La verdad es que no recuerdo bien cuando empezó todo. La memoria me dice que fue al comienzo de las retransmisiones de los partidos de fútbol de las televisiones autonómicas, pero bien puede ser que esté equivocado, y alguien pueda sacarme de mi error.
En aquel entonces, creo que fue en 1985, se empezaron a ver los encuentros en las televisiones de cada Comunidad, con la alegría de quienes podían disfrutar de ello en su territorio, y el consiguiente cabreo de los que se quedaban fuera de la cobertura de ondas preestablecida. No era inusual que los más forofos de los equipos organizaran desplazamientos cortos para poder presenciar los partidos, unas decenas de kilómetros más para allá.
Aquello no era sino un paso más en la asimilación de la descentralización del Estado, que se había iniciado con el reconocimiento de las distintas autonomías al hilo de la Constitución del 78, y sus “derechos” reconocidos con el desarrollo de las políticas que fueron recogidas por el espíritu del “café para todos”, para soslayar la disputa creada entre las comunidades históricas y el resto.
Lo esperable era que, ante la competencia del resto de televisiones, se diera un aumento de la calidad de las transmisiones por su descentralización, que daría lugar a la aparición de otro estilo de llevar a cabo las transmisiones y de otros profesionales que pudieran aportar puntos de vista diferentes tanto en lo relativo a las imágenes, como en el seguimiento comentado de los encuentros.
La sorpresa, en cambio, fue mayúscula por el sesgo permanente de los comentaristas televisivos, a favor de los equipos ubicados en los territorios a los que la cadena pertenecía. Si, además, el equipo contrario era uno de esos conjuntos con los que se mantenía una rivalidad histórica, el grado de manifiesta animadversión alcanzaba grados de profunda enemistad. Un penalti no pitado, un fuera de juego inexistente, un arbitraje favorable, o la entrada de un defensa contemplable más desde el código penal que desde el reglamento futbolístico, podía derivar en una de esas afrentas históricas que jalonan nuestra historia compartida.
Cuando se trataba de partidos en los que jugaba un equipo que pertenecía a la Comunidad en cuestión, aquellas jugadas polémicas en las que no estaba claro si la falta había sido dentro o fuera del área de penalti, invariablemente ocurría fuera –o, como mucho, era confusa– cuando quien la realizaba era del equipo local, y dentro cuando el afectado era del equipo del territorio. Así sucedía también con las entradas violentas, los incumplimientos del reglamento, las tarjetas, las expulsiones y las sanciones. Todo tenía que ser contemplado con el mismo sesgo: favorable a unos intereses, despreciando los del resto de equipos. El sentido de justicia en el juego desaparecía por sistema a favor del sentido de pertenencia.
Sin rubor alguno, ni vergüenza torera, con total desfachatez y descaro, pese a las evidencias derivadas de la repetición a cámara lenta, daba igual lo que se viera: o veredicto favorable, o en el mejor de los casos, silencio cómplice. Y a base de semejante parcialidad, se van instalando unas formas de ilegalidad, en las que la realidad se contempla desde el filtro de lo que me va a mí en ello. A diferencia de lo que se suele pensar, no es que el mundo de la política se infiltre en el del fútbol, sino que es el mundo del fútbol es que se infiltra en el de la política, y además de esta sucia y fanática manera.
La calamidad de la política española desde hace más de dos lustros, en la forma en que han contemplado leyes manifiestamente injustas como la electoral, o la aplicación con sesgo nacionalista de la ley d´Hondt, o los fueros de algunos territorios, tratando de conseguir el Gobierno por encima de cualquier otra consideración, ha admitido varias patadas hacia adelante hasta que ya no se puede más, por la imposibilidad de gobernanza que acarrea.
No es posible posponer hasta el infinito temas esenciales en las tareas de Gobierno, como la educación de las generaciones venideras, la cohesión territorial del Estado, la aportación equitativa a las cuentas públicas, la generalizada corrupción al más alto nivel de las arcas públicas, o la consolidación de la sociedad civil, por poner algunos ejemplos obvios, en aras de que las élites de los partidos alcancen el poder y el consiguiente control del Estado.
Quizás haya tenido sentido hacerlo en los momentos de la transición democrática cuando, dejándose llevar por un sentido pragmático, convenía asentar y asegurar la recién estrenada y débil democracia. Pero lo sucedido ha sido la perpetuación de este estado de transición, pasando siempre de puntillas por los temas clave en la consolidación de un proyecto común. Lo relativo al ámbito educativo es un botón de muestra de esta forma de gobierno en la que de lo que se trata no es de la enseñanza, sino de que se haga lo que yo digo.
Visto así, no es extraño que los sectores más radicales y populistas, fans del heavy metal, ante la ausencia de un relato completo, amplio e inclusivo de las diferentes realidades de nuestro dramático pasado, sigan queriendo narrarlo al estilo de estos comentaristas televisivos, arengando aquello de la Memoria histórica, desconociendo que no hay memoria que no sea histórica, y que esta cuando es histérica solo es el criterio selectivo producto de los traumas. Y de esta manera el pasado traumático siempre vuelve.
Lo que se contempla estos días en Cataluña en general, pero que se podría perfectamente aplicar a otros ámbitos y territorios, no es más que la generalización de este estado de mediocridad, cutrez, fanatismo, alienación, propio del grave error de considerar que la pluralidad es sinónimo de Verdad, cuando en realidad lo que sucede es que sustituimos una gran dictadura, aún por digerir, por diecisiete mini-dictaduras, que nos cuesta mucho deglutir. Unas de asesinatos, otras de PER´s, otras de festivaleros, otras de lenguas vernáculas, y hasta de mar y playa las hay.
No sé si esto es un factor clave para la desmembración de un Estado, o es determinante para el nacimiento de la postverdad, o es la causa de que las nuevas generaciones solo piensen en ellas mismas, pero no me digan que no es algo digno de preocupación.
Original planteamiento Sr Peiró
Realmente yo tampoco recuerdo exactamente cuando pasó. Pero cómo en todo en esta vida, en todo lo que envuelve Poder y Corrupción, la casualidad no existe.
Las televisiones autonómicas se inventaron como sucedáneo de la TVE, en ese delirio diferencial identitario que nos trajo el título VIII. Como los parlamentos de Srta Pepis, los institutos de meteorología… Curioso que no les afecte lo de la publicidad, o sea que en TVE no pueda haberla (aunque la haya encubierta) y si en las teles de las Taifas.. debe de ser el hecho diferencial. Otra forma mas de pagar el óbolo al monseñor de turno..
Supongo que de manera indirecta usted nos está sugiriendo que si centralizamos determinadas competencias el árbol (al alejarse) nos dejará ver el bosque y se regresará a una armonía que nunca debió perderse.
No sea tan indirecto, porque es obvio que unos servicios centralizados nos darían mucho mejor servicio y nos saldrían mas baratos. Lo que pasa es que nunca se ha buscado eficacia y eficiencia. Para que si el dinero público no es de nadie.
Un aspecto a remarcar es que en el SXXI un servicio centralizado no significa que necesariamente tenga que haber un edificio muuuuu alto en el centro y desde allí un señor como el de los chistes del Roto haga y deshaga a su antojo, mientras los vulgares mortales de la periferia sufren, lloran y padecen, cómo unos Piqué cualquiera , pero en pobres.
Un servicio centralizado puede necesitar de una sede central relativamente pequeña, un edificio de tres pisos de a 50 x 50 metros en Cuenca, Soria, o Avilés (es un decir) con 80-100 personas y el resto distribuidas por toda España. Estamos en el SXXI.
Así que los sufrientes habituales porque Madrit les roba aún mas, pueden descansar sus lágrimales un rato. Madrit puede perder todos los Nuevos Ministerios, el edificio de la Agencia Tributaria de la plaza de Cuzco (ese que lo lleven al islote de Alborán), la Junta de Energía Nuclear, el INE, etc, etc.. y los españoles tener unos servicios centralizados sin que Taifa alguna les pueda meter mano. Ya se ha inventado.
Volviendo a lo de las teles yo recuerdo que con sólo dos canales había un programa cómo La Clave que ahora es imposible ver en una tele con 250, curioso no.
Y volviendo al futbol y a las polémicas, y el cómo lo blanco era negro y viceversa, según de que lado de la raya estuviera uno, asunto que se zanjaba con una sola tele porque la necesidad de ofender y de hacer la pelota no primaba, es curioso comprobar cómo ahora y bien adentrados en el SXXI y con tecnología también mas que comprobada en USA (en football de ellos, baloncesto, hockey..) nos evitaríamos muchos de esos problemas de interpretación pero cómo los primeros que lo rechazan son jugadores, árbitros, por que perdería su esencia. O sea que tampoc hemos avnazado mucho al respecto.
Cómo curiosidad comentar y respecto a la prensa deportiva cómo es posible que el As y el Marca sean los periódicos de referencia, mientras que el Sport solo leen allí. En cualquier bar de provincias tienen la prensa local, el As/Marca.. aunque odien al Madrid o al Atléico.. y el Barcelona lleve todas esas ligas de super Messi.
Ello nos da la medida de donde acaba uno a base de mirarse el ombligo. Recuerdo que cuando murió el Paquito el periódico de mas difusión era La Vanguardia. Así que no me vengan con fobias.
Un cordial saludo y un poquito de por favor
Conciso, preciso y acertado comentario.
Aunque sea en lenguaje futbolístico, que desgraciadamente es de los pocos reconocibles por una parte sustancial de la población, éste considero que es uno de los graves problemas, el desconocimiento y falta de criterio propio para abordar situaciones.
Gracias Carlos
Como de costumbre con su tono de humor, toca un tema totalmente actual y que nos envuelve a todos/as. (por aquello de lo políticamente ….)
Seguramente la cosa empezaría en las rivalidades entre las tribus (salvajes ellas), pasando por momentos en el que en esas rivalidades existía un cierto código de honor que impedía abusar del rival, (los caballeros a los que se refería Don Quijote).
En aquellas tribus salvajes, solo se luchaba por la propiedad del agua, de la caza, incluso de las mujeres, solo era por su supervivencia, que estupidez, (eran un patriarcado salvaje). Pero ahora si es justificable la lucha entre barrios, pueblos vecinos o comunidades porque ahora nos jugamos nada menos que la supervivencia de nuestro ego, importancia personal y ya empieza a salir el ADN, pero eso sí, todo ello desde la igualdad.
En fin, cuando esos comentaristas de los partidos a los que se hace referencia en el artículo, para evitar un avance del equipo enemigo el equipo local le arrean una patada y dicen que no ha tenido más remedio que hacerle falta, pues ya me dirá donde se nos queda el honor, la dignidad y esas tonterías, bueno ahora a esa patada la llaman falta táctica.
No sé cuando empezaría la cosa, pero lo que no tengo ni idea es de donde vamos a llegar por estos derroteros.
Saludos
Poder y propaganda. Esos son los elementos base para que un sistema se perpetúe y con él los «adictos» por incentivo económico (no por incentivo moral). En nuestra particular democracia la adicción se la ha dado en exclusiva a los partidos y los partidos salieron de la nada (casi) porque estaban ausentes. Cuando un partido es una simple pirámide de jerarquías tramposas, sin debate interno y externo, blindado ante los ciudadanos y con pretensiones de poder, sólo le queda la propaganda. Cómo en el fútbol. ¿Porqué todos los informativos sobre deporte empieza: «Cristiano Ronaldo…..»? Por la misma razón que, en cada comunidad autónoma empiezan siempre con el nombre e imágenes de quienes se supone tienen más poder. Se le conoce como «pesebre». En el caso de todas las CC.AA. las «baronías» o «virreinatos» (por su relación con la monarquía) tuvieron su espaldarazo en los respectivos estatutos y la fidelidad cambiaba de bando. Por eso se «rebelan». Porque las situaciones sociales y económicas de muchos no dependen ya del Estado, sino del «señorito» de turno que es el que reparte juego (y «pasta»). Si tenemos en cuenta que de una u otra forma dependen de la gracia de los presupuestos públicos entre organizaciones de todo tipo, empresas, sindicatos y trabajadores y cargos públicos, nos damos cuenta de la cantidad de «adictos» que el dinero puede comprar (el dinero de todos además). Por eso urge el volver a encarrilar la situación pero ¿quien lo va a hacer? ¿los mismos que la disfrutan? No seamos ingenuos. ¿Los ciudadanos indignados travestidos de «casta» y sueldo público? Esos mucho menos porque todavía no se creen el «chollo» que les ha caído.
¿Quieren «consultas públicas»? Ni de coñ… En Madrid se va a imponer en la práctica un cambio urbanístico que se carga la planificación anterior en el eje Gran Vía que precisamente se hizo para facilitar el tránsito. ¿Estarían dispuestos los partidarios de las consultas o referéndum a hacerlo entre los madrileños? Repito: ni de coñ… En Madrid el ayuntamiento en vez de reducirse las retribuciones de los altos cargos y repartir con más justicia los sueldos dicen que hay que aceptarlos «porque lo dice la ley». ¿Cuando nos hartaremos suficientemente de tanta mentira que encubre sólo intereses particulares? Un saludo.
Y dale!!…. Café para todos!!!
Eso es! No hablo de política.. Soy un a simple persona..
Pero…. A cuanto cobran señorías,
diputados y demás??…
A cuanto… Esos de la mal llamada Europa?? Por no ir ni a su escaño?
A cuanto nos salen el pan y los tomates?…
Y el café… A l@s ciudadanos en general?
Y a cómo fue el desempleo en septiembre?…
Claro! Si no encuentras o.. Andas regular.. El «problema» es sólo del ciudadano, y nada más..
Ni roja, ni blanca, ni españolista.. Ni de más allá…..
Pero ese café para todos!!! – pareciera que sólo es para unos pocos no? – – –
Y la justicia?… En toda su extensión?… Alguien la vió?….