20150703 Greek Referendum Demonstration for NO syntagma square Athens Greece

Tras las noticias sobre la filtración de los mensajes de Puigdemont en los que reconocía que “esto se ha terminado”, no sabemos si haciendo referencia a su carrera política o al procés, parece que este puede acabar en un cierto sonrojo.

Sin embargo, no podemos olvidar el hecho de que, a pesar de las extraordinarias circunstancias que concurrieron en las últimas elecciones autonómicas, algo más de 2 millones de catalanes (un 47,5% del electorado) votaron a candidatos que, además de haber cometido presuntamente graves delitos y conducir a Cataluña a una verdadera ruina económica, con un continuo goteo de empresas huyendo de la incertidumbre generada por el proceso secesionista, han provocado una auténtica ruptura que ha partido la sociedad en dos mitades enfrentadas.

En otros artículos señalamos que, una vez parado el golpe de la declaración unilateral de independencia, venía la fase más difícil e importante: la de solucionar el problema político que plantea que un número tan significativo de catalanes quiera seguir un camino tan absolutamente traumático como el de dividir un Estado, cualquiera que sea el coste económico, social o emocional de esa decisión. Y este es un grave problema con el que habrá que lidiar en los próximos años.

Ya hemos apuntado en otros artículos la importancia que tendría una reforma educativa que, respetando la diversidad lingüística de nuestro país, garantice que el inmenso poder que supone la enseñanza obligatoria no se utilice como fábrica de nacionalistas.

En cualquier caso, quizá lo más importante sea hacer política e ir desnudando argumentalmente cada uno de los eslóganes que han sustentado el proceso soberanista. Una de las cuestiones más insistentemente repetidas con un sorprendente simplismo y amplificada por personalidades de relevancia pública como Piqué o Guardiola es la siguiente: sólo queremos votar. Una democracia consiste en votar y si no nos lo permiten esto no puede ser una auténtica democracia.

Tengo la sensación de que el derecho a decidir va ser la puerta de salida que van a tratar de buscar los nacionalistas ante la situación de bloqueo en la que se encuentran. En las elecciones autonómicas del 21 de diciembre de 2017 es cierto que, en voto popular, los partidos no independentistas ganaron por cerca de 150.000 votos; sin embargo, conviene señalar que en este recuento se incluye a la confluencia de Podemos en Cataluña, que se ha pronunciado a favor del derecho a decidir y de la celebración de un referéndum de autodeterminación. Si computamos los votos de Podemos junto con los separatistas veremos que cerca de un 56% de los votantes se mostraron partidarios, al menos, del derecho a decidir.

El simplismo es una de las grandes trampas de la democracia. El único modo de resolver los problemas es conocerlos, saber que existen. El simplismo los borra y así los agrava (Sartori). El eslogan simplista del derecho a decidir oculta graves problemas, que nadie nos cuenta.

En primer lugar, ¿quién es el sujeto del derecho a decidir? Constitucionalmente está claro que sólo el pueblo español que aprobó la Constitución del 78 está legitimado para tomar la decisión de dividir España. Pero los separatistas plantean que se fragmente la soberanía nacional y se otorgue el derecho a decidir a la población de cada Comunidad Autónoma, apelando a un supuesto derecho internacional. Está claro que este derecho no existe. No puede ser más nítida la resolución 2625 de la ONU que señala que el supuesto derecho de autodeterminación no autoriza “a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes (…) dotados de un gobierno que representa a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”.

En derecho comparado, explícitamente solo las constituciones de Liechtenstein, Etiopía y del Estado caribeño formado por las islas de San Cristóbal y Nevis prevén el derecho de separarse a una parte de su territorio. En Estados más cercanos a nosotros, como Alemania, son inconstitucionales los referéndums de autodeterminación e incluso los partidos que pongan “en peligro la existencia de la República Federal de Alemania”. El Tribunal Constitucional alemán, ante la pretensión del partido nacionalista de Baviera de celebrar una consulta de este tipo, declaró que Alemania es “un Estado-nación basado en el poder constituyente del pueblo alemán” y “los Estados no son dueños de la Constitución. Por tanto, no hay espacio bajo la Constitución para que los Estados individuales intenten separarse”. Es decir, algo muy parecido a lo que ha afirmado nuestro Tribunal Constitucional.

Los nacionalistas suelen apelar a Canadá, donde, ante el referéndum de secesión de Quebec de 1995, el Ministro de Asuntos Intergubernamentales trasladó tres preguntas al Tribunal Supremo del país. Este, aparte de decir que la secesión nunca puede ser unilateral, sino que debe ser negociada, y exigir que la pregunta y la mayoría fuesen claras para una decisión de este tipo, contestó algo muy interesante y pocas veces destacado. El Ministro hizo la pregunta siguiente: si el principio democrático ampara la división de Canadá ¿no ampararía también la de Quebec? El Tribunal Supremo canadiense contestó con contundencia que las partes de Quebec que votaran contra la independencia no formarían parte del nuevo Estado quebequés y seguirían integradas en Canadá.

Esto nos permite volver a la pregunta inicial: ¿quién es el sujeto que se autodetermina? ¿La fuerza del principio democrático permite romper España pero no Cataluña? Si los ciudadanos del Valle de Arán, Barcelona o Tarragona desean seguir formando parte de España ¿pueden ser obligados a pasar por el trago de la escisión? Una sucesiva división de las unidades de decisión nos conduciría a que cada barrio o, por qué no, cada individuo tendría derecho a decidir… Y entonces llegaríamos al famoso anuncio de Ikea.

Otros problemas del derecho a decidir que el simplismo oculta son los propios del mecanismo del referéndum, que se han puesto de manifiesto con toda su crudeza en la consulta del Brexit.

El primero y más grave es la absoluta falta de respeto a la opinión de las minorías. Lord Acton dijo que “la prueba más segura para juzgar si un país es verdaderamente libre, es el quantum de seguridad del que gozan las minorías”. El referéndum es un procedimiento de toma de decisión de suma cero, en el que la mayoría lo gana todo y la minoría lo pierde todo. Sin matices. Esto tiene especial importancia en las decisiones irreversibles, como una secesión, en la que una ligera y coyuntural mayoría puede imponerse absolutamente a una minoría relevante y a todas las generaciones futuras. En una democracia representativa, para adoptar decisiones tan graves como las que nos ocupan, los representantes deben negociar y llegar a acuerdos que permitan el apoyo de partidos minoritarios. A través del consenso las minorías obtienen el respeto por sus puntos de vista y la decisión final puede acabar en un gris fruto de la negociación (más o menos autonomía, mejor financiación,…).

Segundo, nadie responde a la cuestión de porqué una eventual decisión de separarse es vinculante e irreversible, mientras la de permanecer unidos es siempre contingente. En palabras del Libro blanco de la transición nacional de Cataluña, mientras el “sí” en una consulta de autodeterminación concluye en “una declaración unilateral de independencia”; la victoria del “no” no impide el planteamiento de “nuevos proyectos de consulta sobre la creación de un Estado independiente”. ¿Y así indefinidamente hasta que el resultado sea el “sí”?

En tercer lugar, el referéndum agrava el conflicto, dado que se gana o se pierde todo, la tensión es de tal nivel que tiende a la ruptura de una sociedad, como estamos viendo en el caso catalán o vimos en el Brexit. La dicotomía propia del referéndum también favorece el extremismo irracional. En la consulta solo cabe el sí o el no. Un blanco o negro absolutamente inadecuado para abordar los problemas complejos, en los que la solución suele estar en el matiz. El reféndum se convierte así en el terreno propio del extremista que tiene claras todas las soluciones en términos absolutos y está más dispuesto a la movilización que a la reflexión.

Como también se ha visto en el Brexit, el referéndum multiplica los riesgos de manipulación del electorado, muy por encima del grado de demagogia al que nos tiene acostumbrados la democracia representativa.

Una verdadera democracia tiene que ver con un análisis complejo y poliédrico de la realidad, los problemas y soluciones. Sin esa profundización caemos en el infantilismo que Lenin calificó de “enfermedad mortal” de una sociedad… y del cual tanto provecho él mismo sacó.

En fin, más que el derecho a decidir deberíamos empezar a reivindicar el derecho a que no nos impongan el simplismo a través de la trampa del “sí” o “no” para solucionar problemas complejos. El derecho a no decidir de forma infantil.

5 comentarios

5 Respuestas a “El derecho a decidir”

  1. Manu Oquendo dice:

    Sobre la naturaleza del «Dret a decidir» es interesante escuchar las palabras de Agustí Colomines, que fue director de la Fundación Catdem de Convergencia Democrática de Cataluña. Dijo textualmente ante la complaciente sonrisa de la Presidenta de la Asamblea Nacional Catalana: «El derecho a decidir es una chorrada que nos inventamos. Es derecho a la autodeterminación y punto pelota» ― Verlo en «Cataluña: El Mito de la Secesión», Almuzara 2014 página 277―.

    Dado que el Derecho a la Autodeterminación es inoperante jurídicamente en el caso de España –no hay una situación colonial y tenemos un escrupuloso estado de derecho democrático– sintieron la necesidad de buscar una etiqueta alternativa.

    El caso es que a pesar de que todas las estructuras del Estado español tratan de protegerlo, el «Estado Autonómico en hiperplasia prostática» es un auténtico «Mal Común» y esto ni siquiera se ha abordado desde las estructuras de Poder. Sigue la cantinela y el buen rollo a la Chamberlain.

    Seguimos con la cantinela de conmiserarnos con quienes nos quieren fragmentar como si tuvieran algún valor moral o funcional. No solo no lo tienen sino que son destructivos, regresivos y con rasgos políticos propios de acosadores y violadores de derechos ajenos.
    Y ello después de haber visto la deprimente falsedad, hipocresía, doblez, matonismo y carencia de valores que han desvergonzadamente exhibido personajes como Junqueras y Puigdemont.

    En su Cataluña hay «Niños Ana Frank». Y no puede haberlos.

    Y si por acaso alguien se piensa que el Idioma Español no es el propio de cada rincón de España –mucho más que las versiones de sus lenguas rurales autóctonas hoy implantadas a la fuerza– no conoce ni Galicia, ni Vascongadas ni Cataluña ni por lo tanto España. El español sigue siendo el idioma abrumadoramente mayoritario por elección ciudadana frecuentemente confrontando las Presiones de la Autoridad Local. Especialmente en aquellos lugares donde los Jóvenes saben que se les ha obligado a Perder el Tiempo miserablemente en un sistema escolar regresivo y medieval.

    Han convertido un idioma en una Marca Étnica y la gente –desprotegida y sin defensa alguna–se resiste porque es una faena educativa tener que perder años y años estudiando una lengua inútil que solo sirve para fragmentar y «tratar de parecer diferente» con lo cual garantizamos la excitación de patologías sociales.
    Tenemos hoy sistemas educativos –fuera del Control del Estado– que son el Pesebre de Ideólogos Totalitarios que trabajan sistemáticamente la Fragmentación Social. Asturias ya es el Próximo Candidato donde hacen vela la Próxima Red Clientelar de los «Maestrus del Bable Obligatorio».

    Es decir, ya no nos cabe un tonto más entre quienes asistimos impotentes al espectáculo y que en 40 años solo hemos podido escuchar acerca de algo tan importante una voz: La de Felipe VI.

    Los idiomas son INSTRUMENTALES. No son entes Sacralizados. No conforman nuestra identidad de seres humanos, la limitan y nos debilitan cuando nos obligan a movernos en entornos en los cuales, las AUTORIDADEAS, se especializan en Obligar a la BABELIZACIÓN –un Mal Bíblico– y nos condenan a la Incomunicación.

    Termino con una referencia a Europa.

    Muchos españoles creen que debemos pasar páginas sobre estos «problemas» porque «Europa» nos los va a resolver.

    Me temo que no va a ser así y que la propia UE ha comenzado a ver lo mal que se han hecho las cosas.

    La UE y otros cuerpos supranacionales están desde hace años auditando a sus estados para asegurar que «protegemos bien nuestras lenguas autóctonas». En paralelo han desmantelado la única lengua común –solo para las élites intelectuales– que teníamos: El Latín. Nos quedaba la lengua del Imperio y ahora UK ha decidido irse.

    Pues bien: Sin una lengua común –desde Hungría hasta Lanzarote– ¿Es posible tener un Demos? Me temo que no. Que lo que tenemos es una fragmentación de grupúsculos incapaces de relacionarse sin intermediarios entre ellos.
    Y lo tenemos en un Mundo en el cual, al contrario de lo que hace una UE en carcoma profunda, los Estados –Grandes y cada vez más Fuertes– predominan.

    Es decir, está la UE Garantizando que su situación Colonial será Duradera.

    Dos apuntes:
    1. El Ejército Alemán tiene –según el Siegel de Febrero del 2017– un Plan Estratégico en el cual un escenario plausible para 2040 es que la UE ha dejado de existir.
    2. Un artículo de The Guardian de hace unos días recordando que también pertenecemos a una esquinita minúscula de la Gran Masa Terrestre Euro Asiática en la cual hay grandes proyectos y oportunidades.
    https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jan/24/brexit-europe-future-eurasian-europeans-asia

    Hemos de cambiar muchas cosas. En España y en Europa.

    Un saludo cordial y gracias a Isaac por su artículo.

    PS. ¿Qué tal recuperar el Latín como lengua común en Europa?

  2. Alicia dice:

    Es bastante escandaloso eso del derecho a decidir, aparte de una desvergüenza que sólo estén dispuestos a esgrimirlo si el resultado de una votación es el que a ellos les acomoda. Si no cuadra con sus deseos la votación no sirve y hay que repetirla hasta que salga al gusto.
    Pero que también, como apunta el artículo y como propone Boadella con su Tabarnia ― que a un primer pronto puede parecer una broma ―, por qué no podrían los de Tabarnia escindirse de los escindidos y regresar “a casa”. Pero a eso opondrían un sinfín de argumentos tramposos los separatistas.
    ¿Los asturianos también quieren reivindicar su bable?
    Pues a mí que no me mareen, que si me pongo a reivindicar el manchego de mis ancestros y si me echo en cara a algún catalán o asturiano “autoctonista” le diré “¿Quétepezatí?” o, que también queda muy bonito, “muchachovenacaquiqueteviastampar”.
    Oye, Manu, lo del latín “lengua común” estaría muy bien ― aunque algunassssss tendríamos que empezar por aprenderlo ― y nos evitaría de muchos problemas.
    Entrecomillo lo de “lengua común”, que no “madre” porque me ha recordado este video.
    http://deltademaya.com/no-venimos-del-latin/
    Y la profesora no parece hablar a humo de pajas.
    Y es que me llama la atención que algunos idiomas centroeuropeos que en teoría ― creo ― no derivan del latín utilizan declinaciones. Y los sí latinos no.
    A mí me parece que lo de las declinaciones facilita los idiomas y los hace más lógicos a la hora de aprenderlos. Pero, y que quede claro, yo no sé ninguno.

    1. Manu Oquendo dice:

      Hola, Alicia.

      He escuchado con interés el video de Carmen Jiménez, la filóloga catalana, que sostiene la inexistencia de una línea matrilineal pura entre el Latín y las lenguas romances y un buen número de lenguas europeas.

      Esto es lo mismo que nos enseñaban en el colegio hace más años de los que es prudente mencionar. Por debajo del substrato latino tenemos otros idiomas, anteriores y posteriores, a la llegada de los romanos. Pero tratar de negar el peso unificador del Latín es, a mi modo de ver, caer en un extremismo impropio de una búsqueda científica. Realmente ¿Qué fin persigue la vehemente filóloga catalana? ¿Probar la raíz mítica de esa lengua?

      Los latinistas especializados en el siglo II buscan en el Euskera la pronunciación de aquella época. (J. Juaristi, Tovar, etc).
      Por ejemplo: Castillo en latín es Castellum. En Euskera…. Gaztelu. Ponte en el lugar de un baserritarra –casero– del siglo primero escuchando al centurión procedente de la Galia y repitiendo la voz y lo verás con nitidez. Es una escena entrañable.

      Que tenemos raíces además del latín y muy anteriores es puro sentido común y conocimiento de nuestras lenguas. No hace falta meterse en gramáticas ni en las cruzadas políticas de los nacionalismos que, en esto de las lenguas, se esfuerzan lo indecible por establecer una línea mágica con los Dioses más remotos. Túbal para Sabino Arana fue el padre bíblico de todos los vascos. Imbatible batalla la de Arrigorriaga. Las piedras rojas de sangre bajaban al fragor del mandoble.

      Carmen Jiménez tiene, sin embargo, razón cuando dice que no se debe buscar toda la etimología en el Latín.
      Tengo ejemplos que me han sucedido.

      1. Los Arribes del Duero. Si preguntas de dónde proviene un latinista te dirá que viene de Arribada, de llegada, orilla. Si preguntas a alguien que conozca euskera y haya visto los «arribes» de cerca (Farallones verticales de 100 metros de altura) te dirá que provienen de Harri, piedra en vasco.

      2. Zaragoza. Un latinista te dirá que….. Cesaraugusta y un donostiarra culto, como mi buen amigo el Dr. Mendizábal, te explicará que no; que es la combinación de Zarra (viejo/a) y Gotz-a (Dulce) La Dulce Vieja es decir la hermosa luna que riela en nuestro gran río Ebro.

      Hay una palabra que todavía se usa en algunos lugares de Asturias y del Pirineo, en la montaña: Biesca. ¿Qué es una biesca? Una biesca es el canal empinado que une dos montes muy próximos uno de otro y que suele ser la mejor forma de subir o bajar . Nunca he encontrado esta palabra en un diccionario y sin embargo toda la península en su parte montañosa tiene toponímicos parecidos.

      En fin, que esto se sabe desde el parvulario cuando los profesores sabían de qué hablaban y no tenían que meterse en Autoctonías Inventadas. Cosa que gracias al Nacionalismo ha dejado de ser cierto para convertirlos en buscadores de Santo Grial de las Raíces Sagradas.

      De estas tengo a montones sin tener que recurrir a las que Sabino Arana incluye en el último tomo de sus obras. Alguien debiera igualmente caer en la cuenta de que Iberia suena a I-Berri-a: Lo nuevo. Y que toda la toponimia Hispana está llena de nombres vascos desde el BessiBerri del Pirineo Catalán, al Arzúa de Coruña, la Baiona de Pontevedra, el Puente de Ariza de Jaén, la Aitana alicantina o la Muga de Sayago en Zamora o el Valle del Ardón en León.

      Lo cual tiene lógica. Una lógica que no gusta nada al actual nacionalismo vasco. ¿Por qué?

      Muy sencillo, recordemos que en otro hilo hablamos de la última glaciación que viene muy a cuento acerca de esta cuestión de las lenguas.

      Hace diez mil años en Europa, de los Pirineos al norte, no vivía nadie. Los 500 metros de hielo al sur de Francia y una media de 1500 desde Londres al norte lo impidieron durante los 20,000 años que vino a durar aquel evento. En la península desaparecio la población porque el clima fue Siberiano y de hecho los Neanderthales se extinguen al sur de Hispania durante aquellos hielos.

      ¿Dónde estábamos los europeos? En África. En el Norte de África donde existía la Protolengua Tamazigh de la cual derivan (Alonso, Arnaiz, en Editorial Complutense, etc.) el Guanche, el Minoico, el Bereber y el Eusko.

      Y esto, no interesa porque ¿de qué te sirve una lengua que es la de todos?

      Por eso los libros de mis hijos en Connecticut les contaban la última glaciación y en los textos escolares de Europa es como si no hubiese existido.

      Descubrir estas «cositas» no te sirve de nada si lo que pretendes es crear tu rebañito y diferenciarte del resto.

      La cantidad de pasta que han dedicado los batasunos a tesis dedicadas a probar lo contrario. Sin éxito, naturalmente.

      El nacionalismo es un veneno del alma y de la mente.

      Saludos

      1. Insu dice:

        Hola.
        Respecto a lo que señala Manu, justo ando leyendo artículos de actualidad, de actualidad de hace más de un siglo, de Mariano de Cavia.
        Pues bien, en cuanto a saberes olvidados, o proscritos, anoche antes de caer el telón de los párpados, andaba en uno intitulado «Fuendetodos», del que os paso esta cita textual: «porque Goya, en nuestra lengua indígena, reducida ogaño* a la tierra natal de Zuloaga, quiere decir «cumbre».»
        * [nota mía: sí, lo transcribe sin hache en la versión de «Editorial Libra, S.A. de la Biblioteca de Aragón]

  3. pasmao dice:

    ¿Y la responsabilidad por lo elegido?

    Para que sirve un derecho si no lleva aparejada una responsabilidad.

    También podríamos llamarlo como el derecho a tapar un problema con otro mayor. La ventaja de todo esti es que ya no nos engañan, por lo menos a muchos, ni separatistas y ni los «representantes» de esa cosa llamada PPSOE, Podemos, Ciudadanos.. todos los que parten de que con esas 17 miserias se puede ir a algún sitio que tenga un minimo proyecto de futuro.

    El estado de las 17 Taifas murió el 1-O; eso será algo que el español del común si tendrá que agradecer a los separatistas, muchas gracias, os lo debemos.

    un cordial saludo

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