Resulta muy difícil decir cuál es el invento más importante de la historia: unos dirán que la luz eléctrica, otros replicarán que la rueda o el transistor. Algunos hablarán de los antibióticos o se elevarán a conceptos como el dinero o la escritura…no lo sé, es difícil, pero en una lista corta sin duda siempre aparecerá la imprenta, porque la imprenta fue en su momento un catalizador importantísimo del acceso al conocimiento y un vehículo básico para la difusión de ideas, acercando a un número mayor de personas conceptos que antes estaban solo al alcance de unos pocos. La imprenta dio lugar a una auténtica revolución cultural, que sería el germen de futuras revoluciones.
Alguien dijo una vez que a la gente no le gustan los cambios, pero que si fuerzas los cambios lo bastante deprisa lo que estás haciendo en realidad es pasar de una clase de normalidad a otra. Y los verdaderos cambios, al menos los que afectan al modelo de sociedad, tienen lugar en el campo de batalla de las ideas. Cuando una idea se instala en tu mente, cosas que poco antes podían parecer locuras, sandeces u obscenidades pasan a ser la cosa más normal del mundo.
Porque las ideas, para bien o para mal, definen quiénes somos, y cuál es el rol de cada uno en el mundo. Lo que sabemos, nuestra educación, y por ende los conceptos, las opiniones y las creencias a las que hemos sido expuestos, configuran el ideario que acabamos tomando como propio, por el que estamos dispuestos a luchar y al que, una vez asumido en nuestro interior, nos puede resultar muy difícil renunciar.
Las ideas nos definen y al aceptar unas u otras nos posicionamos a nosotros mismos en el seno de una comunidad, estado, grupo, cultura o civilización. Cosas que ahora nos parecen de sentido común (como la igualdad de razas o géneros o los derechos humanos) no hace mucho tiempo eran ideas locas por las que peleaban unos cuantos iluminados. Algunas ideas aparecen en la Historia para ser sepultadas por las arenas del tiempo sin que nunca más se sepa, otras llegan para quedarse, estableciéndose firmemente en las mentes de aquellos que son expuestos a ellas, y otras aparecen y desaparecen a lo largo de los siglos, resistiéndose a extinguirse, pero incapaces de adherirse firmemente en las mentes de aquellos que se exponen a ellas, quizá porque aún no ha llegado su momento.
Y las ideas que llegaron para quedarse, o al menos para condicionar nuestro modelo de sociedad y nuestra forma de entender el mundo, las ideas que nos parecen tan evidentes -tan de sentido común- posiblemente les parecerán ingenuas, retrogradas o dañinas a los que nos sucedan, incluso puede que a nosotros mismos dentro de unos años.
Porque las ideas no son estáticas; interaccionan unas con otras en un baile de desafíos y realimentación que hace que cada poco tiempo, sin percatarnos, cambien las prioridades, a veces en cosas tan fundamentales como cuáles son los valores que “importan” o cómo deben ser tratadas las personas, y un tipo de normalidad da lugar a otro con una velocidad pasmosa.
El liberalismo económico y el humanismo han sido los modos dominantes de pensamiento en los últimos años, pero nos encontramos en un momento en que la situación geopolítica y los avances tecnológicos pueden hacer que, de un día para otro, pasemos de la normalidad que asumimos a otra impuesta, muchas veces sin que nos percatemos. Hoy, más que nunca, es importante que las ideas que triunfen en nuestras mentes en conflicto nos acerquen a una sociedad mejor.
Por eso, en un momento en que los ideales de democracia y libertad individual y de solidaridad, no solo entre conciudadanos, sino a un nivel global, que ahora (o quizás, mejor dicho, todavía) dominan en la sociedad occidental están empezando a ser puestos en duda, por demagogos que reaccionan ante las necesidades de la gente aportando fórmulas simplistas para resolver problemas complejos, es tarea de todos luchar la batalla de las ideas en todas partes; parafraseando a Churchill, en las playas, en las calles, en Internet y donde sea necesario, para evitar que los Gobiernos tengan la tentación de alimentar el cerebro de sus ciudadanos con políticas populistas, reaccionarias o nacionalistas.
Y uno de los campos de batalla más importantes, es el de Internet y las Redes sociales, porque ahora, con Internet y las formas de comunicación instantánea, a las que la inmensa mayoría de la gente tiene acceso en un mundo globalizado y con cada vez menores barreras al transvase de información, las ideas lo tienen mucho más fácil para acabar ocupando su sitio en nuestras mentes, para bien o para mal.
Lo malo es que estos medios son, hoy en día, más promotores de una elementalización intelectual que de un auténtico intercambio de ideas: en 140 caracteres o a través de un video bonito de YouTube, con hermosas imágenes y música de fondo, resulta muy difícil transmitir ideas “potentes” de cierta elaboración, y se fomentan los conceptos y mensajes que se expresan en poco espacio y, por tanto, son más favorecedores de las consignas que de las reflexiones.
Las redes sociales ayudan a esparcir el tipo de ideas que refuerzan la visión del mundo ya asentada (desde un bando u otro), y por las propias características del medio no ayudan a comprender la realidad compleja y a proporcionar líneas de avance o conceptos nuevos, ya que estas “nuevas” ideas, que son las que realmente interesan, requieren que sus destinatarios tengan una cierta actitud de duda respecto a sus referentes habituales y estén dispuestos a buscar y valorar nuevas ideas.
De esta manera, el mismo instrumento que podría convertirse en un medio de evolución intelectual y acercamiento de nuevos conceptos a la masa social también es un gran facilitador del simplismo político.
Pero esta elementarización del uso de la Red no tiene, desde mi punto de vista, porque ser una constante, ya que, pese a todo, en un mundo en que los medios tradicionales de comunicación de masas, televisiones y periódicos, están controlados por grupos de presión que eligen que información nos llega y como debemos digerirla, Internet y las redes sociales son la gran esperanza para conseguir que las nuevas ideas, las potentes, las que ayudan a la mejora de la sociedad, acaben asentándose.
Aunque, para conseguir que de verdad sean útiles al progreso humano, debemos aprender a usarlas sabiamente; porque lo malo de tener una mente abierta es que todo el mundo quiere dejar sus cosas dentro y nuestra tarea es, en la medida de lo posible, elegir a quién dejamos entrar en la nuestra y el tipo de trastos que queremos almacenar.
Raúl, ayer leí estas líneas
«I have more ideas than I can ever follow up on in a lifetime, so I never worry if someone steals an idea from me.» — John Holland, 1929-2015
https://www.santafe.edu/news-center/news/in-memoriam-john-holland
A lo que sólo puedo agregar: Amén.
El último libro de John Holland fue Complexity: A Very Short Introduction, OUP, 2014, una excelente introduction para no-especialistas a la investigación sobre sistemas complejos.
Raúl, lo dicho antes no significa negar la estupidez, incluso de quienes denuncian a la estupidez (ver http://elpais.com/elpais/2017/01/21/opinion/1485015069_457548.html ).
Ni tampoco negar la mentira, incluso de parte de quienes viven de la mentira (ver http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/22/estados_unidos/1485111258_732145.html ).
A veces me pregunto, hoy ando yo de preguntas, si la misión a cumplir en el mundo es – imaginando la mente como un recipiente (que rima, ¿tendrá algo que ver?) – llenarla de conocimiento o vaciarla de desconocimiento. (O sustituyendo, si si se quiere o queda mejor, «conocimiento» por «sabiduría» y «desconocimiento» por «ignorancia»).
O, que sería otra pregunta, ¿he soltado una sandez?
Raúl,
Toca usted temas medulares.
Realmente, es crítico el darnos tiempo y espacio para dejar entrar ideas nuevas. Nunca es obvio el darnos cuenta de cuándo estamos cerrando la puerta justo a lo que era algo digno de dedicarle tiempo y atención. Si resulta demasiado nuevo, demasiado distinto, tal vez por ello lo descartaremos.
Parece que culturalmente aprendemos a dejar la puerta estar entre abierta para lo que resulta ligeramente diferente, pero a lo radicalmente diferente probablemente la cerremos.
En este mundo, parece que necesitamos de un cambio radical, pero aceptamos abrirnos a ideas con cierto nivel de moderación.
Por ello el reto consiste en:
– Por un lado, atreverse a abrir la puerta a ideas radicales, sin necesariamente creer ideas irracionales y fantasiosas, sin comprobación de algún tipo.
– Por otro lado, buscar cómo exponer un idea radical, sin que invite una cerrazón total.
Dicho esto, os planteo una idea:
¿Es necesario que vivamos centrados en acumular ideas/creencias?
¿Realmente necesitamos basar nuestra vida en ideas? o ¿se trata más de una costumbre cultural que de una característica intrínseca inevitable?
¿Es posible vivir una vida mas centrada en cuestionar y en buscar los límites de las ideas qué en defenderlas y buscar su aplicación a toda costa?
Un saludo
Hoy, más que nunca antes en la historia de la humanidad, compartimos rápidamente millones de ideas nuevas, generadas en las últimas 24 horas. Nuestro problema hoy es qué hacer con tantas ideas generadas por otros (con las ideas propias cada uno sabe qué hacer, en particular cómo borrarlas). ¿Qué ideas ignorar y cuales prestar siquiera una atención de segundos? Cada uno de nosotros –si hemos madurado– aprendemos a «filtrar» ideas para responder esa pregunta, y aunque muchas veces nos equivocamos, nos tranquilizamos confiados en que tendremos una segunda oportunidad para corregir los errores gruesos. Muchos se lamentan de que grandes mayorías ignoren casi el 100% de las ideas nuevas generadas por otros en las últimas 24 horas, pero por qué habrían de prestarles atención cuando sus experiencias personales les han enseñado que pueden vivir bien ignorándolas. Y respecto a las pocas que pasan el «filtro», la probabilidad de que pasen un segundo «filtro» también es baja: sí, nos detuvimos en un titular que nos sorprendió pero pronto nos damos cuenta que no justifica un segundo más. Si al fin del día uno revisara las ideas a que prestó más de 10 minutos de atención en las últimas 24 horas, se daría cuenta que han sido pocas, muy pocas. Quienes se dedican a difundir ideas nuevas quieren creer que hay una demanda grande por ellas, pero la gran mayoría de las personas sólo prestan atención por más de 10 minutos a unas pocas ideas, generalmente «locales» que podrían influir más directa y fuertemente en las decisiones que cada uno espera tomar en las 24 horas siguientes.
En ese océano de abundancia de ideas, hay sin embargo unas pocas ideas nuevas que sí despiertan la atención de algunos, primero para analizarlas y desarrollarlas y luego para determinar qué hacer con ellas. El post de Raúl se centra en estas pocas ideas sin indicar ni cómo se generan ni cómo algunos otros terminan prestándole mucha atención, pero uno espera que en estas situaciones la idea —de alguna manera— se vuelva conocimiento a través de algún proceso de autenticación, y habiéndose vuelto conocimiento termine llamando la atención de muchos más que los primeros que lo hicieron a través de un proceso de difusión. O dicho de otra manera, esperamos que un “loco” tenga una gran idea, que su autenticación genere conocimiento y luego la difusión de este conocimiento asegure su disponibilidad para todos. Hoy algunos lamentan que no hay suficientes “locos” —el estancamiento de la economía global sería evidencia de su escasez— y otros de que hay muchos —el control de la economía global por los robots sería señal de abundancia— y que por lo tanto habría que subsidiar la formación de “locos” pero penalizar la creación de robots. Hoy algunos lamentan que los procesos conocidos de autenticación de ideas han sido pervertidos por los malos —cuestión de grado porque siempre ha habido malos— o han perdido eficacia por la complejidad —también cuestión de grado porque siempre nos hemos enredado en nuestras emociones— y que por lo tanto debemos buscar nuevos procesos aunque algunas propuestas parecen ocultar malas intenciones y peores pasiones. Hoy algunos lamentan que los procesos de difusión del conocimiento han sido capturados por intermediarios poderosos —de nuevo, cuestión de grado porque siempre ha habido poderosos en la intermediación— y otros porque han sido capturados por consumidores ignorantes —algo que negaría el poder de los intermediarios— y que por lo tanto debemos buscar nuevos procesos aunque algunas propuestas parecen servir a los intereses de quienes quieren controlar la difusión para sus fines personales o tribales. Sí, vivimos tiempos de muchos lamentos, pero por suerte y a pesar de las deficiencias, la población de “locos” sigue creciendo, el conocimiento sigue aumentando, y su disponibilidad cada día es mayor. Quizás el problema mayor sea que el aprovechamiento eficaz del conocimiento disponible requiere capacidades individuales e instituciones sociales que habrían quedado rezagadas.
En el anterior artículo de Enrique Sánchez, se exponía qué ocurriría si nos hubieran educado desde una perspectiva más cercana a lo que venimos observando se comporta la realidad.
Esto es acercarnos a esa realidad desde la relación, lo relativo, la forma que necesariamente tenemos que adoptar para acercarnos a lo que nos rodea…dentro y fuera.
Y tenemos que hacerlo desde premisas consensuadas y con la etiqueta de “eventuales”, pues desde la admisión de la aún incapacidad inherente del desarrollo sensitivo y sensorial que poseemos, el conocimiento íntegro de lo observable, hay que asumir que también es parcial.
Desde ahí, parece una lamentable pérdida de tiempo y energías mantener el mundo de las ideas aprisionado al de las doctrinas, y con ello, en la misma cárcel, sus consecuencias en el psiquismo humano.
En la forma de configurar no ya el pensamiento, sino el modo, el perfil inquisidor que creamos y al que nos sometemos a la hora de pensar, que a veces se vuelve tan restrictivo, tan pesado en el material que lo alimenta, tan arrastrado en el tiempo, que deja huella, real y tangible, en los caminos neuronales en los que se asienta.
Y desde luego en nuestra manera de ser, de comportarnos, de comunicarnos, de abordar el encuentro con “el otro”, con “los otros”, todo…y puede convertirse en un “alter ego”, insospechado, intruso y farsante, aunque quede “estupendo” en la forma de desenvolvernos y ser admitidos en nuestras relaciones, ante los demás, y lo peor, ante nosotros mismos.
Como ejemplo, de esto último, me acuerdo la reflexión que me suscitó el comentario, escuchado a alguien, sobre esa actitud de hablar con nosotros mismos, debatir e interpolarnos, a través del pensamiento, y que es una forma, al menos extraña, de funcionamiento mental.
Los descubrimientos científicos que apuntan a una realidad de dimensiones y leyes diferentes a las que creían, no son tan recientes.
La Relatividad General que Einstein final y genialmente expuso, ya tenía sus bases preparadas en otros grandes descubrimientos.
Y eso, está directamente relacionado, también con las ideas, con nuestra manera de estructurar el pensamiento, que determinará una nueva génesis de las mismas.
Porque, ya no es posible, o no nos deberíamos permitir esa posibilidad,al menos, de no contemplar la complejidad a la que nos lleva un acercamiento más “verdadero” a eso que denominamos “realidad”.
La cantidad de matices y factores nuevos, relacionables, y por lo tanto susceptibles ellos mismos de ser relacionados, indicándonos al mismo tiempo la existencia de más elementos influyentes aún no medidos, no detectados, pero bajo los cuales nuestra vida se desliza…., hace tiempo, quizás, que todo ello.
, debería ya estar incorporado en nuestra forma de elaborar una “idea”.
Es curioso, leo en un libro sobre Física, que la Teoría de la Relatividad General, que amplia con elementos nuevos la Relatividad Especial, aunque a nivel divulgativo, en general, dicha teoría parezca presentársenos como un juego mental, de proyección lejana sobre nuestra cotidianidad, sin embargo sí que tiene efectos, y efectos reales e inesperados, eso lo saben bien los científicos.
Si desde hace ya tiempo, la complejidad de la vida en la que nos desarrollamos, se pone cada vez con más fuerza en evidencia, desde las mismas instituciones sociales, desde una educación a la que cada vez le es más difícil eludirla, una sanidad que necesita cada vez más de otras materias y otros términos para poderse desarrollar…una economía que le ocurre otro tanto… ¿qué sentido tiene elaborar una idea para ser etiquetada e inclusive ser blindada, defendida casi “como derechos de autor”, y aprisionarla?.
Porque, parece, que todo ese trabajo, y cada vez en menos tiempo, es inútil, a la vez que el avance en ciencia y arte…ponen de manifiestos nuevos e “inesperados” elementos…que entran en liza…, o igual , que nos parece entran ahora…pero que seguramente, ya lo estaban.
Loli, le recomiendo suscribirse gratis a Edge (ver https://www.edge.org/about-edgeorg )
y leer la última “Conversation” publicada hoy
https://www.edge.org/conversation/david_chalmers-the-mind-bleeds-into-the-world
Hola a todos.
Miren, quería comentarles que vivimos en una sociedad engañada y por eso está llena de lamentos. Pues, aunque la ignorancia sea tarta común para todos, a unos les toca más trozo que a otros, y esta desproporción es utilizada por el poder y, sobre todo por los grupos de presión que subyacen alrededor de éste, para mantener a la gran masa de población engañada. Siendo además ésta la que siempre paga la tarta y el pato.
Aún así, la intuición, de la que también disfruta todo ser humano sea rico o pobre, ignorante o sabio, nos hace poder percibir y tener la total seguridad de que el engaño, aunque no pueda explicarse o dar las razones suficientes para imponerse con las ideas o hechos, está ahí. Y no solo está ahí, si no que además somos víctima de él, siendo así que solo podemos lamentarnos por ello.
Aludiendo a uno de los ejemplos en el artículo, ¿Acaso no se sentiría engañado cualquier persona por su raza cuando era esclavizada por carecer de suficientes conocimientos para rebatir su estado como víctima? Otra raza que poseía conocimientos para poder surcar los mares y disponía de la pólvora ejercía su poder de supremacía alegando superioridad intelectual y por ende moral ante los esclavizados.
Es así que estuvieron engañados y lamentándose durante cientos de años, de hecho esto todavía ocurre, por aparentar ser alguien inferior y que sin embargo no se sentía como tal, pues en su interior él era un humano más.
Esta percepción sobre el engaño sufrido ocasiona muchos de esos lamentos. Pero de nada sirven.
¿Donde están los hechos o las pruebas?
¿Dónde están las ideas que rebatan eso?
Si todos somos aparentemente libres para llegar a ser poderosos como los poderosos y ricos. ¿De qué nos quejamos?
La gente se queja, entre otras cosas, por los grilletes.
Grilletes que llevamos sin tan siquiera darnos cuenta de ello.
Algunos creen que llevan un reloj de moda en la muñeca y sin embargo llevan un grillete.
Otros llevan una cadena de oro colgada al cuello y la enseñan orgullosos por poder llevarla y sin embargo llevan un grillete al cuello.
A veces no hay grillete y hay prisión que tiene aspecto de casa o de apartamento en la costa.
Tan sutiles y engañosos, tan invisibles o comunes son los grilletes que ni siquiera los vemos como lo que son.
¿Ideas?¿Ideas potentes?
Yo tengo unas cuantas.
Para este caso se me ocurre una a la que he llamado: «La falsa pirámide».
Si quieren se la explico con datos.