
Cuando Hergé empezó a escribir y dibujar las aventuras de Tintín, no creo que imaginara con ello tener el impacto que tuvo más allá del mundo de los comics y los tebeos. Los análisis que se han hecho de sus libros no están exentos de polémica, si se observan desde ópticas políticas y sociales. Poner a los negros como individuos elementales y primitivos, a las sociedades del este como un atajo de espías malvados, o a los científicos como unos pirados, son estereotipos tan manidos como eficaces para la mentalidad del público al que se dirigían sus publicaciones.
Pero lo que llama la atención es ver como su idea maniquea de buenos vs malos, independientemente de quien ocupe cada rol, tiene cada vez más presencia en sociedades que se autoproclaman cultas y desarrolladas. Y no solo en la población general e indiscriminada, sino también en personas que aspiran o detentan puestos de relevancia y responsabilidad colectiva.
Esta oleada de infantilismo, encabezada desde los medios de comunicación, ha calado inusitada e indeleblemente en la cosmogonía mental de nuestras clases sociales, hasta el punto de ser el eje central de líderes políticos, intelectuales del mundo de la cultura y tertulianos de la cosa pública.
Una sociedad que se considera abierta y moderna, tolerante y flexible, acarrea una contradicción interna paradójica con los tiempos. Practicando el discurso de la relatividad moral del sentido del bien y del mal, actúa en realidad desde esos mismos principios aplicándolos, además, de manera infantil y abyecta.
1. El primer síntoma de estas actitudes es la compulsiva tendencia hacia lo banal y superficial con la que nos solemos relacionar con lo aparente. La incapacidad expresa para traspasar la primera impresión, intentando profundizar en las causas y raíces de lo manifestado, está tan generalizada como muy bien reconocida por el entorno. Y, así, ha tomado cuerpo el amarillismo de la prensa escrita, el carácter macabro de los noticieros, la malsana curiosidad sobre la intimidad de los personajes, y una mal llamada prensa del corazón que estaría mejor que fuera conocida como los “aromas variados de los tufos del vecino”.
Terapéuticamente hablando el paciente requiere de una inmersión cultural severa, para tratar su enfermedad. Este virus practica la resiliencia del sistema inmunológico, por lo que es necesario que la aplicación del curativo se aparte de ismos, vanguardias y subvenciones públicas. La terapia no es fácil, pero la hay.
2. Un segundo síntoma del infantilismo contagioso reside en el campo del pensamiento. Esta facultad, como otras, tiene su intensidad, su dirección, sus flujos y reacciones, etcétera. El que ahora se describe se define por su carácter especialmente errático en general, y solo usa los utensilios mentales cuando de algo suyo se trata. Así, es especialmente sensible a lo que considera propio, mostrándose gregarista hasta el fanatismo, y llegando a idolatrar con frecuencia al conjunto. Se deja liderar por fantoches que representan como nadie el primitivismo de sus postulados vecinales, y se hace fiel seguidor de posiciones imposibles del “lo mío es lo primero”. Siente un profundo placer cuando alguno de sus líderes expresa profusamente los principios de la simpleza de su pensamiento. Sus manifestaciones negativas principales son la aversión a lo diferente, lo ininteligible de lo distinto, el rechazo de lo extraño y la enajenación sobre la disensión. Las arrugas en la nariz son las huellas del uso de su desconsideración.
Al tratamiento de este síntoma se le denomina “inmersión metafísica”, recomendándose la secuencia terapéutica histórica siguiente: Platón (25 mg.), Sócrates (12 mg.), Bruno (15 mg.), Spinoza (15 mg.), Ockam (10 mg.), Schopenhauer (20 mg.), Nieztsche (20 mg.), Bergson (15 mg.), Husserl (10 mg.) y Jung (30 mg.). Más eficaces por vía oral que por el resto de vías, no tiene contraindicaciones descritas ni en los casos de sobredosis.
Este tratamiento de elección busca restaurar la capacidad de autocrítica, la dinámica dialéctica, y el juego de tesis, antítesis y síntesis. Debe de superarse con frecuencia la resistencia de la autoestima del infectado, que reacciona con virulencia ante la aplicación del curativo, incluidos despectivos calificativos sobre el agente dispensador. Los trajes de protección se hacen casi imprescindibles.
3. Por último, el tercer síntoma hace referencia al mundo del ocio y el entretenimiento. La vocación de juego, experimentación y descubrimiento, propia de los infantes, se generaliza al comportamiento de toda la población, demostrándose una excitación inusitada ante las fiestas, los fines de semana y los lugares destinados a servir de escenario a la representación sistemática y mimética de todo ello. No hay mayor entusiasmo que repetir la misma escena pero en lugares diferentes, siendo el cenit de esta propensión el juego de roles que se ha denominado turismo, que etiológicamente se define como “dar vueltas”.
La incapacidad para manejar la complejidad de los estados emocionales, suele acompañar esta manifestación de infantilismo persistente, tremendamente reacio a cualquier situación de cambio, y a lo inesperado e impredecible.
De elegirse un tratamiento este debería ser el arte, si no estuviera tan contaminado por el “walt disneymismo” contraproducente y el divismo anti-sistema organizado en rentables corralitos contraculturales. Y en esto será difícil encontrar con un tratamiento eficaz, porque arte, lo que se dice arte, ahora hay más bien poco. Aún así tendremos los grandes artistas de todos los tiempos a nuestro alcance, por ello, por ofrecer una opción asequible, estarían varias visitas al Museo del Prado. Pero, eso sí, con una actitud algo más reverencial que cuando se va al Mercadona.
Salirse de un libro de Tintín no es nada fácil para el común de los mortales en nuestros días, una vez que has entrado, te han metido o ambas cosas. Pero dicen los locos que lo han logrado, que es mejor hacerlo al principio de la historieta, porque cuando llegas a la mitad es más difícil conseguirlo, y en adelante ya es imposible. Ahí ya solo te queda proclamarte Tornasol, Haddock, Néstor o Castafiore, cuando en realidad todos somos Serafín Latón, aunque no lo reconozcamos.
Hola, comparto la crítica al infantilismo generalizado, aunque quizá solo sea un síntoma (y, por tanto, no una enfermadad o un síndrome propiamente dicho). Pero achacar a Tintín tanta estulticia supone desconocer o desaprovechar la riqueza de información que sus aventuras aportan como recurso pedagógico. Véanse algunas de mis aplicaciones al aula en http://mastercity-city.blogspot.com.es/search/label/Tint%C3%ADn
Y más detalladamente en http://www.slideshare.net/aciudad120/cuestionario-tintn?ref=http://mastercity-city.blogspot.com.es/p/actividades.html
De manera que creo que Tintín puede ser un punto de partida para una seria y madura, vamos, nada infantil, reflexión sobre nuestro pasado más reciente.
Saludos
Estimado Carlos, Me ha encantado tu artículo aunque tiendo a que me gusten todos los articulos. Soy un fan, también experto, de la Teoría General de Sistemas de Comportamiento (Social, Económico, Empresarial, Político, etc). Detecto que tú tambien lo eres. La Teoría ayuda a pensar adecudamente al considerar la «nueva lógica» = Lógica tradicional (léase Descartes, Bertrand Rusell) + Emociones. Podríamos sumar la Intencionalidad en el lenguaje como ha sido expuesto por el último gran filósofo Ludwig Wittgenstein pero este comentario se haría muy extenso.
Las Emociones producen retardos entre acción y reacción creando complejidad en los Sistemas o Estructuras. Por ejemplo la Macroecomía se basa en principios difíciles pero no complejos mientras que la Microeconmía tiene más de Emociones que de Lógica tradicional. Debido a los retardos inherentes en Sistemas Complejos los efectos de mejora de las variables macroécomicas producen ansiedad y miedos entre los parados, comerciantes, etc.
Estos efectos psicológicos entre la ciudadanía son explotados por los medios de comunicación además y comprensiblemente de los Sindicatos y de los Partidos Políticos en la oposición. Das en la diana cuando mencionas el infantilismo contagioso explotado vilmente sin ningún pudor o ética por los medios de comunicación. Si falla el denominado Cuarto Poder falla todo.
No es cuestión del derecho y obligación de informar si no informar sin manipular a la frágil Masa pasiva sin capacidad de interactuar activamente con los Medios. Más crítico es informar buscando la verdad ya que sino solamente van a manipular.
Esto ha sido claramente expuesto por el catedrático emerito de filosofía de la Universidad de Princeton en sus libros «Sobre la charlatanería (On bullshit)» acerca de la manipulación de la verdad y «On Truth» sobre la verdad. Sobre todo el primero expone con claridad y precisión que los charlatanes no se preocupan si lo que dicen es verdad o mentira, se preocupan solo de la efectividad de su manipulación. A esto lo podemos denominar el número de hits de un periódico en su versión digital (fuente de sus ingresos) o la sacrosanta audiencia en los medios de comunicación visual.
Es obvio qué medios o debates que no son tales se aproximan más a promocionar periodistas «bullshiters» que otros. Es lamentable que una profesión de la que dependemos todos para educarnos se haya convertido en una profesión cuya praxis sea el perverso infantilismo. No solo nos manipulan con las palabras lo hacen con la simultanea visualización ad naseum de imágenes de forma repetitiva para subliminar aun más la manipulación de la verdad. Podríamos añadir la cantidad de errores en datos y gráficos que no corresponden al texto verbalizado. Son efectivos porque acusan a los políticos de tratar a los ciudadanos como niños (leáse incultos) cuando son los propios periodistas los que nos tratan como tal.
¿Cómo ha sido posible esta distorsión del Cuarto Poder y su evolución a transformarse en el Primer Poder? Creo que ha sido debido a la mala educación que reciben las más recientes, post años 60, generaciones por escuelas elitistas dirigidas por expertos en razonamientos discordantes. Los padres insisten en educar a sus hijos en no mentir. Sin embargo cuando un hijo o hija coge el teléfono sonando y le dice a su padre «Papá (mamá) es para ti, es tu jefe» su padre responde «dile que no estoy en casa».
Estos niños educados en enviar mensajes discordantes tal vez han crecido para ser nuestra nueva y «talentosa» generación del nuevo gobierno.
Disculpa a lectores de este comentario: Las posibles erratas son el efecto pernicioso de escribir en una Tableta.
Si que es curioso comprobar como, por ejemplo, en los debates televisivos…donde prácticamente siempre participan los mismos, aunque vayan alternando cadenas y signos de las mismas, los temas a debatir, aunque la actualidad los sirva en bandeja, son, sin embargo rastreados en audiencia, con minuciosidad, y finalmente, tratados hasta el «hartazgo» y la «saciedad», en aquellos puntos en los que se detecta pueden despertar más espectación en la población.
Se fotocopia y calca de forma grosera, el formato que parece más atención acapara, se buscan matices de los que poder sacar más jugo….Y en este juego, empieza a importar nada que no sea «audiencia» el impacto sobre la gente a la que se supone se la está informando.
Pero, creo, que lo peor no es que nos traten como a niños, el problema es que tnos hemos infantilizado, simplificado la capacidad de pensar y reflexionar, y por tanto nuestro afán de conocer, contrastar y obtener criterios…también.
Cabría, de todas formas, preguntarse si en todo este funcionamiento, como bien dice el anterior comentarista….»perverso», los ciudadanos somos solo entes pasivos y víctimas propiciatorias….o también cómplices….¿de verdad no nos damos cuenta de esta comunicación manipulativa?¿Hasta qué punto nos vence la «pereza» a la hora de justificar nuestra falta de iniciativa a la hora de reaccionar ante ella?
Perdón, quise decir expectación
Me ha gustado leer su post, justo después de que ayer no saliera de mi asombro al ver en las noticias las protestas en Gouda (Holanda) por que en la comitiva de San Nicolás habías negros.
Pero lo ‘gordo’ es que tradicionalmente es así: San Nicolás llega en barco de España acompañado de sus pajes Zwarte Piet (es decir, Pedrito el negro), que además de ayudarle a repartir los regalos la víspera del 6 de diciembre en todos los hogares holandeses, pues también ‘castigará’ a los niños que no se hayan portado bien.
Qué manía infantil es esta de tomarlo todo al pie de la letra, no saber buscar el contexto, el concepto que hay detrás, es decir, de ENTENDER el sentido de las cosas.
Igual ocurre con Tintín: que si es gay, misógino, no sé qué, no sé cuanto. Los autores alucinarían en colores. Los arquetipos sirven para ofrecer un sistema de referencia a la historia que cuentan, y se acabó.
Es como esta campaña de hacer a las princesas Disney ‘diferentes’: gorditas, discapacitadas, etc, etc.
Yo soy una mujer, y siempre me he identificado con los héroes/ heroínas de los cuentos. Al final, independientemente de cómo uno sea, se identifica con los protagonistas de las novelas o de algún personaje principal. Esa es la magia de la literatura. Qué pasa, que si no soy un hidalgo castellano no puedo leer el Quijote?
Por qué este empeño en ver las cosas de manera superficial y cegata?!
Estimado Carlos:
Creo que no has estado muy afortunado al utilizar el término «boy scout» en el título de tu post como sinónimo de «infantil» y con un evidente sentido peyorativo.
Quiero pensar que desconoces que el movimiento scout es un movimiento educativo presente en todo el mundo al que pertenecen más de 30 millones de personas, jóvenes y adultos, compartiendo un mismo sistema de valores y el deseo de construir un mundo mejor. La misión del escultismo es contribuir a la educación de los jóvenes, a través de un sistema de valores, para ayudar a crear un mundo mejor donde las personas puedan desarrollarse como individuos y jugar un papel constructivo en la sociedad.
En la situación de crisis de valores en que nos encontramos, tal vez no sea buena idea dedicarse a desacreditar la labor de miles de voluntarios que dedican su tiempo y esfuerzo a educar a nuestros niños y jóvenes. Te sugiero que te pases por un grupo scout el próximo sábado por la tarde para que puedas comprobarlo por ti mismo.
Agustín y Luisa Nieto, resulta tiernamente conmovedor como muestran su dulce solidaridad con Tintín y los boy Scouts sobre la totalidad del texto encabezado de esa manera por el autor.
Sugeriría que le escribieran a Tenesse Willams pidiéndole explicaciones sobre ¿qué narices hace una gata sobre un tejado de zinc caliente, sin que lo sepa la Protectora de animales?, a Salinger sobre ¿qué pinta un guardian entre el centeno, seguramente haciendo horas extra?, o a Dostoievsky sobre porque los Karamazov eran hermanos y no primos lejanos, para preservar a la familia.