentarios

7 Respuestas a “Banderas y antorchas”

  1. pasmao dice:

    Fíjese si nos manejan Don Raúl

    Se nos anuncia la vsita de Trump a China, con cena en la Ciudad Prohibida incluida, la primera de un presidente USA de visita por allí.

    ¿Se nos recordará (en los medios) la anterior visita de un presidente USA allí?, la de la despedida de Obama, en la que tuvo que bajar por la escalerilla de emergencia del Air Force One, porque no sólo hubo nadie para recibirle, si no que ni escalerilla le pusieron. Mas la pelea entre el Servicio Secreto del presidente USA con los la seguridad China.

    Nos lo recordarán en alguna TV.. medio…

    Recuerdo que de ello en su momento sólo se supo porque lo dijeron las agencias de noticias rusas e iraníes. Si no, cómo si no hubiera existido.

    Somos titeres

    un cordial saludo

    1. EB dice:

      No, pasmao. No somos títeres de nadie si estamos dispuestos primero a intentar entender qué está pasando y segundo a rechazar a aquellos que nos quieren imponer su voluntad, sea manipulando lo que nos dicen, sea limitando lo que podemos decir. Sí, muchos intentan manipularnos y censurarnos. Pero no importa cuánto nos manipulen y censuren, la gracia del mundo moderno es que podemos ignorarlos y seguir con nuestras vidas votando con nuestros pies.

      1. pasmao dice:

        Pues si EB

        Pero uno se cansa de ir de un lugar para otro. Y en este mundo cada vez mas globalizado, o es que me estoy haciendo viejo, uno cada vez se desengaña mas porque ni para ntentar engañarte de una manera original valen.

        El mismo trampantojo en todos los sitios. Cada uno adecuado y dosificado a su público.

        Es cómo esas películas antiguas, donde había un grupo de 5 entrelo que había un negro, que se enfrentaban a un malo malísmo y desde el minuto 1 sabías que la pobre negro (me cabrea llamarlo afroamericano, y cualquiera que me conozca sabe que yo de racista ni un pelo) la iba a espichar.

        Lo peor, mi pesimismo, va porque al mago cada vez se le nota mas el truco, y le da igual. Lo sabe y le da igual.

        Porque sabe que tiene otros recursos, de los que me dan miedo, y son los de la violencia. Lo que quiere es que haya violencia y por ser él el mas fuerte poder sacar partido ..

        Y uno ve a los jóvenes, a mis hijos, sus amigos, y están mas que perdidos, sólo les puede dejar el ejemplo, pero ni idea sobre si eso será suficiente.

        Un cordial saludo

        1. O,farrill dice:

          Amigo «pasmao»: como casi siempre coincido con sus acertados comentarios y participo en alguna forma de su pesimismo social. Hay una frase que dice: «un pesimista es un optimista bien informado». Nada más cierto. El problema está en los muchos «optimistas» desinformados que pululan por todos sitios, ajenos a que han sido «capturados» y por ello manipulados y dependientes… Es una larga tarea de ingeniería social para conformar una sociedad dócil desde la tecnología (se habrá dado cuenta de que los aparatos están diseñados con lenguaje imperativo), los medios de comunicación y entretenimiento visual, la cultura o las modas que «imponen» una estética cutre (de sometidos). Es la moral del imperio frente a la moral del individuo aislado e incluso rechazado por «conspiranoico» (el término se acuñó adrede en forma peyorativa como en su momento el de «hereje»). No obstante, hay una parte de mí que se rebela a aceptar el relato interesado sobre lo «correcto». Me alegra por eso su comentario sobre Trump y lo que se viene publicando sobre él y su imagen por ser ajeno a la «corrección» impuesta. Les estorba y tratarán por todos los medios de desacreditarlo porque no es «de ellos» y los conoce bien. Un saludo.

        2. EB dice:

          Hola pasmao, si uno cansa de votar con los pies, quizás sea señal de que uno está buscando algo imposible (o simplemente de que llegó al final del camino y no consiguió lo que buscaba –muchas veces nos pasa con cosas triviales que nos gustan, pero también y de manera única con la vida como le ocurrió a mi consuegro inglés días atrás).

          Por sus comentarios me queda la impresión, sin embargo, que usted busca lo imposible –concretamente, gente parecida a usted. Le pasa a muchos, muchísimos, viejos que se empeñan en encontrar «el lugar» donde todos parecen compartir un «estilo» de vida –pero en mi larga experiencia le puedo asegurar que sólo en los asilos de viejos enfermos uno encuentra semejante «lugar». Hoy en EEUU muchos se ríen de los jóvenes ricos que buscan un lugar seguro donde no se sientan ofendidos por lo que otros puedan decir o hacer, pero muchos viejos también cometen el error de buscar una seguridad que nadie puede darles.

          Si estoy equivocado, ojalá siga buscando lo que quiere lograr. Pero si estoy en lo correcto, entonces le sugiero que deje de buscar y se dedique a caminar y observar a los demás asombrándose de la suerte de que son muy distintos a usted y más importante muy distintos entre ellos.

          1. pasmao dice:

            no soy tan utópico EB, simplemente no me dejo deslumbrar por los collares y abalorios diversos con los que tan alegremente intentan que abdiquemos de cualquier pensamiento crítico.

            Hace no mucho, 200 – 150 años, hubo un imperio en Uropa, con una lengua franca (el alemán), que permitió cierto grado de prosperidad y libertad a su población.

            No a todos, por supuesto, y hablo comparativamente respecto a otras partes del mundo.

            Su debilitamiento y hundimeinto precisamente coincidió con la historia de nuestro D’Annunzio.

            Precisamnete allí fué donde mas arraigó, primero el maldito romanticismo que lo llevó a una guerra, que perdió, y ya desmembrado a la continuación de la barabarie, con el nazismo, y posteriormente el comunismo.

            Ahora no saben ni donde están.

            Me refiero al Imperio Austríaco o Austrohúngaro (para mi mejor la primera acepción, puesto que fueron precisamente los húngaros los que mas hicieron por su desaparición, cual separatistas catalanes ahora ).

            Y efectivamente, posiblemente excepto en la Austria actual, en muchos de sus restos si puedan decir que cualquier pasado fue mejor.

            Las historias que acaban mal puede que tengan un regusto amargo que sea del agrado de quien lo vea desde lejos, pero si te pillan dentro, aunque sólo sea afectivamente, no se lo deseo a nadie.

            A mi sólo me ofende la idiotez producto de la maldad, y no porque me ofenda personalmente, no ofende quien quiere si no quien puede, si no por sufrimiento gratuito que traen consigo.

            Gratuito porque el plus de idiotez que conlleva hace que sea imposible aprender nada de ello.

            Francamente, no busco grandes seguridades y certezas, simplemente un cierto decoro y profesionalidad a la hora de venderme la moto.

            Respecto a observar a los demás.. francamente yo creo que hay demasiada gente atenta a lo que le dicen por su smartphone mientras se pierden una puesta de sol antológica.

            un cordial saludo

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