El primer sistema de educación “público, obligatorio y gratuito” de la historia fue instaurado en una pequeña ciudad situada en la Península del Peloponeso, a orillas del rio Eurotas, hace ahora más de 25 siglos. La agogé, que es como se denominaba el sistema educativo imperante en Esparta, tenía un objetivo claro: convertir a los niños en ciudadanos “útiles”, o lo que era lo mismo en aquella época, en guerreros temibles capaces de dar su vida por su polis sin dudar.
Nada más nacer el bebé tenía que pasar su primera prueba, y era sometido al escrutinio de los ancianos en el Pórtico. Si estos le consideraban sano y bien formado era apto para ser un ciudadano de pleno derecho, salvándose de ser arrojado por un barranco cuando aún no había visto el mundo, y pasaba a ser confiado a sus padres hasta que cumpliese siete años.
Ahora, al menos en occidente, la infancia de un niño se trata de prolongar mucho más de siete años, y luego la adolescencia podemos a veces hacerla coincidir con las primeras canas, pero aquello era otra cosa, y Esparta no era moco de pavo. Los siete primeros años de la vida del niño eran su infancia, pero al cumplir esa edad la infancia acababa de golpe y eran arrebatados de los brazos de sus madres –o no arrebatados: ellas tenían muy claro cuál era su deber para con su ciudad y se los cedían gustosas al Estado. El amor materno, como el amor romántico, no estaba entonces tan valorado como ahora- y eran entregados a sus tutores, que no se andaban con chiquitas a la hora de “educar” a los chavales.
La apogé duraba siete años, durante los cuales los muchachos espartanos eran forjados, literalmente, para convertirse en máquinas de guerra y adiestrados y adoctrinados para servir a la polis hasta la muerte. El entrenamiento físico era exhaustivo, los castigos corporales severos y los latigazos el pan de cada día; eran entrenados para luchar o morir y se les enseñaba que la única regla era la de la obediencia ciega a las leyes de Esparta y el único sentido de la vida era tener una buena muerte.
Como método educativo encaminado a conseguir el pleno desarrollo del individuo según los parámetros modernos dejaba bastante de desear, ya que posiblemente se parecía más a un intensivo de crossfit y artes marciales mixtas que al método Montessori, pero cumplió su misión durante siglos: una ciudad poco poblada, con un sistema económico basado en unas tierras poco fértiles y cuatro cabras fue la potencia hegemónica de la zona durante siglos.
Luchar contra fanáticos es muy complicado, sobre todo si esos fanáticos no tienen miedo a la muerte, y esos fanáticos habían sido adoctrinaos desde pequeñitos -siete años es una buena edad para empezar a adoctrinar a alguien, como sabe todo el que se ha dedicado a esto, desde San Ignacio de Loyola hasta la Generalitat pasando por las Juventudes Hitlerianas- lo que hacía que no fuese plato de buen gusto para nadie enfrentarse en combate a los espartanos: la implicación última de pelearse con alguien que no se va a rendir es que tengo que aplastarlo por completo o sé que me va a aplastar el a mi… y durante siglos los espartanos no se rendían jamás, lo que les convertía en un enemigo muy peligroso al que mejor era tener contento.
“Regresa con el escudo o sobre el” decían las madres a los hijos cuando partían a la guerra. El escudo de los hoplitas (llamado hoplon, por cierto) era muy pesado, y lo primero que hacías si tenías que salir corriendo era, lógicamente, tirarlo. Con esa frase las madres espartanas les decían a sus hijos que ni se les ocurriese tirar el escudo: o lo traían en la mano o volvía su cadáver sobre él: los espartanos eran, según los parámetros de principios del siglo XXI una panda de tarados fascistoides, pero lo que es innegable es que eran gente valiente.
Y es que, a lo largo de la historia, tradicionalmente, el valor es algo que se solía respetar mucho, y el mundo antiguo está lleno de ejemplos de líderes que se la jugaban, literalmente.
Por no salir de Esparta, Leónidas, uno de los dos reyes que tenía la ciudad, muere con sus 300 defendiendo el paso de las Termópilas. Unos siglos después Alejandro Magno conquista el mundo a lomos de Bucéfalo a la cabeza de sus falanges; no “detrás de sus falanges” ni “desde el puesto de mando de sus falanges”, como hacen ahora los que mandan a la gente a morir, sino siendo el primero, atestando mandobles. Lo que hacía que considerasen a Alejandro un Dios en su tiempo era, entre otras cosas su extrema valentía -o locura-, valentía que compartía con gente como Aníbal o los generales romanos contra los que este combatía.
Pero eso ya pasó de moda: ahora vivimos en un país (en un mundo) de pusilánimes y premiamos a los mierdecillas. Y si no estás de acuerdo conmigo te voy a poner un ejemplo que me tiene particularmente indignado: el caso de Puigdemont y Junqueras.
¿Otra vez estos?, pensarás, ¡que pereza!: Munsk está lanzando coches a Marte, una máquina de Google ha vencido al campeón del mundo de go, los poderes económicos del planeta tiemblan ante la posibilidad de que el bitcoin y sus maravillosos algoritmos les roben el chiringuito… ¿y tú me sacas el ridículo y cadente de trascendencia tema de la “independencia” de un cacho de tierra respecto de otro cacho de tierra en alguna parte del mundo? ¿Es que no tienes nada mejor de lo que hablar?
Vale: tienes razón, pero es que viviendo en España es imposible salir del tema: sabes quien ha ganado Operación Triunfo y sabes que Puigdemont ahora vive en una mansión en Waterloo (que manda narices: Waterloo nada menos… ¿no podía haberse buscado otro cubil?). Lo demás es secundario.
Tenemos un proceso ilegal, con unos señores que desafían las leyes de un Estado, por los motivos que sean, y tenemos un Estado que, llegado el momento, empieza a reaccionar, tarde y mal. Tenemos un juez que en un momento dado lanza una orden de detención contra los instigadores de ese proceso y estos reaccionan de dos formas bien distintas: un grupo, encabezado por Junqueras, por muy en contra que esté de lo que defiende y de cómo lo hace, apechuga, se enfrenta a su destino, y va a la cárcel –para convertirse en mártir, pero aceptando las consecuencias-. El otro grupo, encabezado por el ex-President huye como una rata, escapando de las consecuencias de sus actos: tira el escudo y sale corriendo… ¿y a quién premia la gente con sus votos? ¿al que se queda y “pelea” desde su celda o al cobarde que se esconde en su mansión, junto a las colinas en las que Napoleón perdió su Imperio?
Pues eso: el cobarde es el que se llevó el cariño de los independentistas… ¿En qué momento dejamos de apreciar el valor? ¿Cuando empezamos a preferir a los cobardes?
Para mí, como ya he expresado en otras ocasiones en este mismo blog, la causa del independentismo es una causa estúpida donde las haya, en un mundo en el que aún hay muchas causas por las que luchar, pero puesto a elegir esa causa, por favor elije a Leónidas, no a Efialtes.
Petrarca dijo una vez que una buena muerte honra toda una vida. La muerte política de Puigdemont -si llega, que visto este baile de tarados a lo mejor aún le queda- será la del hoplita que tira el escudo y es alcanzado por la espalda mientras huye lloriqueante, pero para muchos, increíblemente, será un héroe pese a lo lamentable de su “muerte”.
Creo que, simplemente, la sociedad es cobarde y por eso se identifica con el miedo y la cobardía. En sentido contrario rechazan al que da la cara, al que muestra valor, integridad y dignidad. Porque no se reconocen en ellos. Es una cuestión que vivo muy de cerca cada día. Un cordial saludo.
Pués sí Don Raul
Tengo familia catalana, separatista (nos llevamos bien), y me paso de vez en cuando por allí. Y esa misma reflexión que se hace usted también me la hice yo. La respuesta habitual es que había que votar al presidente «legítimo»; en lo que no caían es que alguien/algo les había colocado la respuesta para solucionar la disonancia que suponía el tener que valorar entre el que estaba en Estremera y el de Waterloo.
Ese alguien algo se llama TV3.
Pregunte a los de Esquerra (cuando no les escuchen terceros) su opinión sobre TV3. Puede estar seguro de que la Losantoso Herrera se queda corta …
A TV3 se la dejó existir, tras el 155, tal cual estaba antes, por algo. Y Puigdemont se largó sin problemas al único sitio donde la Taifa catalana sigue con una «embajadita» por algo. Las cosas no ocurren , ciertas cosas, por casualidad.
El problema de fondo no simplemente de cobardía, si no de ese comportamiento ovejil y cenutrio del personal. «Somos ovejunos y cenutrios para justiicar nuestra cobardía, no al revés, ese es el verdadero problema»
Y eso se conforma muy bien desde arriba con los medios de «comnicación», y en el frenopático catalán es aún mas claro, vista la tendencia a envolverse en la estrellita, y lo que conlleva con ponerse las orejeras y no pensar jamás.
Pero no miremos la paja en el ojo ajeno, y veamos la viga en el propio.
En el 2011, el 20N, un pequeño partido que se caracterizó por no venderse al establishment, recuerden lo de Bankia o lo de no querer su sillita en el CGPJ (la cosa de los jueces) .. que si, que es cierto que su lider era un poco extraña y despótica.. pero ni tenían corrupción y admás defendieron intereses generales que nos venían muy bien a todos.
Además su discurso en otros temas, Taifas, Educación.. podría ser suscrito por el 30-40% (si no mas) de los españoles.
¿Y donde está ese partido ahora?
¿Podemos dar lecciones de valentía a los catalanes (sobre todo a los no separatistas) desde el resto de España?
¿Cual fue el peso de las propias metidas de pata en ese partido (muchas y gordas) y cual el de los medios y el del establishment en su desaparición?
¿Que estaría pasando si en vez de 70 escaños Podemos tuviera 40 y ese partido 30? Por ejemplo.
No será QUE SE NOS EDUCA PARA LA COBARDÍA Y NO PARA LA CIUDADANÍA.
El «no te signifiques» de Franco llevado a su máxima expresión.
En la corriente de lo políticamente correcto que nos invade, la educación para la cobardía es un pilar fundamental.
Si hablan con cualquier emigrante, no importa si es latino, del éste o moro (perdonen la simplificación) les comentaran algo en lo que coinciden aunque procedan de muy distintos sitios. Y es que ellos perciben muy bien eso. Y una de sus dificultades de integración es porque no confían en una cultura que apueste de esa manera por su autodestrucción. Para que se van a integrar con los que se quieren pegar un tiro en el pie.
Un cordial saludo
Considero que no hace falta un acto de heroicidad, ni haber sido curtido como un espartano para hacer frente a la responsabilidad individual que cada uno tenemos y a la respuesta de nuestros compromisos por vivir en sociedad.
En los últimos tiempos, se están dando multitud de casos en los que o no hay respuesta o esta no tiene niguna relacion con el compromiso adquirido.
Estamos próximos a una fecha tristemente célebre en nuestro calendario, como es el 23 F; que quiero citar como ejemplo de lo que digo, y la que considero marcó un antes y un después.
La propuesta fué un cambio de gobierno por la fuerza; a tenor de las circunstancias que se fueron produciendo, la respuesta que yo esperaba del estamento militar, sin citar individualidades, era algo como.
«Si he sido yo,» «Que pasa «, «Viva Epaña».
Pero lo que empezamos a oir en los medios de comunicación fué » Yo no estaba», » Solo cumplía órdenes «, etc, etc.
Creo que a partir de este aciago día, este tipo de respuestas, las hemos oido con reiteración.
A la pregunta, «Oiga este evento o acto político, lo ha financiado de su bolsillo, o del erario publico ?»
Se oye «Esto es una confabulación «, «Estoy siendo perseguido «, » Mi caso está en manos de los jueces, no voy a hacer declaraciones «.
Lo que me hace pensar que las ideas, propuestas o compromisos de este tipo de próceres, o estan vacias, o no estan dispuestos a defenderlas por miedo a las consecuencias, no estan meditadas, o van a favor de su bolsillo.
» Si levantara la cabeza Galileo, que fue quemado en la hoguera, por defender que la tierra, era redonda?.
Un abrazo