Las enseñanzas del COVID – 19

Que el modelo político, social y económico en el que vivimos está en crisis es una realidad que se está poniendo en evidencia desde hace muchos años. Las sucesivas recesiones económicas, el repunte de los nacionalismos, el declive o la transformación de los valores tradicionales o los efectos no esperados de la globalización, por citar algunos ejemplos, lo vienen anunciando. Pero ha tenido que producirse una convulsión, como la actual pandemia del coronavirus, para que adquiramos la certeza de que las cosas necesariamente tienen que cambiar. Nada va a ser igual que antes, aunque lo pretendamos.

Hay fragilidades, contradicciones y funcionamientos de nuestro modo de vida que están quedando al descubierto. Algunos de ellos ya se habían destapado antes, aunque seguimos sin reconocerlos o sin aprender de ellos. Entre muchos otros, se me ocurren los siguientes:

Muchos trabajos son prescindibles, no pasa nada porque no se realicen durante largos periodos de tiempo, porque los países siguen funcionando sin ellos. Cierto es que son necesarios para que reciban un salario los que los ejecutan, son necesarios para que circule el dinero, pero tanto una cosa como la otra se pueden conseguir con otras fórmulas.

Muchos trabajos se pueden desempeñar desde casa. Hay millones de desplazamientos diarios que no son necesarios. Muchas personas podrían disponer de más tiempo y vivir en sitios más alejados, más amplios y más baratos que en los que actualmente viven.

Las escuelas pueden funcionar de otra manera. Los niños pueden ser mucho más autónomos de lo que se les deja. La educación en casa es posible. Se pueden montar otras iniciativas educativas diferentes de la escuela reglada.

Tenemos escondidos a nuestros mayores. Están confinados en residencias, esperando que llegue su final. Ha sido necesario que mueran muchos de ellos en poco tiempo para ponerlo en evidencia. Aunque lo neguemos, inicialmente la epidemia nos asustaba poco porque solo era fatal para los ancianos. Y los malpensados han llegado a sospechar que algunos estados estaban permitiendo que se propagara porque eso corregía la pirámide de edades y aliviaba las arcas públicas, por las pensiones que se iban a dejar de pagar.

Los Estados disponen de medios sin precedentes para controlar a la población y estos medios son eficaces. La videovigilancia, el reconocimiento facial, la geolocalización mediante el teléfono móvil, el despliegue de policías y militares y el bombardeo mediático en combinación con el miedo y las continuas llamadas a su responsabilidad social, están consiguiendo que los ciudadanos se recluyan en sus casas y sigan las directrices que se les proporcionan.  Habrá que ver qué sucederá si la situación se prolonga durante meses.

Hay mucho recelo y desconfianza entre países. Las fronteras se cierran para proteger a los propios e impedir que entren los ajenos. La pandemia se está afrontando según el criterio de cada nación, incluso de cada comarca o de cada pueblo. Y no se pierde oportunidad para que cada potencia mantenga o aumente su hegemonía sobre las demás. Incluso circulan teorías de la conspiración sobre la intervención de China o de Estados Unidos en el origen de la epidemia.

El dinero es volátil, gana o pierde valor en cuestión de minutos, puede aparecer y desaparecer de un día para otro. No es algo real, sino un acuerdo basado en la confianza de los que lo manejan. Se pierde crédito y la capacidad de endeudarse, de disponer de dinero, cuando los que lo otorgan desconfían de que seamos capaces de devolverlo. Gran parte del sistema financiero está basado en una ficción, en expectativas y especulaciones sobre el futuro.

Como sucedió con la crisis anterior, esta tendrá perdedores y ganadores. Para empezar, están ganando las industrias farmacéuticas y los fabricantes de productos higiénicos y sanitarios; pero también están ganando, tanto o más, los gigantes de Internet. El volumen de datos que se están moviendo es enorme y los pocos datos que les faltaban sobre nuestros hábitos y nuestras relaciones se los estamos proporcionando estos días, accediendo a servicios, como los chats en grupo o las videollamadas, que muchos de nosotros nunca habíamos utilizado.

Es muy posible que la hegemonía de China aumente y que relegue a segundo término la de Estados Unidos. Fue el primer país en el que se inició la epidemia pero también ha sido el primero en recuperarse; en cierto sentido nos lleva ventaja. Y el coste en vidas humanas ha sido menor que el de otros países como Italia, siendo su población 24 veces mayor.

Lo que está claro es que, si no se detiene, los grandes perdedores serán los países menos desarrollados, cuyos sistemas sanitarios son prácticamente inexistentes. ¿Qué sucederá cuando el coronavirus comience a extenderse por África? Por citar uno de estos países, Kenia con 51 millones de habitantes apenas tiene 200 camas de cuidados intensivos. Cierto es que las temperaturas africanas no facilitan la supervivencia del covid-19 y que la población de este continente es la más joven del mundo, pero ambos factores no la hacen inmune.

Algunos políticos son muy miserables y mezquinos, y no pierden oportunidad para obtener aquello que les beneficia. Siguen reivindicando sus nacionalismos, sus intereses, su pequeña parcela de poder, ignorando que las fronteras son artificiales, no siendo conscientes de que los virus conocen la globalización antes de que existieran los humanos y las palabras.

Y así podíamos seguir. Como puede verse, cada uno de estos puntos bastaría para escribir uno o más artículos. Aquí solo se han enumerado y comentado sobre la marcha, no con el rigor y la profundidad que se merecen. Pero pueden ser un punto de partida para reflexionar o para un debate. No pretendo nada más.

3 comentarios

3 Respuestas a “Las enseñanzas del COVID – 19”

  1. O'farrill dice:

    «Nada va a ser igual que antes,. aunque lo pretendamos». Totalmente de acuerdo, así lo espero y deseo. Estábamos en un «carroussel» o montaña rusa del que no éramos capaces de conocer sus muchos riesgos. Habíamos transgredido los principios y valores que nos hacen «humanos» y aceptado nuestra cómoda e infantil falta de responsabilidad social, dejando a otros la organización de nuestras vidas y trocando libertad por una seguridad que ahora se presenta como inexistente. Habíamos banalizado nuestras vidas con intereses bastardos o estúpidos ya que teníamos de todo, éramos como dioses capaces de cumplir todos nuestros deseos con una aplicación de móvil. La soberbia, la prepotencia y la pretenciosidad de la «civilización» creía incluso dominar al Planeta y a su Naturaleza con una simple decisión política. Es hora de salir de la burbuja «guay» para enfrentarnos, como ha hecho la Humanidad a través de toda su historia, a cambios y adaptaciones del «sapiens» a las circunstancias y condiciones que la Naturaleza nos impone. Los virus son parte de esa Naturaleza y estamos condenados a convivir con ellos pero, a diferencia de otros seres, se nos ha dado inteligencia para hacerlo, capacidad para combatirlos y discernimiento para evitarlos. Nada de eso ha ocurrido y desde hace años las pandemias y epidemias están llegando una tras otra dejando un rastro de muerte y desolación porque no somos capaces de generar seguridad real en nuestras vidas. Estamos en «otras cosas», confiados en el paraguas protector de quienes se han erigido como «poder» pero no son más que tristes y patéticos personajes que intentan dominar el mundo desde el invento de la «globalización» y a través de la dependencia tecnológica (es curioso que en estos días de confinamiento las librerías permanezcan cerradas, mientras que están abiertas las secciones de artefactos informáticos).
    Son días de reflexión que, lamentablemente no servirán de nada si no salimos del bucle destructivo en que nos hemos metido. Si no salimos de los «patrones» ideológicos y sociales que nos han impuesto, quizás es que no tengamos remedio como cultura y como civilización.
    Un saludo.

  2. Sedente dice:

    Muchos trabajos son prescindibles

    Desde luego. Toda la industria armamentística es uno de ellos, por ejemplo.

    Algunos son prescindibles y otros muy infravalorados.
    Alguna vez entre estas páginas he mencionado a la pirámide entre las cosas que les decía.

    No sé si se llega todavía a entender el concepto de lo que aquello construido hace tanto tiempo puede aportar como enseñanza.

    Consideramos la pirámide como un objeto arquitectónico o como una figura geométrica y la utilizamos para explicar desde nuestra estructura social hasta engaños económicos.
    Sí. así es. Las pirámides han sido tergiversadas en muchos sentidos hasta hacernos creer que aquella de entre todas las piedras que hay en lo alto es la más importante y valiosa.
    Muchos piensan, igualmente, que en una estructura social la «piedra» situada en lo más alto debe ser la mejor y más valiosa. La mejor remunerada. Así, nuestra sociedad tiene algunas piedras en lo alto de sus pirámides consideradas como si fueran objetos de culto y merecedoras de privilegios por encima de todos los demás
    Quizás algunos ahora caigan en la cuenta que todas las piedras de una pirámide tienen pocas diferencias entre su tamaño y que no las más altas son las más grandes y ni mucho menos las más valiosas.
    Si quitas la piedra que está en lo alto de una pirámide poco sufre la estructura de una pirámide. Allí seguirá toda su estructura y si te alejas un poco para ganar perspectiva, podrías seguir diciendo: es una pirámide.
    Pero si a una pirámide se le quita una piedra de las de su base, se podría correr el riesgo de que la pirámide entera se desmoronara, o si no entera, una gran parte de ella.
    Entonces, ¿qué piedra es la más valiosa de una pirámide?
    Todas aquellas, multitud de ellas que están en su base, son las más valiosas. Las primeras. Las que soportan mayor peso y mayor carga. Las que sufren más y mayor tensión. Las más fuertes entre ellas. Las más resistentes deben ser aquellas.
    Muchas, cuando nos acercamos a una pirámide, están a nuestro lado y no les damos valor alguno. Las despreciamos pues están manoseadas, ninguneadas, incluso parecen sucias al pie de los caballos como quien dice. La importante es aquella que está arriba, pensamos.
    Aquella que está arriba no es nada sin la que está más abajo.
    Se puede entender ahora todo lo que es el sector primario y su muy mal valorado valor.
    Todas esas personas silenciosas, encorvadas por el sufrimiento y el peso de su carga, sucias y bañadas en sudor por su esfuerzo. Todas aquellas a las que alejamos de nuestra vista por parecer despreciables resulta que son, muchas de ellas, de entre las más valiosas.

    Muchos trabajos se pueden desempeñar desde casa.

    Así es. Muchos trabajos se pueden y se han desempeñado desde casa y desde siempre. Muchos de esos trabajos no han sido considerados como trabajos, ni valorados, ni tenidos demasiadas veces en cuenta.

    Las escuelas pueden funcionar de otra manera.

    Efectivamente. Los niños son pequeños, no estúpidos.

    Los niños son como cofres vacíos, depende de los mayores llenarlos y con qué llenarlos.

    Tenemos escondidos a nuestros mayores.

    Esta es la historia del tiempo en que se quiso convertir a la muerte en un derecho y de repente la muerte vino como fantasma con todo su derecho. Quizás, la muerte, quiera tan solo hacernos recordar que ella siempre está ahí. No nos olvida, ni mucho menos.

    La muerte ha sido testigo de todos siempre. Siempre ha estado ahí, siempre está ahí, no hace falta llamarla.
    ¿Quieren que desaparezca?
    Pues al menos no la llamen.

    Los Estados disponen de medios sin precedentes para controlar a la población y estos medios son eficaces.

    Esclavos de sus caprichos, de su ignorancia, de sus mentiras, de su hipocresía, de la desmedida avaricia, de su gula y de su todo pecado.
    Esclavos de todas sus armas. Sus malas armas.

    Hay mucho recelo y desconfianza entre países.

    Entre países y entre vecinos. Entre hermanos y continentes. Entre sexos y razas. Entre los humanos.
    Por las mentiras y el engaño. Pecado y falta enorme donde las haya.

    El dinero es volátil

    Y una de esas, las mayores mentiras y engaños.

    Como sucedió con la crisis anterior, esta tendrá perdedores y ganadores.

    ¿Quienes serán esta vez?
    ¿Los de siempre?

    ¿En manos de quien está eso?

    En nuestras manos está.

    Algunos políticos son muy miserables y mezquinos,

    Algunos humanos permitimos que otros lo sean y además tengan el poder para ejercer su mezquindad.

    Por cobardes, por negligentes, por perezosos, por nuestra propia mezquindad.

    Por incrédulos.
    Por no creer.
    Por no ser capaces de vernos.
    Por seguir como ciegos.
    Por no decir la verdad.

    ¿Sobrepasé las 300 palabras? ¿Otra vez, otra vez?
    ¿Otra vez todo?
    Les diré que enmudezco cientos.

  3. CACA dice:

    ME SIRVIO DE MUCHO

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