
Es posible que bajo este epígrafe con el que se encabeza este artículo, se reúnan las personas que se dedican a “pensar”. A medio camino entre filosofar, analizar y reflexionar, desde su sensibilidad nos ofrecen puntos de vista y perspectivas que a muchos otros se nos escapan. Ha sido frecuente encontrarse entre ellos a librepensadores, artistas y personas próximas al mundo de la cultura, pero también a catedráticos, científicos o médicos.
“Muchas veces la consciencia individual que poseemos como especie, a unos niveles primarios, opera como el nacionalismo con sus territorios.”
Bien cierto es que la capacidad de captar aspectos de la realidad que nos pasan desapercibidos al resto, denota unas cualidades de “consciencia” poco comunes. Las disertaciones y sentencias intelectuales iluminan las “zonas oscuras” del pensamiento en las que se refugian rígidamente los esquemas mentales, clichés y estereotipos que esclavizan a la psique humana. Una delicia para los amantes del espíritu libre.
Muchas veces la consciencia individual que poseemos como especie, a unos niveles primarios, opera como el nacionalismo con sus territorios, donde independientemente de la veracidad de los postulados, aquellos adquieren valor por el mero hecho de ser propios o proceder de un entorno al que nos adscribimos y pertenecemos, y son terrenos “conocidos”, o sea sin impulso de aventura alguno. Arraigo pensante o pensamiento arraigado.
“La sublimación de los estilos democráticos ha provocado una cierta popularización del pensamiento.”
Por lo tanto, en la pulsión que lanza a los individuos en pos de formas de libertad, en este caso mental, se ha de pasar necesariamente por los espacios en los que se amplía la capacidad de consciencia, de una forma en la que el desapego hacia lo propio y el impulso hacia lo infinito guíe los pasos de un caminar no siempre sencillo. La capacidad de sacrificio, y a veces hasta tortura, de estas vocaciones personales a ser reconocida y valorada.
La sublimación de los estilos democráticos ha provocado una cierta popularización del pensamiento, al punto de convertir lo simple en verdadero por la aplicación de la fórmula de que si es entendible, compartido y próximo, resulta válido por sí mismo. Pero en realidad no se trata de otra cosa que formas de pensamiento gregario mínimamente elaborado aunque intensamente protegido, para que los depredadores puedan seguir picoteando larvas y gusanos varios.
“Si la auténtica vocación de la “intelectualidad” ha de ser promover la ampliación de los límites de la consciencia individual y colectivamente, siempre se va a encontrar con la resistencia de las instancias de poder.”
Por el contrario, lo complejo y singular, que hace reverberar la consciencia un tiempo determinado, es rápidamente rechazado por atentar a nuestro estado del bienestar y nuestra zona de confort, amenazando los circuitos dopaminérgicos que tanto esfuerzo, tiempo y dinero nos ha costado lograr. En cualquier caso, siempre estarán ahí los psicofármacos para acudir al rescate de los más torpes, o los más ansiosos, o aquellos que esperaban que la vida fuera algo más que un escaparate interactivo de placeres diversos.
Si la auténtica vocación de la “intelectualidad” ha de ser promover la ampliación de los límites de la consciencia colectiva, siempre se va a encontrar con la resistencia de las instancias de poder que pugnan por dominar una mente compartida llana, estable, previsible y dispuesta al sometimiento. La función de su labor estriba en la capacidad de guiar, iluminar y referenciar los caminos que debe escrutar la mente individual, no la colectiva, la compartida o la consensuada, y la prueba de su autenticidad reside exactamente ahí.
“Es difícil encontrar en la efervescencia del pensamiento democratizado aquellas personas que han de recoger el testigo de la búsqueda de la verdad múltiple y compleja.”
Este combate ha sido secular, que sepamos, desde la Grecia antigua, donde filósofos y pensadores acabaron topando con las quimeras de los tiranos que anteriormente los protegían, otorgándoles un lugar próximo a las instancias del poder en términos de tutores, asesores o consejeros. Pero una vez que los reinos quisieron convertirse en imperios, se vieron obligados a decidirse entre la verdad o la seguridad. Y los pensadores eligieron lo primero.
Es difícil encontrar en la efervescencia del pensamiento democratizado aquellas personas que han de recoger el testigo de la búsqueda de la verdad múltiple y compleja, si no es debajo de la implacable y subvencionada censura a la que son sometidos desde distintos ángulos. Si no… ¿De qué que somos todos iguales?, ¿De qué que estamos en el mismo punto?, y ¿De qué que tenemos todos el mismo valor?
Lamentablemente la verdad se sirve habitualmente con trozos de carne y borbotones de sangre, que los editores esconden hábilmente en los museos y en los libros. Siglo XXI, aún hoy más…
Imagino que sobre los intelectuales se han escrito bibliotecas y que por intelectual entendemos aquellas personas cuya ocupación principal es estudiar la realidad en todas sus facetas para ser capaces de responder a los interrogantes que nos son imprescindibles para sobrevivir y dearrollarnos en la dirección de una realización ascendente de cada persona y cada colectivo humano.
Es decir, un intelectual sería un interprete aventajado de la realidad cuya función sería ayudarnos a aprender a resolver problemas. Casi nada.
A partir de ahí a nadie se le escapa que los buenos intelectuales son un activo importante que el Poder quiere dominar y dirigir. Es el caso de todos los poderes. De este modo el intelectual se ha convertido en un «sospechoso» del que hay que «desconfiar si no nos pertenece».
Un buen ejemplo de lo anterior son dos obras de Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano.
1. «La formación de los Intelectuales» de 1934
2. «Los intelectuales y la organización de la Cultura» escrito en 1935 y publicado por el PCI sobre 1946 tras su muerte .
Hoy asistimos a un fenómeno preocupande debido al crecienti dirigismo del Poder que ha convertido gran parte de la academia en cotos ideológicos y las carreras intelectuales en un mero instrumento del poder.
El resultado no puede ser otro que unas sociedades con una relación Patológica con la Realidad y que pretenden imponer a cada siervo-contribuyente cosmologías, antropologías y ciencias Oficiales.
Así nos va.
Un saludo y gracias por el artículo.
Nuba
Hola
Entiendo perfectamente el escrito de Peiró y de la respuesta.
Endender otras formas de relacionarnos con la vida, ahora más que nunca, no lo veo escrito, jamás. Porque la gente que se embarra, se arraiga o se lanza a miles de historias desde los mares hasta la pintura, el agua, poner los cuerpos o no hacer nada que sea relevante o escribir poemas y que no te importe que nadie los lea o los lleve a libros…
Estas formas profundamente empáticas de seres vivientes en la vida que nos ha hecho el imprintig del tiempo sólo puede gritarse -que no que nó- o no expresar nada más de nada más y llevar una vida digna como y cuando se pueda y seguir escuchando -eligiendo- la música frente al ruido el silencio a la barbarie, pasar algunos días frío y hambre para «ponerse en el lugar – ya no del otro- impersonal?- no, jo, de miles de millones de humanos y no- este genocidio belicista y patriarcal está fuera de los discursos de esos autodenominados intelectuales- ellos y ellas- que lanzan consejos y consignas desde sus espacios protegidos y programados a «room time Tp= 25 ºC » aunque llueva en el oeste y Granada tenga calima desde hace días… a nadie el importa ya nada? de verdá. Pues sí, los intelectuales de pacotilla no han hecho otra cosa que untarse de la burbuja fantasmagórica de es UE que n han sido nunca sus pueblos.
Nunca juzgo a nadie, pero tan válido es ser nómada y anarca como una, como reconocer los vínculos y los vínculos de todos, por encima de la madre que los parió, que algunas veces y los padres the same, la tierra, la música, los campos, esas nubes, esos ríos, y ese paisaje con su olor lo recuerdas y es parte de las neuronas y de las tripas y de la genética de los seres que habitan esos espacios y en esos tiempos. Estas palabras no son opinión, son verdades absolutas. Pero todo cambia tb los espacios y lugares y somos todos -la mayoría- migrantes por ética o necesidad o cambios de realidades bruscas. Pobre toda la Europa -continente- de los pueblos, desde las tierras rusas y ucranianas y Birmanas… y pobres nosotras la penísnula entera y la próxima guerra con Algeria, maldigo a mujeres belicistas pues los hombres no me sorprenden, me da verguenza escuchar a Borrell decir obviedades como que lo más probable es que las armas mandadas no lleguen .. pues claro, pero me da verguenza su desverguenza, aunque no tengo nada que ver con él y si hablamos de otro que destruyó Yugoslavia… cautro tíos del PSOE. como los del cuento, uno decía que democracia pero el gal, otro debido a su insomnio nos metió en la Otan maldito viejo que aún farfulla y los demás de todos los espectros posibles , intelectuales?
No queremos ya nada más de ninguno… a ver quién es capaz de plantar y sembrar y recoger su propia comida. De momento, hay un sesgo muy peligroso que atraviesa los géneros… tienen que ser obligados los muchachos de 17-18 a coger armas? mañana nos pasa aquí y decís que somos el estado de derechos y libertades que Rusia y el totalitarismo quiere anular pero eso no se lo cree ya nadie de los hijos e hijas de los intelectuales. Se avecina, por fin, una revolución de sabotaje, ya no queremos que nos digáis más ná.
La «realidad» no es tal salvo si coincide con los esquemas de pensamiento que hemos ido concibiendo a lo largo de nuestro recorrido vital, muy restringido por otro lado. En este sentido, y sobre todo cuando nos topamos con tragedias difíciles de racionalizar, sí que es muy necesario esa amplificación de la consciencia que nos pueden proveer esas personas que tienen «la capacidad de captar aspectos de la realidad que nos pasan desapercibidos al resto».
Aún así, la «verdad» a la que pueden conducirnos con sus análisis y reflexiones, no deja de ser sólo un acercamiento velado todavía muy distante del punto «realmente real de la Realidad»; pues, traspasados gracias a ellos los lindes de nuestras concepciones individuales, seguimos encontrándonos ante un paisaje laberíntico e inasible.
Y es que, ante tan vertiginoso horizonte, con frecuencia, sus disquisiciones sobre lo que acontece, y, más si las expresan como certeza, se me asemejan al hilo de Ariadna; una especie de cordón umbilical que no te permite ir más allá de lo concebible.
Para no caer, entonces, en un escepticismo radical, yo confieso que, tras adentrarme por los pasajes del laberinto, me doy la vuelta y voy ovillando el hilo para regresar defensivamente a mi «consciencia individual» con todos los límites que a mi razonamiento pone este modo de actuar.
En ese punto de derrota, la luz que sigo intentando atisbar, dejará de venir de la razón para ser sustituida únicamente por la emoción, por lo que yo siento sobre una realidad que se me antoja que ni siquiera los «Sabios» pueden desentrañar.