Cuando pensaba hace años en cuál sería mi situación ahora mismo, nunca imaginé que fuera esta, y eso que tengo bastante imaginación. Porque uno supone que en cada momento deberían estar pasando las cosas que uno ha decidido previamente que deberían estar pasando en este momento.

Muchas de las grandes frustraciones del ser humano radican en que las circunstancias no son como creemos que deberían ser. Pero si lo pensamos bien, resultaría inquietante que todo saliera como habíamos planeado, porque entonces habría que preguntarse cuántas cosas nos hemos perdido en el camino para que el camino termine justo donde hemos decidido. Nos dedicamos a encorsetar los días en función de nuestras metas; metas que nos marcamos desde cómo estamos hoy, que quizá no tenga nada que ver con cómo estaremos mañana. Si pudiéramos saber ahora lo que estará sucediendo el año que viene por estas fechas, significaría que lo que nos queda de año sería un simple paréntesis existencial. Un paréntesis entre hoy y nuestra meta en el que no deberían producirse demasiados cambios para que el destino elegido no se vea alterado. Un paréntesis temporal carente de transformaciones y sorpresas.

Por eso creo que lo más duro de esta crisis ha sido encontrarnos en una situación que nunca imaginamos. Nos suceden cosas que asumimos que podrían ocurrirles a otros, nunca a nosotros. Como cuando crees que la vejez es eso que les pasa a los demás pero que a ti no te va a tocar. Y crees que no te va a tocar porque te resulta de ciencia ficción visualizarte en esas condiciones. Esto que suena tan estúpido… A MÍ ME HA PASADO.

Con los problemas económicos y todo lo que éstos conllevan sucede exactamente lo mismo. Uno va viendo cómo poco a poco la situación de otros se va transformando; quienes ya no pueden pagar su alquiler y se mudan a casas más baratas, quienes comparten piso con más de cuarenta años y algunos con hijos incluidos, quienes llevan años sin encontrar trabajo y se ven forzados a cambiar su actividad profesional, quienes incluso empiezan a pasar hambre y acaban acudiendo a un comedor social… Pero seguimos viéndolos como dramas ajenos, hasta que un día te toca a ti empezar a cambiar tu vida.

Cuando esto por fin llega, hay una especie de autocompasión acompañada de la pregunta “¿por qué a mí?” “¿Por qué me pasa esto?” Es curioso cómo muchos parecemos no creer en el Destino pero luego nos preguntamos los porqués de nuestros dramas. Que digo yo que si existen los porqués es porque existe un “plan”. Y si no pensamos que exista, mejor adaptarnos a nuestras nuevas circunstancias sin empeñarnos en encontrar una explicación coherente.

En los casos menos extremos, en los que la crisis económica simplemente nos obliga a renunciar a ciertos privilegios, el sufrimiento suele estar generado por la resistencia al cambio, y no por el cambio en sí mismo.  De nuevo, la analogía con el envejecimiento. La resistencia ante los cambios físicos probablemente solo añada sufrimiento a los cambios físicos, pero de ninguna manera los va a evitar.

La negación de lo inevitable es agotadora. No quiero deprimir a nadie, pero vamos a envejecer y vamos a morir (sí, yo también me estoy deprimiendo) Dejemos de pensar, en el terreno que sea,  que todo volverá a estar como antes. Pongamos nuestras esperanzas en otros objetivos, pero no en volver atrás.

No sabemos qué va a pasar; puede que la vida vaya mejor, puede que la vida vaya peor, puede que vaya peor para luego ir mejor o puede que vaya mejor para luego ir peor, lo que está claro es que, por el momento, no va a dejar de ir.

Pero ahí estamos, empeñados en permanecer jóvenes y en que todo se mueva lo menos posible. Y si se mueve, que sea solo para entretenernos un rato, pero sabiendo que podemos volver al mismo punto del que partimos como si no hubiera pasado nada (efecto boomerang).

Es como subirte a una montaña rusa y pretender que no se te despeine el flequillo. Pues no puede ser. Estar vivo es estar en movimiento, y estar en movimiento implica llegar al final del trayecto con el flequillo como Anasagasti en un día de viento.

Propongo que prescindamos de los paréntesis existenciales y nos entreguemos al abismo de los puntos suspensivos…  No parece que tengamos otra opción.

Pd. Nunca pensé que cerraría una columna mencionando a Anasagasti. ¿Veis cómo puede sorprendernos la vida?

Un comentario

Una respuesta para “PUNTOS SUSPENSIVOS”

  1. xema dice:

    Buen artículo y para meditar, vivir el presente y disfrutad de lo que tenemos (que no es poco).
    Salud

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