Australiano de origen, muy alto (y de rápido crecimiento además), feo y de mala reputación. No estoy hablando de Mel Gibson, que no es alto, ni de Russell Crowe, que no es feo: hablo del eucalipto.
Los hayedos o los robledales le gustan a todo el mundo, incluso los pinares tienen su público, pero muy pocos levantarán su espada por un bosque de eucaliptos: son hasta desagradables. Este árbol tiene una fama deleznable, que en gran medida es merecida: su sombra no da cobijo, cerca de él no puede crecer nada, ya que acaba con cualquier otra forma de vida vegetal a su alrededor y consume mucha más agua que otras especies.
Pero lo cierto es que el eucalipto, un árbol que no tiene amigos, es la especie vegetal más plantada en el mundo. ¿Por qué?: básicamente porque cumple la función para la que está pensado; es la que más beneficio reporta con el menor gasto.
El eucalipto es la base de la industria papelera y maderera en extensas regiones del globo, y su cultivo se está extendiendo a latitudes medias y bajas porque, para estas industrias, es la plantación que aporta mayor rendimiento financiero. Solo por poner un ejemplo: según la FAO, la rotación para plantaciones de coníferas de rápido crecimiento en Europa puede ser de entre 20 y 40 años, mientras que para una plantación de eucaliptos puede ser de tan solo seis años.
Es feo y desagradable y a todos nos parece que el bosque ideal está muy lejos de estar poblado por eucaliptos -¿alguien imagina a Bambi y a sus amigos correteando por un bosque de eucaliptos?- pero si lo que quieres es alimentar de madera tu fábrica, el eucalipto es una opción muy rentable. Si solo te interesa la rentabilidad es la opción perfecta.
Pues algo parecido le ocurre a nuestro sistema social-político-económico: a ti y a mí nos parece muy mejorable, nos parece que hace aguas por todos lados y creemos que lo difícil no es hacerlo mejor que los que lo gestionan, sino que, por el contrario, lo que de verdad tiene mérito es hacerlo tan mal como lo hacen.
Tú y yo nos preguntamos, casi cada día: ¿pero tan difícil es hacerlo mejor? ¿Tan difícil es cambiar esa ley estúpida que protege a quien no debe? ¿Tan difícil es repensar esto o gestionar aquello otro para que funcione mejor?
¿Por qué no se cambia nada, si el sistema está tan mal montado?
Te lo voy a decir: porque partiendo de una premisa errónea no se puede llegar a una conclusión correcta, y tú y yo estamos partiendo de una premisa errónea; estamos suponiendo que el sistema funciona mal, cuando no es cierto: el sistema funciona perfectamente para aquello para lo que está pensado. Los políticos, los gestores, la élite dirigente no hace nada mal su trabajo: ¡lo hacen muy bien!
Cuando te dicen que luchan por “mejorar la sociedad” a lo mejor no se están refiriendo a lo mismo que tú tienes en mente. Tú esperas un bosque que sea agradable para pasear y ellos lo que ven es madera que talar. ¡Un eucalipto no tiene que dar sombra, tiene que dar madera! ¿Por qué supones que el Sistema no busca la felicidad de sus ciudadanos?: el Sistema simplemente busca su auto-perpetuación en un entorno lo más “tranquilo” posible.
Porque el sistema no está pensado para que seas más feliz, tengas más tiempo libre o aprendas cosas que te ayuden a formarte como persona, que es lo que a ti te gustaría.
Al sistema tu felicidad le importa tanto como la flora local al que planta los eucaliptos; tratará de que seas feliz y de que vivas lo mejor posible dentro de unos límites, porque no le interesa que te cabrees demasiado; no sea que te levantes una mañana en plan “un día de furia” y la líes.
Al sistema le interesa que tengas tiempo de ocio, sobre todo si ese ocio supone que consumes, pero también le interesa atarte con unos horarios que te condenan.
Al sistema no le interesa que te eduques; le vale con que seas educado, adoctrinado si quieres.
Así que, si aceptas que lo que interesa es que se mantenga el statu quo, que la cosa esté tranquila, te das cuenta de que no lo hacen tan mal. Nuestros políticos no son tan malos como parecen.
Porque lo difícil no es encontrar respuestas, sino plantear las preguntas adecuadas, y al final todo se reduce a la pregunta de qué es lo óptimo para una sociedad. ¿Estamos más cerca del óptimo si todos somos más ricos a costa de unos pocos? ¿O nos acercamos más si unos pocos son mucho más ricos a costa de todos? ¿O, a lo mejor, el óptimo está en que todos seamos menos ricos pero iguales? Eso suponiendo que sabemos cuál es el parámetro para definir riqueza: ¿mayor masa monetaria? ¿Mayor felicidad media?
En Organización Industrial, cuando se trata de optimizar procesos productivos, uno se da cuenta de algo muy curioso: se pueden optimizar los procesos por separado y cada vez te alejas más de lo que consideras el óptimo global; se pueden alcanzar muchos óptimos locales y que estos le alejan del óptimo global, y viceversa.
Por poner un ejemplo: en una huelga a la japonesa en una fábrica, todos los trabajadores desarrollan su empeño con inusitada fiereza, sin descanso y aumentando su horario. Lo que a primera vista es el sueño de cualquier jefe de producción se convierte en una pesadilla cuando se dan cuenta de que el rendimiento de los trabajadores aumenta de tal manera que ninguna línea de montaje es capaz de soportarlo, se rompen los stocks y la fábrica suele tener que interrumpir la producción de una forma mucho más dañina que en una huelga típica.
Para nuestra clase dirigente, lo óptimo es un sistema en el que los que están alejados de los círculos del poder, el dinero y la influencia tengan lo suficiente como para que les de miedo perderlo, mientras los miembros de esos círculos aumentan su capacidad de influencia, su fortuna y su poder.
¿Y de verdad me dices que son malos haciendo su trabajo? ¡Yo creo que son buenísimos!: siguen talando hayas y plantando eucaliptos.
Es magnífico. Y creo que se complementa bien con este otro artículo http://elpais.com/elpais/2014/09/22/opinion/1411396771_691913.html
Por eso creo que intentar ser feliz cultivándose, o vivir artísticamente, es decir, improvisando la vida y la belleza a cada momento, son actitudes que ofrecen acceso a mayores dosis de consciencia de la realidad, que es lo único que puede conducirnos hacia alguna parte que merezca la pena.
Todos queremos vivir en espacios saludables y armónicos, donde la energía telúrica de la tierra junto a la que proviene del cosmos, haga que nuestra existencia en este mundo sea la más “saludable” posible.
Esto es difícil por que la inmensa mayoría del personal ni nos “coscamos” de que existan tales energías telúricas y cósmicas que estén incidiendo en nuestro modus vivendi.
Y aunque ya se sabe que esto existe, a los de arriba y a la inmensa mayoría de los de abajo, nos importa un pepino el tema.
Ya me gustaría poder vivir en el bosque donde después se erigió la catedral de la Asunción de Nuestra Señora.
Dicen, y lo creo, que este mundo está abocado a la homogeneización, un mundo donde todos tenemos cabida, donde las fronteras estén abocadas a la desaparición, donde no solo el dinero pueda circular libremente y las personas queden ancladas a su territorio y a su suerte.
Joer me he metido en un eucalyptal cojonudo solo para decir que todo es relativo Raúl.
Que todo depende donde plantes este árbol, que el eucalipto existe por algo, no es un engendro de la naturaleza como nos quieres hacernos creer. Seguro que Noé lo rescato en el arca.
En Galicia ves un eucaliptal enorme y a sus pies una inmensa y maravillosa alfombra verde de helechos y sin embargo, en Albacete veras un eucaliptal y a sus pies una tierra yerma y despoblada, no es lo mismo plantarlos en La Mancha que en Los Ancares.
No son como los pepinos españoles infectados de E. Coli, como nos quisieron hacer creer, o como la gripe porcina y su virus H1N1 (fueron mentiras programadas).
Si atendemos a las virtudes del Eucalyptus Globulos nos quedaríamos anonadados de todo lo que este árbol nos ayuda en el tema de la salud, tanto en la vertiente alopática como homeopática. Todo es relativo.
En cuanto a lo que te refieres en el tema Político-Social, tienes tu razón y la comparto.
Podrías haber puesto de ejemplo otra cosa.
Creo que aunque El eucalipto se plantara con fines farmacéuticos a Como plantea su ferviente defensor, nos seguiría sirviendo de analogía para el tema que expone el autor del artículo. Que en definitiva entiendo pretende resaltar los valores funcionales y utilitaristas en que está basada esta nuestra sociedad del bienestar, tan preocupada por la salud y el consumo y tan poco por la verdadera búsqueda del crecimiento y la felicidad.
Y digo fines farmacéuticos ya sean homeopáticos o no , ambos forman parte de una industria y un mercado y juegan en el mismo sistema.
En primer lugar poner en buen nombre al eucalipto.
Como todos lo seres vivos que existen, un eucalipto está martilleado por los acontecimientos para hacer lo que mejor sabe, …., sobrevivir. Al igual que un virus está justamente para lo contrario, destruir la vida.
Y, aparte de las propiedades medicinales de algunos eucaliptos, recordemos es un árbol melífero, resiste el fuego, alimenta koalas-”bambi” y demás. Por otra parte los aceites esenciales cuando caen dan un sabor tirando a amargo a todo lo que hay debajo,…
Y por otra parte romper una lanza por –la castuza–. Si bien sabemos que la castuza está llena de gente muy preparada con malas intenciones, al albur del libre albedrío, (recordemos democracia es control del poder público (Estado S.A) o privado (Empresa S.A) ); no es ni mucho menos todo el mérito de ellos.
Mucho de lo que sucede, lo hace porque la gente tiene vocación de borrego. No me creo en absoluto que el grupo imán centrípeto este que llamamos “clase/élite dirigente” tenga tanta coordinación, ni tan buena planificación.
Esto es, estamos en una –Fidecracia– , donde la gente cree en las instituciones y en la justicia cuando es taxativamente de ignorantes creer en algo con métodos de comportamiento tipificados que pueden cumplir o no,…. Creer en “la justicia” es por ejemplo de borregos.
Pero es que la fe no emerge del sistema, sino de la sociedad, que justamente hace lo mismo que el eucalipto, hacer lo que mejor sabe; sobrevivir. Y el resto le importa un pimiento. De hecho el cerebro herramienta es algo que se añadió a la fiesta como por casualidad,…
Y por lo tanto no debemos compadecernos de aquellos que no buscan su libertad.
Por ello digo que toda Democracia aunque se base en la virtud pública (bajo sistemas de control del poder) tiene su toque de anarquía, pues en esencia el individuo no tiene ningún fin claro, como sí tiene el eucalipto.
Que si, que si Leocadia.
Como dije antes, estoy muy de acuerdo con la exposición de Raúl
y con la buena analogía politico-social y el arbolito, ya lo dije antes,
lo
comparto de verdad.
Todo lo que existe es por algo, nada sobra, en este mundo,
desde la ballena azul, hasta el mosquito trompetero, desde el boabab
hasta el esparto, desde el virus Ébola hasta la Clamidia Trachomatis.
todo está donde está.
Leocadiaaaaa, que te enteeeereeeees, un árbol nunca puede ser deleznable,
ni feo, te puede gustar o no.
Vaya por delante que defiendo lo que siento creo defender
y con la intensidad que creo debo utilizar, no escatimo, me da igual
veinte que cuarenta.
Antes un ser humano que el lince de Doñana o el oso asturiano.
Antes un no nacido, aunque vaya a morir al segundo de nacer,
que todas las doctrinas religiosas-politico-sociales-sindicales de este mundo.
Soy un acérrimo crítico de las farmacéuticas, tanto alopáticas como homeopáticas,
por los que muchos sabemos.
Pero ya sabes Leocadia, si te duele la cabeza no compres a la Bayer,
despelleja un sauce con sus hojas, las machacas en un mortero,
calcula la dosis precisa y que tengas suerte.
Y si eres de las homeopáticas, pues nada, haz tu misma la tintura, prepara
la dilución precisa y que Dios reparta suerte.
(también, te aseguro, que te quitaba el dolor de cabeza sin tomar nada,
pero para eso hay que saber).
Que si, que si Leocadia.
Todo es relativo
Usted disculpe señor Martín si mi comentario le ha ofendido, ya que no era esa mi pretensión en absoluto. Si bien entiendo que, aunque parezca que el formato en que dialogamos no lo permita, no debieran perderse ni la educación ni el respeto y por el tono que ha usado para contestarme se deja ver que adolece bastante de ambas, presumiendo además de cierta prepotencia. Gracias por su preocupación pero afortunadamente no sufro habitualmente de dolor de cabeza. Buenos días.
Te pido disculpas Leocadia si mis palabras te han ofendido.