Leo en una revista que algunos famosos han disfrutado estas Navidades de unas merecidas vacaciones. A mí esto me deja muy tranquila, porque imaginad que hubiera gente en el mundo que disfrutara de unas inmerecidas vacaciones. ESO SÍ QUE NO. Sería gravísimo y no deberíamos tolerarlo. Menos mal que todos llevamos un juez instalado en la chepa para dictaminar qué merecemos y qué no.

¿Por qué son merecidas esas vacaciones? Por lo visto porque han trabajado mucho.

Esto quiere decir que si no has trabajado mucho no mereces unas vacaciones y deberás quedarte en casa todo agosto, a ser posible, sin aire condicionado (el cilicio de hoy). O sea, podrías irte de vacaciones, pero no serían merecidas y los miembros de este jurado popular no lo aprobaríamos.

Aunque espera, hay otra manera de ganarte unas vacaciones: sufrir mucho, pero mucho. Si lo has pasado mal durante una época y puedes demostrarlo, sí que es lícito compensarlo gastando dinero en lo que quieras, viajes a Cancún incluidos. Y tumbarte sobre la arena mientras te repites mentalmente “lo he pasado fatal últimamente, me lo he ganado… ¡Camarero, otro Margarita!”.

Ahora, si no has trabajado mucho y encima has estado contento, tus opciones de disfrutar de lo que sea se reducen considerablemente. Es que tú también…. ¿A quién se le ocurre estar contento así porque sí? ¿Qué clase de inconsciencia es esa?

“Merecer” es, según la RAE “hacerse digno de lo que corresponde”, pero ¿cómo saber qué nos corresponde y qué nos hace dignos de algo? Valorando el sufrimiento, sacrificio o dificultad permanentemente (esto también lo sentencia el juez). Así, el merecimiento acaba siendo una indemnización psicológica inventada y consensuada en una actitud social ridícula.

Si, por ejemplo, tengo el impulso de comprarme unas botas, cuando salga del establecimiento buscaré un argumento que convenza al juez de que, efectivamente, me las merezco y comprármelas no ha sido una frivolidad.

Hemos decidido que el sufrimiento tiene premio y todos queremos un premio. El problema es que si no existe tal sufrimiento, nos inventamos la dificultad para conseguir la compensación. Y la compensación no se limita a comprar un billete a Cancún o unas botas, también se utiliza para comprar el “respeto” de los demás.

El otro día emitían un debate de televisión en el que sus contertulios, en cuanto detectaban que sus compañeros de plató no les tomaban en serio, se enzarzaban en una discusión sobre quién había sufrido más penurias a lo largo de su vida. Unos aseguraban haber empezado a trabajar con dieciséis años, otros con quince, otros con catorce, que solo faltaba uno que afirmara haber empezado a los seis años descargando camiones de fruta al amanecer.  Este último se habría hecho con el respeto de todos sus compañeros. UN MERECIDO RESPETO.

No hay que indagar demasiado para entender de dónde viene este culto al sufrimiento con el que convivimos. Una religión que promete recompensa a cambio de sacrificio acaba generando sufridores; personas cuyo espacio en el cielo aumenta a medida que aumenta su dolor en la tierra. Especuladores del Más Allá.

Esto suena más bien a devotas octogenarias, pero el discurso ha calado profundamente y a menudo nos comportamos como esa señora mayor de misa de doce. Y cuando atravesamos una mala época tendemos a pensar que en algún momento llegará nuestra recompensa. Pues oye, podría ser, pero no existe una lógica matemática que lo certifique. A no ser que la recompensa consista simplemente en superar nuestras temporadas de lágrimas sin llegar a ahogarnos.

El dolor no conlleva un premio. Pasarlo mal no es garantía de luego pasarlo bien. El fracaso no tiene por qué ser la antesala del triunfo. Y esto, que parece una obviedad, no lo tenemos integrado en absoluto.

¿A partir de cuánto sufrimiento empieza el merecimiento? ¿Cuántas horas de esforzado trabajo nos hacen dignos de un premio? ¿Cuántos años de sacrificio nos aseguran una recompensa? ¿Seremos capaces de vivir algún día sin someter a juicio cada paso que damos?

No tengo más preguntas, Señoría.

Me retiro a deliberar.

http://www.youtube.com/watch?v=9dt0drBsFKY

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 comentarios

4 Respuestas a “ME LO MEREZCO”

  1. Xema dice:

    Por la madre de todos los corderos que pedazo de artículo y el video lo que me ha hecho reir jajaja. Un 10 Bárbara.
    Quiero opinar que el echo de «merecernos» una recompensa al trabajo bien realizado (cada uno se pone cotas o metas para dar por terminado su trabajo «digno») es una forma de estímulo para seguir haciendo las cosas para una buena causa.
    Hablar que es bueno o malo ya es tema de otro artículo.
    Gracias

  2. Frost dice:

    Excelente artículo, Bárbara. El pensamiento positivo es uno de los males de nuestra civilización y tiene una fuerte raigambre religiosa. Lo que persigue esta filosofía es que aceptemos el sufrimiento ante la vacua promesa de que todos nuestros sueños se terminarán cumpliendo. Sin embargo, eso no tiene por qué ser así. Pensar que simplemente por desear algo lo obtendremos es simplemente ridículo. Lo mismo que si toleramos cualquier abuso entonces seremos compensados en la misma medida. Es la moral del sádico: acepta unos latigazos más, y luego recibirás el placer que deseas. O no.

  3. Yo misma. dice:

    Buenísimo artículo a leer pero que muy despacio..asimilandólo..
    De entrada pienso, aunque caiga mal..que «hay quién tiene lo que se merece», tanto en sentido positivo como negativo;

    Lo de las religiones no tiene nombre, de la crucifixión por los demàs..a las inmolaciones versus paraíso posterior prometido..todo es demasiado!!…incluída la promesa de vida eterna..de los testigos de J.

    Y esto de los premios y los castigos, quién quienes merecen lo uno y lo otro, y en base a qué Baremación??,

    A nivel social…esto se ve cómo va–los que màs tienen, «merecen màs», que seguro se lo han ganado a pulso?..

    Como las ganas de hablar son pocas, termino con un aforismo de caràcter humanista que dice así, aunque socialmente se entienda poco, » Si persigues un fin, te encadenas. Si todo lo que haces lo realizas como si fuera un fin en sí mismo, te liberas».

  4. elquiko dice:

    Muy bueno. Estoy absolutamente de acuerdo en la primera parte del escrito, aunque me gustaría puntualizar algo sobre la parte final, ya que si bien el sufrimiento no es la inversión que te garantizará una recompensa (tan es así que algunas personas viven en un circulo de agonía permanente, marchándose de este mundo sin salir de ahí) sí es cierto que, a veces, es imprescindible pasar por el dolor para poder superar algo. En este punto distinguiría entre dolor (en ocasiones inevitable) y sufrimiento (que vendría a ser algo así como instalar tu tienda de campaña vital en el círculo del dolor).

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