Percibimos el mundo a través de los sentidos; pero lo que estos ven, oyen, gustan y sienten es interpretado después por el cerebro, de forma que la realidad que percibimos es distinta del objeto percibido. Si no totalmente distinta, por lo menos sí distorsionada por recuerdos y emociones previas. Además, nuestros radares sensoriales son limitados y no son capaces de captar más que una porción reducida de todo lo que les llega, de una realidad mucho más amplia y compleja.

Este proceso, a modo de analogía, puede trasladarse al funcionamiento social. Igual que hacen los sentidos y el cerebro, los medios de comunicación alteran la realidad que nos ponen delante. Además, el cuadro que nos ofrecen nunca es completo, en cuanto que lo que sucede es siempre más amplio que la versión que presentan de ello. En definitiva, el espejo nos refleja una imagen distorsionada e incompleta que puede hacer parecer guapo al feo, listo al tonto y viceversa.

Por eso no es exagerado que se haya calificado a los medios de comunicación como el cuarto poder.

Cualquiera que haya tenido alguna experiencia política (o, al menos, cercana a la política) habrá podido comprobar cómo hay pocas cosas que movilicen más a un político que una noticia de prensa o el comentario de un tertuliano. ¡Qué decir de una noticia en un telediario de máxima audiencia! Tampoco puede dejar de sorprender cómo muchas de las cosas que deciden los políticos o bien están directamente impulsadas desde los medios de comunicación o bien se hacen (o se dejan de hacer) en función de la repercusión esperada que puedan tener en ellos. Así, por poner un ejemplo, ocurre que hay una gran distancia entre lo que debería ser y lo que realmente es un gabinete de un Presidente del Gobierno. Debería ser un sitio donde se pensara sobre el modelo de sociedad que queremos y las reformas necesarias para llegar a él; cuando en realidad es un sitio en el que se está más pendiente de lo que dicen los medios de comunicación para dar una respuesta adecuada, de modo que el político ‘salga lo mejor posible en la foto’.

Y este funcionamiento resulta absolutamente lógico en un modelo como el nuestro. A base de repetición, de falta de atención, o por estar predispuestos a ello, las gentes llegamos a aceptar como si fuera verdad revelada todo lo que sale por la televisión. Esta afirmación puede hacerse de forma más rotunda, si cabe, referida a los medios escritos. Incluso nos creemos lo que diga cualquier tertuliano sobre un tema del que debe opinar, aunque no tenga ni idea de lo que está hablando. Para el común de los mortales, si se ha dicho en un medio de comunicación, algo de verdad habrá.

Ese poder que, entre todos, hemos concedido a los medios de definir la frontera entre la verdad y la mentira -de decirnos cómo es la realidad- hace que buena parte del juego político pase por ellos. Simplificando, los ciudadanos decidimos quien nos manda y si lo ha hecho bien o mal; pero son los medios quienes nos dicen quién o qué nos conviene más; y el veredicto sobre si lo han hecho mal o bien unos y otros, si somos honestos, sabremos que nos lo han soplado los medios en el oído. Y el político lo que desea es salir reelegido, en el mejor de los casos, porque quiere tener la oportunidad de seguir acercando la sociedad a su modelo ideal; y, en el peor, porque se ha acostumbrado a mandar y le ha cogido gusto al coche oficial. En cualquier caso, sabe que para conseguir su objetivo debe contar con el apoyo de los medios.

Es cierto, la televisión, la radio o la prensa no se inventan la realidad; en teoría, nos la cuentan. No se inventan las acciones, las decisiones, ni las declaraciones de Rajoy o de Rubalcaba, solo las hacen llegar al público que tiene el derecho a estar informado. Pero no nos engañemos, el filtro lo cambia todo. No es lo mismo destacar una frase que otra; en una medida comprometida, resaltar un aspecto criticable u otro digno de elogio; o hacer una valoración conjunta o ir descontextualizando frases o expresiones de un documento complejo. Dependiendo del modo en que se cuente la historia, se estará transmitiendo una sensación u otra. Es ciertamente curiosa la diferente forma de titular un mismo hecho en función de la ideología del medio de comunicación que la difunde.

En las sociedades democráticas, la nada irrelevante capacidad de influencia de los medios se dice solucionar a través del pluralismo informativo. Y, de hecho, dado que la realidad es muy amplia y está llena de matices, para comprenderla, hay que tener en cuenta muchos puntos de vista. Así, un buen demócrata que quiera estar formado debería, al menos, contrastar 3 ó 4 fuentes de ideología divergente. Ciertamente este primer requisito para tener una sociedad madura se cumple poco.

Por supuesto, la ideología del medio es absolutamente legítima, siempre que resulte manifiesta y no se envuelva de una objetividad difícilmente posible y engañosa. Pero lo que más preocupa es la capacidad del político o del grupo  de presión de influir en los medios de comunicación. Una capacidad que es obvia en aquellos que son públicos; pero, ¿qué ocurre con los privados?

La crisis general que todos padecemos y la particular de los medios de comunicación, está colocando a las empresas propietarias de los medios privados en una situación delicada. Y no nos olvidemos de que, aunque materialmente sean poder, organizativamente son empresas con ánimo de lucro. El tránsito del papel al mundo digital se les está atragantando a todos los grupos mediáticos, aquí y en Sebastopol. Y, no nos engañemos, el coctel que forman un gran poder de influencia y una gran necesidad de apoyo público (político) es realmente explosivo para un funcionamiento verdaderamente democrático. Si nuestros ojos tuvieran necesidad de ver los colores mucho más rojos o azules para no quedarse ciegos, ciertamente tendríamos un problema de reconocimiento de la realidad.

Algo de esto está pasando cuando observamos que hay medios de derechas que se ensañan con las políticas de gobiernos afines y medios de izquierdas que minimizan los errores de un gobierno de derechas. Puede que esto responda al loable espíritu de servir a la opinión pública con la mayor objetividad y con independencia de la ideología; pero también puede que el medio busque presionar para obtener apoyo político o deba agradecer el ya recibido.

El dinamismo que está generando Internet, a través de los foros, blogs, redes sociales y otras iniciativas independientes, posiblemente, vaya creando una oferta informativa más libre de contaminaciones. Aunque no está exenta de riesgos: cualquier indocumentado puede escribir cualquier cosa y su opinión tener el mismo valor que la de un profesional, aparte de que las tendencias en Internet también son manipulables. Toda oportunidad tiene sus riesgos. Pero ahí está el lector para discernir.

Y no hay otra solución que estar siempre alerta al mensajero, venga de donde venga. Poner en cuestión todo lo que vemos, oímos o leemos. En general, nada es lo que parece y la simplificación es enemiga de la democracia.

Nadie dijo que esto fuera fácil. De hecho ya hemos comentado en este blog que la democracia es uno de los sistemas políticos más exigentes con sus ciudadanos. Si estos no se involucran activamente en las cosas públicas, la nave se hunde. Y así nos luce el pelo.

5 comentarios

5 Respuestas a “EL MUNDO A TRAVÉS DE LA PRENSA”

  1. colapso2015 dice:

    «Sociedad democrática»

    Esta pequeña parte me ha llamado la atención. ¿ Acaso puede ser una sociedad democrática? Pues si hacemos caso al sillón V de la RAE (que no deberíamos) y demás, es una agrupación natural o pactada. Por lo tanto «sociedad democrática» carece de sentido dado un tiempo T, aplicado a un territorio.

    Al igual que no hay una sociedad totalitaria, o una sociedad comunista, o fascista, tampoco hay sociedades democráticas aplicado a algo como es un país. Donde la gente nace sin pactar absolutamente nada. Las normas son anteriores y constituyen un régimen, caso de carencia efectiva del concepto de individuo, o un sistema en caso de existir una cosmovisión cooperativa, frente a la anterior y la competitiva o darwiniana.

    Parece sacrilegio, en esta sociedad donde todo el mundo lleva la palabra democracia en la boca, pero así lo veo. Más aún, siguiendo el martilleo constante de Tocqueville con «la igualdad de condiciones» (Democracia en America) se percibe es en esencia ajeno a la totalidad, se muestra es una parte la condicionante/normativa; frente a la idea-fuerza social de un todo homogéneo «sociedad democrática». Que, por una parte desvanece preguntas complejas pero no por ello aleja el prurito racional.

    Y he aquí donde el sistema de normas, canaliza en un tiempo T la voluntad de alguien no es democracia. Pues el elemento complejo de la sociocultura racional ( proceso de civilización) exige la hegemonía, al menos coherencia, en cuanto al argumentario. No es pues solo votar, sino saber hilvanar el porqué de ese voto, acorde con los desarrollos, conocimientos y características de existencia emanan de la población.
    El -parlamento- debería tener uso y no como ahora, en este Estado de Partidos, que se decide en las respectivas sedes del partido… Y en los diversos gavinetes y despachos privados o corporativos.

    Resumiendo hay países democráticos, y serán sociedades «democráticas» (civilizadas) en tanto en cuanto la inmensa totalidad actúe acorde a los preceptos de la sociocultura racional.
    Siento decir, España no es un país democrático, por lo tanto no articula un sistema (hay un régimen) en el cual se reflejen con precisión los más avanzados conocimientos del hombre. Especialmente en lo relativo a la ciencia del poder, la política. No hay separación de poderes, estamos aún en la prehistoria con el grupito de oligarcas de la tribu,… Se debe notar, esta estructura es determinante en lo relativo a la dinámica tanto del Estado como la sociedad civil , y el germen de las leyes, la ética o moral pública.

    Pero no me hagan mucho caso soy un indocumentado, ….Y

  2. Spinoza dice:

    Sr Colapso, tiene uste razón. Ya dijo Montesquieu que sin división de poderes no hay constitución. ¿Cuanto de nuestros periódicos lo denuncian? La principal de nuestras magistraturas está al margen de la ley ¿cuanta prensa lo advierte? El juez Elpidio tiene que montar un circo en el lodazal, para que finalmente le den su derecho. Quienes llamen a esto democracia se engañan.

  3. Adam Smith dice:

    Sí, la ideología de los medios es legítima. Pero más importante la ideología domina a los medios. Por eso sus editores (siervos leales de los políticos y otros controladores de los medios) hacen grandes esfuerzos para disfrazarse de neutros y engañar a la masa de miles de maneras (desde grandes culos a Obamas sonrientes).

    Los medios españoles son ejemplos claros de este comportamiento. Recién leo esta editorial de El País

    http://elpais.com/elpais/2014/04/27/opinion/1398609936_156851.html

    donde se dice

    «En ningún caso eso significará, legalmente, el bloqueo de servicios ni su ralentización, aunque hay que ser muy ingenuos para no sospechar que tarde o temprano habrá abusos.»

    La hipocresía (prefiero decir podredumbre) de los editores de El País resulta graciosa porque cuando un cambio no les gusta por motivos ideológicos se acuerdan de la posibilidad de abusos, problema humano archiconocido. Pero cuando su ideología les lleva a proponer concentración del poder político en sus amos (algo común en las páginas de El País desde su inicio) se olvidan de la posibilidad de abusos. Siempre debemos recordar que el abuso más grande de la prensa tradicional ha sido conseguir para editores y periodistas el privilegio de la impunidad para extorsionar a quienes no comulgan con sus valores y creencias y en especial con sus intereses. Esa impunidad explica el cuento del cuarto poder.

  4. Adam Smith dice:

    En el final del post el autor dice que la simplificación es enemiga de la democracia. Discrepo porque la simplificación ha sido decisiva para la evolución de la humanidad y si la democracia es algo bueno no puede entonces contrariar a la simplificación. El problema no está en la simplificación sino en reconocer nuestras propias limitaciones para entender la realidad (algunos preferirán decir para construir la realidad). Los políticos y sus cómplices (incluyendo ejércitos de intelectuales corruptos) se arrogan capacidades que la gran masa carece para exigir poder y riqueza, por las buenas o por las malas. La gran debilidad de la democracia (en su definición minimalista de gobierno por representantes de la masa legítima de miembros de una comunidad) es la imposibilidad de controlar los abusos de poder por parte del gobierno legítimo, algo que genera incentivos para que la competencia por acceder al poder sea especialmente cruel.

  5. Adam Smith dice:

    El domingo pasado Dani Alves nos recordó que hay personas crueles aunque no recurran a la violencia. En la política y por extensión en la prensa hoy ocurre lo mismo. El mayor éxito de la democracia ha sido contener la violencia, aunque no haya conseguido eliminarla. Pero la democracia no impide que la competencia de la política sea cruel, hasta brutal.

    En la economía moderna, los mafiosos nos recuerdan que la producción y el comercio de cosas prohibidas es fuente de grandes ingresos porque (oh, sorpresa) la demanda por estas cosas es grande. Las mafias, sea para producir y vender drogas prohibidas o para acceder ilegalmente a países atractivos, compiten sin respetar regla alguna.

    En la economía moderna, los piratas nos recuerdan que la producción y el comercio de cosas controladas por los gobiernos vía impuestos o regulaciones es fuente de ingresos ilícitos pero buenos porque hay demandantes de esas cosas que no pueden pagar los precios de los mercados legales. Los piratas, sea para el contrabando o para el comercio callejero o para evadir sistemáticamente impuestos y regulaciones con una fachada legal, compiten entre ellos sin respetar las reglas del comercio legal pero temiendo la persecución de las empresas que cumplen con impuestos y regulaciones.

    En la política de las democracias constitucionales modernas, hay políticos que nos recuerdan a las mafias y otros a los piratas. Por suerte, en democracia hay más piratas que mafiosos, pero cuando la competencia se intensifica, ojo que algunos piratas pronto se comportan como mafiosos y recurren fuerte a la extorsión. Cuanto mayor es el beneficio de acceder al poder estatal, mayor incentivo para ser primero pirata y luego mafioso.

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