El asunto ha saltado a la primera fila del debate público, al ver a cuatro policías obligando a una mujer musulmana a quitarse la camisa en la playa de Niza. Obviamente no se entendería que, tras varios atentados terroristas, algo tan ridículo como la vestimenta con la que una señora se mete en el mar distrajera la atención de la policía, si no fuera por todo lo que subyace en este tema. Y desde luego este debate no sería absurdo si de verdad nos sirviera para reexaminar las actitudes políticas y sociales con las que miramos, desde Occidente, a los inmigrantes islámicos; y, ya puestos, a todos los inmigrantes.
Entre los argumentos que se han oído en favor de la prohibición de esa prenda sobresale el que señala que se trata de un símbolo impuesto por una cultura machista, auspiciada por una versión fanatizada del islam, que atenta contra la libertad y la dignidad de las mujeres. Ante ello, los países occidentales, entre cuyos principales valores está precisamente la defensa de la libertad y la dignidad de las personas, deben proteger a esas mujeres impidiendo que esa imposición se lleve a la práctica. Se trataría, en definitiva, de negarles a esas mujeres la libertad de vestirse como quisieran por entender que en realidad su decisión no es libre sino que les viene impuesta por el ambiente que las rodea, sea por coacción directa o por una educación que les lava el cerebro.
El problema de este razonamiento, que a primera vista podríamos suscribir, es que, por simple coherencia, nos llevaría a preguntarnos cuándo somos enteramente libres en nuestras decisiones. Libres de la presión ambiental que nos rodea y, por tanto, de los clichés, estereotipos y hasta de eso que llamamos valores, que en gran medida nos vienen inducidos. Inducidos por una determinada educación y por un modelo de sociedad que nos condiciona ideológicamente en nuestra forma de entender la realidad y nuestra propia vida.
Por ejemplo: ¿hasta qué punto somos libres en nuestros hábitos de consumo? ¿Alguien cree que las prácticas publicitarias de las empresas no nos están induciendo a comprar cosas que no necesitamos? ¿O que los gobiernos son neutrales y respetan nuestra libertad en este aspecto?. Muchos otros ejemplos nos servirían para cuestionar que en nuestros países y en nuestra cultura seamos libres en nuestras decisiones.
Quizás, por ello, no viniera nada mal reforzar la educación en nuestras escuelas (para todos, nacionales y extranjeros) sobre cómo entender y llevar a la practica la libertad y la dignidad personal frente a las presiones del entorno en que cada cual se mueva. Si se tomara en serio sería muy positivo, para ellos y para nosotros.
Al final, con esto de la libertad, sucede que vemos claramente la paja en el ojo ajeno pero no tanto la viga en el propio. Y así es difícil, en un caso como el que nos ocupa, tener la suficiente autoridad moral como para erigirnos en los jueces y protectores de esas señoras. Porque siempre cabrá la sospecha de que más que su libertad lo que estamos defendiendo son nuestros prejuicios y nuestra particular forma de entender cómo debe funcionar el mundo. Nos cuesta recordar, por ejemplo, la responsabilidad de Occidente en la radicalización del islamismo, con actuaciones como las que ha tenido en Irak y en otros países.
Otro argumento que se esgrime es que en Occidente hemos optado por vivir en Estados laicos, y eso implica que no se puede permitir que una determinada religión imponga sus símbolos en la vida pública. Sería un argumento válido si esa religión se estuviera imponiendo a los no creyentes. Pero no es así. Es más, la mayor influencia religiosa en nuestros países la ha ejercido a lo largo de nuestra historia el cristianismo y, pese a que sus manifestaciones externas y públicas son mucho más intensas y frecuentes, no parece que exista ningún riesgo de que el laicismo estatal se bata en retirada. Ni siquiera lo percibimos como una amenaza de adoctrinamiento forzado para los no creyentes. Por el contrario, nos hemos acostumbrado a convivir y a respetarnos unos a otros sin más problemas.
Un argumento que ha cobrado mucha fuerza últimamente es que el burkini es un símbolo del islamismo radical y que, por tanto, su prohibición es una forma de combatir la extensión de ese islamismo. Sin embargo, es muy discutible que esta sea la mejor forma de combatir al terrorismo islámico. Personas que vivieron en primera línea la lucha contra el terrorismo etarra opinan que, si Europa quiere vencer al terrorismo yihadista que se nutre de las poblaciones islámicas europeas, debería ganarse la colaboración de los islamistas moderados, para que vayan creando un ambiente de rechazo en el seno de sus comunidades que aísle a los radicales, e incluso para que colaboren activamente con los servicios de inteligencia europeos infiltrándose en sus filas. Desde este punto de vista, no parece que obligar a las mujeres a quitarse parte de su vestimenta, con la humillación que ello conlleva, sea lo más inteligente para ganarse esa colaboración.
Finalmente, hay otro argumento que, pese a su aparente zafiedad, quizás sea el que mejor conecta con el sentir profundo de gran parte de la población. Más o menos viene a decir que este es nuestro país, estas son nuestras costumbres y si ellos quieren venir a vivir aquí, que se adapten y se comporten como nosotros. Así de claro. De nada vale recordar que, hace 50 o 60 años, en España muchas señoras se metían casi vestidas en el mar y que todavía tuvieron que pasar unos cuantos años hasta que se aceptó con naturalidad el bikini. No digamos ya el toples o el nudismo. No importa, si entonces los valores patrios eran esos hoy son estos. Cambiamos de costumbres pero las nuestras de cada momento son las que valen. Y si no les gusta que no vengan.
Si lo tratamos como un argumento, en lugar de una simple reacción emocional, hay que reconocer que es bastante pobre. Entre otras cosas porque, probablemente, la evolución de nuestras costumbres morales debe mucho a las primeras oleadas de turistas franceses y británicos, y posteriormente a nuestro afán de homologarnos política y culturalmente con lo que sucedía en el resto de Europa. Es decir, los españoles somos hoy lo que somos más por la influencia europea que hemos buscado que por haber perpetuado nuestros valores patrios y tradicionales.
En todo caso, la convicción de que nuestra civilización y nuestra cultura son superiores a las de los demás, sobre todo si estos vienen de países más pobres, conlleva graves riesgos. El primero estriba en creer que es superior no porque las circunstancias históricas o la mera casualidad lo hayan propiciado sino porque nosotros somos superiores. Y de ahí a creernos una raza superior y a deslizarnos en la psicología nazi hay un pasito. También existe el riesgo de creer que nuestra sociedad es la más avanzada en todos aspectos porque lo es en algunos a los que nosotros damos especial importancia, sean estos el económico, científico, político u otros. Equivaldría a creer que estamos en posesión de la verdad al pensar que esos son los únicos aspectos que merecen la pena, despreciando cualquier otro que puedan haber desarrollado en otras partes del mundo.
Desde un punto de vista más pragmático, si medimos nuestra superioridad por el éxito económico, como hacemos en la actualidad, es muy posible que en los próximos 30 0 40 años los países líderes no sean europeos, sino asiáticos y americanos. De ser así, los europeos necesitaremos una fuerte cura de humildad para relacionarnos con esas culturas. Por la cuenta que nos tiene. Es más, para esas fechas Europa será una especie de asilo de viejos que necesitará, sí o sí, de los cuidados que nos proporcionen los jóvenes africanos, magrebíes, sudamericanos o de donde sea.
En todo caso, si la Globalización económica no se revierte, cosa improbable, el futuro estará marcado por el mestizaje y la multiculturalidad. Desde esa perspectiva, todos esos alegatos pseudopatrióticos frente a los extranjeros tendrán un efecto similar al que tuvieron los movimientos obreros de protesta del siglo XIX cuando quemaban las máquinas que les quitaban sus puestos de trabajo: darle gusto al cuerpo pero sin ninguna utilidad de cara a parar la marcha de la Historia.
Pues yo voy a decir mi verdad que, viene a ser, expresar la verdad que yo me sé como verdad de esta Alicia que yo conozco como “yo”. Ello no implica que vaya yo a defender la tal verdad a capa y espada y, es más, admito la posibilidad de que si un día esta Alicia se topa de manos a boca con un “yo” que hasta la fecha no conozco lo asumiré, eso “yo” será mío y yo seré la Alicia de ese “yo”, y mi verdad quizá muy otra.
Quiero decir, con tanto preámbulo, que mucho se defiende la libertad de expresión, sí, pero arremangarse y espetar ciertas opiniones está muy, pero que muy mal visto. Pero qué se le va a hacer.
Así que:
Hará un par de semanas, un domingo, al atardecer, paseando al perro me vi venir de frente cuatro personas vestidas todas de negro de la cabeza a los pies. Un hombre joven vestido muy a lo turista hortera, es decir, unas bermudas de algo así como algodón y una camiseta negra también con algún tipo de leyenda que no leí. Las tres ellas, no, no iban de turista hortera pero sí bien arropaditas (aunque la cara entera sí que se les veía) y, en eso sí me fijé, sería pura casualidad pero iban un par de pasos por detrás de él.
La verdad es que sentí bastante rabia, bastante antipatía por todos ellos; y no por machismo o feminismo, que me importa bastante poco y más considerando que en occidente las más machistas son las mujeres. Sí, pienso que las mujeres occidentales son machistas o, más exactamente, están imbuidas de alma de hombre.
Me dio rabia y sentí antipatía, ya digo; pero no más rabia ni más antipatía que las que sentí cuando, hace también pocos días, me crucé con dos maromos (maromo y maromo, no maromo y maroma) muy agarrados del brazo y haciendo manitas.
Pienso que, tanto para un caso como para el otro, lo que me desagrada profundamente es ese hacer ostentación, ese de algún modo alardear y querer dejar patente una diferencia.
Un hombre y una mujer que mantienen una relación amorosa no se prodigan por lo general caricias en público, pero dos personas del mismo sexo sí.
Y con las religiones pues lo mismo. Nadie sabemos por el aspecto cuándo alguien es de una religión diferente a la nuestra; pero si nota perfectamente cuando esa religión es el islam. Ello conlleva, de forma un poco inevitable, a albergar una cierta desconfianza considerando tantos atentados causados por personas llevando bombas bajo esas vestimentas que ellos visten.
Y sí, es cierto que la modernidad que hoy vivimos en este país se alcanzó por la influencia de turistas procedentes de países europeos como Francia o Gran Bretaña o Suecia. Pero no puede compararse lo uno con lo otro, entonces nos “invadieron” unas libertades amables y desenfadadas vestidas (apenas) con sus exiguos biquinis. Hoy nos invade un cierto sentimiento de estar amenazados.
Y eso, Manolo, de que esa religión no se está imponiendo a los no creyentes…
Ya hace tiempo se prohibió (o quizás sólo sugirió, no quiero exagerar) en algunos colegios de Cataluña que los niños llevaran bocadillos de chorizo para merendar, porque ofendía a los musulmanes.
Hace tres o cuatro días escuché en la radio que, en Finlandia creo, pero quizás era otro país pero sí seguro nórdico, las clases de gimnasia iban, aun entre niñas, a ser separadas para las islamistas y el resto.
Pienso no ya que se están imponiendo, sino que se les está consintiendo.
Nuestra sociedad es la más avanzada del mundo. En el sentido de que la autonomía personal es mayor que en cualquier otra, y los hombres aquí pueden recurrir a la más alta instancia -el sistema judicial asociado al Estado de Derecho- en caso de abuso, y confiar en que su caso será juzgado imparcialmente en base a los valores que este sistema defiende. Ahora se le pueden buscar los tres pies al gato en cada una de las palabras que he escrito. Pero los valores subyacentes a este «cómo funcionan las cosas» son los que hacen esto posible.
Con otros valores, se consiguen otras maneras de funcionar. Los resultados políticos y sociales los contemplo personalmente con pavor. Tengo personalmente nulos deseos de completar mi esquema de valores y nuestro sistema judicial con aportaciones exóticas que no vengan precedidas de ejemplos admirables.
Cómo hemos llegado recientemente, en España, hasta aquí. Porque había un deseo de avanzar por esta senda, en el pueblo. El deseo es anterior a la realización.
Sienten las personas que, en cantidades enormes, vienen a Europa para establecerse aquí, deseos de libertad, igualdad y fraternidad? Seguramente, pero que lo demuestren. Por lo menos que no muestren en su atuendo que sus valores son otros.Porque otros valores no son aceptables en suelo europeo. Una persona que lleva un burka, un burkini, etcétera, en mi opinion es sospechosísima de no tener estos deseos.Aceptar desde una ecuanimidad sedante que todo es válido a mi no me gusta.
O sea, o encaja o no encaja, no dependiendo del color con que se mire. Eso está muy bien para disquisiciones y estudios. En este caso es casi una declaración de principios incompatibles con los vigentes, vigentes y previamente interiorizados.
Prohibir no es la solución probablemente, pero es que un problema de los que tenemos en nuestra avanzada sociedad es que todo viene a través del Estado, esto es manifiestamente mejorable, pero aquí ya me encuentro en un callejón sin salida visible (por mi). Prohibir es por lo menos una respuesta. Y una respuesta en la dirección correcta, es decir: el burka y variedades no tienen cabida en el mundo que queremos construir, o sí?
Debe haber un duende que nos lleva a pensar en paralelo.
Aquí va una forma de verlo. Una entre otras, por supuesto.
Resumo:
«Asistimos a una forma de establecer Dominio Cultural previo a la Implantación Progresiva del Dominio Político se está estableciendo entre nosotros con la Connivencia de los Poderes Formales e Informales que gobiernan en Occidente.
La demostración es que nuestras propias Instituciones nos Obligan (incluso Penalmente) a aceptar lo que no queremos y lo hacen en estrecha cooperación con aquellos que, desde dentro, trabajan para destruirnos».
Comentario de Detalle.
Sin ánimo polémico y desde la más absoluta frialdad analítica.
Esta es la traducción de un breve texto de Bertolt Brecht en una de sus obras de los años 50.
Cita:
«Tras el levantamiento del 17 de Junio en la Stalin-allée, el Secretario del Sindicato de escritores distribuyó unas octavillas afirmando que la ciudadanía había perdido la confianza del Gobierno. Hasta tal punto que el gobierno solo podría volver a confiar en sus gobernados tras largos y redoblados esfuerzos por parte de la gente llana.
En estas condiciones, se preguntaba el Secretario del Sindicato, ¿no sería mucho más sencillo que el Gobierno disolviese a la Ciudadanía y escogiese otra diferente?»
Fin de cita.
Esto que en 1953 parecía un absurdo destinado a epatar a la audiencia o a provocar su sonrisa, está sucediendo hoy delante de nuestros ojos en Europa.
Y se está llevando a cabo a través de un complejo sistema de leyes, reglamentos, políticas migratorias y reeducaciones masivas. También a través del proceso conocido como el «sentimentalismo tóxico» o «cultura del buen rollito».
La nueva etapa global no puede permitirse ciudadanías como las de los arquetipos europeos publicitadas antaño por los medios culturales de izquierdas y de derechas.
Es decir, ciudadanías cultivadas en la búsqueda de la libertad personal (libertad como ausencia de coacción desde el estado y no mera libertad de consumo de sexo y drogas), en la rebeldía como actitud básica ante el poder y en la búsqueda de la autonomía personal como fundamento de la prosperidad colectiva.
Se impuso hace tiempo el realismo pragmático y la búsqueda de soluciones a los problemas que este tipo de ciudadanos plantearía al poder en tiempos de degradación del sistema como los que hoy se viven.
Todos somos testigos de la presión del Conglomerado Mediático para que este proceso de «cambio de etnias y de arquetipos culturales» se vaya consolidando. Conocemos y sufrimos los programas del sistema Educativo Forzoso (El Gulag escolar de degradación, aparcamiento temporal y uniformización en el que se ha convertido el sistema educativo) y de las presiones coactivas de todo tipo (incluyendo los códigos penales y sanciones administrativas).
Es en este contexto en el que también hay que analizar cosas que los gobiernos de Occidente están activamente impulsando por al menos cuatro vías.
1. Políticas migratorias sesgadas hacia el mundo musulmán.
2. Políticas dedicadas a erradicar los arquetipos que eran propios de nuestra cultura.
3. Impulsión por todos los medios (incluyendo guerras y golpes de estado, encubiertos o no) para derribar, precisamente, los gobiernos más laicos y abiertos del flanco sur de Euro-Asia.
4. Subvenciones directas o a través del sistema de «welfare» de procesos que van introduciendo la Sharía–leyes y costumbres islámicas– en medio de nuestros sistemas legales.
También en este contexto hay que ubicar y analizar la discusión sobre las vestimentas femeninas islámicas y la tolerancia gubernamental de los Imanes y otros agentes del Salafismo que vigilan y promueven los cambios de vestimenta para gradualmente ir creando la comunidad cultural destinada a sustituir a la vieja cultura que va desapareciendo. Estamos en plena ofensiva de implantación de las Leyes Islámicas en buena parte de nuestra población civil.
En mi pueblo (Provincia d Madrid) es vox populi que se pagan 200 euros mes a las «buenas musulmanas», las vestidas decorosamente. En otros es un carro de compra al mes.
Una buena amiga, veterana del cuerpo diplomático, ha vivido muchos años en países árabes y tiene clarísimo que para ellos las «cristianas», con sus hábitos de vestido y vida, con su funesta manía de ¡conducir! y de resaltar determinados aspectos de su estupenda anatomía, «son unas putas» (en sus propias palabras).
Occidente no solo traga sino que lo subvenciona y se lo impone a su propia «gente en vías de disolución Brechtiana».
Hasta nuestros equipos de Fútbol hacen cola para recibir dádivas que luego son motores de silencio y sumisión.
Nuestros gobiernos, apoderados autóctonos del Imperio Galáctico, llevan tiempo imponiendo desde el sistema escolar infantil, sin autorización familiar, cosas como que dejar que te sodomicen es una opción razonable, legítima y hasta positiva.
¿Por qué?
Porque son coherentes con la sugerencia del personaje de Brecht. Necesitamos sumisos y los vamos a tener.
Saludos cordiales
Enhorabuena a Manolo por un artículo que choca con nuestros rancios prejuicios (que no son precisamente culturales). Lo de menos es el tipo de prenda que lleve una persona, lo de más es el corazón que haya debajo.
Hemos pasado a lo largo de la Historia por todo tipo de culturas, religiones, costumbres y tradiciones, cuestionándolas siempre desde la humanidad que nos iguala. En unos mundos y en otros existen «herejes» (para mí, simplemente «rebeldes»), que se plantean a diario si lo que les venden desde las conveniencias sociales, lo social, religioso o políticamente correcto, no está encubriendo intereses de dominio sobre la manada, sobre el rebaño a que aspiran que seamos. Bienvenida sea la frescura del pensamiento y la opinión libre.
En el caso que comentas a mí lo que me avergüenza de verdad es que, con los graves problemas que arrastra esta sociedad «civilizada», estemos en asuntos tales como la indumentaria de las personas. Para gustos pintan colores. Unos nos parecen mejor que otros pero, en ninguna forma, tenemos autoridad ni moral, ni social, para eliminar lo que nos desagrade.
Vivo en una zona donde se dan a diario todo tipo de indumentarias. Desde los pelos de punta a los rapados, desde los pantalones destrozados en mayor o menor medida a las barbas a lo «Al Qaeda» cuidadosamente recortadas y los cuerpos llenos de cosmética, desde los «bermudas» y las «chanclas» que nos caracterizan como «civilizados» hasta el ejecutivo vestido de traje negro (por imposición corporativa) a pesar de los 37º. Todo vale y todo tiene su «justificación».
El pañuelo en la cabeza o «chador» ha sido una prenda que he conocido en mi propia familia, al igual que el velo para la asistencia a actos religiosos (esas novenas, triduos y procesiones) que ¿el fanatismo o el gusto? imponía. Lo hemos visto en todas las actrices de los años sesenta y es un accesorio más en la indumentaria de hombres (al cuello como la corbata) y las mujeres (en la cabeza porque ayuda a destacar la belleza de la cara o porque, abriga las orejas y sujeta el cabello).
Con todos mis respetos por las opiniones y comentarios anteriores, siento disentir de la importancia que se da a esta cuestión, salvo claro está la enorme gravedad del atentado a la libertad de las personas que significa cualquier medida sobre ello.
Un cordial saludo.
Me gustaría añadir un comentario de Desmond Morris en su obra «El zoo humano»:
«Las costumbres y los vestidos pueden ser sorprendentemente distintos en detalle de una cultura a otra, pero poseen la misma función básica, las mismas formas básicas. Si empezamos a hacer una lista de todas las costumbres sociales de una cultura determinada, encontraremos equivalentes de casi todas ellas en casi todas las demás culturas. Sólo diferirán los detalles y, diferirán tan acusadamente, que llegarán a veces a oscurecer el hecho de que se está en presencia de los mismos tipos sociales básicos»: las personas (esto lo pongo yo).
Un saludo.
Tú mismo Manuel das respuesta a tu titular en el párrafo final «…si la Globalización económica no se revierte,…. pero sin ninguna utilidad de cara a parar la marcha de la Historia.»
Parece que la globalización económica debiera también ser una globalización social y política…aunque movimientos sociales como los actuales en Turquía, la decisión democrática del Brexit o la imperturbable Rusia se conviertan en ejemplos de una no tan clara hibridación e integración de voluntades.Dejemos que la libertad actúe y que el tiempo dé respuestas con sentido común.Puede ser lo más inteligente desde una perspectiva de llegar a la mejor solución con el mínimo daño, en el tiempo adecuado , sea largo o corto. Veremos pero sin duda sería mejor mantener otros debates que beneficiarán más ala sociedad.Los síntomas como el burkini deben ser tenidos en cuenta pero no son el tema a discutir.
Saludos
¿No sería interesante hacer un esfuerzo que implicara tratar de desligar, o, al menos, no asociar irremediablemente vestimenta, atuendo y adherencia a una religión, corriente de pensamiento o doctrina?.
No es nada fácil, porque entiendo que, precisamente el atuendo es, por su exposición visual inmediata, el aspecto más manipulable aparencial en la persona, en todos los sentidos.
Pero también podría ser, e igual está destinado a serlo, el testimonio de una voluntad de libertad individual, o, quizás de una intención de manifestar una esencialidad individual que se intuye distinta en cada uno, de una estética propia de cada ser humano.
Por eso, quizás también, el vestido, la apariencia, sea uno de los matices más codiciados por acaparar por toda forma uniformada de pensamiento…de doctrina.
A lo mejor, por eso mismo, también sea muy importante realizar una lectura, un trabajo muy delicado de este tema.
Hay logros que no se pueden negar en el funcionamiento de los sistema democráticos, aunque la Democracia sea aún un modelo incipiente por desarrollar.
Así, también puede que, a pesar de todas sus imperfecciones, las leyes que, en un Estado de Derecho, pretenden preservar y facilitar la libertad individual, sientan las bases que posibilitan, facilitan, el desarrollo de modelos sociales más acordes con el desarrollo evolutivo del ser humano.
Renunciar a determinados «logros», en ese sentido, aunque sean pocos, inestables, inexactos e incipientes, ante el miedo (que no creo para nada imaginario) de un intento de infiltración de modelos más restrictivos y anquilosantes de pensamiento y funcionamiento, puede convertirse, en un paso atrás innecesario.
No se repiten los hechos históricos, si acaso hay paralelismos, pero el pasado no se repite.
La resolución de crisis como la que parece que vivimos actualmente, y de los matices, de las controversias que aparecen en el «modus vivendi» rutinario,e incluso de forma inesperada en nuestro día a día del modelo social en el que nos desenvolvemos, puede ser un reto…puede salir algo nuevo….quizás sea un reto que requiere un trabajo importante en cuanto a valor ser refiere…..
Estimada Loli: el sistema democrático real es el de las tribus más primitivas, donde la toma de decisiones se realiza por acuerdo de sus miembros. Hablar de «avances» o de «progreso» en el mundo actual con la que tenemos montada, sería al menos muy discutible. No queramos convencernos de lo que precisamente nos suscita más dudas. Se puede avanzar en unas cuestiones pero retroceder en otras quizás más importantes. Un saludo.
Estimado O’Farrill:
No creo que pueda se pueda comparar la forma de modelo de funcionamiento de grupos pequeños y tribales de sociedades humanas, con la complejidad y envergadura que implica un modelo democrático en grandes e influyentes núcleos humanos de población.
Me explico, no creo que pueda ser lo mismo el concepto de democracia, en una tribu perdida de la castigada Selva Amazónica, que el intento de avance en cuanto al que correspondería al instaurado, o al intento de su puesta en marcha, en sociedades que ,por su envergadura en cuanto a extensión, ubicaciones, relaciones mercantiles…,implica dimensiones a veces difíciles de vislumbrar, máxime si ese modelo, tiene, además, vocación de universalidad, de un cambio importante en el avance evolutivo del ser humano….eso es algo que recoge y asume un alto grado de complejidad.
Digo que intenta, porque parece que nos creemos que las democracias que ya parecen instaurada, sobre todo en los países autodenominados «desarrollados», están ya más que cerradas y completadas.
Los momentos actuales nos están demostrando que no es así, pero no porque, a lo mejor, el sistema esté acabado, sino por todo lo contrario, porque no está profundizado ni explorado en toda su capacidad de avance.
Sinceramente, pienso que habría que matizar mucho más, y discernir también, todo aquello susceptible (que es la mayor parte) de ser mejorado, y aquello que directamente se ha comprobado que traba el desarrollo de una sociedad que aspira a un crecimiento de sus capacidades, y que, hoy por hoy, ese modelo «democrático», parece ser el más adelantado de cuántos se han dado en la Historia conocida.
Al menos, el único modelo con un intento de que el avance y los logros conseguidos o aprendidos, no mueran solo en una cuantas élites agraciadas o privilegiadas que sí se pudieran beneficiar de ese forma de funcionamiento, aunque esos favores tuvieran, también ¿porqué no?, razones para darse en determinados momentos históricos y en determinados estatus sociales,….en un pasado….., sino que se proyecten, ….que se universalice, que sea capaz beneficiar cuánta más gente mejor, y es posible, que esa sea una de las principales causas de nuestra actual crisis, que las democracias no han nacido para ser acaparadas, sino para trabajar en la manera que responda a su vocación de impulso general.
Estimada Loli: dices que «nos creemos que la democracia instaurada en los países desarrollados, están ya más que cerradas y completas…» No participo en tal opinión y más bien creo que sin una forma (elemento formal) de enmascarar sistemas más autoritarios (eso sí, mediante el «guante de seda» de la manipulación mediática). No fallamos las personas en nuestras relaciones, sino son los sistemas de poder los que tienen intereses en manipularlas a su antojo y conveniencia. Nuestro fallo puede estar en no detectarlo y creer lo que nos cuentan, unas veces por comodidad, otras por simple ignorancia. Un saludo.
Estimado O’Farrill:
Estoy totalmente de acuerdo en que es, posiblemente, la falta de interés, la falta de inquietud y la acomodación en la que parecemos instaladas las sociedades que decimos compartir un modelo social, basado aparentemente, en preservar y garantizar esa comodidad, la que puede estar provocando una actitud de desidia, desconocimiento, y que eso mismo propicie la manipulación y distorsión de un sistema que debería ser mucho más dinámico de lo que es.
También es posible que potenciar, en un modelo que, sigo pensando, está llamado a ser explorado mucho más, y por tanto tiene una vocación de movimiento que se le está negando, la acomodación en una serie de parámetros aparentemente ligados al bienestar, puede estar facilitando un importante déficit de trabajo en pos de aumentar la inteligencia, a nivel individual y colectivo de esa sociedad.
Seguramente, en ese caldo de cultivo, no es difícil extender la idea de que estamos en el mejor de los modelos posibles….porque ya está todo hecho, y ahora no hay nada más que hacer que defenderlo y blindarlo.
Ese puede ser el fin de un sistema que debería servir de plataforma para mucho más, que aún está en ciernes….y se nos puede escapar de entre los dedos si no somos capaces de ejercitar nuestra capacidad de autonomía en muchos campos, donde la exploración del pensamiento libre, por ejemplo, podría ser uno ellos.
Un saludo
Francamente, la columna y algunos comentarios me dejan perplejo.
Échemos la vista un poco atrás.
¿Había problemas serios con la temática islámica en Europa hace 20-25-30 años? Había problemas de «getos» pero no religiosos.
¿Que pasaba en gran parte del mundo islámico (islámico y árabe no son lo mismo) hace 35-40 años?
Pues que en muchos paises mandaba/influía de una u otra manera la URSS. Voy a enumerar unos cuantos, seguro que me dejo alguno: Mauritania, Túnez, Aragelia, Libia, Sudán, paises varios del cuerno africano, Egipto, Siria, Irak, Afganistán, Pakistán…
Repasemos.
-Las mujeres en esos paises tenían entonces mas derchos que ahora. SI
-Las minorías religiosas (cristianos varios cómo coptos, judios, hindues, drusos… ) tenían mas derchos que ahora. SI
-La sociedad prosperaba en un laicismo aunque fuera a punta de un AK47. SI
(incluso empezaba a existir un embrión de separacion entre «iglesia» y estado)
Cayó el muro y las monarquías del golfo, wahabismo en estado puro, se pusieron a llenar de $ las mezquitas/madrassas varias. Alentado por USA/UK que sólo querían ocupar el vacío de poder post URSS y miraba hacia otro lado complacidas.
Pensar que antes o después no pasaría lo mismo con los musulmanes de Europa, bien fueran recien llegados o llevaran varias generaciones es no querer enterarse de nada.
Lo del burkini es una vuelta de tuerca mas para que las monarquias petroleras demuestren a sus súbditos en Europa quien manda sobre esos corruptos y cobardes europeos.
Así es cómo lo entienden ellos.
Y el cómo lo entiendan ellos nos afecta a nostros, y cada día que pase nos afectará mas.
Si hasta hemos tragado con jugar un Mundial de Futbol cambiando las fechas de verano a invierno para que se vea quien es el amo de la cosa.
Sigamos así, tolerando a los de petrodoláres cómo podemos cambiar de convicciones si el precio es suficiente y veremos donde vamos a acabar.
un cordial saludo
¿No sería interesante, entonces, preguntarse porqué desapareció tan pronto todo aquello conseguido y adelantado en los países influidos por la acción de la antigua URSS, el papel ejercido en ello por los intereses de la Guerra Fría, con la participación activa de los EEUU en los movimientos religiosos más conservadores y extremistas?, y además, ¿cómo es posible que las situaciones más arcaicas y retrógradas, a nuestro modo de ver, se impusieran y popularizaran con tanta rapidez entre la poblaciones árabes?.
Algo nos estamos dejando por el camino, quizás de ese algo forme parte la sensibilización del acercamiento a otras formas culturales, sin el perjuicio añadido de querer monopolizarlas, o de no permitir, en buena medida, su propio camino de avance o crecimiento.
Eso no es algo que tenga que estar irremediablemente reñido con las formas sociales de modelos democráticos, falta un trabajo en todo ello, y seguramente un trabajo que venga más de lo sensorial, de la emoción….de la empatía, no sé…
Algo ha fallado entonces, y si no somos capaces de explorar más caminos en nuestros propios entresijos, en nuestras propias vísceras, y darles alguna posibilidad de que se iluminen con experiencias más nuevas, menos contaminadas…igual, lo que se perdió entonces….corre el peligro de perderse también ahora….
Apreciada Loli
Lo que me inquieta no fue la rapida caida de ese sistema que implantó la URSS. En realidad fue la «intelectualidad» de esos paises que previo paso por la URSS tomó algunos modelos de allí y los desarolló, adaptó a us terruño, con el apoyo inestimable de los AK47, indudablemente.
La cuestión es que en esos paises había un sustrato cultural previo muy diferente del que había en los paises de las actules monarquías del golfo.
Ese sustrato cultural provenía de que antes del islam allí hubo algo.
El peso de la cultura/civilización romana en los del norte de áfrica, en Egipto con las pirámides.. ni le cuento, Líbano, Siria, Jordania, Turquía (que no cayó bajo el paraguas URSS) ..bebían de una tradición mucho aterior al islam y el islam previo al desatre actual (Palmira, por ejemplo) respetó gran parte de esa tradición. Toda la civilización ligada al Tigris/Eufrates y las carabanas de la ruta de la seda.. son previas al 622.. y eso dejó un poso.
Por eso después hubo una intelectualidad que de uan manera mas o menos afortunada o errada buscó primero en la Francia napolenónica y después en la revolución soviética modelos donde organizarse .. y por eso caló algo esa influencia.
No se que cultura beduina, tradiciones con peso cultural había donde actualmente están las monarquias del golfo. Me viene a la idea el tráfico de esclavos y poco mas.
El hecho es que si no es por La Meca y Medina no habrían pesado nada culturalmente, como elemento civilizador en el norte del afríca, Egipto, próximo oriente, Persia.. porque por no tener no tenían ni población, el desierto da para poco.
Sólo después de:
1/Se descubriera el petróleo y se convirtieran en paises «ricos»
2/Se vinera abajo elmuro de Berlín
El islam mercenario puedo desplazar a lo que había comenzado a impregnar de laicidad la pax soviética y de paso liquidar lo que había de las civilizaciones anteriores.
A mi me recuerda con horror a lo de los jemeres rojos de Camboya. Pero cómo tienen mucha pasta y son de los «nuestros» pues a callar.
Como dices muy bien, algo se nos ha perdido por el camino. Pero yo no veo ningún debate al respecto en los medios. Y su ausencia al respecto siendo hasta obvia para mi que no se gran cosa del tema, pues mosquea y mucho.
un muy cordial saludo y hasta otra ocasión.
Este verano, he pasado unos días, acompañando a mi madre en la playa de Cullera (Valencia).
Pude constatar que estaba llena de franceses, que hacía tiempo que habian dejado de venir, pero que ahora probablemente impulsados por el miedo a los atentados en su pais, parece que volvían a nuestras costas.
Un día de los pocos que baje a la playa, encontre en ella una familia de musulmanes que hablaban francés, de mediana edad con tres hijos.
La madre lucía un burkini, y la hija pequeña, dicho sea de paso ( la mas traviesa), se escapo de la vigilancia de los padres, de tal forma que estos empezaron a preocuparse, y buscarla.
La gente que estábamos en ese momento allí, observamos su inquietud, y colaboramos bastantes en la búsqueda.
La niña, apareció 10 minutos despues, con unas gafas de bucear en la mano a las que sus hermanos no pudieron acceder, por haberse alejado.
Lo importante de este caso, fué que todos nos olvidamos de que eran musulmanes, de que la mujer llevaba burkini.
y que se había convertido en una madre, que había perdido a su hija, con la angustia que eso conlleva.
Para mi sobran los comentarios.
Parte de la sociedad francesa atribuye esa reacción de los policías en las playas de Niza al sentir de rabia contenida en el país. El debate oficial y en las calles plantea si han sido “traicionados” por aquéllos a quienes acogieron, y esas mujeres en burkini propiciaron la “excusa” para canalizar la rabia latente. Durante años las mujeres musulmanas han llevado símbolos más ostentosos de su religión en Francia y los franceses “europeos” no han tomado “cartas en el asunto”.
Pero no somos tan distintos ni reaccionamos de forma tan diferente cuando bombas de los “otros”, han matado a civiles de los “nuestros” y eso lo ves cuando a pesar de vestir de forma respetuosa y tapándote de hombros a tobillos en un país de Oriente Medio, mujeres con el “niqad” negro como vestimenta y máscara de hierro en la cara, -usada como manifestación extrema de su entrega al marido y al papel que tiene que cumplir la mujer musulmana-, lanzan con una rabia nada contenida, todo tipo de improperios a las occidentales.
El instrumento de la vestimenta está llevando el debate sobre el islamismo por vericuetos sorprendentes. Aheda Zanetti, la joven libanesa afincada en Australia creadora del burkini, debe estar encantada con la publicidad gratuita que está consiguiendo para sus prendas.
Ahora bien, si la reacción a este tipo de prendas va a ser que se las quiten cuando sean usadas en playas occidentales, no quiero ni imaginar el revuelo que se va a generar cuando le digan a los hombres que lleven el burkini masculino, consistente en un bañador que tape también el ombligo y las rodillas (creado por Lhocine Elbkhoute, de origen marroquí afincado en París), que tienen que hacer lo propio.
Desde luego impacta ver a cuatro policías rodeando a una mujer en una playa porque está tapada de «abajo-arriba’, si esos polis estuvieran investigando el atentado de Niza…
otro gallo cantaría;
Personalmente ya no veo la tv, no es saludable (opino), pero sobre Niza:
1- porqué se dejó pasar un camión, al una zona feriada, en la que apenas transcurrían coches?-
2- porqué mientras el camión asesino avanzaba su camino, las balas están concentradas precisamente en la parte de no- conductor?-
circulan imágenes que demuestran esto totalmente….quien pueda y quiera que «investigue»..
3- esto de la islamofobia- guerras- y todos contra todos…es pero que bastante mala ‘idea’, y, sigamos así que ‘la llevamos clara’; Agur.
Probablemente, lo inteligente fuera que a nivel estatal y europeo hubiera planes (tanto con cursos como a través de la educación en la famosa «educación para la ciudadanía», conciertos, exposiciones, etc) que nos ayudaran a superar prejuicios y prepararan para un futuro inevitable y en gran medida positivo. Sería una apuesta por nuestra supervivencia pero probablemente hiciera tambalear esa necesidad subyacente pero tan extendida, de consumir en modo drogodependiente y de creer tan férreamente en lo que llamamos «nuestros valores» que son lo que sostiene nuestras empresas. Es posible que esas empresas teman ese movimiento en vez de verlo como una oportunidad de regeneración y expansión. Ahí deberíamos estar todos para forzarlo!