
Stare es un verbo latino que significa estar en pie o estar parado en un sitio, de él derivan palabras como estatua, estatuto, estable o establo. Y un establo (stabulum) es un lugar donde uno se para y permanece, un albergue o una cuadra. Así que, si el modelo quiere seguir siendo estable, no puede descuidar los establos; es decir, no puede dejar de proporcionar “lugares cubiertos para que el ganado descanse y se alimente”, tal y como los define el diccionario.
Según el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2017 había 18 millones y medio de hogares en nuestro país; siendo los más frecuentes aquellos en los que vivían dos personas, que eran el 30% del total, seguidos por los hogares unipersonales, que eran el 25%. Es decir, más de la mitad de los españoles vivía sola o con otra persona. Y, de los que viven solos, 4 de cada 10 tiene más de 65 años. Y esta parece ser la tendencia en toda Europa. Según indican los censos y las encuestas, los europeos son cada vez más viejos y solitarios.
Hay pocos jóvenes en la Unión Europea y muchos de ellos, además, no están emancipados. Aunque hay grandes diferencias entre los países nórdicos y los mediterráneos. Así, mientras que un joven danés o sueco se independiza a los 21 años por término medio, un joven español, griego o italiano lo hace cerca de los 30. De modo que no es infrecuente que convivan en el mismo hogar padres jubilados con hijos sobrecualificados, pero sin empleo; es bastante habitual que vivan juntos pensionistas y estudiantes eternos compitiendo por el baño, la nevera y el sofá.
es bastante habitual que vivan juntos pensionistas y estudiantes eternos compitiendo por el baño, la nevera y el sofá
Los distintos medios de comunicación no dejan de hablarnos de la recuperación impresionante de la economía española después de la crisis del 2008. Sin embargo, en la década larga que ha transcurrido desde entonces, la edad de emancipación no ha ido disminuyendo sino aumentando.
¿Por qué, si está remitiendo la crisis, los jóvenes españoles se van cada vez con más años de casa? Para empezar, porque los empleos que tienen, los salarios que reciben y los precios de la vivienda no se lo permiten. Los jóvenes permanecen en el hogar familiar porque es muy difícil marcharse. Pero es que, además, en los países mediterráneos la emancipación estaba ligada a la formación de una nueva familia. Se vivía con los padres hasta que llegaba el momento de casarse. Por supuesto que ha cambiado mucho lo que se entiende por familia y por casarse, pero la idea se mantiene en el imaginario colectivo.
Tarde o temprano, la mayoría de la gente encontraba pareja y trabajo, se casaba, tenía hijos y se compraba una casa. Después, con la casa y los estudios de los hijos ya pagados, se jubilaba y vivía de su pensión, viajando, leyendo, jugando a las cartas o viendo la televisión hasta que el cuerpo aguantara.
Era un modelo muy simple, en muchos casos muy aburrido y con muy poco recorrido, pero posible. Claro está que había muchos que no se ajustaban a este esquema general, en el que el matrimonio y la familia eran la pieza central, pero estos muchos no cuestionaban ni ponían en peligro la institución familiar.
Sin embargo, la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, los métodos anticonceptivos, el divorcio y el reconocimiento de la diversidad de orientaciones sexuales, entre otros factores, han modificado claramente esta situación. No obstante, la idea de formar una familia, de vivir en pareja y tener hijos, sigue siendo un valor.
Aunque la decisión de encontrar una casa propia se retrasa cada vez más, porque a la incertidumbre laboral se suma la incertidumbre emocional. El riesgo de divorcio en Norteamérica y Europa noroccidental ya se aproxima al 50%. En estas condiciones, es explicable la renuencia a casarse o poner casa en común para crear un hogar. Visto lo que les pasa a otros, no tenemos la certeza de que no nos vaya a suceder lo mismo.
la decisión de encontrar una casa propia se retrasa cada vez más, porque a la incertidumbre laboral se suma la incertidumbre emocional.
Así que, a diferencia de lo que ocurría en los años 60 del siglo pasado, cuando la intención general era irse de la casa parental lo antes posible, aunque hubiera que hacerlo en condiciones precarias, los jóvenes están optando por la estrategia contraria: primero asegurar el éxito académico, después encontrar empleo, después comprar casa y, por último, formar una familia.
Pero retrasar la emancipación lo retrasa todo. Incluido el momento en el que se tienen los hijos, si es que se llegan a tener. Todo se hace más tarde, desde cotizar para sostener el sistema de pensiones hasta asumir ciertas responsabilidades que, hasta que llega la independencia, se delegan en los padres.
Si buscamos seguridades para movernos, cada vez estaremos más quietos. La duda nos paraliza. Ante la incertidumbre, lo más habitual es no arriesgar, mantenerse en la zona de confort. ¿Quién se arriesga al pago conjunto de una hipoteca, durante 20 o 30 años, cuando el empleo estable y el amor eterno, o al menos sostenido, son casi mitológicos? ¿Quién se quiere endeudar y comprometerse con otro, para vivir en el mismo lugar, en la misma porción de aire encerrada entre paredes, durante décadas?
La precariedad no es buena, pero se dan muy pocos pasos cuando se quieren tener todas las certezas. Si, para emanciparse, los jóvenes están esperando a tener un salario y una vivienda asegurada, es posible que no se emancipen nunca; y es seguro que lo harán varios años más tarde que en los años de bonanza que precedieron a la crisis.
Hace unas pocas semanas el Banco de España confirmaba que los salarios están al nivel del año 98 mientras los costes de la vida han subido muy notablemente. Si en estos costes incluimos las enormes subidas de la fiscalidad –IVA del 16 al 21%, más del doble los IBI’s etc– lo realmente sorprendente es que la clase media trabajadora siga tan silenciosa y tan entusiasmada con la Unión Europea. No podemos quejarnos de lo bien dopados que estamos.
Salvo en lo que se refiere al empleo público ya por encima de 3.2 millones de personas –más casi todo el IBEX que vive de prestar servicios públicos en régimen de subcontratación o directamente– todos los demás trabajadores siguen en su abrumadora mayoría en un proceso de empobrecimiento y precariedad crecientes y sin solución estructural.
Muchas de las Políticas Públicas de este periodo se resumen en aquella frase de Miguel Sebastián en 2007 «Aquí cabemos 66 Millones» y están diseñadas para construir apariencia, disimulo y crecimiento de un Consumo y de un Gasto Público-Asistencial basado en crecimientos de Endeudamiento y Burbujas de precios de Activos.
Es decir, el horizonte no muestra luz alguna en el abigarrado páramo. No tenemos suficiente actividad productiva tras haber desmantelado la que, con sus deficiencias y limitaciones, teníamos al comienzo de esta democracia.
Voy a traer aquí un caso real de un joven matrimonio de los años 70. Al céntimo como reconocerán los lectores con la edad suficiente para el recuerdo.
Cito…………….
Familia recién casada en 1971 de 24 años y 23 años respectivamente. Un solo sueldo de universitario normal con un año de experiencia: 96€ mensuales o unas 15,900 pesetas, como ingreso familiar.
Piso de alquiler amueblado por 6,000 pesetas, 36€ mensuales. Resto del gasto mensual, 60€. Suficiente para mantenerse dignamente con alguna ayuda doméstica esporádica en casa. Una pequeña capacidad de ahorro.
Sin impuestos a dicho nivel de ingresos. No había IVA. Cobertura Sanitaria Pública más o menos como hoy y con Asistencia médica domiciliaria en emergencias.
Hoy, en 2019, el mismo apartamento amueblado, al lado del Retiro, Madrid, se alquila por unos 1,300€ al mes. La pareja que lo ocupe debería ingresar un neto mensual de unos 3,000€ para tener un nivel de vida comparable y mantener la capacidad de ahorro o gasto discrecional de sus homólogos de los años 70.
Incluso con dos sueldos en la familia sería imposible tal nivel de ingreso neto para un matrimonio universitario recién titulado.
En el caso de los EEUU, la profesora Elizabeth Warren, –Derecho Concursal en Harvard y hoy Senadora por el Partido Demócrata–, explica cómo una familia media norteamericana con tres hijos y un solo sueldo vivía mucho mejor en los 70 que esa familia en la actualidad con dos hijos y dos sueldos…
Fin de cita
Esto lo sabemos todos y está pasando mientras nos preguntamos ¿qué pasa?
Es muy sencillo pero no voy a decirlo más allá de lo obvio: hemos perdido nuestra «deficiente» industria y nuestra mala moneda, hemos engordado el Estado a niveles de obesidad mórbida degradando su eficiencia, hemos destruido Libertad Real a base de una maraña inmanejable de Reglamentos y Leyes, tenemos mucha menos Soberanía y además hemos Perdido nuestro Mayor Activo: La unidad de Mercado a manos del Monstruo Autonómico.
Desde otro punto de vista tenemos hoy un entramado legal que actúa como Desincentivo a las Familias mientras Incentivan cualquier política que las destruya y divida a hombres y mujeres. Te dictan hasta el adoctrinamiento de tus hijos. La expectativa estadística de Divorcio para los Jóvenes es muy superior al 50% que cita D. Enrique. Supera el 70% y el Divorcio es otro Factor de Pauperización muy Importante. Hay millones de personas en ese colectivo.
Sabemos lo que sucede. Pero ni los Partidos Instalados en los «Parlamentitos» –cada vez más Irrelevantes y más destructivos– lo van a decir ni mucho menos hacer nada para revertirlo. Si lo fuesen a hacer podrían haber empezado hace 20 años. Cuando sus líderes fueron advertidos de lo que iba a suceder.
Saludos cordiales
No sé a los demás, pero a mí me llama mucho la atención que en sociedades donde la precariedad y la pobreza se mantienen aún como señas de identidad, el índice de natalidad y por lo tanto el porcentaje de población joven es mucho más alto que en nuestros envejecidas naciones europeas.
Podemos enredarnos en debates, incluso éticos, sobre si ante la falta de perspectiva de crecimiento de un país, (suponiendo que todos los países, que todo el mundo, comparta los criterios de crecimiento asumidos por nosotros, aunque en su funcionamiento, en principio, así sea, gracias a la imposición que la globalización económica ha dictado como tal), provocaría un efecto “perverso de promiscuidad”, que llevarían a ese alto índice de natalicios.
Aquí no nos planteamos la pornografía, y el cacareado “mi cuerpo es mío”, por ejemplo, como algo a debatir si está bajo la normativa vigente, y bajo la presión legisladora de no se sabe muy bien qué mentes sabias, conocedoras y expertas…pero…ahí estamos.
El caso es que nos encontramos ante dos tipos de juventud, aparentemente, con dinámicas muy diferentes.
Una, la de los países que hasta ahora hemos considerado como los eternos depositarios de nuestras obras de beneficiencia, carne de cañón de ONGs, los principales causantes de que podamos mantener un mercado arancelario (para ellos) y de múltiples ventajas para nosotros, mientras que ellos proporcionan una maravillosa mano de obra barata y el lugar donde trasladar las industrias cuando en el sitio donde estaban se toman demasiado en serie eso de “los derechos adquiridos”.
Otra, la de los países de ese entorno de bienestar, donde en etapas bien tempranas del desarrollo se involucra a los niños en el temor, de no tener asegurada “su vejez”, y se potencia ir pensando cómo hacerse un “plan de pensiones” desde “ya mismo”.
Y parece que uno de los matices de esta dicotomía es el de una población que aumenta en su número de jóvenes , pero además en la pérdida del miedo de estos jóvenes a aventurarse hacia la mejora de sus condiciones de vida, desde la más absoluta incertidumbre.
Muchos caen en el camino, pero a lo mejor no nos estamos dando cuenta de una cosa, que su experiencia no es baladí, que quien consigue, a cuentagotas, llegar a esas lejanas tierras del bienestar, lo hace tras haber superado circunstancias que les proporcionan un aprendizaje, entre ellos, quizás el más importante, el valor de imponerse al “miedo”.
Y, sin embargo, en ese bagaje experiencial, la juventud de este nuestro envejecido primer mundo, está perdiendo la batalla, la de mirar de frente “la incertidumbre”, y no dejarse amedrentar por ello.
No es nada “natural”, que la dinámica de una persona joven se “engaste” en la de un “anciano”.
Uno modelo que esté potenciando esa actitud, podría decirse que ralla la “perversidad”.
Parece que la palabra “crisis”, viene del griego, y que viene a significar “separar” o “cribar”.
Estamos en ese momento, el momento de potenciar la reflexión, también la posibilidad de ideas nuevas…es decir, un momento nada receptivo a la inercia, sino todo lo contrario.
En algún sitio leí que el economista e intelectual Milton Friedman (se le considera uno de los fundadores del pensamiento neoliberal, sí, pero pensaba, y no se puede descartar a la gente y a sus obras de forma categórica y sistemática solo por lo que se consensua su adscripción, o no, a una determinada corriente), venía a decir algo así como que ante una crisis que ya se preveía, lo importante es que se encontrase, en su evolución, una siembra de ideas a su alrededor, porque de ellas dependería que se pudieran tomar medidas que evitase el desenlace traumático de dicha crisis.
No sé lo que estamos haciendo…pero no parece que mucho a tenor de las propuestas que se están haciendo, y desde las instancias que deberían potenciarlo más, la políticas.