Los anarquistas vieron venir la encrucijada actual

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando la Revolución Industrial y la proliferación de las fábricas dio lugar al surgimiento del movimiento obrero, sus mentes más lúcidas e inquietas pugnaban por definir el modelo de sociedad al que querían aspirar, así como la mejor estrategia para intentar llegar a él.

Semejante desafío intelectual dio lugar a numerosos debates, en los que las formulaciones más filosóficas se mezclaban con otras más prácticas y donde las visiones a largo plazo se superponían y colisionaban con las del corto plazo.

Se suele personalizar el que quizás fue el debate más decisivo en el enfrentamiento que sostuvieron Karl Marx y Mijaíl Bakunin, que llevó a la disolución de la Asociación Internacional del Trabajo en 1876, ocho años después de su fundación.

Marx y sus afines apostaban por un cambio radical que permitiese instaurar una sociedad totalmente igualitaria (sin clases). Para lograrlo era imprescindible, según ellos, organizarse en partidos disciplinados que se hicieran con el control del Estado y, desde ahí, introducir los cambios necesarios. Fue la vía del socialismo marxista.

La alternativa representada por Bakunin, y otros, conocida como anarquismo, pese a algunas coincidencias con la anterior, como el igualitarismo, quedó definida para la posteridad como un rechazo frontal al Estado, por entender que éste, no sólo defendería siempre sus propios intereses, sino que además estos serían distintos de los de la ciudadanía; y, por entender asimismo que cuanto más se fortaleciera al Estado más difícil sería que los individuos pudieran tener los espacios de libertad necesarios para desarrollar sus talentos y para crear, entre ellos, las estructuras de cooperación y de solidaridad que quisieran.

Sin perjuicio de que el planteamiento anarquista era menos convincente desde el punto de vista intelectual y de gestión política, lo cierto es que los acontecimientos posteriores hicieron que se acabase imponiendo el enfoque marxista, pese a las crisis y cambios que este experimentó. De hecho, la emergencia de los Estados de Bienestar en Europa Occidental, tras la Segunda Guerra Mundial, debe mucho a la influencia de los partidos socialdemócratas, entre otros factores.

El Estado de Bienestar ha supuesto mejoras tan importantes para las condiciones de vida de la gente que nadie renunciaría hoy a esas prestaciones.

En la actualidad uno de los problemas de fondo más importantes que tienen las democracias occidentales es el del poder y el dominio que han alcanzado los Estados sobre la vida de los individuos.

Sin embargo, en la actualidad uno de los problemas de fondo más importantes que tienen las democracias occidentales es el del poder y el dominio que han alcanzado los Estados sobre la vida de los individuos. Un poder que, además, se ha establecido de tal manera que es muy difícil evitar que siga creciendo.

En términos económicos, ese poder suele medirse por la proporción de la actividad económica que está en manos de los poderes públicos, es decir, por el gasto público en relación con el PIB, que oscila entre un 40 y un 60% según los países. 

Para su financiación, tales niveles de gasto público exigen niveles similares de recaudación fiscal a partir de los impuestos a los ciudadanos. Cuando esto no sucede, como ya es habitual, es porque se ha preferido financiar parte del gasto mediante el endeudamiento y, por tanto, que sea la siguiente generación la que lo page, en vez de exigir que ese gasto se financie enteramente con los impuestos de los actuales ciudadanos, quizás porque, de hacerlo así, esa presión fiscal podría llegar a ser insoportable.

El control que ejercen los poderes públicos sobre la economía del país es, en realidad, mayor de lo que sugieren esas cifras, porque prácticamente no hay ninguna actividad privada que no tenga que sujetarse a las normas legales dictadas por uno u otro de esos poderes. Actividad regulatoria que, además, aumenta año tras año. Y muchas de esas normas son necesarias, pero otras son muy discutibles.

En todo caso, cada una de esas normas lleva asociada una vigilancia por parte de la institución que la ha dictado para garantizar que se cumple y, si no, sancionar al infractor. Eso significa que, si bien es cierto que muchas veces esa vigilancia no se ejerce por falta de recursos del organismo competente, también lo es que cuanto más prolifera el corpus normativo más se extiende esa especie de control “policial”. 

Teniendo en cuenta que el aumento del gasto en pensiones y en atención sanitaria es prácticamente inevitable debido al ritmo de envejecimiento de la población, y que ambos conceptos suponen más del 60% del total de gastos no financieros del Estado, y teniendo en cuenta además que la capacidad de endeudamiento de los gobiernos está al límite, lo lógico es que la presión fiscal siga en aumento.

Una presión fiscal creciente es cada vez más impopular, y eso obliga a luchar contra la evasión fiscal. Lo cual implica, a su vez, un control cada vez más exhaustivo de la economía de todos los ciudadanos.

Una presión fiscal creciente es cada vez más impopular, y eso obliga a luchar contra la evasión fiscal. Lo cual implica, a su vez, un control cada vez más exhaustivo de la economía de todos los ciudadanos. Por tanto, no solo pagaremos más impuestos, sino que además estaremos mucho más vigilados por la inspección tributaria.

Para completar este panorama habría que añadir el control al que podemos ser sometidos, con el pretexto de preservar la seguridad, gracias a las inmensas posibilidades que ofrecen los avances tecnológicos y los hábitos sociales. 

La cuestión es: ¿cuánto puede seguir creciendo este control estatal, de tipología variada, sin que explote el modelo sociopolítico que tenemos?

Por otra parte, es evidente que si no existieran estos poderes públicos estaríamos absolutamente en manos de las megaempresas privadas, cada vez más poderosas.

Por otra parte, es evidente que si no existieran estos poderes públicos estaríamos absolutamente en manos de las megaempresas privadas, cada vez más poderosas. ¿Significa esto, entonces, que no nos va a quedar más remedio que elegir entre estar plenamente dominados por las grandes empresas privadas o estarlo por los Estados? ¿O por una combinación de ambos, como en su versión extrema encarna la China actual?

Aquí me vienen a la cabeza los ecos de algunas de las ideas de aquellos anarquistas. Unas ideas apenas elaboradas pero que, en lo concerniente a los riesgos que podía generar un Estado potente, podrían ser calificadas como de visionarias.

Hoy en día ninguna solución mínimamente aceptable pasaría por la desaparición del Estado, tal como propusieron los anarquistas. Ni sería aceptable el igualitarismo extremo al que se apuntaron. Pero tampoco veo ninguna solución que no pase por potenciar al máximo el activismo ciudadano. Un activismo que sea capaz de organizarse libremente en multitud de iniciativas sin afán de lucro y en beneficio de la colectividad, y convertirse, en su conjunto, en un poder emergente que llegue a tener capacidad para vigilar y contrarrestar los excesos y abusos, tanto de los poderes públicos como de los poderes privados.

Este movimiento de activismo ciudadano, todavía muy incipiente, parece destilar algunos rasgos que me recuerdan lejanamente al antiguo anarquismo, tras corregir, eso sí, el radicalismo y la violencia que caracterizó aquellos tiempos y adaptarlos a los actuales.

Si algo parece caracterizar a este movimiento ciudadano es el reconocimiento de su propia responsabilidad hacia la sociedad y su disposición a ejercerla activamente, con el consiguiente distanciamiento y pérdida de confianza en la capacidad de los poderes públicos para resolver los problemas a los que se enfrenta la sociedad. De ahí a cuestionar y rebajar la autoridad de esos poderes hay solo un trecho. Esto me recuerda al rechazo que predicaban los viejos libertarios hacia la autoridad del Estado. Aunque también concuerda con los planteamientos del liberalismo original.

Otro rasgo que parece caracterizar a este movimiento es el del desarrollo de una cultura de la cooperación y de la solidaridad. El voluntariado y el activismo sin afán de lucro no se pueden entender sin esa cultura. Creo que quien se embarca en este tipo de proyectos acaba contagiándose de un “virus” cooperativo y solidario que también me recuerda a uno de los componentes principales del “credo” libertario.

(…) tiene interés saber que, ante el dilema que se nos plantea en la actualidad entre el sometimiento a los poderes públicos o a los poderes privados, cabe la opción de un potente activismo ciudadano que, con distintos nombres y ropajes ideológicos, ya intentó emerger en diversas ocasiones a lo largo de nuestra Historia.

Por último, señalaría que ese aprecio por hacer cosas en beneficio de la sociedad y excluyendo el lucro personal, conecta, en mi opinión, con los reparos que muchos filósofos y revolucionarios políticos de los siglos XVIII y XIX (y desde luego los anarquistas) tenían hacia la propiedad privada, por considerar que el cultivo del lucro personal era incompatible con el trabajo por el bien común. 

Obviamente, a estas alturas no tiene sentido resucitar ideologías del pasado, sea el anarquismo o sea cualquier otra, pero sí tiene interés saber que, ante el dilema que se nos plantea en la actualidad entre el sometimiento a los poderes públicos o a los poderes privados, cabe la opción de un potente activismo ciudadano que, con distintos nombres y ropajes ideológicos, ya intentó emerger en diversas ocasiones a lo largo de nuestra Historia. 

12 comentarios

12 Respuestas a “Los anarquistas vieron venir la encrucijada actual”

  1. O'farrill dice:

    Manuel: ya estamos sometidos a los poderes privados («Poderes salvajes» de L. Ferrajoli) porque éstos han sometido a los gobernantes y a la política. Si nos damos cuenta la mediocridad (salvo excepciones) cuando no la total incompetencia es el denominador común de los dirigentes públicos que han surgido en los últimos años. Sólo la inercia institucional ha evitado algunos extravíos, pero ahora parece que todo está bajo control de lo que podemos llamar «neoliberalismo o capitalismo social-comunista» (un oxímoron en toda regla). El dinero ha tejido las redes clientelares correspondientes y se ha apoderado de las mentes de una gran mayoría de ciudadanos.
    Los librepensadores ya no tienen sitio y sólo queda espacio para quienes repiten machaconamente los «relatos correctos», en una sociedad donde los poderes están totalmente imbricados en una mezcla que impide saber donde empieza lo público y donde los intereses privados. La confusión («si no los convences, confúndelos…» Truman) está servida aunque todavía haya «herejes» que cuestionan los dogmas oficiales desde el conocimiento, la racionalidad o el simple sentido común.
    El hecho incuestionable parte de una interpretación equivocada e interesada de lo que se llama «Estado» (la organización política y administrativa de los ciudadanos) para entenderlo como el gobierno, el «cesarismo» antidemocrático de los ejecutivos pronosticado por Spengler a principios del siglo pasado. El «demos» ha desaparecido por una visión distópica de quienes manejan el mundo de acuerdo con sus intereses particulares, servidos por los supuestos representantes de los «parias de la Tierra». Las redes son inmensas y están bien engrasadas, pero muestran sus muchas carencias. Sobre todo intelectuales y morales.
    Un saludo.

  2. pasmao dice:

    Buenas tardes Don Manuel

    Acertada exposición aunque discrepo de esa contraposición que se nos hace entre condenarnos a vivir bajo el amparo del Estado versus vivir bajo el amparo de eso grandes capitostes. No hay contraposición, es lo mismo.

    El socialismo, en su lucha contra el anarquismo, no ganó porque tuviera mayor potencia conceptual si no porque tuvo el apoyo del capital. Paradójico pero muy cierto. Hace 150 años esos capitalistas ya vieron que su mejor aliado para acceder al reparto de oligopolios y disfrutar de legislaciones ad hoc era tener un Estado bien potente y que metiera la nariz en todo.

    Se equivoca con el problema sea la cantidad de recursos que hay que dedicar a atender a una sociedad crecientemente envejecida, recursos en sanidad y pensiones. El problema de que ello sea muy caro es que precisamente se ha estatalizado su gestión y prestación y de esa gestión y prestación viven muy bien toda una serie de empresas muy privadas que no compiten unas con otras; si no que viven de su colusión de intereses con el estado.

    Es necesario que el sistema sea intrínsecamente caro porque ello legitima ese estado policial que cada que pasa interviene mas en nuestras vidas. Y no para prestar nuevos servicios, si no para encarecerlos aún mas y dar otra vuelta de terca mas que justifique una mayor intervención.

    Lo mismo pasa por ejemplo con el Consorcio USA ese. Se lleva un pastizal del PIB USA, se ha llevado por delante hasta al último presidente, y a saber si al anterior. Y ¿para qué?

    ¿Para tener un ejército y una maquinaria que de pánico al enemigo?, cuando vemos que chinos y rusos con presupuestos mucho menores se parten la caja con las prestaciones del ejército USA.

    No.

    Se ha hecho para lo mismo que existía el Ejército, cómo existía, en la época de Franco. Eso es, para que la población supiera quien mandaba. Con un ejército cómo dios manda no lo habría tenido tan fácil Marruecos en Ifni, ni después en el Sahara. Pero si el presupuesto se dedicó a montar una unidad de caballería en Madrid, junto a la Autónoma, en vez de en Cádiz a un paso del Estrecho pues pasan las cosas que pasaron. Y si en USA no se dedica suficiente presupuesto a montar guerritas «abroad», que fue lo que hizo Trump (no montó ningún lío fuera), al final lo pagarás. Y lo pagó.

    Tenemos el caso de todo ese monstruo dedicado al aparato energético. En España es paradigmático, pero por desgracia es algo occidental. Global NO porque ni en China ni Rusia comen de la cosa del cambio climático antropogénico.

    Y que se consigue con eso: Un incremento feroz de los costes de generación amen de unos impuestos disparatados. Beneficiarios: el Estado y los oligopolios. Ahora las petroleras son verdes. La leche.
    El principal error del anarquismo fue su negativa a considerar la propiedad privada cómo legitimador de la libertad del individuo.

    Intentar legitimar el anarquismo rescatando su parte solidaria, cuando la solidaridad está infectada de estatismo (sólo hay que ver cómo se financian las ONG) es insuficiente y hasta peligroso, dado que es muy fácil manipular esos movimientos solidarios.

    Hacer entender al anarquismo que la mejor posibilidad de ejercer sanamente sus ideas solidarias pasa por reconocer esa propiedad privada que los capitostes de Davos odian, mientras pasean su mantra «no tendrás nada y serás feliz» es algo mas que necesario.

    Es imperativo.

    Anarquismo/propiedad privada/familia-patria versus estatismo/oligopolios/globalísmo.

    Esa es la cuestión

    Un cordial saludo.

    1. Manuel Bautista dice:

      Interesante su comentario, estimado Pasmao. Es de los que hace pensar y eso siempre es de agradecer.

      No obstante, discrepo en algunos aspectos. En particular me voy a centrar en dos de ellos.

      Respecto a que el socialismo ganó en su lucha con el anarquismo por el apoyo del capital, a mí me cuesta verlo así. Retrospectivamente, suena verosímil. Pero, situándonos en aquellas circunstancias no me lo parece.

      Es cierto que, puestos a elegir en aquella época entre socialismo, anarquismo y comunismo, la gente con mucho dinero habría elegido a los primeros por infundir menos miedo que los otros dos. Pero, supongo que la mayoría de esa gente prefirió apoyar a otras opciones más próximas, en lugar de embarcarse en experimentos “raros”. En España, por ejemplo, a la CEDA.

      Quizás en aquella época (finales del XIX y principios del XX) pudo haber algunas personas, con mucho poder económico, que tuvieran la intuición de ver que lo mejor era apoyar a los socialistas y a los sindicatos para poder pactar con ellos una evolución política y económica que fuera “razonable” y pacífica, y en la cual el mundo empresarial tuviera acomodo. Pero supongo que, si esas personas existieron, debieron de ser muy pocas y dudo de que tuvieran el poder suficiente como para influir decisivamente en el curso de los acontecimientos a “gran escala”.

      En cuanto a que a los anarquistas les faltó apostar por la propiedad privada, no estoy tan seguro.

      Hoy la propiedad privada forma parte de nuestro ADN y a ninguno se nos ocurriría cuestionarla.

      Pero, desde la perspectiva de aquella época en que casi no había clase media y entendida la propiedad privada no solo como el derecho a poseer propiedades, sino también como el derecho a comerciar con ellas para generar beneficios y multiplicar esas propiedades, entramos ya a hablar del capitalismo. Y si, además, añadimos el derecho a heredar las propiedades de tus padres, ya hablamos del capitalismo a gran escala. Todo este discurso implica una legitimación y naturalización del afán de enriquecerse y, por tanto, de priorizar mis intereses (y mi egoísmo) sobre los colectivos, que yo creo que estaba en las antípodas de los planteamientos anarquistas.

      Posiblemente, si hoy volviera a surgir el anarquismo y se pudiera distinguir claramente entre la propiedad privada de uso común (tu piso, tu coche, etc.) y la propiedad privada a gran escala, seguramente aceptarían la primera, pero seguirían rechazando la segunda.

      No obstante, también conviene tener presente que algunos de aquellos anarquistas (una minoría, obviamente) hilaban muy fino y señalaban que la propiedad privada estaba íntimamente asociada con al afán de posesión y que ese afán (se aplicase a objetos, a familias, a la tierra o a la patria) implicaba una línea divisoria entre lo mío (o lo nuestro) y lo de los demás, y por tanto una restricción al interés cooperativo de «construir entre todos y para todos».

      Un cordial saludo

      1. pasmao dice:

        Muchas gracias por contestarme y poner un poco mas de luz en éste tema Don Manuel.

        Posiblemente no logré explicarme del todo. Cuando comenté que los socialistas «ganaron» a los anarquistas gracias al apoyo del «capital» no me referí a que ese apoyo se produjera como resultante del equilibrio devenido de que el capital cediera parte de sus beneficios a costa de una paz social (que con el tiempo acabó siendo esa socialdemocracia/estado de bienestar) que le garantizaba un consumo continuado en el tiempo. De eso lo hubo sin duda.

        Pero yo me refería a que el capital, las grandes empresas si algo dicen que hacen pero en el fondo odian es competir, y si algo odian aún mas es que entren nuevos competidores. Eso de que exista un mercado y de que se tengan que restringir a él, compitiendo con otros pares, no es algo que les entusiasme.

        Y si les es posible que sea el Estado el que les garantice un monopolio/oligopolio o cártel que les evite esa tesitura de competir de verdad… y si se le puede añadir un consumo (lo mas cautivo posible) al que se alimente a través de subvenciones; pues se hace. Obviamente no de manera directa, si no que se hace fomentando a través de terceros que el estado intervenga/controle .. para defender a los ciudadanos de los abusos del capital pero en realidad para garantizar al capital el oligopolios suficiente y así cómo la legislación amiga.

        En el sector financiero lleva ya tiempo, o que es si no la FED. Y es el modelo FED el que se ha trasladado a otros ámbitos, bien sea prensa/medios/agencias, energía, armas, farmacéutico…

        Modelo donde las economías de escala mandan, donde las naciones sobran y donde el Estado que pivotaba sobre la Nación (Estado-Nación) ha mutado a esos estados plurinacionales, embriones del Estado Global.

        El modelo histórico son esas Compañías de las Indias, Orientales o Occidentales, que tan buenos «servicios» rindieron a sus diversas coronas, británicas y holandesas principalmente. Pero que dejaron un rosario de devastación allí donde pusieron el pie. Y que en el caso americano (a donde huyeron esos peregrinos huyendo de la inmoralidad depredadora que provocó ese mismo sistema en sus territorios de origen) acabó también en un levantamiento que dio lugar a los USA. Hasta que la degradación del sistema useño (degradación cuyo estudio es tabú) hizo que acabaran adoptando ese mismo sistema, aunque «agiornado»

        Esas «Compañías» necesitan de un Estado «socialista», lo mas global posible, que las ampare. Eso es Davos.

        No es casual que muchos se los próceres del socialismo, empezando por el propio Marx/Trotski o han sido niños mal de casa bien, o han sido «apadrinados» por niños mal de casa bien.

        Y cuando me refiero al respeto por la propiedad privada del anarquismo.. me refiero a que si ahora el anarquismo quiere tener alguna posibilidad debe analizar realmente si esa idea del egoísmo que se deriva del apego egoísta a una propiedad es realmente mucho peor que el que no haya propiedad y toda dependa de un Estado, que luego es tutelado por un club de intereses particulares ( y siempre será así, porque es por eso y no por lo del Leviatan por lo que existe el Estado como sabemos que existe).

        En mi opinión de la existencia de numerosos intereses egoístas particulares no amparados por el Estado siempre será mas fácil que los vulgares mortales encontremos espacios de libertad donde la generosidad con nuestros semejantes no pueda ser secuestrada por un «contrato social» (que no cae del cielo).

        La propiedad, incluida la del dinero en metálico, es en estos momentos la mejor garantía de que la solidaridad es posible. Quizá sea condición necesaria aunque no suficiente. Pero así están las cosas.

        Un cordial saludo y muchas gracias por haber tenido la paciencia de leerme y contestar

        1. Manuel Bautista dice:

          Estimado Pasmao,

          Con su aclaración le he entendido mejor y coincido mucho más con usted.

          Es cierto que entre los Estados y las grandes empresas nacionales hay mucha (quizás demasiada) convergencia de intereses.
          Incluso a nivel de la UE se habla de la necesidad geoestratégica de fomentar la creación de “grandes campeones” que puedan medirse de igual a igual con las grandes corporaciones estadounidenses y chinas. Y, claro, la aspiración de los gobiernos de Alemania, Francia (y, ojalá, también España), sería que esos grandes campeones fueran de nuestra nacionalidad.

          Es un tema que confieso que no tengo claro: ¿necesitamos esas grandes empresas, con su correspondiente dosis de monopolio, mercados semi cautivos y complicidades de los gobiernos, porque realmente sean las locomotoras que tiran de nuestras economías creando empleos? ¿O es preferible fomentar empresas de menor tamaño y que de verdad compitan entre sí, aunque exista el riesgo de que llegue una gran empresa extranjera y se las coma?

          En todo caso, como muy bien apunta, amigo Pasmao, entre esas grandes empresas y sus respectivos gobiernos (Estados) hay muchos incentivos para que se produzcan muchas complicidades.

          Sigo creyendo que hablar de “enfrentamiento” de intereses entre los poderes públicos y los privados, como planteo en mi artículo, es cierto. Pero, solo en parte. También hay el riesgo de que ambos poderes se asocien demasiado.

          Como, por ejemplo, cuando los gobiernos quieren ayudarles a que ganen cuotas de exportación y, para eso, haya que ayudarles a que sean más competitivos a nivel internacional, aunque sea con subvenciones bajo cuerda. Cosa que, por otra parte, sabemos que hacen todos los países, incluso los que van de adalides de la libre competencia.

          O, por ejemplo, cuando pensamos en industrias muy de elite, como la aeronáutica, donde solo unos pocos (hasta ahora, EEUU, Europa y ya China) pueden aspirar a tenerlas. O si pensamos en el sector farmacéutico, tan de actualidad ahora. O en los bancos. O en la industria armamentista. Etc., etc.

          Es un tema complejo y, como digo, yo no lo tengo claro.

          En cuanto al otro tema, el de la propiedad privada. Para mí está claro que, si la elección es entre propiedad privada y propiedad estatal, es necesario proteger a la primera. Pero, probablemente, esa elección tiene más matices. No es lo mismo la propiedad privada de la pequeña y mediana empresa, incluso de algunas grandes (como Inditex), que la propiedad privada de Amazon, Google, etc.

          En cualquier caso, estoy de acuerdo en que la posibilidad de que emerja una sociedad civil con muchas organizaciones sin afán de lucro y realmente independientes de las subvenciones públicas (NO gubernamentales), depende, entre otros factores, de que los ciudadanos tengamos suficientes recursos propios (propiedad privada, en definitiva) como para poder financiar a esas organizaciones. Y, evidentemente, si la presión fiscal sigue creciendo, esa capacidad financiera de los ciudadanos se asfixia.

          En fin, el tema da para mucho.

          Un cordial saludo.

          PD: Que conste que me quedo muchas veces con ganas de comentar muchas de sus intervenciones, y de las de otros compañeros/as comentaristas, por el interés de lo que plantean, pero me es imposible por falta de tiempo.

  3. R. Estévez dice:

    Esta señora lo explica bastante clarito en el Congreso de los Diputados.
    https://www.youtube.com/watch?v=pRDp-EyZrEs

    También en Instagram.
    https://www.instagram.com/tv/CKy4ahPq8Mp/?igshid=cnk98zvw3cz9

    Videos como este circulan por todo el mundo y parece que lo tienen todo tan controlado que es imposible mover un dedo.

    Esto, naturalmente, no se improvisa. Lleva décadas.

    1. O'farrill dice:

      Magnífica la intervención de la diputada de Vox ante una supuesta responsable de esa «Agenda 2030» impuesta por los de siempre. Pero no se hará mención a ella en los medios de comunicación o se retorcerá según convenga.
      Se trata de una comisión parlamentaria para los «objetivos de desarrollo sostenible», más palabras huecas que ni siquiera tienen oxígeno en ellas, sino el dióxido de carbono tóxico encerrado en la mascarilla. Hablan de «desarrollo» cuando pretenden una visión distópica de las actividades humanas (muy interesante en el reparto de dinero el dedicado a las «actividades artísticas que promuevan la agenda 2030″en las que cualquier parecido con «desarrollo» es una broma de mal gusto.
      Gracias a R. Estévez por esta aportación tan racionalista, tan sensata, tan contundente, de la diputada de Vox que me recuerda otra de una diputada italiana dando pelos y señales de lo que estaba ocurriendo con la pandemia. Gracias a Ligur, Pasmao, Loli y Oquendo por sus acertados comentarios en la misma línea de denuncia de las muchas imposturas que se nos ofrecen cada día.
      Un cordial saludo a todos.

  4. Manu Oquendo dice:

    Hay un dicho inglés que dice que el Demonio, la perdición, está en los Detalles. Y en cuestiones como las que suscita el artículo, el refrán se cumple de tal modo que ahora mismo se podría escribir un buen libro sobre la «fabricación del consenso social» y sus recovecos.

    Por ello me gustaría añadir algunas consideraciones –de «detalle»– a lo que plantea D. Manuel.
    Pero antes un dato sobre los orígenes modernos del Welfare State en Bismarck que en el siglo XIX llevó lo que se conocía como «el cristianismo práctico» a la sociedad. Es interesante recordar los antecedentes históricos desde Bismarck a Beveridge para ver que hoy hemos traducido de modo sesgado la expresión Welfare –en sentido estricto la «ayuda» a quien no puede valerse por si mismo. Les invito a que vean la Wiki al respecto porque es bastante ilustrativa.

    En cualquier caso todas estas iniciativas conservadoras, sindicales y liberales se van instalando a lo largo del siglo XX hasta llegar a la situación de finales de dicho siglo donde, incluso desde el Socialismo, se constata que………………… el sistema no es viable.

    Así, en España, un miembro de la actual ejecutiva del PSOE, D. Manuel Escudero, –un raro intelectual de izquierdas con buenos fundamentos y poco dado al oportunismo– escribió lo siguiente poco antes de encargarse del Programa 2000 del PSOE de entonces. La obra es «Pleno empleo», editada por Espasa en 1998. Veamos dos párrafos de la página 53.

    Cito:

    “El resultado de todo este conjunto de diferenciales en los costes de producción (incluye en ellos como no podía ser de otra forma los enormes costes fiscales) es la nueva ventaja competitiva del resto del mundo frente a Europa”

    Un poco más adelante cierra el capítulo así:.. ”..entonces sólo quedan dos salidas: O Europa hace un esfuerzo colectivo de moderación de rentas, de todas las rentas, o Europa desciende significativamente el tamaño del Estado, los impuestos y los costes sociales asociados a los salarios”.

    Fin de cita

    Dicho lisa y llanamente: o en Europa se empobrece todo el mundo sustancialmente o hay que reducir de forma importante el tamaño del Estado y la Fiscalidad asociada a los Salarios. Algo que evidentemente ningún partido socialista va a plantearse y de hecho ya es evidente que han optado por la primera opción: «se empobrece todo el mundo sustancialmente».

    Es decir, cualquier cosa antes de corregir los vicios del sistema político hoy convertido en PDT — Puro Despotismo Terminal– que sigue explotando el Proceso de Compra del Voto hasta más allá de cualquier límite razonable. «Como sea».

    Así, por ejemplo, en el tema de las Pensiones que todo el mundo y sus «expertos» dan por inviable, resulta que lo que en realidad sucede, lo que ha sucedido y se oculta, es que —como muestra la Revista (física) de Funcas, número de Septiembre del 2008, en el trabajo que publica el entonces profesor Alonso Meseguer sobre pensiones—, el Estado ha echado mano de más de 265,000 millones de Euros de SUPERÁVITS de Contribuciones para pensiones contributivas. A lo largo de los treinta años antes del 2011. Un dato que muy poquitos periodistas han comentado –la excepción fue F. Núñez entonces en El Mundo–.

    El Estado ni ha devuelto dicha cantidad –ni la ha contabilizado como Deuda con la SS Pensiones Contributivas–. Esto es muchísimo más dinero que los déficits actuales de la SS que surgen fundamentalmente porque «El Populismo Gobernante otorga pensiones por encima de sus cálculos actuariales para COMPRARSE VOTOS con cargo al presupuesto de las Pensiones Contributivas»

    Es decir, tenemos unas cuentas del Estado falsas –falsedad en documento público– con un agujero contable del orden del 25% del PIB. Y todos tan contentos, desde González a Aznar y Zapatero que fue el último que tuvo superávit de contribuciones (algo más de 8,000 millones en 2010 de los cuales echó mano de 6,000 para levantar aceras y volver a hacerlas).

    No es posible opinar con fundamento sobre nuestro Sistema de Pensiones contributivas ignorando hechos y datos de este calibre. Y esto es lo que terminan hacirendo. Estafar a todos. A los pensionistas contributivos y a los jóvenes que, a causa de estas Políticas Públicas han perdido empleo industrial a raudales y se ven sujetos a empleos tipo «minijobs» o al desempleo vital. ¿Qué futuro? ¿La caridad? ¿La imposibilidad sistémica de valerte por ti mismo?

    ¿Y ahora pretenden escurrir el bulto y crear una «Brecha» generacional? Lo están haciendo deliberadamente.

    Detalles como el anterior, muchos.
    Pero el Silencio cómplice cabalga también a lomos del Presupuesto como estamos viendo en nuestra prensa.

    Saludos cordiales

  5. Loli dice:

    El concepto de “propiedad” y el de “propiedad privada”, me parece un tema interesante en el que, al menos desde un punto de vista general y oficialista, no se ha reflexionado, o profundizado, todo lo que su posibilidad divulgativa pudiera dar de sí, a pesar de haber sido estudiado y abordado desde la Antigüedad hasta nuestros días de forma exhaustiva.

    Y es que parece que el concepto de “propiedad” está ligado al “deseo”, y además priorizando en la acepción de este último al de la “adquisición” llevando casi de manera absoluta su objetivo al de “supervivencia” meramente material, aunque se reconozcan elementos que “tienen un aspecto intangible, que abarcan las ideas, las creaciones artísticas, las invenciones e incluso el propio espacio que nos rodea”.(Propiedad y Libertad, Richard Pipes).

    La historia de los conceptos arriba mencionados es antigua, larga y está muy documentada.

    Es notable la observación del autor antes citado respecto a que las sociedades con más sentimiento de dependencia de poderes gobernantes, lo que supondrían los Estados, fueron, en la Antigüedad, civilizaciones donde los mismos “reclamaban la propiedad de todos los recursos productivos”, bloqueándose, seguramente, de tajo una buena parte de la posibilidad de consciencia de las gentes de que tenían capacidad para vivir por sí mismas de “otro modo”, y solo cabía la sensación de una vida dominada por asumir la situación de “servilismo” o de “esclavitud como algo inherente a esa existencia.

    Curiosamente, en organizaciones sociales en las que por una razón u otra, y en un determinado espacio de tiempo muy concreto, florecieron el pensamiento y las artes, también asomaron otras posibilidades de vida, y apareció el término de “libertad” asociado a una independencia del individuo no solo económica, sino, sobre todo, sobre la idea, la percepción de la persona sobre sí misma, como individuo diferenciado, y su relación con el entorno, que por supuesto, no tenía, entonces, más remedio que cambiar también.

    Fueron la cultura griega y romana las que profundizaron en esos términos y lo extendieron, igual aún sin pretenderlo, como semilla a ser esparcidas, sobre la futura civilización occidental antes que en otras a las que les costó más incluir, incluso en su léxico, la palabra “libertad” (Richard Pipes del libro antes citado, y esto me parece muy curioso).

    Sin libertad no hay sentido de propiedad, de propio, algo que nace de un trabajo o de una transformación, ambas cosas necesitan de un impulso de la consciencia del hombre sobre sus posibilidades.

    El Estado, en un primer momento, se conformó como garante de esa libertad, hasta que desde las propias democracias, se ha llegado a la impostura de que sea la propia población la que pida a ese Estado que le prive de “libertad”, en aras de “garantizarle” una seguridad imposible.

    Podemos pensar que con las democracias, tal y como las hemos experimentado, se acaban las opciones sociales más equitativas y justas para el ser humano.

    Pero es que, simplemente con echar un vistazo a todo lo que se ha profundizado al respecto de los conceptos de “libertad”, “propiedad”, “lo privado y lo público” y el papel del Estado en que se han ido conformando las sociedades a lo largo de la Historia, a lo mejor se podría concluir que quedan un motón de posibilidades aún no exploradas, pero sí debidamente intuidas e incluso expuestas en planteamientos teóricos, a lo largo de los tiempos.

    El problema, o uno de los problemas, puede que radique en los “valores”.

    Incluso se podrían explorar otros “puntos de vista” con los que mirar o definir el dinero, o los propios bienes: la propiedad privada derivada de un trabajo transformativo, productivo…dinámico, a lo mejor no va ligada, necesariamente, al “ánimo de lucro meramente personal», en su acepción más esencial.

    El dinero o las posesiones materiales, pueden ser también un reflejo de una situación interna del hombre, que ha petrificado esos valores en una serie de mecanismos y acumulaciones materiales.

    El Estado encargado de garantizar la libertad pervierte su función, se pone al servicio de un “capital” (lo que está a la cabeza, lo que manda, por el valor o importancia que se le ha asignado), que busca una generación de riqueza acumulativa en manos de unos pocos encargados de su movimiento y distribución…y no tienen la menor intención de renunciar a ello, como bien constata Pasmao en su comentario.

    El Estado de una forma u otra se convierte en totalitario, desde el directamente comunista, hasta el del bienestar que se apropia de todos los “derechos” que el ciudadano ha ido delegando en su estructura, en apoyo, efectivamente, de las transformaciones que esa “cabeza”, ese “mando” capital le va demandando en aras a buscar arquitecturas económicas y sociales que mantenga su dominio, como parece estar ocurriendo.

    Pero puede que el principal soporte de esta especie de movimiento pendular hipnótico en el que la psicología de los individuos parece mecerse, y adormecerse, sea el peso de una inercia que cuanto más dure, más peso tendrá, más difícil dar un salto aventurero hacia otros caminos.

    Del mismo modo que, en su momento, sociedades imbuidas en modelos emergentes de ciudades y estados, en algún momento algunas de ellas fueron capaces de albergar desarrollos del pensamiento, de la cultura y de las artes que movilizaron las consciencias, rompiendo o posibilitando que el hombre pudiese, al menos, cuestionarse su estado en la organización social y cambiarlo, quizás, ahora también, exista una oportunidad para replantearse esa dependencia psicológica y anímica de un ente por encima de las personas que “vele” por ellas constantemente.

    La inteligencia requiere una adecuación de la razón a las circunstancias.

    La posibilidad de muchas ideas respecto a qué se puede hacer desde todos los ámbitos de la sociedad, con los resortes que existen y con las carencias que se pueden producir, al menos es algo que está muy a “mano” y de hecho es algo que se está extendiendo.

    Entiendo que a lo mejor no hay que ser muy ambicioso en cuanto a resultados en plena vorágine como la que vivimos.

    Pero tenemos la ventaja de encontrarnos en una sociedad con las bases estructurales suficientes, incluso también de libertad, todavía, como para poder impulsar dinámicas en la sociedad civil que nos lleven a no rehuir la responsabilidad que tenemos respecto a nosotros mismos y a los demás en la sociedad y en el mundo.

    Hasta ahora, parece que todas las experiencias organizativas sociales han dado por hecho la necesidad de una organización superior que coordinase todas las acciones.

    Quizás sea necesario, pero no significa que esa necesidad deje de serlo si se producen cambios, por ejemplo en los valores que dan carta de poder de mando a esa cabeza denominada “capital”, o que ese capital…transforme sus contenidos, en valores que no puedan responder a los actuales, que no puedan ser acumulados y traficados tal y como lo conocemos ahora.

    En ese sentido, parece que la opción aún no experimentada, efectivamente, sea la libertaria, la que buscaría la tendencia a no ir necesitando de esa coordinación a través de una estructura como el Estado, local o global.

    Lo que, a lo mejor ocurre también, es que una opción que posiblemente requiera de un cambio muy profundo en el propio individuo, en los seres humanos que conforman esa sociedad, pero no es imposible, y creo que tenemos herramientas y opciones, como las planteadas en el artículo, hoy por hoy.

  6. Ligur dice:

    Pues si Manolo, no estamos preparados para mirar al sol de frente, sin protegernos con unas gafas de soldador, ni para vivir sin un estado que nos dirija, nos diga como pensar, que hacer, que decir y como expresarnos. Unos, lo tenemos muy claro, otros pastan en el pesebral de lo que llaman democracia, que, aunque es lo mejor de lo peor, no es lo suficientemente bueno para nuestro desarrollo.

    La idea de ese anarquismo (utópico por ahora), donde el ser humano sabría que hacer, actuar y saber estar en todo momento, donde el desarrollo humano y espiritual sería una meta a conseguir, dista mucho de la situación actual en la que nos encontramos.
    Es curioso, pero ese estado utópico me recuerda al comportamiento de las hormigas que componen un hormiguero. Todas saben cual es el cometido a desempeñar y todas actúan en pos del bien común.

    A ver quien es el San Francisco valiente que dona parte de su sueldo o pensión, deja de utilizar la tarjeta de crédito y arenga a la sociedad a hacer lo mismo, renunciando así, al estado del bienestar conseguido. Atendiendo la pobreza y a los más necesitados.
    Ese predicamento y actuación se podría dar si fuéramos más libres, conscientes (más anarquistas).
    Pero no hay que apresurarse … “ No tendrás nada y serás feliz”, ya nos están allanando el camino y posiblemente no tengamos que hacer nada, nos lo darán todo en bandeja.

    Saludos

  7. Ideal Anarquista dice:

    Que tal Manuel.

    Discrepo con su visión de elegir el mal menor entre estar controlados por el Estado gigante o por megacorporaciones oligopolicas. Las grandes corporaciones monopolicas u oligopolicas se crean gracias a las concesiones de las mafias estatales y los políticos ladrones. Estos empresarios prebendadarios filtran empleados en los gobiernos de turno (sea cual fuere la ideología, son los mismo) y le imponen impuestos, cargas y regulaciones a la potencial competencia, eliminando así cualquier posibilidad de un libre mercado.

    Las conclusiones anarquistas a las que llegaron figuras como Bastiat, Spencer u Oppenheimer entre el siglo XIX y XX son de una actualidad notoria. Si uno derroca a los Estados, derroca el oligopolio de las grandes corporaciones al mismo tiempo.

  8. LITIO dice:

    De toda la exposición que haces en tu artículo me quedo con las últimas líneas: “ante el dilema que se nos plantea en la actualidad entre el sometimiento a los poderes públicos o a los poderes privados, cabe la opción de un potente activismo ciudadano que, con distintos nombres y ropajes ideológicos ya intentó emerger en diversas ocasiones a lo largo de nuestra Historia”.
    Teorizar sobre los distintos modelos sociales que podrían servir para organizar, de la mejor manera posible nuestras vidas y, por ende, nuestra sociedad, está muy bien. Se han escrito infinidad de libros al respecto. Los filósofos más reconocidos han hecho reflexiones notables sobre ello, lo mismo que gran parte de las mentes más brillantes del resto de campos del conocimiento.
    Parece que encontrar el modelo de sociedad ideal es un imposible, una quimera inalcanzable porque presenta una complejidad tan grande que nunca la podremos descifrar. Pero todo eso es solo una cortina de humo, de un humo cada vez más espeso.
    Desde mi punto de vista todo es mucho más sencillo. Llevamos siglos y siglos, diría que casi desde el principio en que comenzamos a organizarnos en pequeñas comunidades humanas, en los que el valor más definitorio de esas organizaciones, no es un valor relacionado con lo que podemos entender como bien común superior, sino con algo tan simple y primitivo como el concepto de tener o no tener.
    Ese concepto es totalmente legítimo y entendible en los primeros estadios de nuestra historia como especie. Es un concepto que vale también para todos los organismos vivos. En su interpretación más simple significa que es la única manera de sobrevivir. Tener comida o morir de hambre, agua o morir de sed, refugio o morir de frío…….
    Pero, acordándonos de Maslow, cubiertas nuestras necesidades básicas, por qué el valor “tener o no tener”, no pasó a un segundo plano en favor de valores que implicaran más altitud de miras y de humanidad. Pues porque la naturaleza humana es egoísta y avara.
    El egoísmo es un valor intrínseco de todas las personas y que no depende de la clase social a la que se pertenece, ni de la educación recibida, ni de las creencias religiosas, o principios éticos y morales que se tengan. La cuestión fundamental reside en cuantificar y controlar el grado de egoísmo que se tiene.
    Qué diferencia fundamentalmente a los Rothschild o los Rockefeller de personas como Vicente Ferrer o Nikola Tesla. Pues el nivel de egoísmo que rige sus vidas. Los primeros tienen un egoísmo insaciable, sin límites; su idea de la felicidad gira entorno a la acumulación sin medida de bienes materiales y poder. Mientras que los segundos presentan unos niveles de egoísmo muy pequeños, diría que los mínimos imprescindibles para poder sobrevivir; para ellos la felicidad reside en proporcionar el mayor bienestar posible a la mayor cantidad de gente posible.
    El egoísmo no tiene por qué ser siempre algo negativo. Si tu familia necesita cubrir unas necesidades calóricas determinadas para sobrevivir, es tu deber proporcionárselas, aun sabiendo que por llevártelas tú, otros se quedarán sin ellas. Es cuestión de supervivencia y, en ese caso, las reglas son las que son. El problema viene cuando te planteas y aceptas la posibilidad de acumular muchas más calorías de las necesarias, privando a otros de la posibilidad de conseguir las suyas.
    Es esta segunda manera de proceder la que está presente en casi todas las sociedades humanas desde el inicio de los tiempos. La que mueve el mundo y lo lleva dividiendo desde siempre en 2 categorías: LOS QUE TIENEN y LOS DEMÁS. Así de simple.
    Debe entenderse por “los que TIENEN”, aquella persona o grupo de personas que ostentan una posición económica, de poder, o de ambas, muy superior al resto de personas que forman la comunidad a la que pertenecen. Gráficamente podríamos representarlos como una pirámide. Así, hay una élite de ricos y poderosos dentro de los más ricos y poderosos, pero también, dentro de la favela más miserable hay alguien con más dinero y poder que el resto de favelistas.
    Los más ricos y poderosos de ellos son los que ostentan el poder y dictan las reglas que necesitan para perpetuarse en su posición, algo que consiguen con la inestimable ayuda de la clase política de turno. Cuando la ignorancia y la superstición alienaban a la humanidad, se hacían llamar elegidos, sumos sacerdotes, faraones o dioses. Más tarde pasaron a ser reyes, emperadores o conquistadores. En la actualidad son presidentes de multinacionales, dueños de medios de comunicación, responsables de grandes fondos de inversión, etc.
    El poder con mayúsculas es único. No hay uno público y otro privado. Esto es un dato objetivo, y lo es, porque la energía que sustenta a ambos se extrae del mismo elemento, el dinero.
    El activismo ciudadano supone un oasis ínfimo de esperanza, dentro del inmenso desierto de falta de valores y deshumanización al que se encamina la sociedad actual. Si el grado de egoísmo personal y social no baja de nivel, en términos globales, ir a mejor no será posible. Y, de seguir así, cuando las condiciones de habitabilidad de este planeta se deterioren aún más, la división entre LOS QUE TIENEN y EL RESTO, originará terribles consecuencias.

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