El laicismo del Estado ¿Una garantía o una restricción?

El pasado 8 de julio se aprobó en Francia una reforma educativa que, entre otras novedades, incluía una “Carta de la Laicidad”, una declaración de principios, derechos y deberes compuesta por 15 “mandamientos” laicos. Esta carta fue colocada en lugares bien visibles en las más de 55.000 escuelas públicas francesas. Justificada como una protección a los alumnos frente al proselitismo de las diversas confesiones religiosas, en aras a garantizar su libertad de conciencia, no parece que resuelva las contradicciones ni las carencias de fondo que este planteamiento encierra.

Por ejemplo, en un punto de dicha Carta se dice que “Todos los estudiantes tienen garantizado el acceso a una cultura común y compartida”. ¿Cómo es posible acceder a una cultura común sin profundizar en las contribuciones históricas que, tanto en Francia como en España y en todo Occidente, ha aportado el cristianismo en sus diversas concepciones? ¿Cómo se pueden entender esas contribuciones sin entrar en la historia de esta religión, de su fundador, y en sus ideas o propuestas?

No solo eso. En España, no se puede entender nuestra cultura, ni nuestra historia, sin conocer el papel que jugó el islamismo durante nada menos que 800 años. O el del judaísmo o, si me apuran, incluso el de las religiones romanas, griegas o célticas. Sorprende, por ejemplo, lo poquísimo que se sabe en este país sobre la enorme influencia que tuvo, en el siglo IV, alguien como Prisciliano, quién, precisamente por ello, tuvo el dudoso honor de ser el primer cristiano ajusticiado por mandato del Papa para intentar cortar de raíz la extensión de su supuesta herejía.

Es imposible, por ejemplo, entender la Historia del Arte sin conocer el sustrato religioso que lo ha empapado a lo largo de los siglos. Basta darse una vuelta por el Museo del Prado o por cualquier otro para evidenciarlo.

Cuestión aparte es, por supuesto, cuánto de todo esto es razonable pretender que aprendan chavales de 14, 15 o 16 años, teniendo en cuenta los intereses que puedan tener a esa edad; y cómo ha de hacerse para motivarles a profundizar por sí mismos en estos temas a lo largo de su vida.

En otro punto de dicha Carta se habla de que “El personal escolar está obligado a transmitir a los alumnos el sentido y los valores del laicismo”. Volvemos a lo mismo: ¡como si esos valores fueran de nuevo cuño y no se hubieran nutrido de una cultura y una historia! Pero, aparte de eso, parece que en este caso el estilo a “mandamiento laico” mimetiza lo peor del doctrinarismo religioso.

Me parece bien que el Estado regule la vida social pensando en el interés de todos los ciudadanos y no mediatizado por los intereses o creencias de ningún grupo, sea este económico, político, religioso o del tipo que sea. Por tanto, me parece lógico que, como dice esa Carta: “La República laica organiza la separación entre religión y Estado. No hay religión de Estado”. Ahora bien, una cosa es eso y otra educar en la ignorancia de la importante influencia que han tenido, y tienen, las ideas de las religiones con más presencia en esta sociedad. Una cosa es educar en el respeto a las diferencias, ideológicas, culturales, religiosas o de cualquier tipo, y otra, como digo, fomentar una especie de analfabetismo cultural.

Como tantos otros, para la educación de mis hijos busqué en su día colegios en los que no les adoctrinasen en ninguna religión concreta. Mi aspiración era encontrar alguno donde les enseñasen la cultura y la historia de las religiones, donde se expusieran las diferencias y coincidencias de unas y otras. En los colegios religiosos tal cosa era impensable, pero en los públicos quizás sí existiera esa posibilidad. Sin embargo, no los encontré. Acabaron yendo a colegios donde no tenían la asignatura de “Religión”. Visto retrospectivamente, no estoy seguro de que mi elección fuera acertada. ¿Por qué en los colegios públicos no se enseña algo de lo que han aportado las principales religiones, en sus diversas ramas, “herejías” y ortodoxias, desde el punto de vista de sus ideas y valores?

Se tiende a asociar iglesia con religión y esta con espiritualidad. Pero son cosas diferentes. No tengo a mano datos estadísticos, pero sospecho que en la actualidad buena parte de la sociedad tiene sus creencias personales, más o menos al margen de lo que “dicten” las doctrinas eclesiales. Puede parecer lógico, en principio, asociar las creencias religiosas con unas religiones concretas, pero me da la impresión de que en la práctica probablemente son cada vez más las personas que “van por libre”, generando su propio sentido de la espiritualidad.

Seguramente habrá muchas formas de espiritualidad, pero supongo que en general tendrán en común la creencia de que los seres humanos no somos únicamente lo que hoy se sabe de nuestro funcionamiento biológico; que nuestra realidad puede tener aspectos muy importantes que no conocemos; que, incluso, puede que no todo se termine con la muerte y que haya una realidad, del tipo que sea, que tenga existencia después.

Desde luego, no creo que el Estado se deba entrometer en estas cuestiones. Debe abstenerse por completo de actuar sobre ello. Pero otra cosa son las escuelas, aunque sean públicas. No es un tema al que deban darle la espalda. Tampoco creo que deba plantearse como una asignatura típica, orientada además a adoctrinar en una determinada religión (salvo en los colegios que la profesen). Ni siquiera creo que se pueda tratar por los profesores como si estos tuvieran las respuestas. Más bien sería enseñar a “buscar”, a hacerse preguntas y a explicar lo que han aportado las diversas corrientes de pensamiento a lo largo de la historia; y que cada alumno recoja lo que quiera.

Negar una cierta educación en el terreno de la espiritualidad equivale, en la práctica, a apostar tácitamente por la explicación materialista, cuando esta es una de las opciones intelectuales posibles pero en modo alguno la única. En realidad, ni siquiera se enseña lo que de verdad significa el materialismo y, menos aún, se profundiza en sus fundamentos científicos. Si fuera así, se sabría que la materia, a un determinado nivel subatómico, muestra un comportamiento tan sorprendente y “misterioso” que, por sí misma, plantea tantos interrogantes y de tanto calado como, en otros términos, puedan hacerlo las filosofías “espiritualistas”. Solo a título de ejemplo: la teoría científica del Big Bang para explicar el origen del Universo es casi tan sugerente y enigmática como lo pueda ser el relato bíblico de la Creación.

El problema es que si, por acción u omisión, en el ámbito familiar y escolar, lo que se acaba impregnando en la juventud es una visión “sociológicamente” materialista (más que filosófica), no debería sorprendernos después que una de sus consecuencias más visibles sea que la gente busque el “sentido” de la vida en la maximización del consumo y del enriquecimiento económico.

En un momento histórico en el que se está quebrando el poder adquisitivo, y las perspectivas de futuro sobre ello son poco halagüeñas, es lógico que quienes hayan mamado en su casa y en su colegio el éxito económico como valor principal en sus vidas, les cueste ahora mucho esfuerzo encontrar otras alternativas vitales.

Este es un ejemplo donde el Estado claramente se extralimita en el ejercicio de sus funciones, al establecer e imponer lo que se debe o no enseñar en las escuelas. Por el afán de proteger a los niños frente a la “colonización” ideológica de las religiones, acaba propiciando un deslizamiento subrepticio hacia una pseudocultura materialista que, bajo el pretexto de hacerles más “libres”, les castra en sus posibilidades de desarrollo personal.

¿Desde cuándo reducir la capacidad de hacernos preguntas sobre nosotros mismos, aunque muchas de ellas puedan no tener respuestas, nos hace más libres? ¿Qué libertad de pensamiento es la que se garantiza cuando se veta el conocimiento de las ideas de muchos de los principales pensadores de nuestra historia? ¿Buscamos una democracia de “librepensadores” o solo de electores uniformizados?

Al menos desde hace unos 40.000 años, cuando el hombre pintaba en la profunda intimidad de las cavernas imágenes y signos de todo tipo, parece que la búsqueda de una percepción más rica y amplia de la propia realidad que lo que proporciona únicamente nuestra razón, ha sido un impulso constante en todas las épocas. Un impulso que se ha canalizado y expresado a través del arte, de la mística y de otras formas. ¿Acaso pretendemos ahora que, en nombre de la libertad y de la razón, se erradique ese impulso? ¿Con qué Autoridad?

19 comentarios

19 Respuestas a “El laicismo del Estado ¿Una garantía o una restricción?”

  1. Spinoza dice:

    Interesante reflexión. En todo caso tengase en cuenta que acceder a una cultura común, no significa no estudiar la historia y cultura de la religiones, cosa imposible por su pasada influencia, sino estudiarl las creencias como creencias y no como verdades y menos verdades absolutas. Gracias

    1. Catalandalus dice:

      Estoy de acuerdo con usted Sr. Spinoza,
      Una cosa es, que un estado garantice el laicismo y otra, que no tenga presente el peso de las religiones en la historia de las culturas.

      1. Manuel Bautista dice:

        Totalmente de acuerdo con Spinoza y con Catalandalus.

        En realidad, las verdades deberían enseñarse con una relativización: sabiendo que lo pueden ser provisionalmente, hasta que no se descubra otra cosa que las cuestione. Y eso pasa constantemente!.

        Un saludo a ambos

  2. José Luis Carrillo dice:

    Resulta curioso y posiblemente hasta un poco infantil, la necesidad que tenemos de que “papa estado” nos proteja y nos dirija. Le pedimos de todo, el bien estar, una vivienda digna, un sueldo, una educación sin interferencias doctrinales, una sanidad gratis, un reparto justo de bienes e impuestos, en fin, todo lo que en bases a unos principios, de libertad, Igualdad, y fraternidad, que nos vienen inculcando desde hace algún tiempo, para que sustituyan a otros principios más ¿“espirituales”?, sobre todo religiosos que nos habían inculcado con anterioridad.

    Desde mi punto de vista, tanto los conceptos religiosos como los franceses, son igualmente doctrinales y sus leyes están basadas en los mismos principios, expulsar de la sociedad al que no cumpla la ley dictada, bien por hoguera o por guillotina.

    Simplemente basándonos en el diccionario de la RAE vemos que:

    Libertad, ”es la facultada natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”. Es decir, ¿de qué forma no nos hacemos responsables de nuestros actos? Teniendo leyes que nos obliguen a cumplirlas bien vengan de la iglesia o del estado.

    Igualdad, “Conformidad de algo con otra cosa en naturaleza, forma, calidad o cantidad”. Al margen que la igualdad no existe en la naturaleza, ¿Dónde está la conformidad de unos y otros con la forma de pensar del que no opinaba como ellos.

    Fraternidad, “Amistad o afecto entre hermanos o entre quienes se tratan como tales”. Esta la dejaron para última, porque tiene guasa que en nombre de algo tan digno, se hayan quemado, guillotinado y masacrado a tantos hermanos, unos de madre (por la santa madre iglesia) y otros de padre (por el papa estado).

    En fin, sin entrar en algunos conceptos que se mencionan en el artículo, como la diferencia que existe entre espiritualidad, religión y doctrina, creo que estaría bien que respetásemos un poco más las diferencias y trátesenos de aprender o intentar comprenderlas en vez de menospreciarlas. Recuerdo lo que decía otro francés, al respecto de las diferencias de ver las cosas, “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo”.

    Saludos

  3. Manu Oquendo dice:

    El laicismo no deja de ser otra doctrina al servicio de la forma de ejercicio de poder que emerge de la Revolución francesa y como tal se impone. Es decir, bajo la pretensión de dar libertad, la restringe y dibuja una caricatura del ser humano. Un pelele en ,manos del estado total.

    Además, como vemos por la «Carta», pretende establecer sus propias reglas morales,–las derivadas de procesos formales controlados por el poder– imponerlas e impedir que se las discuta. Entre otras cosas porque no resisten mucha discusión.
    Es decir, es una forma de controlar la sociedad impidiendo que esta y sus miembros se expresen en libertad y puedan realizarse humanamente. Le sumamos los intereses de las idolologías globalizadoras y el mapa se dibuja con nitidez.

    Los gobiernos franceses se ponen un poco histéricos con este asunto porque desde Robespierre y Sieyés no tienen buena conciencia. Porque lo que se prometía no pasó de un cambalache para ,manipulando al «constituyente» (los ciudadanos) convertirlos para siempre en contribuyentes impotentes.

    Para mí que le queda poco tiempo a esta ideología doctrinaria. Al menos en Francia donde en 15 años más los musulmanes serán tan importantes electoralmente que la Sharia (ya bastante presente y tolerada en Francia) se impondrá por las buenas o por las malas.

    De un modo general –y estando totalmente de acuerdo con la libertad religiosa y la no intromisión política en esta esfera de la realización personal que debe ser facilitada y potenciada por el estado– hay un debate que el laicismo no puede ni tan siquiera abordar: ¿Qué es el ser humano? ¿Cuáles son sus fines? ¿Para qué nace y para qué vive? ¿Qué da valor a la vida en general?

    Sin definir esto no se puede educar, exigir, legislar o gravar con justicia verdadera. Si no se quiere saber a dónde vamos no se llega a parte alguna y eso lleva al fracaso personal y social.

    Y a esas preguntas no puede responder con honradez un estado laicista ex-culturalmente cristiano (ojo no es lo mismo laico que laicista) que además pretende instaurar sus propias normas morales.

    Me parece que estamos en el crepúsculo de estos sistemas y que los próximos se están cocinando a fuego lento.

    Menudo temita que ha tocado D. Manuel Bautista.

    Buenas noches.

  4. José María Bravo dice:

    Magnifico articulo de Bautista. Toca algo complejo en el análisis de lo que se ha llamado Historia. Ha habido grandes filósofos como Hegel, por un lado, y Marx, por otro, que han sido «historicistas». Quiere decir, la primacía de la razón en el devenir historico.

    Bautista esboza una posición que en la filosofía, después de Popper, se introduce con una visión más cercana a ese dinamismo del «misterio» en la ciencia. Popper habla de Cosmogonía, de algo más alla de la simple razón.

    No es tan claro, como también señala Bautista, que el Materialismo haya desdeñado el aspecto espiritual del hombre. La interpretación de esas corrientes ha sido, algo deliberadamente, más política que filosófica.

    Pero con que problema nos encontramos en la educación de nuestros hijos?. Es quizás la pregunta que nos hace Bautista.

    Toca el asunto del estudio de las religiones. El problema es, todos sabemos hoy, que el catolicismo ha «abjurado», nunca mejor dicho, del cristianismo y que el Judaísmo ha hecho lo propio de sus primitivos principios. En el caso del Islamismo entraríamos a visiones tópicas y de una relevancia mucho más compleja que la que se maneja popularmente. Cuestiones «sangrientas» de fronteras y de poderes.

    Pero a que se llama laicismo hoy?. A la profesión del poder económico y político?. A la Ética?. A esta Ética Kantiana y Hegeliana?. A lo que se llama «historicismo». A lo que nos han educado?. A la moderna jurisprudencia?.

    Don Manuel, su articulo nos hace cuestionar tantas cosas. Que vale la pena. Gracias.

  5. yes we can dice:

    muy interesante manolo
    como apunta manu, el estado laico no solo renuncia a conocer un importante legado cultural ligado al desarrollo de dimensiones espirituales de la persona, que no puede entenderse desde la seguridad de considerar haber llegado al techo del desarrollo personal y espiritual, sino tambien renuncia a reconocer que el hombre, sea lo que sea, no sabe todo respecto a si mismo, su potencial, de donde viene y hasta donde puede llegar y a alimentar este tipo de preguntas

    el hombre de las cavernas no necesito un estado confesional para honrar a sus muertos con su arte

    pero el siglo xxi ya habia bebido tanto de tantos maestros y buscadores que me desconsuela pensar que no seamos capaces de superar los estados confesionales por nada mejor

    excelente el blog
    cada dia mejor

  6. Spinoza dice:

    Sr Oquendo, el laicismo no es más que el derecho a que no ser adoctrinado en supuestas verdades absolutas. La verdadera impotencia proviene de renunciar a pensar

    1. Alicia Bermúdez dice:

      Perdón que me meta, pero el laicismo es tan adoctrinante como cualquier doctrina. Y, lo mismo que cualquier religión, niega la posibilidad de «salvarse» fuera de él.

  7. Manu Oquendo dice:

    Apreciado Sr. Spinoza.

    Efectivamente, el laicismo es eso y más cosas.
    La definición de laicismo que hoy trae la RAE es la siguiente: «Doctrina que defiende la independencia del hombre o la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa». Discernir lo que hay detrás de una fórmula tan sensata no es automático.

    El laicismo nace como un recurso jurídico-constituyente para anular las estructuras de poder del Viejo Régimen estamentario. El Clero era uno de los pilares de dicho régimen y para que naciese la República había de morir como poder.

    El poder de los otros dos estamentos, la Nobleza y el Tercer Estado (el «pueblo» en distintas acepciones) también desaparece en el mismo momento –acto que a su probable pesar termina ejecutando Sieyés cuando cae en la cuenta de que «el representado» realmente es un problema y su papel debe ser reemplazado por «representantes, partidos y asambleas, autónomos una vez elegidos».

    Rousseau y otros, Hegel entre ellos, desarrollaron los fundamento Teológicos en apoyo de la nueva deidad. Basta leerlos para ver que es pura Teología y de mala calidad.

    Esto, hoy, nos resulta bastante evidente estemos o no de acuerdo con ello.

    Sucede que el Ser humano también tiene un gen religioso vaya usted a saber por qué.

    Un gen que le impulsa a inquirir y discernir porque sospecha que es mucho lo que ignora acerca de donde viene, a dónde va y cómo va a poder recorrer en cierta seguridad camino tan azaroso. Gen que, por otra parte, determina partes importantes de su calidad de vida y crecimiento humano.

    Esto, que nos pasa a todos, también sucede con quienes detentan el poder y en los años que se lleva ejerciendo desde entonces han creado otra Deidad con poder más absoluto que el de cualquiera de los poderes existentes en el viejo régimen.
    Por ejemplo:
    La corona francesa, o la española que era más vieja y más grande, era impotente para subir impuestos sin la aquiescencia del expoliado. Necesitaban el sí expreso de cada estamento democráticamente elegido.

    Hoy estamos viendo cómo una camarilla «se reúne sola» y decide por nosotros algo que nunca pudo sátrapa alguno decidir: Endeudar a varias generaciones, subir los impuestos varias veces al año y cambiar la constitución –en una cena o en charla de pasillo– para que la devolución de esa deuda sea más prioritaria que tener un hospital abierto.

    ¿Por qué pueden hacerlo? Pues porque ya no hay ningún estamento representativo de la ciudadanía con capacidad de defenderse ni de enfrentarse a la divinidad.

    Como explica Pedro de Vega en cita ya célebre: El constituido (el poder del Estado) ha capturado al constituyente (nosotros, los ciudadanos).

    Por eso –y por no extenderme a muchas otras facetas de nuestra vida en las que ya no hay la mínima libertad de elección– la respuesta a la pregunta del autor puede ser que el laicismo nació para lo que nació (corregir un exceso) pero se ha convertido en grave problema.

    ¿Quiere decir esto que el estado debe tener religión? No en el sentido de tener una jerarquía religiosa. Esta es una concepción arcaica de la religión que no se compadece con religiosidades maduras, adultas.
    Pero tampoco me parece de recibo pagar un Estado que lucha activamente por destruir la religión y los valores religiosos de sus ciudadanos de todas las formas posibles. Formas que incluyen el adoctrinamiento moral.

    No podemos caer en la trampa saducea de que una élite pagada por nosotros decida ni nuestra moral ni nuestros valores ni impedirnos que estos tengan reflejo en la vida real.

    Del mismo modo que las religiones se debaten por alcanzar una religiosidad adulta lo mismo sucede con nuestra ciudadanía que –para ser adulta– debe recuperar autonomía y poder frente al Estado.
    Eso creo.

    Saludos cordiales

    1. colapso2015 dice:

      «Artículo 1: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.»

      «Laico: Que no tiene órdenes clericales»

      «Lego: no obedece órdenes clericales o sigue doctrinas religiosas»

      No pretendo discutir lo que es la racionalidad, bien se ve, pergeñar con un somero -materialismo- es reducir el tema al culto de la falacia.

      Lo que si sé, es lo que es la religión, la religión es algo no alcanzable por la razón. Es decir, a la cual no pueden acceder todos los seres humanos,…, alguien tiene el privilegio de interpretar a Dios,…, los iluminados.
      Razonamientos como los de Tomas de Aquino, tienen de racionalidad CERO pues obvian la carga de la prueba. No hay sustento físico, no hay pues método racional alguno.

      Ello es la razón, un derivado evolutivo muy probablemente (prueba fósiles, prueba animales vivos, …, ), es pues la inteligencia un derivado natural. Es inteligencia en cuando responda de forma veraz y eficaz a los problemas se plantean.

      Ejemplos:
      a)Idealista-loco: soy un ángel y por lo tanto me tiraré por este puente porque puedo volar.
      Se puede percibir claramente que la condición de volar no requiere del puente, en tal caso sería planear. El resultado salvo alas artificiales es la muerte, a un razonamiento incorrecto resultado muerte.

      b) conservador-reaccionario: dado parece no he volado, nunca volaré.
      Error. Se puede utilizar el medio para tal propósito.

      c) homo-sapiens-sapiens: me gustaría volar como un pájaro. Lo haré cuando tenga alas artificiales…
      Acierto.

      La «maravilla» de la sociedad es que descarga aquello se sufriría en primera persona «el pensador», anulando de raíz los razonamientos incorrectos, por la descarga en alguien que está sometido jerárquicamente y/o socialmente.
      Algunos esperan del mercado “la purga de la verdad” (eufemismo como “libertad”), otros del Estado (eufemismo solidaridad) otros de la religión (eufemismo salvación del ‘más allá’). La cosa es más compleja que todo eso, después de 400.000 años de humanos, 3 millones de homínidos y unos 40000 del único de los tres que a sobrevivido, sapiens, seguimos creyendo que tenemos una “labor de especie”…,

      La religión es la aceptación de la verdad sin prueba,…, con lo cual pasaríamos del estado de ley (con prueba) al estado «de la buena esperanza».
      El arbitrio, la verdad para, por y según los iluminados. No accesible al resto de humanos legos, los cuales pasarían a ser los «negros mentales».

      Que el Estado debe ser laico es recomendable. Lo es, no.
      República laica, por supuesto, acaso ¿cómo pretenden establecer la impersonalidad de la ley si distinguimos por orientación religiosa, color de piel u órganos genitales?
      Puedo estar equivocado pero un lego-ateo puede ser perfectamente experto en historia de la religiones.

  8. Remedios dice:

    El laicismo nació por excesos. El espacio colectivo dejado por la Iglesia había que cubrirlo. Los hermanos se enfrentan porque hay un único espacio que disputar y ninguno lo quiere compartir. Ese espacio es social, también es un espacio moral y lo es metafísico. El espacio social lo ha ocupado la clase media, el espacio moral lo han copado las leyes, y al espacio metafísico le han quitado la meta y se ha quedado en físico por materialista.

    Despejar lo colectivo de una invasión dominado por una influencia de poder, es muy buena cosa. Hay que ser muy grande para tener a merced un terreno y no querer apropiárselo para sus propios intereses. El Estado es una estructura de poder que está muy lejos de actuar con grandeza, y de no utilizar, por tanto, el instrumento más importante a su alcance para conseguir sus objetivos de dominación. Por eso hay muy poco laicismo, ya quisiéramos, y si mucho anticatolicismo.

    Solo puede evitar la doctrina quien está limpio de afán de poder a la escala que sea. Y, además de que es poco común, nunca se conseguirá por la vía de las leyes y no de la evolución humana.

    Dicen que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Pero algo nos dice que es un triple delincuente, porque sabe de un delito y no lo dice, él comete el mismo, y luego se autodisculpa.

  9. Iván Pérez dice:

    A Colapso2015:

    Avise usted a los del artículo 1 cuanto antes, porque la ciencia nos dice que:

    Ningún ser humano nace libre, sino con su carga genética incorporada.

    Ninguno nace igual pues su genotipo le identifica y nos diferencia a cada uno.

    Ninguno es digno hasta que no alcance la dignidad desde su evolución personal.

    Cada uno debe aprender a utilizar su razón y conciencia, pues viene determinada por la voluntad individual.

    El comportamiento fraternal dio lugar al primer homicidio de la Historia.

    Tenga usted a bien decirles a los del artículo sus errores y equivocaciones lo antes posible, no vaya a ser que sigan haciendo creer a las personas cosas que no son y que la ciencia sebe que son falsas.

    Por ley solo se consiguen obedientes, a través del conocimiento es la única manera de lograr ser libre.

  10. Santiago Tíscar García dice:

    Estupendo artículo de D. Manuel Bautista, y como dice Manu Oquendo » menudo temita » , se ve claramente en las agudas y acertadas reflexiones que está generando. Pero a mi entender falta algo que clarifique el papel del laicismo, la introducción del ateísmo e incluso del agnosticismo como categorías, en el abanico de posibilidades de elección que tiene ,por ahora , el ser humano en su necesidad de satisfacer su impulso natural de conocimiento y entendimiento de la naturaleza y fin de su existencia.
    Quiero decir que se está otorgando al laicismo lo que mantiene el ateísmo, y ese es el error, el laicismo debe ser una actitud, no una creencia. El laicismo debe ser la garantía de la igualdad de oportunidades que deben tener las creencias para ser escogidas por el individuo. Está claro que esta confusión es usada por los contendientes políticos para arrimar el ascua a su sardina en función de sus intereses particulares, y por lo tanto se convierte para unos en paradigma y para otros en anatema.

    El laicismo debe formar parte de la declaración de intenciones del estado, desde este punto de vista de garantía del ejercicio de la libertad, individual y colectiva, pero desgraciadamente ese papel debe nacer del consenso, y de momento no parece interesar a nadie aclarar el error.

    Un saludo.

  11. José María Bravo dice:

    En estos días leía un libro que recoge las opiniones de Marcello Pera, quien fuera Presidente del Senado italiano y filosofo. Y, de Josep Ratzinger, Papa Benedicto XVI.

    El libro titulado » Sin Raíces», recogía la problematica de la laicicidad europea. El planteamiento de ambos coincidia en la dificultad de reconocer la identidad europea sin los valores de la Ética y de la cultura religiosa.

    Hay preguntas de calado sobre el Relativismo que conlleva la Democracia. Se llega a considerar que si todos tenemos la razón no hay razón y si no hay fundamento espiritual en el conocimiento no hay raíz en la naturaleza humana.

    Ratzinger establece la cultura europea enraizada en la cristiandad. Los limites de Europa, para el, son muy amplios. En cierto sentido universales, en cuanto a misión de redención..

    Entonces surge la problematica de la universalización de las ideas políticas. Por ejemplo, la Democracia debería ser la forma política ideal?.

    Bueno, en fin es una reflexión más. Es la dificultad de encontrar un forma que exprese la acción más adecuada.

  12. Manu Oquendo dice:

    El comentario de José Mª Bravo nos lleva al asunto de las religiones y el papel de algunos de sus jerarcas más recientes. Entre éstos la gran mente de Ratzinger que podíamos darnos con un canto en los dientes si entre los gobernantes del laicismo hubiese alguien remotamente parecido.

    El poder religioso es potencialmente muy grande porque alcanza todos los recovecos del ser humano y todas sus preocupaciones esenciales.

    Hasta tal punto que –en gran medida y ejercitadas plenamente sus facultades– es incompatible con otras formas de poder. En especial cuando las religiones se convierten en organizaciones jerarquizadas.

    Un par de ejemplos cercanos lo ilustran.

    1. El Corán nace –en su forma escrita como hoy se conoce– unos 40 años tras la muerte de Mahoma. Se recopila por un Califa que lo impone como el Código Civil (y Religioso) de su califato. Por esta razón resulta tan complicado establecer regímenes laicos en el mundo musulmán. Porque el Corán regula la vida civil. Añadamos su demografía –y la del resto de nosotros– y su expansión es inexorable. Cuestión de tiempo y no mucho.

    2. Todos recordamos los mártires cristianos (enemigos de Roma) y cómo esta religión termina siendo adoptada y convertida en uno de los soportes esenciales del imperio Romano de Occidente y del «gran olvidado», el Imperio Romano de Oriente.
    También sabemos que el cristianismo, ejercido en la plenitud del Nuevo Testamento, es bastante incompatible con formas de Estado como las que hoy rigen los destinos de Occidente. Basta echar una ojeada a la olvidada Doctrina Social de la Iglesia.

    Ambas realidades impregnan buena parte de la relación Estado-Sociedad a lo largo y ancho del globo porque las religiones plantean tensiones fundamentales con los poderes del estado y con sus élites.

    Este Papa acaba de traer a la palestra un tema que ha pasado desapercibido a los medios: Ha osado hablar del tabú: «Las estructuras de pecado». Tela marinera. Por mucho menos cayeron imperios.

    Por esto resulta inevitable que el Estado se encuentre, –en teoría y en práctica–, permanentemente enfrentado con formas no degradadas de religiosidad. En una falsa tregua formal de respetarse sus «esferas de influencia respectivas–.

    De este modo nacen nuestras sociedades bipolares donde, por un lado, reinan las pasiones del poder terrenal y su búsqueda y, por el otro, las terapias «salvíficas» en manos de jerarquías. El hospital de campaña de los daños colaterales.

    Ambos se ocupan de un rebaño segmentado de seres humanos cada vez más infantilizados. Individuos cada vez menos plenamente humanos, menos autónomos y autorrealizables.

    Buenos días

    1. José María Bravo dice:

      Querido Manu:

      Gracias por tu acotación a mi comentario. Es realmente apasionante profundizar en este tema. Nos lleva al corazón de la politica y al latido de la sociedad.

      Tenemos una gran desorientación, nunca mejor dicho, no miramos a oriente. Nuestra estrella esta perdida en un horizonte vano e inculto. Nos ciega la propaganda y un mercado elusivo de la realidad.

      Un abrazo,

  13. Alicia dice:

    al cerrar el blog tras el comentario que termino de enviar, me salta al ojo éste, sin buscarlo ni nada.
    Hoy los adoctrinan en que la única doctrina permitida y permisible es la no creer en nada ni en algo que no sea el estar cada día un poquito más alejados, con la cabeza cuanto más bajo el ala mejor (y a mayor gloria de la libertad llamada de expresión), de todo cuanto pueda servir para abrir esas alas tan ocupadas, pobrecillas, en no dejar alzarse a la pobrecilla cabeza.

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