No hay duda de que el Estado de Bienestar ha supuesto enormes avances para las condiciones de vida del conjunto de la población. Desde las pensiones, pasando por la sanidad y la educación, hasta el seguro de desempleo, ha proporcionado para el común de los mortales un paraguas de protección del que antes carecían.

Sin embargo, es ahora, cuando su sostenibilidad financiera está siendo seriamente cuestionada y los Gobiernos de toda Europa se ven apremiados a meterle recortes a mansalva, pese al tremendo coste electoral que eso conlleva, cuando deberíamos pensar en los cambios que requeriría este Estado de Bienestar. Ya sé que esto no se resuelve en un rato, pero es clave profundizar en esta reflexión ya que la configuración práctica que vaya adoptando nuestro Estado de Bienestar determinará en gran medida el tipo de sociedad hacia la que nos encaminemos.

Por ejemplo, es curioso lo que sucede con la igualdad de oportunidades. Siempre se ha dicho que es uno de los objetivos esenciales de la democracia. En Europa, de hecho, el Estado de Bienestar se justifica en gran medida por este objetivo. No obstante, da mucho que pensar cuando comparamos nuestra situación con la de Estados Unidos. Dicho país tiene a gala ser la “tierra de las oportunidades”, expresando con ello que cualquier ciudadano puede “llegar tan lejos como quiera” solo con sus propios talentos y sin necesidad de otras ayudas. La realidad, claro, no es ni mucho menos tan idílica. Pero pocos discutirán que en Estados Unidos es mucho más fácil que en Europa encontrar trabajo, poner en marcha una empresa, llevar a cabo un proyecto de investigación o incluso lanzar una iniciativa altruista desde la sociedad civil. Lo paradójico, sin embargo, es que Estados Unidos tiene un Estado de Bienestar raquítico comparado con el nuestro. Ya sé que el análisis comparativo de ambas realidades requeriría, para ser riguroso, tener en cuenta muchos otros aspectos que, por su extensión, no caben en este artículo. Pero al menos podríamos sacar una conclusión: que puede lograrse una mayor igualdad de oportunidades con otras fórmulas, y no solo con la que nosotros hemos aplicado.

Solemos defender nuestro modelo frente al americano con el argumento de que ellos son muy “darwinistas” y aceptan que quienes no pueden seguir sus reglas de juego se queden tirados en la cuneta, mientras que el nuestro vela por todos. Aunque este argumento, visto el altísimo porcentaje de desempleados que tenemos, al menos en España, habría que relativizarlo. Muchos opinan que el excesivo proteccionismo de nuestro modelo tiene un grave efecto anestesiante sobre nuestra capacidad emprendedora. En todo caso, es obvio que la igualdad de oportunidades requiere, además de que haya cuantas más oportunidades mejor, que quienes aspiren a ellas también estén dispuestos a poner en juego todos sus recursos para alcanzarlas.

En este sentido, los subsidios y las ayudas estatales son un arma de doble filo. Por un lado resuelven problemas reales que, de otro modo, no tendrían solución, pero por otro lado generan una dependencia hacia los mismos que, en muchos casos, acaba convirtiéndose en un problema, al disminuir el impulso de lucha y superación que es vital para salir de cualquier crisis. Desde este punto de vista, los subsidios estatales deberían ser contemplados como las medicinas: buenas para solucionar una enfermedad, pero indeseables como tratamiento de por vida. Porque nos hacen drogodependientes y porque casi todas tienen efectos secundarios nocivos. Por ello me parece una calamidad que haya regiones de España viviendo subsidiadas desde hace un montón de años.

La presente cultura del subsidio tiene otro efecto más sutil pero muy preocupante: nos hace mucho más miedosos. Desde luego muchos de los que cobran un subsidio temen perderlo; y eso es fácil de entender si lo están necesitando. Pero hemos llegado a integrar de tal manera los subsidios en nuestra cultura y en nuestra forma de vivir que, incluso quienes quizás no lleguen a necesitarlos nunca, se inquietan ante la sola posibilidad de que en el futuro puedan no llegarles a ellos. Por ejemplo, es indiscutible que las pensiones han supuesto un enorme avance social, pero cuando se ve el desasosiego de quienes 20 ó 30 años antes de llegar a la edad de necesitarlas ya están haciendo cálculos para ver cómo las complementan con algún seguro privado, uno no puede por menos que pensar que semejante avance social nos está haciendo, al mismo tiempo, vivir con más miedo. Miedo a que cuando nos jubilemos no tengamos suficiente para vivir, miedo a que no tengamos empleo todo el tiempo que nos resta y no podamos cotizar lo suficiente, miedo a que no lleguemos a cobrarlo porque quiebre la Seguridad Social o el seguro privado, miedo a quedarnos desamparados, miedo… ¡Por Dios bendito!, ¿de verdad, es necesario vivir con tanto miedo? Es obvio que cuanto mas presos estamos de nuestros miedos, menos libres podemos ser.

Desde luego que no estoy proponiendo que se quiten las pensiones. Me basta con mirar a mí alrededor para ver los beneficios que aportan. Pero algo muy importante falla cuando el logro de mayores niveles de bienestar material hace que nos volvamos mucho más miedosos ante el futuro, ante las incertidumbres y ante los cambios. Y eso no es bueno, porque inevitablemente cambios habrá y muchos, con lo cual es fundamental que sepamos afrontarlos con valentía y confiando mucho más en nuestros propios talentos. Al final, se trata de evitar que nos pase como a esas familias donde los hijos se han acostumbrado a vivir con la protección permanente de sus padres, y luego son incapaces de buscarse la vida.

Es más, nos hemos acostumbrado a ver las prestaciones que recibimos del Estado de Bienestar no como una ayuda, que es lo que son, sino como derechos que tenemos por el simple hecho de haber nacido aquí. Y, en consecuencia, los exigimos con pasión: ¡Son nuestros derechos y nos los quieren quitar! Un momento, por favor, ya sé que habrá muchos que crean que con el dinero que han pagado por sus impuestos podrían recibir más de lo que están recibiendo, y por tanto se consideran con el derecho a recibirlo. Pero la mayoría de la gente recibe mucho más que el equivalente a sus impuestos gracias a eso que llamamos solidaridad. Está muy bien, desde luego, que hayamos creado un modelo de sociedad basado en la solidaridad con los más desfavorecidos, pero cuando los receptores de una subvención creen a pies juntillas que tienen todo el derecho a recibirla, sin pararse a pensar qué es lo que han hecho ellos para merecerla, algo está fallando.

Siguiendo con el símil de la familia, al margen de todas las ayudas que le pudiera ofrecer a mis hijos, como padre yo les dejaría bien claro que, a partir de un momento determinado, son ellos, y no yo, los principales responsables de enfocar su vida como mejor puedan. Que son ellos los que tienen que saber aprovechar las oportunidades que se les presenten y que se equivocan si creen que van poder tener a papá protegiéndoles toda la vida. Que la solidaridad tiene que llegar justo hasta el momento en que quien se beneficia de ella pueda apañarse solo, poniendo además todo de su parte para que ese momento llegue cuanto antes.

Desde luego, no hay Estado de Bienestar que aguante si en lugar de alentar a los ciudadanos a emplear todos sus talentos, lo que hacemos es promover su dejadez e irresponsabilidad.

26 comentarios

26 Respuestas a “EL ESTADO DE BIENESTAR Y LOS EFECTOS SECUNDARIOS”

  1. José María Bravo dice:

    Debo confesar que el enunciado de este articulo me enrabieto. Porque cual ha sido la dosis para que haya efectos secundarios?. La sobredosis no han sido los servicios sociales, la sobredosis ha sido el sistema financiero y la sociedad de consumo.

    Si viéramos con profundidad el problema del consumo veríamos la sobredosis del consumo. Y cual ha sido la sobredosis del consumo?: el mercado. Y que es el Mercado?. Bueno en términos generales las transacciones comerciales. Pero en estas transacciones comerciales hay un tipo de lucro y el valor del trabajo.

    Aquí viene la «endiablada» palabra «plusvalía». Yo se que todo lo que tenga un tufillo marxista suena mal y también sabemos que la guerra la perdió Marx y la ganaron los aliados, incluido Stalin. Pero esto es harina de otro costal. Vayamos a lo practico: cuanto cuesta un medicamento y en cuanto lo vende un laboratorio?. Lo primero, a quien le vende ese laboratorio X?, pues de vende a sus aliados y para quien es el beneficio de su alto coste, pues para el sistema financiero de sus aliados. No, no, esto no es tan trivial como parece. Esos laboratorios cotizan a un «jueguito» que se llama la Bolsa, que es el motor del Sistema Financiero

    Todos sabemos que en este Sistema los países ricos no son los productores de las materias primas sino los mercaderes o sea los que fijan las plusvalías, los que ganaron la guerra, los que sostienen el Sistema Financiero. Pero más allá de la teoría pensemos en la competencia entre los mercados nacionales y los mercados multinacionales. Entre los pequeños propietarios y los grandes propietarios.

    Aquello del subsidio, no nos engañemos. Hablemos del famoso PER, instalado por otro «diablillo andaluz». Era para fomentar el empleo agrario. Claro, se volvió contradictorio porque además El Sistema nos lleno de subsidios para que abandonaramos la tierra y nos entregáramos al consumo, al Sistema Financiero.

    Y la Educación, como duele mencionarla. En los años 70 y 80 había en la España de la post-guerra cantidades de gente que apenas sabía firmar. Pero la educación es un arma de doble filo. Los educados se vuelven «rebeldes», entonces el Sistema dice que hay que re-educarles (echo en falta no haber leído últimamente los jugosos artículos de Enrique Sanchez en esta Web). Lo mejor es que vuelvan a la privada así el Sistema los tiene en su Sistema. Pero no es que los gobiernos les de una educación publica adecuada pero les facilita, a menor coste, volversen posibles rebeldes.

    Si es cierto el miedo. Ya lo decía, hace mucho tiempo, Erich Fromm «El Miedo a la Libertad». Si, también el Sistema tiene miedo, ojala que se muera de miedo.

  2. dani dice:

    No soy cristiano. No creo que el ser humano nazca con un pecado original ni que tenga que redimirse ganando el pan con el sudor de su frente ni pariendo con dolor, si no quiere.

    «Civilización» para mí significa que la vida no tiene por qué ser una constante lucha por los recursos vitales, donde triunfe el fuerte (el «emprendedor») a costa del débil («el miedoso»), y «sociedad» significa que nadie debería tener que «apañárselas solo». Por supuesto que son buenos el coraje, las energías, el esfuerzo y la audacia; el problema es que la gente que no los tiene también tiene derecho a vivir. Y más grave aún es la cantidad de gente que sí los tiene pero a la que jamás se le dará en la vida una oportunidad de utilizarlos, ¿o es que los millones de personas que se mueren de hambre es porque son estúpidas o abúlicas? Estados Unidos, la primera potencia mundial, la tierra de las oportunidades, tiene una de las tasas de pobreza más altas del planeta.

    Las prestaciones sociales es evidente que serían perfectamente sostenibles si el dinero público no estuviera siendo desviado a bolsillos privados (sin duda más emprendedores que el resto). Es absurdo que en unas sociedades que generan tanta riqueza, donde la producción es tan simple, donde las máquinas y los ordenadores realizan esfuerzos que en otro tiempo hubieran necesitado generaciones de trabajo humano, haya gente rebuscando en las basuras. La sociedad puede y debería garantizar a cada uno de sus miembros la cobertura de las necesidades básicas.

    1. Valentina dice:

      ¿Siempre que el fuerte o emprendedor triunfa es a costa del débil o miedoso?
      ¿La sociedad significa que nadie debería apañárselas solo?
      No estoy de acuerdo en ninguna de las dos afirmaciones. Los débiles y miedosos me dan bastante miedo; y creo que todo el mundo tiene derecho a saber apañárselas solo. Y si no sabe, el derecho a aprenderlo. Y el derecho a su cuota de orgullo por lograrlo o por lo menos haberlo intentado, porque en el intento habrá aprendido algo, ¿o no?
      La palabra “solidaridad” me parece tan falsa y tan vacía que si alguien me brindara la suya creo que me sentiría humillada.
      Los millones de personas que se mueren de hambre no son estúpidas o abúlicas (aunque alguna habrá, lo mismo que entre las bien alimentadas), ¿pero por qué nos impresiona más y nos rasgamos más las vestiduras y clamamos más que hay que hacer algo cuando pensamos en una multitud heterogénea que cuando lo hacemos en millones de individuos considerados de uno en uno, cada cual con sus circunstancias y con sus dificultades particulares y con sus características que lo diferencian de todos los demás? Todos los días mueren millones de personas en el mundo y por las causas más diversas, y no por eso los que seguimos vivos nos llevamos cada uno millones de disgustos al día.
      Porque no nos creeremos de verdad que si acudiéramos “solidariamente” y en manada a socorrer a esas gentes, ellas, una vez saciado el primer golpe de hambre, todas, hechas una piña y como un solo hombre, estarían muy contentas y muy agradecidas y nos considerarían sus benefactores, así, sin más planteamiento.
      No. Creo que hay muchos factores y de muy diferentes índoles que van más allá de la economía, y de fuertes y débiles, y de opresores y de oprimidos.
      Y las prestaciones sociales yo las barría si pudiera de un plumazo. Y el que quiera ser generoso que lo sea a título personal.

    2. Manu Oquendo dice:

      Las religiones evolucionan y el cristianismo tiene amplio espacio para quienes se recusan a ser maniqueos o piensan que el miedo al castigo eterno es una forma poco seria de realizarse moralmente.

      Lo que ya no tengo tan claro es que un ser humano, cristiano o no, pueda realizarse sin esfuerzo, sin trabajo.

      Antes de que el Nuevo Testamento viese la luz los griegos tenían la Paideia como forma de realización humana y no se diferencia mucho de una religiosidad adulta.

      De las escrituras, dice Gilson, sólo son importantes dos cosas.

      1. Cuando en el Éxodo se escucha aquello de «Yo soy el que soy»
      2. Dios es amor.Agapé, la forma de amor que no busca nada más que el bien del amado.

      Todos somos parte de ambas.

  3. M. A. dice:

    ¿A Manuel Bautista le ha picado repentinamente el bichito neoliberal de la cepa más dura?

  4. Manuel Bautista dice:

    Contestando a Dani:

    Estoy de acuerdo contigo prácticamente en todo lo que dices salvo en algunos matices. Claro que la gente que no se esfuerza tiene derecho a vivir, pero la cuestión es por qué no se esfuerza. Si es porque realmente no puede es una cosa, y si es porque no le da la gana es otra. Yo creo que en el primer caso la sociedad tiene la obligación moral de ser solidaria con él, en el segundo se le puede dar una, dos, tres… x oportunidades para que cambie de actitud, pero no hasta el infinito. No tiene sentido un sistema de solidaridad con quienes no quieren esforzarse. El matiz está en diferenciar «querer» y «poder». Y soy consciente de que no se puede acusar a alguien alegremente de que no quiere esforzarse, cuando a lo mejor es que realmente no puede.

    Otra cuestión, en la que estoy plenamente de acuerdo contigo, es la cantidad de gente que se esfuerza a tope y nuestra sociedad no le da la oportunidad de salir adelante. En mi artículo he tocado un aspecto de la cuestión pero, por razones obvias de espacio, no he podido tocar otros. Los iré abordando en sucesivos artículos. ¡Claro que los millones de personas que se mueren de hambre no es porque sean estúpidas! Pero es que yo no he dicho nada de eso.
    Este sistema es injusto por muchas razones, pero es bueno distinguir unas de otras. A lo mejor nuestra solidaridad debería ser mucho más activa con esos que se mueren de hambre que con los que no se esfuerzan porque no les da la real gana.

    Un saludo

  5. Manuel Bautista dice:

    En respuesta a M.A., ¿por qué no dejas a un lado el recurso fácil de etiquetarme y planteas qué es exactamente lo que te parece mal de mi exposición?

    De todos modos, te recuerdo que había un dicho, no sé si era anarquista o comunista, que decía algo así como: «A cada uno (se le debe dar) según sus necesidades, y a cada uno (se le debe pedir) según sus capacidades». Pues eso. Habrá que hilar fino qué son realmente las «necesidades» y qué las «capacidades», pero creo que por ahí van los tiros.
    Un saludo.

    1. dani dice:

      La frase que citas es de Marx, y sintetiza el ideal utópico de justicia social: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades».

  6. YESWECAN dice:

    El artículo me recuerda otro artículo anterior de Manuel Bautista en el que hablaba de la reforma del sector público, y planteaba como uno de sus ingredientes repensar lo público, ¿Qué alcance debe tener? ¿Por qué debe prestarse por el sector público determinado servicio?

    Seguramente hay personas que conocen este debate muy a fondo, pero tratándose de un tema que nos afecta personalmente a todos, es sin embargo un asunto que en la discusión de la calle se aborda siempre demagógicamente, ideologizadamente, y superficialmente. Entiendo que el artículo quiere abrir ese complicado debate en un espacio muy pequeño.

    A nivel personal, el debate se localiza entre los derechos que reclamamos, alimentados por un marco institucional hipergarantista, y la responsabiliad que personalmente ejercemos o estamos dispuestos a ejercer. Sin poner en duda la necesidad de lo primero, mi impresión es que un marco público que ocupa ámbitos que no le corresponden, induce a la irreponsabilidad personal.Por eso me parece que empezar a debatir desapasionadamente el papel del sector público en general (y del estado del bienestar en particular) en éste, pero también en próximos artículos, puede ser un ejercicio enriquecedor.

  7. Manuel Bautista dice:

    Respondiendo a YESWECAN,

    Efectivamente, ahí hay una clave fundamental: si queremos que el individuo, la sociedad, recupere el papel que le correspondería, frente al que en estos momentos ocupa el Estado, el sector público, es necesario que el individuo sustituya esa tendencia a «reclamar sus derechos» por otra en la que aprenda a ejercer plenamente sus «responsabilidades». En el sistema actual se habla muchisimo más de derechos que de responsabilidades. Y eso no deja de ser una mentalidad de dependencia. Para avanzar en la libertad del individuo, y en definitiva en eso que llamamos la «sociedad civil», yo no veo otra fórmula que la de generar una cultura de responsabilización activa. Este es el sentido de fondo que yo quería transmitir en mi artículo.
    Gracias por tu aportación.

  8. Pepa dice:

    Si queremos que en el puzzle tan complicado que tenemos delante de nosotros las piezas empiecen a encajar, y la maquinaria a funcionar (y no me estoy refiriendo a un aspecto meramente productivo, sino a que funcione la sociedad en general y estemos contentos con como funciona), creo que la clave está en darse cuenta que las soluciones mejores y más justas no se encuentran en el blanco o el negro, sino en escarbar en los grises y discutir y encontrar cual es el tono de gris óptimo.

    En mi opinión esto es lo que hace Manuel Bautista en su artículo, huir de la facilidad de caer en un discurso de blanco o negro, tipificado, normalizado y que ya todos hemos oído en multitud de sitios.

    Por todo esto no entiendo muy bien el comentario de M.A.

    Un saludo.

  9. José María Bravo dice:

    Valentina, la enseñanza de la solidaridad es muy importante. Pero si esa solidaridad, que tu anhelas, existiera no habría fronteras, ni barreras sociales, ni disputas raciales. Hablaríamos de otra manera, viviríamos en paz, etc. El problema es el ahora de la organización política. En un país con millones de parados. agravada la situación con problemas de salud, de vivienda, de arraigo etc. Sin más educación que la del Sistema arraigado legalmente en el Ego.

  10. M. A. dice:

    El problema es que, en este artículo, a diferencia de otros tuyos, Manuel, con los que en general me identifico (de ahí mi sorpresa y también esa primera reacción del bichito del neoliberalismo, que reconozco que es un tanto visceral y provocadora), hablas de arreglos, modificaciones, cambios, pero “con el carro en marcha”, es decir claramente funcionalistas. Y no es una etiqueta más. Paso a explicarme.

    No nos engañemos, el estado del bienestar no es más que una especie de coeficiente de corrección (llamado democracia), o bien cosmética en la mayoría de sus apartados (cultura, educación, medio ambiente…), o bien paternalista y “benefactor” para evitar el escándalo de las diferencias de clases, cuando no claramente una correa de transmisión que alimenta y mantiene engrasado el sistema. Como en este blog explicáis tan estupendamente todos sus autores. ¿De qué sistema hablamos? Del capitalista.
    Esto se ve en la actualidad muy claramente, con el resquebrajamiento por mega-crecimiento, sin resistencias ya, del modelo.

    El mal está hecho en Occidente desde hace mucho, y se ha extendido por el globo. El mal es el sometimiento de la sociedad a la apisonadora moral de la economía de mercado, del imperio del dinero (¿el bienestar?), del enriquecimiento de los mercaderes. Este es el ámbito, el caldo de cultivo, el complejísimo sistema de valores que ha sido necesario inocular en la población, para lo cual ha sido obligatorio destruir el tejido social de la hermandad y la solidaridad del pueblo llano. Han (hemos) conseguido imponer el individualismo, la lucha por la subsistencia, la competitividad (el principal pilar de la mercadería), disolviendo las redes de convivencia solidaria y de apoyo mutuo, la familia, el vecindario, el barrio, la vitalidad de la pequeña población. En este mar de tiburones en el que nos movemos se están cayendo vertiginosamente los velos hipócritas que lo disfrazaban de idílico lago azul, en cuyo fondo seguía habiendo sangre y dentelladas. Y para sobrevivir en este mar hay que estar bien preparado, educado, alimentado a sus ubres, formado para la lucha sin escrúpulos, pertenecer a una casta (que cada vez quiere hacerse más amplia, según sus propios postulados “democráticos, lo cual es imposible). O si no tener el permiso para seguir flotando en él (sin molestar demasiado, sin gritar) a base de paternalismos y subvenciones.

    ¿Competir? ¿Igualdad de oportunidades? ¿Tenemos todos que seguir aprendiendo, o aprender mejor a ponernos por encima del otro?
    No, el estado-mamá no es la solución, desde luego. Ni el estado-sargento. Ni una mezcla de ambas, como ahora. La respuesta está (como hasta ahora has dicho tú) en la capacidad del pueblo para organizarse, pero con otros valores, no con objetivos de putos mercachifles en que nos hemos convertido todos. Eso, sí, unos con más habilidad, capacidad y posibilidades que otros. Como dice José María a su modo, y Dani al suyo (“la cuestión es por qué la gente no se esfuerza”)

    La clase media se ha hecho egoísta, especuladora, y ha roto los goznes del sistema, porque fue hecho para que unos poco explotaran a muchos, y no todos a todos.
    Por eso decía: hay que detener el carro, bajarse y mirar qué es lo que transportamos en él. No valen apaños, componendas, soluciones funcionales para que ande mejor y sin trompicones, porque lo que llevamos dentro está podrido. Y hay cosas mucho más interesantes que llevar a todos los rincones y compartir: hermandad, solidaridad, comprensión… A pesar de Valentina.

    “De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades. Habrá que hilar fino qué son realmente las “necesidades” y qué las “capacidades””, dices tú. ¿Y quién decide cuales son las necesidades y las capacidades de su vecino? ¿El que tiene el puesto más grande y más próspero en la plaza del mercado? Las capacidades de TODOS son TODAS. Pero no en este avispero.

    1. Valentina dice:

      «A pesar de Valentina».
      Es que la solidaridad se cobra. Deja que te hagan un favor y te pedirán que lo devuelvas toda la vida.

    2. Manuel Bautista dice:

      En respuesta a M.A.,

      Me ha parecido muy interesante tu comentario, de esos que hacen reflexionar. Sin embargo, no veo ese cambio que me atribuyes. Es cierto que toco en mi artículo un tema delicado y quizás sea inevitable que, como sucede en el teatro, bajo el texto puedan detectarse muchos “subtextos”. Pero lo que yo quería decir es lo que he dicho, no lo que dices tú.

      Estoy de acuerdo en que, como sociedad, nos hemos sometido al imperio del dinero. La competencia de unos con otros ha destruido en cierta medida el tejido social de la hermandad y la solidaridad del pueblo llano, como dices. Pero el modelo social que tenemos es este, para bien y para mal (también tiene muchas cosas buenas), y para construir una sociedad mejor no se me ocurre otra fórmula que partir de lo que tenemos. Dices: la respuesta está “en la capacidad del pueblo para organizarse, pero con otros valores”. ¿Y cómo se hace eso? Hablas de “hermandad, solidaridad, comprensión…” Vale, pero el proceso por el cual el pueblo, contaminado por el virus mercantilista y competitivo, se regenera a sí mismo, y sustituye esos valores viciados por los que propones, no está nada claro. Suena (y no lo digo como ataque, no me entiendas mal) a una especie de voluntarismo romántico. Pero, bien, eso es lo que, de una u otra manera, estamos buscando.

      Desde esta perspectiva, sigo pensando que para esa transformación es necesario que todos nos esforcemos al máximo dentro de nuestras capacidades. “De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades”. Y tú apostillas: “¿Y quién decide cuales son las necesidades y las capacidades de su vecino?”. ¡Ah, claro!, ese es el problema. El más poderoso o el más rico, no. Pero ¿quién? No lo sé. Pero, esa dificultad no puede ser tampoco la coartada para que cada uno se invente sus necesidades y reclame de los demás esa hermandad, solidaridad, comprensión… para que se las solucionen. ¿Cómo hacemos para que toda esa solidaridad y generosidad no alimente el abuso y el egoísmo del “necesitado”? El abuso y el egoísmo es otro virus que destruye la solidaridad. Puedo imaginar que, desde un elevado nivel de inteligencia y generosidad, se admita el abuso de ese “necesitado” y se siga practicando con él la solidaridad que reclama, pero durante un tiempo limitado: el necesario para que cambie esa actitud. Pero, desde luego, no valdría que fuese el mismo que estuviese abusando el que decidiese cuánto tiempo necesita para su cambio de actitud.

      Dices: “la cuestión es por qué la gente no se esfuerza”. No estoy de acuerdo. Parte del problema es identificar esas causas y resolverlas (a lo mejor hay algunos que no se esfuerzan porque se lo dan todo hecho), pero la cuestión es, en todo caso, que la gente se esfuerce, al margen de las causas. Y, sí, el valor del esfuerzo personal me parece indiscutible.

      En fin, reconozco que para discutir todos estos matices un blog se nos queda limitado. Pero, al menos, es interesante plantearlos.
      Gracias.

  11. M. Oquendo dice:

    El formato blog habitual me parece «escaso» para tratar este tipo de asuntos porque nos vemos condenados a simplificar en exceso, a perder matices y a dialogar desde el blanco y el negro cuando quizás lo procedente y sensato sea un equilibrio maduro. Quiero decir de ciudadanía madura, involucrada y responsable.

    He leído tanto el artículo como los comentarios y tengo puntos de acuerdo con casi todos y también alguna discrepancia.

    Sobre lo que dice Valentina decir que hay puntos de vista alternativos en nuestro refranero.
    Por ejemplo aquel que dice «No hagas favores porque nunca te lo perdonarán».
    Tristemente cierto.

    Si un día se os ocurre hacer un monográfico presencial sobre este y otros asunto asistiré preperado.
    En algún momento tendremos que complementar el éter con interacciones más trabajadas.

    Saludos

    1. Valentina dice:

      Es verdad, Manu, tienes mucha razón. Para todo refrán existe el contrario, y ambos suelen tener doble filo. Pero no estaba pensando en ningún refrán cuando lo escribí; lo que ocurre es que opino que cuando se habla (o escribe, claro), de solidaridad se está dando por sentada aunque no de forma explícita una dependencia que antes o después coarta la libertad.
      Estoy de acuerdo contigo en que escribiendo – y no será exactamente lo que quieres significar, pero alguna aproximación habrá – siempre se está más limitado que hablando.
      De forma presencial un gesto o un guiño o una sonrisa pueden estar matizando una frase, quitando o poniendo hierro a cualquier cosa que se dice; escribiendo todo el contenido se queda en la letra impresa, sin tonos ni inflexiones. Y es posible que en muchas ocasiones no interpretemos ni seamos fielmente interpretados. Pero… ¡es el blog lo que tenemos! Aunque podría tener su gracia una quedada.

  12. José María Bravo dice:

    Yo lamento discrepar del tono de la respuesta de Manuel Bautista a MA. Yo no creo que se hagan ataques personales pero creo que «otras políticas» deben enraizarse en cambios radicales. En cierto sentido hay un cambio radical en las llamadas políticas de ajuste.Por qué no en las políticas de respuesta a ese ajuste?

    Hace mucho tiempo tuve una discusión en la que yo argumentaba que «la cortina de hierro» caería antes que el «mundo capitalista». Así esta sucediendo. El Sistema Capitalista es difícil de tumbar porque se basa en el Ego individual el otro se basa, o se basaba, en el Ego totalitario. Podríamos decir que es más fácil derrotar a uno que a multitudes.

    Yo creo que la reflexión de Bautista, de alguna manera, contribuye al fortalecimiento del Sistema actual. Bautista utiliza frases complejas, como por ejemplo «invento de necesidades». El Sistema ha inventado muchas necesidades para satisfacer el Ego. Es necesaria tanta posesión individual? Tanta avidez de riqueza individual?.

    También utiliza otra frase «el abuso y el egoismo del necesitado». Yo se que esto es matizable. Pero pregunto si esa matriz de lo necesitado no es el aliciente de este Sistema?. Además cual es la meta, cual es el anhelo de el individuo, cual es el fin del Sistema de las Oportunidades? Quizás llegar a satisfacer a cual más de las necesidades.

    No, no es romántico querer cambiar la necesidad por el valor. Yo creo que aquí confluye Bautista con los críticos de su articulo. Pero creo que Bautista parece defender lo contrario, parece defender el acomodo de la pervivencia del modelo. Esa es la finalidad «perversa» de este Sistema. Nos atrapa porque satisface a quien se acomoda a el.

  13. creo que no he leído bién o simplemente no me puedo creer lo que acabo de leer…bién que la gente se pueda buscar la vida y optar a lo más alto..por mi parte ningún problema, estupendo!!, pero que las pensiones- los subsidios- etc..etc..generan dependencia..y envaguecen a la gente???..hombre mirado así, si me quedo en el desempleo y resulta que no me quedan posibles ni para comer y dios dirá hasta el próximo empleo–pues nada que me meto a pilingui, y mira tú- asunto resuelto–si la cosa es hacer dinero y no importa a qué precio!!;y cómo no!!, estas personas que ya andan por los 65-70-75…enfermas muchas de ellas, algunas muy castigadas por la dureza de la vida, hastiadas..porque razón van a cobrar una pensión-si el gtrabajo está ahí, justo a la vuelta de la esquina, lo que pasa es que no lo vemos..sobre todo si la vista ya falla a esas edades..osease, que para que nos van a dar esaas miserias que dan llamadas pensiones o subsidios, si total son muy mínimas- que las aniquilen!!—claro que, ya no se verían sólo desahucios, sino mucha gente acudiendo a caritas- pa´no variar.., o pidiendo por todos lados,mucha gente humillada en su condición humana llamada dignidad..etc..lo dicho, que al que le vaya de putamadre!!–estupendo–y..pensiones y subsidios para todo aquel que lo necesitara..porque sñor este el que escribe, le puedo asegurar que no alcanzan- que no alcznzan ni para comer, una vez pagados los gastos…valeee??

    1. Manuel Bautista dice:

      Respuesta a CATARSISKOLECTIVA:

      Es evidente que yo no he dicho en mi artículo ni remotamente eso que tú me atribuyes. Supongo que habrá quien caiga en esa interpretación, pero yo pretendía hilar un poco más fino y considerar otros aspectos que creo que también son parte de esta realidad.

  14. Pepeillo dice:

    Yo creo que este artículo toca temas distintos (que se entrelazan y se meten en el mismo saco sin desde mi punto de vista tener que estarlo).

    Respecto a los subsidios de las personas, depende mucho, en el caso concreto de España no puedes retirar los subsidios de desempleo a la gente de cualquier manera ya que todos sabemos que no hay trabajo.

    Sino que pienso que se deben de regular y controlar para evitar abusos, pero no sólo en momentos de crisis si no en cualquier momento.

    Respecto a los subsidios de los territorios, algo parecido, si quieres crear un estado sólido y homogéneo debes utilizar los subsidios tanto tiempo como sea necesario pero claro está controlando en qué
    se invierte el dinero y a quién llega. Esto mismo se aplica a la Unión Europea, la Unión Europea sólo retira los subsidios (y progresivamente) a los países mas pobres cuando considera que ya no los necesita. La idea no pienso que esté mal (de hecho con el caso de España y yo diría que incluso Irlanda casi funciona) solo que está mal implementada, no ha habido suficiente control sobre el destino final de los fondos de cohesión y el dinero ha desaparecido como por arte de magia.

    No digo que como ya he explicado, refiriéndome a los subsidios no haya cosas que mejorar en nuestro estado del bienestar, lo que me parece que es ir muy lejos es decir que los recortes en el estado
    del bienestar son debidos a la insostenibilidad financiera. Los recortes son debidos a la crisis, no hay dinero y hay que recortar de donde sea (no quiero entrar en polémica en cuanto a los culpables de la crisis ni en la ecuanimidad de los recortes). ¿A caso ha cambiado algo significativamente en la sociedad que nos haga replantearnos el actual sistema del bienestar al margen del envejecimiento de la población o la crisis de hace 4 o 5 añoshasta ahora? Lo que no puede ser es que una crisis que es un hecho coyuntural nos haga replantearnos un modelo que en Europa ha venido funcionando desde hace mucho tiempo.

    Por otro lado, relacionar la capacidad emprendedora de un país de manera general pero más particular en España (de nuevo mencionando el altísimo nivel de desempleo que sigue siendo algo coyuntural y no debe descartarse un sistema solo por algo coyuntural)
    con los subsidios me parece bastante atrevido. Por lo general el emprendedor se mueve por la ambición de ganar más dinero que cómo asalariado, y eso le lleva arriesgar, alguien subsidiado no creo que en ningún momento se plantee ganar más dinero que cómo asalariado sino en cualquier caso en encontrar un trabajo y mucho menos en arriesgar nada. En España yo creo que hay muchos emprendedores y gente muy preparada, pero en España el emprendedor se dedica a abrir bares, restaurantes, tiendas, etc…una economía no se puede sustentar con eso,

    España en un mundo tan globalizado como el actual tiene que diferenciarse del resto de paises, si quiere subsistir. Debe invertir en investigación y desarrollo y no solo eso sino fomentar la cultura de
    la investigación y desarrollo, desde las escuelas e incluso desde la televisión. No podemos subsistir con una economía basada en el comercio interior (un ejemplo claro de ello es la construcción).

    Respecto lo de que los subsidios disminyen el espíritu de lucha tampoco estoy de acuerdo, recordemos que los subsidios en la mayor parte de los casos suelen ser tiritas y no vendajes, por ejemplo, no creo que los 400 euros que reciben todavía algunos desempleados o las ayudas para la dependencia disminuyan ni un ápice el espíritu de lucha y superación de una familia.

    Tampoco entiendo cuando dice «algo muy importante falla cuando el logro de mayores niveles de bienestar material hace que nos volvamos mucho más miedosos» no pone ningún ejemplo ni justifica esta opinión. Por supuesto, aunque en cierto modo algo comparto y es que el que nada tiene nada tiene que perder.

    Tampoco comparto lo de que esté mal llamar a los subsidios derechos y no ayudas. Los subsidios son ayudas reguladas por leyes, luego son realmente derechos. Nadie se plantea por qué tiene derecho a un mes de vacaciones iincluso pagadas o qué ha hecho para poder disfrutarlas, o tener un paga extra en navidad, nadie le llama a eso ayuda ya que la persona que se lo concede no lo hace porque crea que lo necesite o merece sino porque está regulado por ley y es fruto de nuestro estado del bienestar (en EEUU creo que son 10 días y que no son ni obligatorios).

    Respecto a lo del simil final de la familia completamente de acuerdo, aunque yo no conozco a ningún padre que haya puesto en la calle a su hijo ni si quiera por vago fiestero e irresponsable.

    Con esto sólo pretendo dar mi humilde opinión y charlar tranquilamente sobre el artículo. Cualquier opinión justificada en contra de mi opinión será más que bienvenida ya que son de las que más aprendo.

  15. M. A. dice:

    Respuesta a Manuel.
    Afirmas que promover la capacidad del pueblo para organizarse con otros valores menos basados en la competitividad y más en la solidaridad te parece un “voluntarismo romántico”, y por el contrario crees que son realistas tus ideas de retirar o disminuir el subsidio del paro, las subvenciones (e incluso tocas el delicado asunto de las prestaciones por jubilación, legítimamente pagadas durante muchos años), con el fin de espolear la iniciativa personal y evitar “que la solidaridad y generosidad no alimente el abuso y el egoísmo del “necesitado””.

    Pues bien, yo creo que es justamente al revés.

    Por ejemplo, como tú sabes, se están llevando ya a cabo iniciativas solidarias, surgidas desde abajo, para evitar e incluso impedir los desahucios sangrientos, colectivos de voluntarios de barrio para acompañar y cuidar a ancianos en sus casas, comedores sociales gratuitos, grupos de médicos que están dispuestos a objetar y organizarse para atender a los excluidos del Real Decreto de la reforma Sanitaria «YoSíSaludUniversal» (www.yosisanidaduniversal.net), y muchas otras actividades solidarias. Existe una creciente aunque aún no suficiente concienciación a este respecto, surgida en algunos casos a partir de las asambleas populares de barrio del 15M, que va más allá del voluntarismo romántico.

    Sin embargo a mí me parece poco realista (y menos en los tiempos que corren) la idea de “alentar a los CIUDADANOS a emplear todos sus talentos” cortando el grifo de ayudas sociales y subvenciones, para evitar “promover su dejadez e irresponsabilidad”. Me da la sensación de que te estás refiriendo una élite, y no a la ciudadanía en general. A una minoría de profesionales, de alto nivel educativo y social, emprendedores, o como mínimo a personas con recursos o con posibilidad de adquirirlos…, para los que sí, seguramente, “el excesivo proteccionismo de nuestro modelo tiene un grave efecto anestesiante sobre nuestra capacidad emprendedora.” Y en ese aspecto el tema que planteas me parece importante y muy acertado. Pero la realidad es que, desgraciadamente, estamos muy lejos de este panorama. La inmensa mayoría de la población, yo diría que el 95 % de las personas que pueblan este país (y cualquier país de este mundo) solo aspiran a ser asalariados y si no consiguen o pierden un empleo, una colocación –como se decía antes, muy expresivamente–, se quedan sin hacer nada, vagando como almas en pena, buscando un mendrugo de pan (si no hay subvención), haciendo cola en la puerta de las empresas, tratando torpe y vanamente de escapar de la miseria, porque no tienen esa ficticia capacidad de iniciativa “made in USA” que tú, románticamente, les presupones. Ojalá la tuvieran.

    Pienso que ha faltado en tu artículo, estoy convencido, acotar un poco el concepto de CIUDADANOS que usas. Y de ahí viene la confusión.

  16. Cualquier comentario acerca de reducir cualquier tipo de prestación asistencial siempre me sonará chirriante, porque tampoco es que estén para tirar cohetes y son para gusto, del que escribe el artículo de duración determinada..excepto en casos extremos;

    y digo yo, que le pasaría a este el que dice llamarse rey de españa and family, que se lleva del estado español anualmente entre 8-10 mill.de euros, si en épocas de crisis, se llevara la mitad?, se le caería acaso el negocio?, lo sufriría mucho?,…si poseen dinerales a patadas!!–igual ni o notaban!!// y no te digo ya de los banqueros y amigotes..los de los bancos buenos- los bancos malos etc.. que les pasaría si se redujeran algo los sueldazos e indemnizaciones que se llevan por la cara, no les pasaría nada seguro!!; pero que es eso de ir a por los que muuy poco tienen..basta ya!! hombre..no creo que los subsidios promuevan la dejadez y la irresponsabilidad..y en todo caso allá cada un@ lo que haga con su vida, me parece a mí..
    qienes somos para decir a nadie cómo ha de vivir!!, orientaciones y pautas y por supuesto,y ayudas y subsidios..que realmente hacen falta en un país de 6 millones de parados.
    En haití, después del terremoto, niñ@s que perdieron a su familia, sus casas etc..viven en campamentos inhumanos prostituyendóse por comida y agua, niñ@s de 12 a 20 años–en un sistema económicamenyte responsable esto jamás pasaría, cómo las guerras y otras cosas, esos niñ@s..no se recuperarán en la vida, después de tanta tragedia creo.
    opino, que las rentas mínimas subsidios etc..da lo mismo el nombre, no sólo igualan en oportunidades?, (ja!, que dirían los gitanos), al menos..impiden que unos sobre otros, cometan abusos por doquier..y los perceptores al menos, viven con alguna dignidad, si es que este puñetero sistema, no les pone el alcohol y los vicios en las narices, diciendo..compra!!–versión moderna: juega al bingo online..que te lo dicen «la esteban» y «el nadal»; que nadie se preocupe por estos llamados subsidios, que no alcanzan ni para alimentos..y la duración cada vez es menor con vistas a la aniquilación//que comeremos, en breve estados neoliberales, de estos que si te pones enfermo-perderás la casa si quieres curarte; en fin, que opino que en este estado capitalista, los derechos vienen en formato prestaciones básicas..cobradas a nivel de banco, con lo que..a eso ya se le añade el pago de la cartilla anual etc..//y nada, que vivan los bancos!!, el bueno, el malo..y el cabrón–ese nuevo banco que está por venir, cuyos directivos no se sentarán en el sillón sino es por un millón! y alegría!!, que con 6 millones de parados al menos tenemos a la solfónica que nos acompaña en estas horas tan inciertas, que en ná tenemos el escudo ahí en rota-cádiz..y los rusos parece que tienen ganas de probarlo a ver si acaso, funciona..o es otra trola más.

    1. Valentina dice:

      Con discursos de este jaez, ya sea desde un lado o desde el bando contrario, siempre se mantendrá el mismo sistema alimentado por los mismos rencores.
      Resulta bastante espeluznante.
      Y si así se combate lo que hay que venga Dios, y que lo vea.

  17. Ni un bando ni otro, ni realidades que combatir.
    Espeluznante la realidad de muchos españoles, que trabajaron y mucho y hoy en día, golpeados por la crisis tantean el suicidio para parts tanto sufrimiento, a Dios rogando y con el mazo dando..y la casta Bancaria engordando beneficios obombardeando paises enteros, realidad pura y dura dificil de digerir…

  18. MAG dice:

    No creo en dogmatismos de ningún tipo, pero podría interpretarse correctamente aquello de «a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades».
    Si se interpreta mal, puede suceder que vivan los listillos y los vagos y trabajen los honrados, como sucede a menudo.
    Saludos

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