
El nuevo presidente Pedro Sánchez, hasta hace poco desahuciado por sus propios compañeros de partido y sitiado a izquierda y derecha por la presión de los partidos emergentes Podemos y Ciudadanos, ha dado dos golpes de efecto que le consolidan como líder del centro izquierda.
El primero fue la moción de censura presentada el 25 de mayo de 2018. Desde la Constitución de 1978 había habido tres mociones de censura (la de Sánchez es la cuarta) y hasta ahora ninguna había prosperado. Y salvo Felipe González, que, dos años después de fracasar en 1980 en su moción contra Adolfo Suárez, ganó las elecciones por mayoría absoluta, los otros dos candidatos quedaron bastante tocados tras las mociones frustradas: Antonio Hernández Mancha desapareció de la vida política después de fracasar en su moción contra Felipe González en 1987 y Pablo Iglesias no salió muy bien parado de la suya contra Rajoy en 2017.
Y es que nuestra Constitución, al regular las relaciones entre el Gobierno y el Parlamento, quiso garantizar la estabilidad del Ejecutivo, dificultando que el Parlamento pudiera tumbar a un Gobierno, con la sensación de zozobra que eso supone para el país. Así, los ciudadanos eligen por sufragio a los diputados y senadores que integran el Congreso y el Senado, y el Congreso (el Senado en esto no pinta nada) da su confianza a un Presidente del Gobierno que, a su vez, designa a los Ministros que, junto con él mismo, conforman el Ejecutivo.
La Constitución trata de facilitar la formación de Gobierno exigiendo únicamente mayoría simple (en segunda votación) para que un candidato obtenga la confianza del Congreso. Es decir, basta con que reciba más votos a favor que en contra. Sin embargo, para que el mismo Congreso pueda retirar su confianza al Presidente es imprescindible que la moción de censura se apruebe por mayoría absoluta. Esto es, la moción sólo puede prosperar si votan a favor 176 de los 350 diputados del Congreso.
Es cierto que la moción de Pedro Sánchez se vio facilitada porque Rajoy era el presidente con menor apoyo parlamentario desde 1978 (sólo 134 diputados del PP) y porque un buen número de diputados de distintos partidos en un Congreso fragmentado votaron no tanto en apoyo del candidato Sánchez sino contra Rajoy y el PP, tras la dura sentencia del caso Gürtel. Pero, en cualquier caso, Pedro Sánchez se atrevió a lanzar la primera piedra e inesperadamente consiguió alzarse con la Presidencia, contando inicialmente sólo con el apoyo de los 84 diputados del PSOE.
El segundo golpe de efecto de Sánchez ha sido sin duda el más importante. Llegó a la Presidencia gracias a apoyos difíciles de digerir, como el de los 9 diputados de ERC y los 8 del PDeCAT, partidos que habían impulsado la independencia unilateral de Cataluña investigada por graves delitos en el Tribunal Supremo; o con los votos de los 2 diputados de Bildu, representante de la Izquierda Abertzale. Tampoco era el mejor aval el apoyo de un PNV que reclamaba una reforma de su Estatuto de Autonomía bastante parecida al antiguo plan Ibarretxe. Esto generó una gran incertidumbre, con un aumento de la prima de riesgo de España, y graves sospechas sobre las concesiones que habría hecho Sánchez para obtener tan dispares apoyos.
Aunque las sospechas persistan, no cabe duda de que el Presidente las ha difuminado con un movimiento insólito en nuestra democracia, que ha dejado descolocados a todos sus competidores en la carrera electoral que ya ha comenzado.
Sánchez ha formado un Gobierno en el que destacan figuras de un indudable prestigio profesional e independencia del partido político que las apoya.
Es cierto que hay inevitables guiños al aparato, con la designación de algunos ministros entre fieles que han acompañado a Sánchez en la travesía y miembros de otras familias dentro de la formación. Pero también lo es que, en una partitocracia tan marcada como la nuestra, no estamos acostumbrados a que en un Gobierno destaquen, de manera tan significativa, independientes de tanto peso específico y criterio como el astronauta Pedro Duque, Nadia Calviño -técnico comercial y Directora General de Presupuestos de la Comisión Europea- o el magistrado Grande Marlaska. Tampoco es frecuente que se proponga para un Ministerio tan relevante como Exteriores a alguien como Borrell, que, aun siendo del propio partido, tiene tan marcado criterio propio, habiéndose opuesto al líder en cuestiones sustanciales, que casi podría considerársele como un independiente. Por supuesto que se podía haber esperado más. La Cultura merecía el mismo respeto que la Ciencia. Ante una crisis de modelo de Estado como la nuestra, habría hecho falta alguien con más peso específico en Administraciones Públicas. Tampoco parece que la hacienda andaluza sea un ejemplo a trasladar al conjunto.
En cualquier caso y al margen de que el nuevo Gobierno ha dejado con el pie cambiado al resto de partidos -el silencio es clamoroso- y que es un estupendo escaparate para lanzar la candidatura de Sánchez hacia las próximas elecciones, lo más interesante es ver cómo funcionará un Gobierno marcado por ministros con criterio.
Nos habíamos acostumbrado a ministros de perfil relativamente bajo, con poco discurso propio y muy fieles al partido y al líder que los proponía. Esta fórmula de Gobierno tiene la virtud de un mensaje unívoco y un liderazgo fuerte y sin discusión.
Sin embargo, en el Gobierno de Sánchez no me puedo imaginar que los “independientes” que antes mencionaba vayan a mantener un discurso seguidista con el del partido. Parece más bien gente dispuesta a opinar y a discrepar no sólo internamente en las reuniones del Gobierno, sino públicamente en las entrevistas y actos en que intervengan. Es decir, se trata de personas con juicio propio a las que probablemente el partido importe mucho menos que lo que, en su opinión, pueda interesar al país.
Un perfil de Gobierno de este tipo supone, al menos a priori, una vida política más rica e intensa en la que el debate y contraste entre opiniones fundadas sea una regla incluso entre los miembros del Gabinete.
Sin duda habrá quien critique esa discrepancia con la caricatura de un liderazgo débil y un Gobierno sin rumbo. Todo lo contrario. El líder competente es el que no teme rodearse de gente más valiosa que él, ni se asusta por el debate inteligente o incluso la discrepancia entre “los suyos”.
La democracia no es el gobierno de los mejores, simplemente el del más votado y ya sabemos que el pueblo se equivoca a menudo. Sánchez no ha sido el más votado, pero es digno de aplauso que esté tratando de rodearse de los mejores (aunque en la lista aparezcan borrones).
Posiblemente solo estemos ante una operación de marketing político que pretenda disparar la candidatura de Sánchez a las próximas elecciones. Pero entretanto algunos nombramientos en el nuevo Gobierno tienen la virtud de escenificar una cierta salida de la caspa partitocrática, marcando la línea de futuros Gobiernos.
Estimado Isaac.
Coincido con su artículo, en considerar cómo positivo la integración en una organización, en este caso gobierno, de personas cualificadas é independientes en cierta medida de la persona que les elige, unos más y otros menos.
Pero a casi nadie se le escapa, que en política nada es gratis, y en consecuencia los apoyos recibidos, tendrán una contraprestación a los partidos que han posibilitado este nuevo gobierno. Desde mi punto de vista, altamente nocivo para la existencia del Estado actual, ó dicho con otra palabra que parece que en muchos casos avergüenza, España.
Anteriormente, en este mismo blog, reflejé una opinión que reitero en esta situación :
Desde hace tiempo, el mayor problema que tiene este País, es el llamado Partido Socialista Obrero Español conocido cómo P.S.O.E.
Un cordial Saludo,
Estimado Julio,
Es cierto lo que dice de que los apoyos se pagan (así se reconoce en el artículo) y que habrá que estar muy pendientes de los actos de este gobierno. Veremos si el nombramiento de Borrell es simplemente una forma de «blanquear» algún acuerdo vergonzante con los separatistas.
El artículo trataba de partir de la realidad del nuevo gobierno para reflexionar sobre la conveniencia de políticos que sean independientes de los partidos, que tengan un reconocido prestigio en sus ámbitos profesionales y que no puedan calificarse como «profesionales de la política», es decir, que cuando terminen su etapa en el gobierno puedan volver a su quehacer profesional.
Saludos
Estimado Isaac: no confundamos a las personas con las instituciones. El hecho de que no se nombre a personas en cargos determinados, no supone zozobra ni inquietud (salvo en sus amigos que esperan algo). Las instituciones siguen funcionando e incluso la vida del país en general se refresca y ventila. Lo vimos cuando estuvimos unos meses «sin gobierno»…. ¡qué alivio no tener que estar pendientes del BOE ni de las ocurrencias normativas de nadie!
Discrepo con una frase al final de tu artículo que dice que «la democracia es el gobierno….» No, la democracia es la soberanía real de los ciudadanos a través de una representación genuina parlamentaria y de un sistema electoral igualitario. Los partidos políticos pueden «contribuir» a ello, pero sólo son maquinarias electorales en busca de poder (aunque no tengan claro para qué). Las elecciones no son para elegir personas de gobierno, sino legisladores capaces de llevar al Derecho la convivencia social e imponerlo a todos (ejecutivo incluido).
Cuando se habla de estabilidad nadie está pensando en que se nombre a supuestos (o fabricados) «líderes», sino de que las instituciones respondan a las necesidades del ciudadano, le faciliten la vida en vez de complicársela y estén realmente a su servicio. Mientras no pensemos y estemos convencidos de que no hay estado posible sin ciudadanos que lo sustenten, estamos cayendo en sistemas anacrónicos de poder y vasallaje. Un cordial saludo.
Estimado O´Farrill,
La democracia es un concepto complejo que no conviene simplificar (seguro que ha leído la teoría de la democracia de Sartori). No es solo la elección de legisladores. En otros países se entiende como la elección del Presidente de la República (Francia), del Presidente a través de compromisarios (EEUU). Lo que deberían tener en común es la decisión por el sistema de mayorías con el respeto a las minorías.
No creo que sea maravilloso estar sin gobierno. Es verdad que puede ser mejor estar sin gobierno que con un gobierno pésimo. Pero el aparato burocrático del que habla tiende a la inercia. Esté seguro de que uno de los principales obstáculos que se va a encontrar el Ministro Pedro Duque para poner a nuetro país «en órbita» va a ser la burocracia administrativa. Ciertamente los controles son necesarios para evitar arbitrariedades, nuestra Administración se ha convertido en una estructura demasiado anquilosada que, en buena medida, impide el progreso.
Saludos.
Muchas gracias Isaac por su respuesta. Sé de la complejidad del significado de la palabra «democracia» (se dice que hay doscientos cincuenta) y por ello, más que abundar en su versatilidad de interpretación, deberíamos hacer un esfuerzo por mantener la base de su significado genuino.
En cuanto al asunto de estar «sin gobierno» sigo creyendo que confundimos personas e instituciones. Un gobierno no debe ser impulsor de medidas, sino el parlamento (por lo menos para eso está). El gobierno o, para ser más exactos, la Administración Pública, es sólo eso: alguien que aplica lo que dice la comunidad de propietarios, el soberano, a través de sus representantes reales, no imaginarios (partidarios). Lo que ocurre es que -como decía Pedro de Vega- «el constituyente ha sido capturado por el constituido» o, dicho de otra forma, se ha pervertido el sentido de la política y, ha calado hasta tal punto en el ciudadano, que termina por creer que necesita ser «gobernado» en lugar de exigir ser bien «administrado». Para casi todos los partidos, la clase política y los medios de difusión, «gobernar» significaría «legislar» como forma de expresión de un poder, una soberanía que no les pertenece. Al fin y al cabo la capacidad de difundir, manipular o interpretar a conveniencia la política, es mucho mayor en el ámbito que maneja los presupuestos (y los modifica como quiere) que en el ámbito parlamentario que debería ser la sede de la Política.
Un cordial saludo.
Agradecido por su respuesta a mi comentario Isaac.
Parecen coincidentes en ambas reflexiones, lo positivo que pueda tener el disponer, en este caso gobierno, de personas cualificadas y con «peso» independientes de la estructura que soporta un gobierno, aunque no deberíamos olvidar que un ministro díscolo ó discrepante con la acción de gobierno, está a merced de ser cesado por la persona que lo ha nombrado, en este caso Pedro Sánchez.
Mi intención al considerar este caso en particular, es que creo que la inclusión de algunas (que no la mayoría) personas de reconocido prestigio se trata de marketing de cara a la sociedad, y no es ésto, desde mi punto de vista, lo más importante. No dejemos que el árbol nos impida ver el bosque.
Un cordial saludo,
Buenas tardes
El que en un país con una deuda real sobre PIB de el 150% ocurran cosas cómo la que han ocurrido éste último mes sin que tengamos en cuenta que sólo ocurrirán si han sido pactados, cuando no sugeridas (por no decirlo mas claramente) por los que mandan como para caerse de un guindo del tamñao de un secuoya.
Sólo había que ver la cara de Rajoy y toda su actitud posterior, la del niño enfuruñado con su maestro porque ha hecho todo lo que le ha dicho y le ha suspendido.. y la manera en que se lo han tomado después en el PP, cuando aún tienen en su mano por ejemplo cargarse los presupuestos y poner el contador a cero, pero no lo van a hacer para volver a hacer méritos ante los que mandan y que les den una limosna.
El rumano de la puerta de la parroquia lo hace mucho mejor, eso sin duda.
Gobiernos, astronautas, …
La pregunta tabú es la del ¿POR QUÉ AHORA?
Para mi que lo ocurrido en Italia desde hace mes y pico, con esa clara interferencia de la UE, algo que recuerda demasiado a lo que hacían los USA en Iberoamérica hace ya unos años, tiene mucho que ver en lo que está pasando.
Añadan los revolcones que le están dando a Merkel y los que le esperan.
Astronautas y el ejercio de manos de donde está la bolita, del trilero de turno son simples ejercicios de minutos para el telediario.
Un cordial saludo.