La identidad, ya sea personal o colectiva, es uno de los conceptos más amplios y versátiles en las psicologías individuales y sociales. Subjetiva pues corresponde a los sujetos, metafísica dado que se mueve en el plano de lo intangible, e interna al recoger un conglomerado de emociones, sentimientos y pensamientos alrededor de un ideal.
Las hay de todo tipo y clase. En las colectivas, pueden ser horizontales como las centroeuropeas, sanguíneas como las mediterráneas, reales como las anglosajonas, raciales como las eslavas, etc. No hay ninguna identidad que no sea cultural y religiosa al mismo tiempo, y a estas alturas de nuestras civilización, y con todos los episodios pasados a cuestas, se debe entender que la clave está en su capacidad de asimilación, entendimiento y ajuste a un mundo que transita ya por su vigésimo primer ciclo centenario –dos mil y pico bucles–.
Tomando como referencia la historia de esta forma de nacionalismo que todos conocemos, nos hemos de remitir a mediados del siglo XIX –va para doscientos años–, en el que el movimiento romántico centroeuropeo ligó el descubrimiento del ideal amoroso al concepto de pueblo elegido, añadiéndole los ingredientes mitológicos ancestrales en su versión épica, y el carácter de reafirmación y reivindicación colectivos a través de ideologías maniqueas semi-infantiles de los buenos (nosotros) y los malos (ellos).
Este romanticismo racial en lo social es paralelo a la pubertad en lo individual. Les insufla a ambos el mismo espíritu, adoptan similares comportamientos y actitudes, se nutren de parecidos principios e ideales, y generan expectativas y cosmogonías con convergentes sensaciones mesiánicas que no rechazan hasta lo calificable como delirante.
Con la llegada de la pubertad llegan por la parte emocional negativa, el susto, la sorpresa, el vértigo y el miedo de fuertes e importantes sensaciones que hasta entonces no habían sido experimentadas, y que aún se está lejos de ser consciente y controlar estas emociones. Y por la parte positiva un marcado protagonismo, un ansia de experimentación y una fuerte variabilidad emocional. Desde el punto de vista de las relaciones, se trata de dejar atrás el espacio familiar repentinamente percibido como opresivo, limitado y aburrido, y de buscar un nuevo espacio en el que especialmente poder sustraerse de la relación y el control de los padres, ahora percibida como una autoridad impositiva y exhaustiva que ejercen invasivamente.
En la ideología nacionalista acérrima domina la sensación del miedo a la pérdida de la propia identidad, representada por la lengua, el folclore y los ritos colectivos, ante la avalancha de influencias externas derivadas de la globalización y sus poderosos mass-media. Es una ideología defensiva, en guardia, que ya ha adquirido connotaciones auténticamente endogámicas, cerrándose sobre si misma y atacando lo que no se considera propio.
Es especialmente característico la vacuidad, endeblez, e insustancialidad de los planteamientos de futuro, y en cambio la machacona insistencia en establecer distancia y diferencias con el entorno al que han pertenecido, al que acusan de todos los males habidos, incapaces globalmente de asumir los propios, que nunca reconocen sea cual sea su porcentaje. Se trata de dejar atrás obviando la multiplicidad de lazos y realidades comunes que los vinculan. Una avalancha de experiencias que van desde los genes, hasta la consanguinidad, desde el subconsciente colectivo hasta la estructuración de su pensamiento.
El pubescente, abrumado por las nuevas hormonas sexuales que circulan por las redes sanguíneas, empieza a sentir una potencia hasta entonces desconocida. Y ahí comienzan los fenómenos del empoderamiento, que le hacen sentir por encima de cualquier circunstancia, prepotente e invencible. Y con ellos cuestiona, reta, desafía e increpa, con poco pudor y bastante descaro, ante el estupor del entorno adulto que no da crédito al cambio al que está sometido. Esa potencia reciente puede deslizarse con facilidad, a la egolatría y egocentrismo de quien solo sabe declinar con la primera persona del singular.
La escenografía nacionalista siempre es grandilocuente, de manifestaciones multitudinarias, de banderas, proclamas, y eslóganes reivindicativos y desafiantes. Gusta tanto del grito como de la fiesta, del coro y del porro, del tono lastimero y de la soflama insultante, en constantes bucles ciclotímicos en los que con frecuencia se siente tan víctima como se inclina a su retroalimentación. Para ellos debatir abiertamente es traicionar lo más sagrado de su espíritu, negociar es claudicar, entender es renunciar a la esencia de los mensajes que les definen, y empatizar con el otro sinónimo de fallar a los tuyos. Es la enorme soberbia de quien solo sabe declinar con la primera persona del plural.
En la preadolescencia, el desarrollo cognitivo experimenta una ampliación sustancial de los límites alcanzados en la infancia, la capacidad metacognitiva conduce a procesos mentales de características altamente fantasiosas, y frecuentes ensoñaciones semi-místicas, en las que en la percepción interior se recrean paraísos tomados como posibles, cuando la razón los da por increíbles. Y así aparece como en un ejercicio mágico el mesianismo, emoción sublime liberadora, que pretende rescatar a los demás sin pedirlo de los yugos que a los que estamos sometidos. Negárselo o rechazarlo es negar y rechazarle a él, pues aún no ha llegado el momento posterior en el que uno y su mente pueden entenderse necesariamente y de forma superior, como distintos y diferenciables.
En la tierra idílica que domina la cosmogonía nacionalista, desaparecen el egoísmo, la propiedad, el personalismo, la dominación, la explotación y la agresividad, aunque paradójicamente las formas que muchas veces toman lo desdicen de raíz. El paraíso nacionalista es el de un pueblo en total armonía, homogeneidad, alegría y generosidad, aunque eso solo se practique en las fronteras amuralladas de su conjunto, y se mantenga en lo contrario con los otros.
Al dejar la niñez, los grupos de iguales se convierten en pandillas, y los sentimientos de amistad entre ellos alcanzan cotas sublimes de fusión y mutuos conjuramentos, pasando por encima de matices y diferencias, muchas veces contradictorias con el pensamiento y el comportamiento de unos y otros. El secretismo, la opacidad y los pactos internos se realizan desde los juramentos de una fidelidad sin fisuras, adoptando formas semi-mafiosas para garantizar el núcleo grupal por encima de cualquier otro criterio. El grupo es mi grupo, y todo es al estilo de los mosqueteros: todos para uno y uno para todos, –pero ninguno es alguien–
También en el nacionalismo, y esa es seguramente la más importante de sus fuerzas, el sentimiento de compartir, no las ideas, sino los idilios paradisiacos entre muchos sectores de la población, de manera uniforme, disciplinada, blindada y todo lo fusionada que se pueda, es una de sus características. Nada importa que sea a costa de otros, ya sea de dentro como de fuera, nada importan los excluidos ni los que no participen de su nube, nada importa más allá de las fronteras mentales establecidas. Esta patria parece más un útero, que provoca esa placidez extática del bebé tras la ingesta de leche materna, próximo al Nirvana. En las banderas, más que una estrella debería figurar un buen pecho maternal radiante de leche, en cuyo caso deberíamos llamarla…
¡Cuidado, padres!, que en cuanto te descuidas la reivindicación de su dormitorio como el sitio propio al que todos deben respetar escrupulosamente, se convierte en una reivindicación innegociable de un espacio de su exclusiva propiedad, y te organiza un referéndum sobre su autodeterminación en el que, además, solo puede votar él/ella, o aquellos que participen de su convocación.
¡Cuidado, Estado!, que no son policías lo que más falta hace, sino una legión de psicoterapeutas que expliquen que solo se trata de un delirio colectivo transitorio, y que posteriormente hay más etapas, mejores y más completas que vivir. No sea que tengamos que recurrir a la indeseable medicación para aplanar el furor hormonal.
Con todo el cariño y respeto.
Desconozco si se puedan dar ¬circunstancias en la vida de un ser humano para que pueda desarrollarse sin condicionamientos externos, lo normal es estar condicionado por el entorno, familiar, religioso y cultural tanto académico como del lugar geográfico donde viva.
Las distintas fases por las que vamos pasando, desde el salto de la lactancia a los alimentos sólidos, guarderías, colegios, institutos, universidades, etc., y cuando esos pasos se dan en el mismo territorio, y cuando el proceso educativo está dirigido a introducir los conceptos que pueden ser asimilados según las edades de los individuos, por ejemplo, infantil (malos y buenos), juvenil-pubertad (imposición por la fuerza de la autoridad), adolescencia (robo de dinero y de derechos), además de inventarse una historia del territorio acorde con los preceptos que se fueron inoculando, da como resultado una sociedad totalmente dirigida y convencida de su libertad a la hora de elegir y de pensamiento único y verdadero.
Estoy convencido que todos los procesos educativos oficiales están dirigidos, pero hay territorios que se han pasado tres pueblos y esto supondrá, caso que ya se pueda recuperar la sensatez, unas cuantas generaciones.
Saludos
Estupendo artículo Carlos.
Estamos acostumbrados a desvincular todos los procesos y acontecimientos de nuestras vidas.
No somos capaces de relacionar, si no directamente parcelamos en territorios que nada tuviesen que ver, todo la naturaleza que nos contiene y de la que formamos parte y continente.
Desde esta perspectiva, todos los caminos pueden ser erráticos, entiendo, pero enmendables a medida que nos vayamos dando cuenta de los compartimentos solo responden al profundo, aún, desconocimiento de la realidad, y a los miedos que dominan ese desconocimiento.
Caminos erráticos que pueden abrirse y dar lugar a nuevos horizontes más amplios…y a nuevas conquistas en nuestra capacidad cognitivas.
O bien enquistarse y dar lugar a verdaderos desvaríos.
El nacionalismo es uno de ellos.
Pero, como bien dices en tu comentario, cuidado con un Estado Central que tampoco entiende, o no quiere entender, que sus fronteras defendidas de forma estereotipada y hasta doctrinaria, poco se puede, en un momento determinado, diferenciar de la «endogamia púber» del nacionalismo desbocado.
Si no es capaz de abordar estas situaciones, abandonadas en el desván de los comodines que solo saco a relucir cuando me vengan bien, y luego abandono y alimento con las golosinas que me pidan…., no solo está gobernando en provecho de su propio «nacionalismo ideológico», si no que además ha estado haciendo dejación de su función didáctica y veladora de aumentar el nivel de posibilidades culturales y de desarrollo de la ciudadanía a la que dice servir.
Y didáctica, una real y verdadera, sería la que buscara que cada ser humano de la población que se supone gestiona administrativamente, tuviese acceso a desarrollar sus capacidades de aprendizaje, de evolución, sus propias capacidades….no dirigidas hacia ninguna ideología, montaje de pensamiento, o intereses «salvadores» partidistas.
Claro que el Estado tendría que movilizar, seguramente, un artículo 155 de «psicoterapeutas», y aplicarse, él mismo, sus componentes, su implementación, quizás, organizarse un poco el pensamiento y sus actitudes sectarias y limitadoras, y comprobar que sus discursos caen continuamente en lo «reiterativo» y en lo «rumiante», sin salirse una líneas de sus respectivos aspectos «ideológicos», sin dar lugar a nuevos caminos, ni proporcionárselos a la ciudadanía…..deberían hacérselo mirar también.
En definitiva….la educación, es tan importante darse cuenta de una vez, de que debe dejar de ser la herramienta con la que manipular, y terminar de adoctrinar y «desquiciar» a las gentes….eso sí que está resultando ser el gran delito que estas sociedades, por muy democráticas que nos estemos denominando, seguimos cometiendo.
Gracias por el artículo, sumamente clarificador, Carlos
Haciendo una modesta reflexión en la analogía planteada en el artículo.
Diría que la mayor parte de los adultos, y con más fuerza si han sido padres. Son capaces de entender e incluso justificar, el sentimiento de autoafirmación y rebeldía por parte del adolescente. Seguramente, sea necesaria en esta fase preadulta, el cuestionamiento de las reglas establecidas y autoridad representada por los padres para un crecimiento personal necesario y diferenciador de sus progenitores.
Pero afortunadamente, no hay mal que cien años dure, y el adolescente crece y el afán impulsivo emocional se vá modulando con una mayor consciencia adquirida y experiencia vivida.
Puede ser, aunque deja de ser frecuente en las sociedades occidentales, que dentro de la misma familia, superada la fase adolescente del anterior vástago, tome el relevo un nuevo adolescente, y se vuelvan a vivir parecidas situaciones.
Pero por mucho que se quiera estirar el chicle, llega un tiempo en que los padres no están en edad de procrear y el hijo creció maduró y es autónomo.
Con el tema del reclamo nacionalista en este País, han pasado suficientes años, desde la llegada de la democracia, para que se hubiera sofocado el ansia de de autoafirmación personal (nacionalista).
Y llegado a este a este punto, convendría preguntarse, si la dejación de responsabilidad por parte del adulto para educar a su vástago por miedo a generar un conflicto (pataleta), sea germen, entre otros factores, de la situación actual.
Quizás nunca es tarde, y quizás sea en este momento de crisis, cómo toda crisis propicia para dar un paso adelante y «educar» lo que no se ha hecho en su momento oportuno.
Aunque queden cicatrices (pataletas), cicatrices que seguramente sean preferibles a una amputación.
Un saludo,
Es eso lo que ocurre, que demasiada dopamina causa euforia, confusión y algunas cosas más pero es que demasiado poca causa parkinson.
Y hoy tenemos ancianos adolescentes, niños viejos y adolescentes aburridos pero también muy enfadados con el giro de la historia y la ausencia de futuro que les están dejando tanto sus padres como sus abuelos.
No descarte la mística adolescente, pues es la que produce los más bellos poemas, es la que quiere cambiar el mundo y tomar el relevo. La que tiene esperanza aún, pues se da cuenta de que el camino debe empezarlo cuestionando y contrastando cosas que estaban adoctrinadas desde que nació. Ahora ven el mundo con sus propios ojos. No tenemos otra cosa que hacer los que los tratamos todos los días que empujarles a que desarrollen autonomía plena, dejen de ser niños y acepten responsabilidades.
Además, constato el efecto de la demasiada intervención en los niveles de dopamina con el artículo sobre la medicalización de la Infancia publicado aquí con respecto a los síndromes diversos de nuestros niños, pues otras veces comenté específicamente sobre el TDAH. ¿qué esperamos si miles de niños son medicados con anfetaminas desde su tierna infancia? Las anfetaminas, derivadas de la coca provocan la liberación presináptica y a destiempo de la dopamina.
Por otro lado, circuitos del cerebro embotados por el miedo, son incapaces de señalizar convenientemente cualquiera de las aminas biógenas así como la falta de secrección por esclerosis e inactividad y autocontrol de la melatonina y los ritmos circadianos, con lo que no es sólo párkinson es una confusión generalizada, demencia senil y falta de lucidez. Esa falta de lucidez les lleva a creer en que van a ser inmortales y a financiar excentricidades de todo tipo en la ilusión de perpetuarse y en la no aceptación de la muerte. La población que nos rodea está envejecida y a los que quieren nacer y aletear – no para quedarse en las nubes sino para posicionarse y aterrizar en el presente que les toca, los tenemos recluidos en campos de concentración ficticios y reales aquí mismo al lado.
Gracias por tus comentarios, amiga Inés.
Efectivamente coincidimos plenamente en que la ausencia de dopamina causa parálisis, irritación y depresión. No cabe duda de que este mundo adulto, más que nunca hasta ahora, condena al anciano al ostracismo o al delirio sexual, al niño al sometimiento o la medicación, y al joven a la implosión deseperada o al delirio etílico.
No solamente hay un fascismo basado en la organización social por Fascios, hay también un fascismo generacional, el que divide a la sociedad en estratos de edad y los separa para que no se comuniquen y relacionen, para que el tiempo y la experiencia se encapsulen y enroquen en su propia dinámica endogamia, con el único fin de mantener a la generaciones dominantes en sus puestos de poder y condenar al resto de conjuntos.
Como tú, creo en la naturaleza del hombre y en la voluntad individual. Creo en la inocencia infraconsciente de la infancia, en el deseo anciano de transmitir la verdad del mundo y sus cosas, y en la abrupta eclosión mística del joven cuando se hace poeta, amante y alucionador.
Pero desconfío de quienes enarbolan esas banderas de libertad mientras ellos mismos adoctrinan a sus hijos, inculcan el odio al diferente hasta la excomunión, levantan muros que separan realidades para no integrarlas, revierten la libertad de expresión para convertirla en desprecio, insulto y agravio, limitan los derechos de todos aquellos que no suscriben sus principios, estrujan el Tiempo para argumentar su estado de afrentamiento y justificar su necesidad de estrangular el futuro en su propio beneficio, proclaman su propia importancia ante la Historia en un juego ególatra y narcisista, quieren limpiar su espacio ensuciando sistemáticamente el de los otros, no solo desconociendo la toxicidad que crean sino abonándola y recreándose.
Desconfío de quienes, conscientes de los males que trae el adoctrinamiento, proponen algo parecido cambiando solo la efigie de la moneda, donde el único cambio es en quien se revierte egolátricamente el beneficio y la importancia.
Desde mi trabajo profesional en el que me he dedicado profusamente a apoyar al adolescente, conozco bien los exquisitos y delicados avatares por los que transitan los individuos en estas etapas, y creo que lo adecuado es ser muy consciente tanto de su enorme dimensión como de sus riesgos, como en cualquier situación extrema de cambio. Y por ello hay que estar a degüello con el espíritu que les anima, pero muy alerta a los peligros y tentaciones que les acechan, aquellos que los proclives al Poder ponen en su camino. El mejor de los poemas de Amor se condena a la oscuridad si se lanza desde la ebriedad y no se conquista la torre desde la que se proclama, el mayor canto a la Libertad se condena a la mazmorra si se lanza desde el delirio y no desde el sufrido compromiso por el Cambio que el que alzar el vuelo.
Los cambios o son individuales o no son cambios, solo disfraces diferentes. Pero esto que estamos viviendo, ni siquiera eso alcanza.
Con todo mi afecto.
En la actualidad, el nacionalismo es reconocido como un invento mezquino que no tiene correspondencia con ninguna realidad, por mucho que se pretendan utilizar la lengua o cualquier otro rasgo cultural o hecho histórico para intentar darle señas de identidad.
El nacionalismo es considerado por algunos como el peor de los muchos males que nos pueden acontecer, porque siempre lleva consigo la exclusión, la exclusión de todos aquellos que se quedan fuera del modelo y límites que se pretenden establecer.
Como sabemos, en Europa tenemos una larga historia de conflictos y, con la UE, se ha abierto un camino de menos Estados como solución a esos conflictos nacionales. Se busca llegar a conseguir una estructura inclusiva donde estén representados todos los ciudadanos y sus diferencias, por encima de países o naciones. Se busca, en definitiva, establecer Estados en que los derechos sean políticos en lugar de que puedan depender de pertenencia a una etnia o religión, o las personas hablen una determinada lengua. En Europa hemos pasado, en dos siglos, de tener en torno a 200 unidades políticas a unas 30 en la actualidad.
Los conflictos en Europa siempre han sido por motivos religiosos o económicos. En Cataluña creo que al fenómeno nacionalista le podemos dar su punto de singularidad. Dado las nulas alusiones a motivaciones nacionalistas con tintes de religiosidad convencional que nos han llegado, en esta marea mediática en que estamos inmersos, cabe pensar que las motivaciones de fondo de los políticos nacionalistas catalanes puedan tener, quizá, un carácter algo así como de “religiosidad económica”. Eso por no pensar en aquellos políticos de esos partidos de la mitificada izquierda que en vez de luchar por un mejor país para todos y más extendida solidaridad, se unen a los anteriores.
Y… qué decir de la Iglesia catalana. ¿Es creíble el apoyo al proceso independentista de buena parte de sus sacerdotes bajo el pretexto de la represión o propaganda del Estado español en Cataluña, u otras “sutilezas” equivalentes? ¿Cómo se compatibiliza “sanamente” un posicionamiento ideológico personal (aunque digan que no tienen ideología) de apoyo al nacionalismo, con un discurso de evangelización “no excluyente” y acorde con los mensajes de universalidad de Jesús de Nazaret?.
Sí, creo que para empezar a dar soluciones al nacionalismo catalán harían falta un buen número de psiquiatras, trabajando a destajo y durante tiempo indefinido por aquellos lares.
Gracias Luis por tu comentario,
El nacionalismo catalán, minoritario y en decadencia, ha llegado hasta donde ha llegado por la omisión de los diferentes Gobiernos, que en la historia reciente sus presidentes no tuvieron las agallas de pararlo -y ahora de expresidentes nos dicen lo que hay que hacer-, que en una perspectiva histórica remota siempre han intentado sacar el máximo partido en base al desarrollo del germén exclusivo, excluyente y excéntrico de sus poderosas y enriquecidas élites de determinadas regiones muy bien tratadas a lo largo de los siglos por parte del Estado, a costa del esfuerzo y el progreso de otras.
Tal y como dices tiene un sustrato económico y religioso. Ya es un clásico en los estudios de sociología el ensayo de Max Weber titulado «La ética protestante y el espíritu del capitalismo», en la que tan claramente se desarrolla la idea de que no se puede entender lo uno sin lo otro, si bien es el protestantismo quien sustenta tanto la estructura económica del capitalismo como la organización social en clases, gérmenes ambos de todos los conflictos de masas, pueblos y colectivos de la historia e ideología de los últimos dos siglos y medio.
Aún no ha sido desarrollada de forma tan brillante como la anterior, la íntima relación entre la concepción teocrática calvinista y los ideales raciales del nacionalismo, sin la cual no se entienden las ideologías de masas del pasado siglo, desde el fascismo al comunismo, desde el nacionalsocialismo hasta el nacionalcatolicismo. Sin la idea teológica central del calvinismo -Dios no quiere redimir al individuo, por miserable y despreciable, sino solo lo hace a los pueblos por gloriosos y sagrados-, no serían posibles estos movimientos que detestan las libertades individuales, el espacio propio y la capacidad de desarrollo personal, en pro de lo común y la fusión colectiva tribal en un ejercicio de exaltación enardecida de lo que une a un conjunto elegido en relación negativa sobre los demás.
Lo que resulta sorpredente de todo lo que estamos viviendo, es cómo despues de las experiencias cruentas y sanguinarias de un siglo, el pasado, en el que con mucha diferencia más genocidios millonarios se han producido en el mundo, haya quien aún caiga en la tentación de seguir enarbolando banderas emblemáticas de estas ideologías representativas de la exclusión y este odio bien disimulado.
Será que desconocen que el pacifismo de Gandhi trajo la división de un país en tres, el desplazamiento de más de doce millones de individuos, y más de doscientos mil muertos, por precipitarse y no reconocer las dificultades de integración de las dos religiones dominantes: hinduistas y musulmanes, sin que a estas alturas se sepan los motivos por los cuales tal eminencia obvió una cuestión tan elemental, estando además advertido. Será que estos actuales nacionalistas se quedan solo en la apariencia de los indocumentados documentales de las televisiones partidistas.
Estamos de acuerdo en que el «buen rollo» esconde toneladas y toneladas de sufrimiento individual y colectivo.
Un saludo,
Hay veces que se leen muy bellos párrafos por este blog….
Independientemente (nunca mejor dicho) de si se trata de política, educación, economía, psicología….. ETC….
por ello sin lenguaje no hay » diálogo»…
Y cómo en general lo aborrezco casi todo y a estas alturas de mi/existir…
Me considero nula para opinar de políticas y etc.. Me quedo con eso tan bonito leído:
CREO en la infraconciencia de la infancia,
En el deseo del anciano de transmitir la verdad al mundo y sus cosas…
Y en la abrupta eclosión mística del joven cuando se hace poeta, amante y.. Soñador».
La vida! Será esto la vida! Salud/paz… En cada un@…y desde ahí cada cual vé….
Si Le dejan- si pudiera…
El mejor de los poemas de amor…………
El mayor canto a la libertad………………….
Del Comentario de Carlos Peiró- Inés……
Merece la pena leerlo: es la sociedad primero?
O es la persona/ individuo?…………………….
Es como aquello de la Univ : somos genética o es el ambiente?…………….
O es la Interacción del Todo;
Un aforismo breve dice: «Ama la realidad que construyes y ni aún la muerte detendrá tu vuelo»…
Del buen amor al buen conocimiento, desde la bondad y la compasión….
Quizás algo se «entienda»… Y cada persona SU parecer…
El artículo puede tener doble dirección, interpretó yo, el del púber que se siente ajeno a la pubertad de su compañero de aula y tiene a la inversa una psicopatía asimilable.
Imaginemos un diálogo entre los dos, llamémoslo Personaje 1 y Personaje 2. El Personaje 1, llamémoslo El Nacional y el Personaje 2 el Nacionalista.
El Nacional dice que su legitimidad esta ponderada por la Historia y el Nacionalista por su Devenir. El Nacional realza sus gestas, el Nacionalista sus tradiciones.
La Historia del Nacional se basa en la Ley, el Nacionalista en su Cosecha. La Ley del Nacional ha sido legitimada por la fuerza por el poder, por bulas Papales o religiosas, amañadas o falsas. Coronadas por una tradición, ensimismada, ajena a la voluntad popular.
Por otro lado, la Nacionalista, es cierto que es llena de intereses, que es grupal, que conserva «hablares» de cuna, que está «arada» en parcelas. Que es endogamica. Pero en Cataluña siempre se ha mirado a otras fronteras y tiende a identificarse más con esos «hablares». Son, por ello quizás, mercaderes.
Estimado Carlos, la lengua, la religión, la tradición y lo que usted, quizás llama «folclore», es una expresión, no exclusiva de Cataluña si no de todos los pueblos del mundo. Basta para reconocer esto, simplemente, darse un paseo por el país, que se dice, más desarrollado de Europa:Alemania.
Un saludo
Muy amable con su comentario José María.
Efectivamente el tema da para muchas y variadas opiniones, y se puede ver desde diferentes perspectivas.
Así, en el ejemplo que indicas para contraponer al Nacional y al Nacionalista, expresas que «La Ley del Nacional ha sido legitimada por la fuerza del poder, por bulas papales o religiosas, amañadas o falsas. Coronadas por una tradición, ensimismada, ajena a la voluntad popular». Pero eso se contradice de plano con el hecho de que la principal ley, la que ahora quieren derogar de facto el Gobierno de la Generalitat, que es la Constitución del año 1978, se aprobó en referendum nacional con el 88,54% de votos positivos (en Cataluña más del 91%).
¿Con qué porcentaje se quiere ahora aprobar una República independiente en Cataluña? ¿En qué situación social se pretende hacer un referendúm de independencia?
¿Qué actitudes adoptan los medios de comunicación públicos de la región sobre este tema?
¿Qué clase de información se ofrece a los ciudadanos para valorar esta propuesta?
¿Qué papel se le permite a la oposición en el Parlament respecto a ello?
¿Existe una libertad de opinión pública o privada imprescindible para la toma de esta importante decisión?
¿Saben los ciudadanos las consecuencias reales de esta decisión?
¿Esta todo el tejido social de acuerdo, incluido el económico, en la manera en que se está planteando esto?
¿Hay un sentido mínimo de lealtad y verdad entre las dos posturas para garantizar el ejercicio soberano del voto?
¿Ha habido un ejercicio autoritario del Gobierno central negando la identidad propia catalana?
¿Se ha impedido a los catalanes tener el mayor grado de autogestión de todo el mundo occidental?…
…Entonces.
Un cordial saludo.
Todo lo que dice Carlos,ahora, tiene seriedad. Pero eso es quizás lo que hay que expresar y no otros argumentos de confrontación.
Las constituciones son activas y tienen devenires políticos. Hay también una refriega de competencias administrativas.
Todo se ha politizado y se ha escorado de acuerdo a la oportunidad de gobernanza. Y ahora estamos en eso. En un momento crítico y eso es lo que hay que analizar. No estamos para demonizar ni para agravar la situación por oportunidad electoral.
No sólo son los «nacionalistas» los que tensan la situación. Hay candidatos de otras fracciones que buscan dar el zarpazo y no tienen remilgos para propagar una situación insostenible. Una situación mala para la gobernanza central y la de Cataluña.
Por eso de este tipo de webs uno espera como se titula «Otras Políticas» y no apoyo tácito o evidente a algún partido determinado. Busca uno una reflexión como la de su respuesta.
Muchas gracias