Prisión permanente revisable

Los últimos y dramáticos acontecimientos relativos a la desaparición y muerte de niños y mujeres jóvenes, ampliamente seguidos y difundidos a través de los medios de comunicación, han puesto sobre la mesa la idoneidad de las penas de prisión permanente –para toda la vida– de los asesinos condenados y sentenciados por tales crímenes. El debate ha llegado al Congreso y allí se han retratado las distintas formas políticas de ver los problemas desde la perspectiva del Código Penal.

Asesinatos como los del pequeño y simpático Gabrielito en Almería, la terrible muerte que debió sufrir la joven Diana Quer en el entorno de la ría de Arosa, la aún sin aclarar del todo de Marta del Castillo en Sevilla, la de Mari Luz Cortés en Huelva, y muchos otros, que sin terminar con la muerte de la víctima, sí han supuesto traumas horribles que deberán acarrear el resto de sus días, han sensibilizado y movilizado a la sociedad en general para que el tratamiento penal de estos hechos sea el más contundente de los posibles, incluidas las modificaciones necesarias para que estos criminales no vuelvan a disfrutar de la libertad que el resto de ciudadanos tenemos.

Quizá un debate sobre esto debería empezar por el sentido último que tiene la aplicación de la Justicia a realidades sociales y personales que pueden recaer sobre los ciudadanos de un conjunto social. Para empezar, probablemente el tratamiento que haya que darle a un delito contra la propiedad deba ser diferente a uno de tipo societario, y, sin duda es radicalmente distinto al que haya que hacerse cuando se trata de delitos contra las personas, en lo referente a su integridad física, que cambia mucho de aspecto cuando este tiene como víctimas los menores o los dependientes. Asimismo los delitos de contenido sexual tienen matices sustancialmente diferentes al resto y requieren de un tratamiento específico. Pero también los hay fiscales, comerciales, por drogas, y un largo etcétera, que complican sobremanera el abordaje del problema.

En cualquier caso, y que me corrijan los expertos si me equivoco, el único recurso que tiene y aplica la Justicia es la cárcel. Se trata de apartar al condenado del resto de la sociedad civil, pareciendo esto el principal objetivo –y el único–de aplicar el Código previsto para los delitos (Penal). Otras medidas como la restitución del daño, realizar tareas para la sociedad, la mediación extrajudicial o los tratamientos psiquiátricos, son bastante excepcionales, y sirven para rebajar la pena o para cuestiones de menor rango, pero están lejos de postularse como alternativas al sentido de Justicia que está presente en la sociedad.

Siendo así, el tema se resuelve apartando la manzana podrida del resto, y juntando las manzanas podridas condenadas (no todas, por supuesto), en un mismo espacio que es la penitenciaría. Pese a todo, es posible que este sistema funcione pues se lleva aplicando desde la época del Imperio romano sin excesivos y determinantes cambios, en sociedades y culturas de muy diferente índole, lo que por si solo serviría para avalar el procedimiento, y entender que se está hablando, nada menos, de uno de los pilares de la sociedad.

Y en esta discusión se mezclan constantemente el sentido del castigo con la naturaleza del crimen, con los sentimientos de venganza y con la alarma social, y así es sumamente difícil alumbrar correctamente las medidas que deben tomarse para tratar estos asuntos desde un adecuado sentido de justicia, pues a todos y cada uno se nos suscitan en diferente forma estas lógicas reacciones emocionales.

Desde esta perspectiva, bien entrado el siglo XXI, como sociedad deberíamos plantearnos qué factores estamos primando en la forma de entender y aplicar la Justicia, y si las emociones que suscitan los crímenes han experimentado importantes variaciones en el tiempo, o siguen siendo similares en esencia a las mantenidas a lo largo de muchos siglos de civilización, lo que desmentiría en el fondo el carácter moderno y evolucionado con el que con frecuencia pretendemos investirnos. En este sentido es llamativo que tanto la alarma social como la necesidad de venganza, por activa, sean los argumentos más compartidos por quienes alzan la voz contra los delitos de mayor calado mediático, y por el contrario, sea la naturaleza de los crímenes y el sentido de reparación del daño, por omisión, los que menos presentes están en el debate. Habremos conseguido socialmente, si acaso, abolir la pena de muerte como condena, pero no sé si mucho más.

Dependiendo del momento vital y de las características individuales, que un individuo entre en la cárcel por un largo tiempo –y en algunos casos también cuando es corto–, además de privarle de su libertad individual, supone entrar en un microcosmos concreto, plagado de circunstancias de alto contenido tóxico, como mantener relaciones con otros presos de muy diferente tipo y características, someterse a las jerarquías y escalafones de grupos sociales muy primarios, estar muy expuesto al amplio espectro de estupefacientes, y crear tu propia red subterránea de alianzas y relaciones para la mera subsistencia. Dentro de todo ello, la amplia mayoría de presos sucumbe, si no venía ya de antes, en un universo de depravación y enfermedad, sin expectativa alguna más que el cumplimiento de la condena, y con mínimos márgenes para pensar que algún día pueda salir de aquel infierno, sin tener en cuenta que seguramente cuando salga ya será muy tarde para conseguirlo.

Por ello, el tema de la reinserción, solo para aquellos pocos que alguna vez estuvieron insertos, es un profundo eufemismo procedente de esas ideologías que decidieron desterrar el Mal del alma humana, y creer que no hay que denostar más que al pecado y no al pecador, aplicándole con bastante ceguera aquello de que la privación de libertad es un periodo para que se rehabilite para poder volver a disfrutar del libre albedrío, mientras permanece en uno de los espacios más tóxicos y contaminantes con los que uno pueda encontrarse y de los que bien pocos logran salvarse siquiera parcialmente.

Presos los hay de todos los tipos, pero dudo mucho que haya uno solo dentro de las prisiones que no padezca de algún tipo de deterioro que no entre dentro de las categorías más estandarizadas y aceptadas de enfermedad mental al uso, con un alarmante y notable incremento de las psicopatías y sociopatías con un superficial y escaso diagnóstico, que da mucho que pensar sobre esta sociedad. Siendo esto así en mayor o menor medida, la justicia debería empezar a plantearse de cara al futuro, no solo el actual marco jurídico con sus procedimientos, leyes, procesos y condenas, sino un sistema de reestructuración del delincuente como individuo que ofrezca oportunidades de superar un mal propio, que podemos llamar terapéutico, reorganizador o como queramos.

Como los demás, prefiero vivir en un entorno en el que me sienta seguro de que mis hijos y mi mujer no tendrán que vérselas con alguno de ellos; pero también me gustaría vivir en una sociedad que hace lo posible porque esos enfermos tengan el tratamiento que requiere su trastorno y se les ofrezcan oportunidades no solo para salir de las penitenciarias sino también de la cárcel interior en la que están. Así, además de sentirme seguro también me sentiría orgulloso de la sociedad en la que vivo.

De esta manera le daríamos a la vida el lugar que le corresponde, pero no solo a las nuestras, sino también a los desviados, enfermos, excluidos, viciosos, desalmados, tramposos y cabrones.

7 comentarios

7 Respuestas a “Prisión permanente revisable”

  1. Matias dice:

    Este es un asunto muy polémico, unos piensan en la reinserción y otros en la prisión permanente. Mi opinión es que para los delitos muy graves, como algunos que citas y que por desgracia ocurren con frecuencia, si los políticos no se ponen de acuerdo con la prisión permanente, las penas deberían ser ejemplares y sin reducción de las condenas, creo que cuarenta años íntegros bastarían para no encontrarnos con nuevas reincidencias.
    Lo de legislar en caliente ya no sirve, el calentón es continuo, ocurren atrocidades con demasiada frecuencia.
    Un saludo.

  2. O'farrill dice:

    Yo me pregunto si en el ambiente de «adoctrinamiento» social a que estamos sometidos, no es posible llegar a un debate en profundidad sobre lo que es un delincuente y sus motivaciones para actuar contra sus semejantes. Salvo patologías precisas, siempre hay algo que altera profundamente las vidas de personas normales y las lleva al delito. Cuanta responsabilidad hay en la sociedad para ello, es lo que dejamos siempre en la penumbra. Por ejemplo nos escandalizamos de la violencia, cuando estamos suministrando doctrina violenta a los jóvenes a través de todos los medios audiovisuales. Nos escandalizamos de los delitos de carácter sexual, cuando la pornografía exhibicionista se ha instalado entre nosotros y está al alcance de cualquiera. Nos asombramos de conductas delictivas, pero nos olvidamos de quienes son los inductores o quienes mueven los hilos del tinglado. Abominamos de la corrupción cuando los ejemplos y patrones que conocemos como «modelos» nadan a sus anchas en ella y son incluso respetados socialmente…..
    El castigo no es el único camino, sino la eliminación de factores que son caldo de cultivo para personalidades inmaduras (que hay muchas). Si estamos convencidos de que ir a una velocidad determinada en la carretera comporta riesgos indudables ¿porqué se admite la fabricación de máquinas que potencialmente sean peligrosas? Si creemos que el tabaco es perjudicial para la salud ¿porqué se sigue vendiendo libremente?
    No creo que exista una única modalidad para el castigo tal como se nos está proponiendo, sino un castigo justo para cada caso, procedente de jueces justos, que aplican unas leyes justas.
    Un saludo.

  3. loli dice:

    Están ocurriendo atrocidades continuamente…en todo el mundo.

    Cuando vemos la televisión y asistimos…,quizás comiendo tranquilamente en la mesa de nuestro comedor.., a las imágenes continuadas de abusos, crímenes, gente huyendo con sus familias de muertes seguras, matanzas indiscriminadas, ahogamientos masivos en nuestro “mar entre tierras”…., también nos escandalizamos…, pero no nos quita el apetito, ni nos planteamos salir inmediatamente a la calle pidiendo medidas para que eso no ocurra, ni colocar mesas para pedir firmas que lleguen a nuestros poderes legislativas….nada.

    Una sociedad debe protegerse de aquéllos capaces de cometer barbaridades contra ella.

    El tema es que en el desarrollo de esas medidas proteccionistas, debería ser lo suficientemente…¿cómo decir?…¿cabal?, ¿sensata?…,¿intentar ser madura?.. como para asumir que los delincuentes y los delitos son producto de sí misma, guste o no este hecho.

    No creo que se trate de no tomar medidas, ni mucho menos, pero sí de tratar no potenciar una legislación a “golpe de víscera”, que seguramente no solucione gran cosa.

    Nos duele, y hoy por hoy es lógico, lo que creemos más cercano, pero sin el intento de una visión más amplia, más global e integradora, no sé si una sociedad, desde el espectro limitado de sí misma, será capaz de resolver el tema del crimen y la barbarie en su propio “seno”.

    ¿Es posible la disuasión en el proceso de la psicopatía?.

    Es que no estoy muy segura de que, en una mente desligada de la empatía y del reconocimiento del sufrimiento “otro”( algo que parece ser una de las señas de identidad de la psicopatía), la perspectiva de un “aislamiento social” de “por vida”, o de la “mayor parte de ésta”, suponga un impedimento tajante a la hora de seguir cometiendo “atrocidades” o “delitos” , máxime cuándo esos responden a una “pulsión” irracional, enferma, o simplemente, de abuso sin control de imponer sus deseos sobre todo lo demás, aunque éstos sean completamente “animales” y “depredadores”.

    Habría que plantearse qué clase de sociedad, qué es lo que está fallando desde sus pilares, cómo para que, a estas alturas de su desarrollo, se produzcan individuos capaces de realizar “atrocidades”.

    Cabría preguntarse, quizás también, si factores que nos pasan por desapercibidos, no serán el caldo de cultivo, asimismo, de un estado de insensibilidad generalizada, de esa sociedad, que solo parece moverse y reaccionar ante lo que cree es un peligro solo para ella y sus intereses.

    Es decir…¿no seremos, en el fondo, una sociedad psicópata, desligada de las emociones hacia la situación de otros…?.

    En mayor o menor medida, cada uno gestiona ese entorno psicópata en base a sus capacidades y sus posibilidades…, hay entornos sociales, que directamente, y dentro del modelo, se encuentran fuera de herramientas que permitan esa gestión…

    Esos entornos, parece que seguirán alimentando las razones de la defensa de la sociedad, y la necesidad de aislamiento…pero…¿solucionaremos, de algún modo, esa especie de ceguera que parece estarnos impidiendo reconocer que, nacemos, crecemos y morimos, en un modelo que alienta la psicopatía…., aunque le llamemos “sociedad democrática?.

  4. Manu Oquendo dice:

    Hemos pasado de una población carcelaria de unos 10,000 a más de 100,000 presos desde los primeros años 70 a la actualidad, y ello a pesar de que hoy se cumple la condena fuera de la prisión en mucho mayor grado que entonces.

    Cuando Abril Martorell y Alfonso Guerra –los verdaderos transmisores de cómo debería ser la Constitución del 78– dieron órdenes a la Comisión Constitucional de que no habría pena de muerte, esa misma semana, una encuesta encargada por un Ministro de Suárez arrojó una muy cualificada mayoría –por encima del 70%– a favor de la pena de muerte.

    A finales de los 60 y primeros 70 no estaba legalizado el consumo de drogas. Hoy en los controles de tráfico de la GC más del 40% van cargados de «sustancias». No incluyo el 22% de la población que va medicado con drogas recetadas por un psiquiatra.

    Por aquel entonces una mujer podía deambular a cualquier hora por la calle tranquila. Hoy más le vale tener precaución. En Suecia y en Alemania mejor ni se lo plantean.

    Esta semana en un municipio de la Sierra –en el cual la Policía Municipal y la GC se dedican a controlar ITV’s– hay señoras (ambas viven solas, una con sus hijos) cuyas casas han sido asaltadas dos veces en un mes. A las autoridades les parece que esto es estadísticamente anecdótico y poco relevante porque «está solo en torno al 1% del número de vecinos en la zona»

    Por cierto, las compañías de Seguridad Privada –otro «invento» de esta forma de Estado– son un reflejo de que la incapacidad de nuestros numerosos gobiernos para proporcionar Seguridad alguna.

    El deterioro es tan brutal que podríamos seguir mucho rato pero la sensación inevitable es que esta situación ha sido deliberadamente buscada.

    «Los objetivos de un sistema se deducen de sus resultados» Stafford Beer, 1975.

    Saludos

  5. primo génito dice:

    A día de hoy estos temas están tremendamente machacados desde un punto de vista de análisis, pero le pregunto al autor, ¿cuál sería su propuesta de cambio? ¿cómo en un sociedad de futuro se alcanza, de forma práctica, una rehabilitación menos tóxica y a la vez muy segura para tu mujer y tus hijos?

  6. Carlos Peiró Ripoll dice:

    Primo génito, el tema que interroga no es tan sencillo como para simplemente plantear una propuesta, sin más. No se trata de una fórmula o una serie de recursos que aplicar, pues si la Justicia -penal, en este caso-, ha funcionado desde hace 2.500 años en muy diferentes sociedades, culturas y etnias, no es por casualidad, pues entronca de una forma muy clara en los componentes emocionales que se suscitan a cuenta de unos comportamientos humanos que la Ley determina como delitos. Dichos variables emocionales están sintéticamente especificados en el artículo y sin desarrollar por la falta de espacio para ello, pero tienen que ver los propios sentimientos de dolor por el daño causado, la propia necesidad de obtener una reparación, el deseo personal de venganza, la oportunidad social del castigo, la conveniencia de asegurar la convivencia, y la certeza de que quien lo comete penará por ello, concretando en estas las emociones más habituales.

    En este sentido, la Justicia es una institución que siempre a actuado pautando, interveniendo y decidiendo sobre estos conflictos en la ciudadanía, con total legitimidad y amplia aceptación, reflejando con ello que las personas y la sociedad en su conjunto da por buena esta solución frente a otras, por ejemplo, más justicieras. Y si es aceptada y funciona es porque resuelve la marabunta emocional que crean determinados comportamientos y sus consecuencias. Por lo tanto, su cambio no es tanto una cuestión de fórmulas y recursos a aplicar como de que los individuos y las sociedades evolucionen, dando prioridad emocional a que las variables que han dado lugar a que un individuo delinca puedan ser identificadas, definidas y tratadas. Y ahora mismo me temo que sigue prevaleciendo el deseo de venganza y la necesidad de seguridad, frente al tratamiento del delincuente, que se está muy lejos de ser planteado con la importancia debida.

    Pienso, en esta línea, que una gran mayoría de la población penintenciaria son de uno u otro modo enfermos, a los que no solo es conveniente retirar del espacio público, sino también que sean considerados como tales, y que las oportunidades vitales a las que tengan acceso no dependan de los privilegios penintenciarios, sino de la evolución en el tratamiento de su enfermedad.

    Animándole a que siga participando de estos foros, reciba un cordial saludo.

  7. Yo. dice:

    Cuando se cometen actos delictivos, a veces con total intencion y a conciencia, a nivel social se busca como «reparar» en algo si se pudiera, tales acciones..

    Por que, quien le devuelve al padre de mariluz su niña del alma..
    O a esos padres su «pececillo» ..
    O ,como se retrocede la pelicula para que lo de Sandra Palo..nunca-nunca hubiera pasado, O..aquello de Alcasser, O Nagore..y tantisimas cosas que pasan,
    Quien te devuelve la Vida que un dia en unas horas te quitaron, a traves de estos traumas vividos?…
    Quien te la devuelve?…
    Algunos cumpliran su maxima condena, para las victimas, la condena es casi para siempre..o asi lo veo, al menos..
    Este violador, salido hace poco de la carcel, que dicen no esta rehabilitado..van a hacer algo con el?, o hay que esperar a que viole de nuevo, o mate o ambas dos?–
    No soy persona de leyes, ni entiendo a la sociedad tampoco;
    Dicen que leyes mas duras, retractan a algunos de cometer «salvajadas»…

    En otros tiempos, no habia tanta corrupcion por ejemplo, por que?..
    Pues habia un miedo infinito..
    Este movil no acentua palabras..espero se entienda el comentario..
    Hasta otra.

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