Ideología y topografía

Las denominaciones izquierda y derecha se emplean para indicar una posición, tanto espacial como política; se usan para ubicar respecto a un punto de referencia, que en unos casos es geométrico y en otros ideológico. Aunque ambos se pueden hacer coincidir.

El 14 de julio de 1789, en la Asamblea Nacional Constituyente que surgió de la Revolución Francesa, se discutía sobre mantener o no el poder de veto del rey a las leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa. A la hora de la votación, los que estaban a favor de mantener el poder absoluto del monarca se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea y los que estaban en contra se colocaron a la izquierda. Y esta forma de colocarse se mantuvo en los asientos de la Asamblea: a la derecha los portavoces de la gran burguesía y a la izquierda los representantes de la pequeña burguesía y el pueblo llano. A la siniestra los que propugnaban el cambio político y social y a la diestra los que querían mantener lo establecido.

Pero eran otros tiempos y esta división entre izquierdas y derechas hoy es un tanto maniqueísta. Hablando de política y de economía, ya no es tan sencillo distinguir entre el bien y el mal, ni entre lo bueno y lo malo. Así que identificar las izquierdas con la propensión al cambio y las derechas con la resistencia a que se produzca resulta, como poco, simple y rancio. Tal vez por eso los autodenominados partidos de izquierda ahora se llaman a sí mismos progresistas, pero la idea es la misma, aunque se cambie la palabra.

Para los que no han profundizado mucho en la política, el liberalismo es algo de las derechas que tiene que ver con la privatización de empresas y el recorte de prestaciones sociales. No saben, o no recuerdan, que en siglos pasados, los liberales y los conservadores estuvieron enfrentados; de hecho, todavía lo están en temas como el libre comercio, el gasto público, la función del Estado o el aborto. Tampoco han reflexionado sobre la gran similitud que existe en muchos de los planteamientos de liberales y de anarquistas. Es cierto que liberales y conservadores coinciden, o coincidieron, en defender el capitalismo y en oponerse a ideologías como el socialismo y el comunismo; pero tampoco eso es así de simple, ni tampoco el socialismo y el comunismo son actualmente lo que fueron o pretendieron ser.

Es más, también hay un socialismo de derechas, socialismo burgués o socialismo conservador, (así es como lo llamaba Marx) y se podría argumentar que en eso consiste la socialdemocracia y el estado del bienestar, que se construyó para frenar la expansión del socialismo de izquierdas o comunismo. Y también hay nacionalsocialismos. O inventos como los de Franco, Chávez o Perón.

Nacionalizar una empresa, para que los medios de producción y los servicios que ofrece pasen a ser propiedad del Estado, es un acto político propio del comunismo. Sin embargo, Franco nacionalizó o mantuvo con los recursos del Estado los teléfonos, la televisión, los ferrocarriles, los astilleros, las redes eléctricas… además de sostener empresas privadas en crisis, que solo producían pérdidas. También parece propio de las izquierdas garantizar el empleo estable y los derechos de los trabajadores. Y esto, también, lo proporcionaba el gobierno franquista: cuando se entraba en una empresa como Seat, Telefónica, Renfe, CASA o Iberia, el empleo era para toda la vida. Tanto en la creación de empresas públicas como en la inflexibilidad de la contratación laboral, dos reivindicaciones clásicas de socialistas y sindicalistas estereotípicos, el franquismo fue muy eficaz. Pero Franco no era de izquierdas, o al menos no lo sabía. Eso sí, era tremendamente reacio a los cambios y los conflictos.

Porque también va de eso lo de las izquierdas y las derechas, no solo de economía o de justicia social, sino de tradiciones, libertades y valores.

Parece que si alguien tiene recelos sobre el aborto y la eutanasia, es aficionado a los toros, va a misa o defiende la escuela concertada, por citar algunos ejemplos, necesariamente es de derechas, cuando no de extrema derecha. Del mismo modo, si uno es ecologista, apoya las reivindicaciones de los colectivos LGTB y está a favor de la educación pública y laica será etiquetado, si no hay más información, como de izquierdas.

Asumidos estos tópicos y estereotipos, personajes como Lorca, Picasso o José Bergamín, hoy incomodarían a las autodenominadas izquierdas; y no únicamente por su vinculación con la Tauromaquia. Sus manifestaciones, sus escritos y sus comportamientos no se ajustan a lo que ahora se entiende por políticamente adecuado en un partido progresista.

A lo largo de la historia podemos encontrar personajes complejos, difícilmente clasificables por sus ideas. Hay personajes como Nietzsche muy difíciles de encuadrar dentro de una de ideología política o cuyos escritos se han utilizado para justificar valores, conductas y movimientos políticos tanto de un signo como de otro.

Si hubiera que utilizar dicotomías se me ocurren otras más adecuadas, como la que hay entre el pensamiento único y el pensamiento crítico, o la que existe entre lo personal y lo colectivo, entre lo que demanda mi egoísmo y lo que estoy dispuesto a ceder. Y un ejemplo claro sería lo que cada uno piensa sobre la propiedad privada.

Más que hablar de izquierdas y derechas en general habría que decir que hay posturas más o menos liberales, tolerantes o radicales respecto a ciertas cuestiones; aunque muchas de ellas estén relacionadas. Pero la coherencia total es imposible y las contradicciones están garantizadas.

3 comentarios

3 Respuestas a “Ideología y topografía”

  1. O'farrill dice:

    Estupendo artículo que, mucho me temo, levantará ronchas entre los aferrados a lo «correcto». La realidad sobre el tema es que el poder necesita del enfrentamiento y la fragmentación social con cualquier tipo de motivo. Al haberse disuelto las ideologías clásicas, ahora debemos enfrentarnos de nuevo por «memorias históricas», ideologías de género, cambios climáticos, etc.etc.
    Durante muchos años he convivido en paz y armonía con otros ciudadanos sin preguntarles nunca si eran de izquierdas o de derechas. Ellos tampoco me lo preguntaban y, como mucho, podíamos disentir amablemente sobre alguna cuestión. Esta se traslada a todas las sociedades del mundo ocupadas en salir adelante con sus vidas más que en alinearse políticamente. Por eso se han promovido conflictos, guerras, desplazamientos y muertes. Para crear provocaciones y rencores entre poblaciones que convivían pacíficamente e incluso se casaban entre ellas sin tener en cuanta etnias, grupos o clanes.
    En cuanto a la referencia a Franco no he podido menos de sonreir con el comentario de que «era de izquierdas y no lo sabía». Coincide exactamente con el análisis objetivo de sus políticas: «una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista» o «devolver a los españoles de una vez y para siempre la patria, el pan y la justicia» . Un socialismo de base católica de carácter intervencionista, donde simultáneamente se protegían los derechos de los trabajadores y su promoción laboral, derechos de propiedad y fomento de la iniciativa privada con derechos de intervención del estado. Lo que pasa es que hay mucha ignorancia histórica, una falta de criterio propio más allá de las «apps» o de la «tele» y una manipulación que trata de convertir a los ciudadanos en «tontos útiles». Es lo más evidente en el mundo «informativo» mediático donde el «pesebre» clientelar hace estragos.
    En cuanto a la palabra «progreso» y los autollamados «progresistas» , es uno más de los muchos «mitos» con que nos movemos en la caverna de Platón y que precisaría un debate más amplio para desenmascararlo.
    Un saludo.

  2. Alicia dice:

    Enrique, me encanta lo maravillosamente bien que lo has explicado; a raiz de este artículo mi «incultura general» es un poquito menos vasta. De verdad.
    Y me quedo pensando que, igual que Franco era de izquierdas sin saberlo, los podemitas y otros de cuerda parecida, son – sin tampoco saberlo – franquistas.
    Me divierte imaginar qué cara se les pondría si se enterasen.
    En fin. Que gracias mil.

  3. Ángel dice:

    Franco sí sabía que era socialista, en el sentido más literal del término, de ahí su deseo de hacerse masón como su hermano. Y su invento fué el nacional-catolicismo, que le funcionó muy bien -no tanto a los demás-.

    Es una pena que nadie nos cuente las verdades. De los periodistas no se espera, pero los historiadores… Todo está en manos de los políticos y nadie mueve ni arriesga nada.

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