
Lo de saber organizarnos, ser capaces de inventar historias comunes (reinos, religiones y leyes, por ejemplo) y nuestra habilidad para crear herramientas diversas ha convertido al ser humano en el rey del planeta, conquista a la que hemos llegado, como casi todos los reyes a sus tronos, pisando muchos cadáveres.
Desde que los primeros humanos empezaron a pisar las praderas de África hasta nuestros días, ha habido una pauta que se ha repetido allí donde íbamos: de forma premeditada o no, no hemos dejado títere con cabeza. Y hay pruebas: restos de nuestros crímenes se muestran ante los ojos de cualquiera que quiera verlos, en este caso en forma de fósiles de especies extintas.
Así, por ejemplo, en su maravilloso “De animales a dioses”, el historiador y escritor Yuval Noah Harari menciona la llegada del Sapiens a Australia- hace aproximadamente 45.000 años- como un ejemplo de la capacidad destructiva que siempre hemos tenido. En aquella época la Tierra estaba dividida en diversos espacios ecológicos independientes, en cada uno de los cuales se había desarrollado una fauna y una flora completamente diferentes; pero cuando los seres humanos abandonaron el sistema ecológico afro-asiático, el único que hasta entonces habían habitado, y se las arreglaron para llegar a Australia -lo que, por otra parte, debió de ser una autentica epopeya- les bastaron solo unos pocos miles de años para cambiar por completo el ecosistema del continente colonizado y acabar, por ejemplo, con 23 de las 24 especies de mamíferos de más de 50 kilos que poblaban Australia en el momento de su llegada (entre los grandes mamíferos solo el canguro sobrevivió).
Y no es un crimen puntual: lo repetimos allá donde vamos.
Arrasamos cada isla o continente nuevo que pisamos; que se lo digan si no a los dientes de sable, camellos y demás especies que poblaban América antes de que, tras cruzar el Estrecho de Bering, el Hombre se plantase en el que era su territorio y acabase con todo: se estima que 34 de 47 grandes mamíferos americanos y 50 de los 60 géneros sudamericanos cayeron en unos pocos cientos de años, implacablemente, ante el nuevo señor del mundo… ¡Y estamos hablando de gente con arcos y flechas como mucho!. Los mismos aborígenes australianos e indios americanos que los ecologistas ponen ahora como ejemplo de sociedades respetuosas con el medio ambiente fueron devastadores con los ecosistemas que se encontraban. Si esos señores en taparrabos eran capaces de, en unos pocos miles de años, alterar de forma radical el ecosistema, arrasándolo todo, cambiando selvas y bosques por campos de arroz y trigo y acabando con mamuts y armadillos gigantes para dar paso a nuestras gallinas y perros… ¿Qué no estaremos haciendo nosotros con nuestra enorme capacidad tecnológica?
Dicen que “to er mundo es bueno”, y puede que sea cierto, en un alto porcentaje al menos, cuando consideras a los individuos por separado; pero como especie, la raza humana es una auténtica psicópata: somos fabulosamente eficaces matándonos entre nosotros, pero eso no es nada con lo buenos que podemos llegar a ser acabando con el resto de especies vivas del planeta.
No soy de los que piensan que un animal está al mismo nivel que un ser humano, y estoy muy lejos de adherirme a los planteamientos animalistas que equiparan los derechos de los cerdos en el matadero con los de los seres humanos que se los van a comer, entre otras cosas porque la biología aún no está superada y sigo necesitando mi ración de proteínas. No obstante, de la misma manera que un tigre hambriento no dudaría lo más mínimo en devorarme si nos encontramos en mitad de la jungla y él tiene hambre, creo que, como especie, hoy por hoy no nos queda otra que seguir haciendo crecer en granjas a millones de seres vivos, condenándolos a una vida de engorde y sacrificio, para alimentar a cada vez mayor número de seres humanos sobre la Tierra. Dicho esto, soy de la opinión de que hay que pararse a pensar –ahora, ya, lo antes posible…- cuál ha de ser el modelo de relación del ser humano con el medio y con el resto de las especies que pueblan nuestro “pequeño punto azul”: no podemos seguir arrasando el planeta, acabando de paso con todas las especies que lo han compartido con nosotros.
No me malinterpretéis: mi defensa de la ecología no solo nace sólo de la simpatía o el asombro que me pueden causar ciertas especies animales, o de la calma que me puede provocar el sonido del viento al mover las ramas de los árboles en un bosque; se alimenta también de un profundo egoísmo que me lleva a pensar en que este es el planeta en el que tenemos que vivir, al menos durante unas cuantas generaciones, y que lo estamos destrozando sin remedio.
Porque no es solo la biodiversidad la que está desapareciendo, con la enorme cantidad de especies animales y vegetales que estamos destruyendo, muchas veces sin sentido ninguno -al menos esos aborígenes de los que antes hablaba mataban a sus presas para defenderse o alimentarse-, es que no sabemos de qué manera podemos estar tirando piedras contra nuestro propio tejado con este comportamiento homicida: ¿y si el secreto del tratamiento contra ese tipo de cáncer desaparece con alguna especie vegetal en una Amazonia arrasada? ¿Qué podemos aprender de ese felino? ¿Son las raíces de esos árboles las que impiden que esa montaña caiga sobre esa ciudad?… Eso, por no hablar de la irresponsabilidad del Calentamiento Global, tema que da por sí solo para uno y muchos post.
Y lo sorprendente es que, aunque es un tema que claramente interesa a un alto porcentaje de la población, el ecologismo bien entendido, alejado de planteamientos fundamentalistas que niegan realidades como, por ejemplo, que el ser humano come carne, está presente solo de forma marginal en las agendas de todos los partidos políticos, cuando debería ser tema de debate para la sociedad, aunque carezca de la inmediatez de la economía o del casposo “encanto” de los nacionalismos.
Es difícil, porque en el fondo sería ir contra nuestra cultura, basada en el consumismo caprichoso e irresponsable, pero se hace imprescindible una auténtica política medioambiental, que incluya, pero también vaya más allá del calentamiento global. Es indispensable un cambio educativo y de concienciación que cambie nuestra mentalidad y dé lugar a una auténtica revolución en nuestros hábitos.
https://www.youtube.com/watch?time_continue=3&v=gJ4I8dToCIM
¿Cómo sería el mundo si nadie hiciera estos trabajos?
Cuando el ser humano hizo su aparición en este planeta y hubo de buscarse la supervivencia no le quedó más remedio – a lo mejor, quién sabe, después de escudriñar cuidadosamente a su alrededor en busca de qué llevarse a la boca – que terminar cayendo en la cuenta de que la única solución era echar mano de lo que, al igual que él, era algo vivo.
No tengo ni idea de cuándo se percató de que además de los matorrales y las hierbas con que comenzó calmando el hambre existía la posibilidad de, a la vista quizás de cómo una fiera devoraba a otra, ingeniárselas para también él poder matar animales.
No debió de ser fácil. No debió de serlo porque – quiero pensar – muy posiblemente al hombre de entonces no se le había pasado por la cabeza la idea de tener que sucumbir a la crueldad; de tener que agredir y dañar a nada que pudiera sentir el mismo dolor que sin duda sentía él cuando por cualquier causa se golpeaba o hería. No pretendo decir que el hombre primitivo fuese básica o esencialmente bueno; pero sí que no tenía ni la más remota idea de que pudiese existir ¿por qué habría de saberlo? la crueldad.
Pero un día vio como un animal despedazaba a otro, y se lo comía, y se pertrechó de los atalajes necesarios para cazar.
Pasarían aquellos primitivos sus apuros, provistos de herramientas tan rudimentarias, y en muchas ocasiones, seguro, fue la fiera la que los despedazó y devoró a ellos. Así que aprendió a administrarse. Si la pieza cobrada era demasiado grande podía hacer imaginar, en un principio, que ahí tenía el grupo familiar, o la tribu, o lo que fuera y con el nombre que tuviese aquella incipiente forma de convivencia, sustento para una temporada y, por tanto, no tendrían que pasar el mal trago ni correr de nuevo el riesgo mientras la carne durase. A lo mejor, incluso, comían poco, justo lo necesario para reponer fuerzas, para que les durase más…
Pero se dieron cuenta también que se les terminaba pudriendo. No tenían ministerio de sanidad pero se daban cuenta que la carne se ponía de color verde, y se agusanaba, y olía que tiraba para atrás, y que aquello no había quién se lo llevara a la boca, “¿para qué nos hemos tomado la molestia de cazar un animal tan grande, tan difícil de abatir, para al remate no poderlo aprovechar?”.
Y echó cuentas de que, tal vez, con un animal más pequeño, el trabajo no estaría siendo tan en vano.
Por otra parte no saldría a cazar el primer espontaneo, aunque en el primer arranque no lo hicieran con criterio más elaborado que la circunstancia – que a saber por qué se daba sin un Freud que los pudiera someter a regresiones y psicoanálisis – de que a unos, por la razón que fuera, les daba miedo enfrentarse a la fiera, y a otros no.
Vale, siempre habría alguna otra cosa que hacer – aunque no muchas porque a qué factoría acudir a fabricar motores de combustión, o hélices para helicóptero, o monturas para gafas; ni a qué autobús esperar para acudir a El Corte Inglés a comprar un libro o un DVD o al cine o al teatro o a un concierto de rock – así que, le dijo un primitivo a otro, “tú fabricas las chozas, y te las apañas para que las piedras de sílex adquieran la forma necesaria para ser cortantes, y yo y este (señalando a otro primitivo que se ofreció de voluntario) nos vamos de caza”.
Pero había algunos que pese a su buena voluntad no servían. Ya tan rudimentarios no les pasaba inadvertido el hecho de que se tienen actitudes, innatas, para lo que sea, o no se tiene.
Y se acabaron especializando. Y terminaron también por saber administrarse. Y aprendieron que no tenía sentido – sin saber ni una palabra de física ni conocer ninguna de esas fórmulas que te ayudan a calcular cuántos caballos de vapor hacen falta para desarrollar no sé qué potencia – hacer un esfuerzo que no se correspondiera con el beneficio que se iba a obtener.
Hoy el mundo es mucho más fácil, aunque también la vida bastante más cara.
Si quieres comer carne necesitas dinero, sólo dinero; y con ese dinero te vas a un supermercado y te compras una cosa que se llama “un kilo de filetes” y que para nada te trae a la memoria que ahí, antes de ser mercancía, había vida.
Si tienes mucho dinero compras muchos filetes; y como tienes frigoríficos y congeladores te pueden durar todo lo que quieras.
Ya no hay, además, el cazador especializado que – no puedo demostrarlo, pero creo que tenía una cierta noción de que había arrebatado algo a la Creación, y de que había hecho sufrir a un ser vivo –, antes de sentarse a lo que tardó milenios en ser una mesa (de, por lo menos, formica) e hincar el diente a lo que tardó (aunque menos) en ser “un asado” o un “rosbif”, oraba a su manera pidiendo perdón a los dioses y dando gracias a la fiera.
Hoy ser matarife es una profesión como otra cualquiera. Y levantarse por la mañana y ducharse y vestirse y acudir a un centro de trabajo a cumplir una jornada laboral de… ¿ocho horas?
Y las personas que lo realizan hacen ese trabajo con el mismo aplomo y presencia de ánimo que el que conduce un autobús, o fabrica tornillos o cajas para embalar. Y matan un animal tras otro a un ritmo que viene prefijado por la velocidad a la que corre (mira, ahí está una de las utilidades de la física) la cinta de la que cuelgan los ganchos de donde ir colgando los conejos aun vivos para, acto seguido, degollarlos ya cabeza abajo y aún pataleando.
Y son personas que, tal vez, mientras ejecutan movimientos mecánicos, están pensando en sus cosas, y dando vueltas a sus preocupaciones, y doliéndose de que tal o cual hijo no está yendo por buenos caminos, o planeando unas vacaciones, o considerando la conveniencia de llevar la mascota al veterinario porque lleva unos días que se le nota raro…
No son, quiero decir, personas básicas ni esencialmente crueles; del mismo modo que nuestros antepasados no eran básica o esencialmente desalmados. Pero… ¿qué nos ha pasado?
¿Qué ha pasado en los humanos para que podamos alcanzar tales cotas de insensibilidad?
¿Qué ocurriría, volviendo a la pregunta del principio, si no hubiera un solo ser humano que quisiera desempeñar este tipo de trabajos?
Seré breve si puedo…
Siempre se dijo más vale maña que fuerza..
En el ártico están extrayendo gas y derivados.. Cómo otro negociazo más de los que ya se Dan en esto de los sectores- energéticos..
Ello conlleva deshielo y destrozo absoluto del ártico… Pero claro: el Negocio/banca/dinero.. Etc, es «rotundo» ;
Y yo sólo pregunto : teniendo un Sol-radiante-del que seguro se pude sacar Inmenso beneficio con la instrumentación e ideación adecuadas.. Que nos daría para muchísimos y diferentes abastecimientos??
Cómo es que vamos a deshelar el ártico: con sus nefastas y terribles consecuencias?, por tanto insensato sin escrúpulos de ninguna clase…
No soy científic@ en nada.. Pero la nieve devuelve cierta energía solar (refleja), para que la tierra no se ACHICHARRE; cuando ni de ciertos rayos podamos defendernos y la tierra se seque, y los mares sean una sopa-plastificada- calenturienta?…
Qué vamos a hacer?……………
Así! Ya lo tengo!!… La nueva «multinacional» nos proveerá del espacio exterior con algunas gotas de hachedosO… En cualquiera de sus formas (gaseosa- helada-líquida..), por supuesto a un precio determinado… Y si no lo pudieras adquirir, pues eso… Te endeudas y etc…
La única solución a todos estos despropósitos se llama Conciencia y operar en relación a ella..
Pero… Esto… De esto… Parece que no.. Tenemos…
Buenos días,
Un par de apuntes, o quizás más….
1. El ser humano puede o no comer carne, es una decisión, en general, personal, poco tiene que ver con la biología, o todo, pero las proteínas, avalado por decenas o cientos de asociaciones de nutrición, son perfectamente factibles de obtener de los vegetales.
2. El considerar a los animales no humanos inferiores, se denomina especismo. Lo mismo que considerar a personas de otras razas inferiores es racismo, desgraciadamente todavía no superado.
3. Es improbable que un tigre hambriento, o no, nos coma. Aún así el tigre no tiene elección, los humanos sí. Los leones se comen a las crías, a veces, y no por eso justificaríamos hacer lo mismo con las de nuestra especie.
Sí, somos una especia psicópata, para superarlo debemos ir a la raíz, no pasar de lado,
Un saludo
Todo muy bien, pero hay datos impepinables:
– Sobramos gente en el planeta. Que haya 7000 millones de seres humanos con su consumo y degradación ambiental es insostenible. No hay especie de su porte e impacto que pueda sobrevivir sin cargarse todo el ecosistema mundial. Imagínese que hubiera 7000 millones de elefantes, rinocerontes, caballos, dinosaurios… sería inviable, y de hecho la naturaleza hace que lo sea.
– Consumimos demasiada carne y a lo tonto. Las necesidades cárnicas de una persona en el primer mundo son mucho más bajas que lo que nos metemos entre pecho y espalda, como lo demuestran la cantidad de gordos/as que hay, y enfermedades relacionadas. Se podría comer perfectamente la quinta o sexta parte de grasas y carne y encima de calidad, como porcino o vacuno sin estabular, alimentados con piensos naturales, etc, rascándonos por el estilo o menos el bolsillo.
– Es hipócrita proteger la naturaleza porque nos vaya a dar el remedio médico x o para que no se inunde la playa donde vamos de vacaciones. Si se hace, que sea por criterios ecológicos y sostenibles y no por nuestro sempiterno egoísmo.
– Por supuesto que las personas no destruímos conscientemente, y si nos llevasen a trabajar a un matadero habría que ver quién come filete después. Pero tampoco hacemos demasiado esfuerzo para revertir la situación; ya lo harán otros, decimos siempre. No reciclo porque ya pago bastantes impuestos (se dice), percepción deducida de la corrupción política. Conque el que trinquen los mandamases hace que no se moleste uno ni en separar la basura. Daños colaterales.
Tienes mucha razón. Leí alguna vez no sé donde que la cantidad diaria de proteínas que una persona necesita es de 8 gramos por cada 10 kilos de su propio peso. Lo recuerdo porque sé que en mi caso son 40 gr. y considerando, además, que esos 40 gramos no estarán exclusivamente en la carne ya sea de mamíferos o de aves o de peces. Así que sí; bien repartido y organizado todos y cada uno de los seres humanos podríamos tener nuestra ración diaria sin tener que esclavizar a los animales a llevar una vida tan cruel y tan diferente de lo que sería su medio natural.
Bien es verdad – y por mucho que me duela creo que es así – que las proteínas son imprescindibles para la vida y que para obtenerlas de los vegetales necesitaríamos ingerirlos en cantidades tan grandes que, imagino, eso también terminaría alterando el equilibrio ecológico. Y eso sin entrar en la consideración de que los vegetales también son seres vivos; detalle al que los vegetarianos cierran sus ojos y sus oídos.
De modo que lo que me permito opinar, porque soy así de arremangada, es que el Sumo Hacedor o Quien fuera o fuese que hizo este mundo lo hizo muy mal. Que yo que Él/Ella/Ello, si me pongo, lo hubiera hecho de modo que nada vivo tuviese que matar a ningún otro nada vivo para sobrevivir.
Pero lo hizo así, como es, y alguna responsabilidad tendrá El/Ella/Ello de que sea como es.
Nos pasamos la vida, sin embargo, culpándonos los humanos unos a otros y queriendo todos lavarnos las manos que, ya digo, no creo que la responsabilidad de lo sucias que podamos tenerlas sea toda nuestra.
Pero sí que podríamos sacrificar menos animales, y darles una vida más digna.
No dejo, a pesar de todo, de considerar – es que he cogido carrerilla y me he liado a hablar (escribir) cuando empecé con idea de ser breve – de considerar que, una espiga de trigo, un pimiento, ¿cuál sería su para qué, su razón de ser, sin otro cometido que nacer y podrirse y morir? ¿Cuál el de los animales con un cometido no diferente o, no más halagüeño, que el ser devorado por su correspondiente depredador?
No creo que haya una escapatoria, una puerta con el letrero «salida» por la que podamos enfilar todos, la humanidad entera y en tropel.
A mi me parece que lo único que cabe es que de uno en uno hagamos las cosas lo mejor que podamos o, por lo menos, lo menos malamente posible.
Ah. Y las pieles que tanto adornan a las señoronas. Y los perfumes, y los cosméticos para tener las pieles tersas y luminosas…
Pero es que si me lío sigo hasta por los zapatos y los guantes de cabritilla. Y si me sigo liando cuántos vegetales harían falta para ir todos comidos y calzados y enguantados.
Pero lo que sí es verdad es que me las apaño bastante bien para, entre filete hoy, trucha pasado mañana y calamares en su tinta dos o tres días después, no sobrepasar los 280grs. semanales que a mis 50 kilos (sí, me conservo delgada) les basta y les sobra. Y que no tengo, además, aspecto enfermizo ni se me ve desnutrida.
Fíjate. He escrito mucho más de lo que pensé. Pido perdones. Y no lo he repasado, así que encima habrá erratas.
Parece que muchas veces determinadas conjeturas, adquieren un carácter de letanía estereotípica, a consecuencia, es probable también, de acciones y divulgaciones interesadas en que esa letanía sea la que impere, y silencie que cualquier intento de estudios más extensos, o matices nuevos , puedan salir a la luz.
Y las letanías dejan una huella difícil de borrar, o trascender su incidencia en la formación del pensamiento.
A veces, en base a ese “encantamiento hipnótico” que supone el adiestramiento en la forma de abordar la formación de un pensamiento, lleva a determinar también el “mapa” donde se va a delimitar la manera de pensar….
Las “ideologías”, sus extremos: “las doctrinas”, puede que hayan bebido de esa, que es aún, característica de nuestro cerebro cognitivo.
Así leo en un libro que hace poco cayó en mis manos, cómo la teoría formulada en 1798 por el reverendo inglés –Thomas Malthus, economista y demógrafo también, sigue orquestando ideas generalizadas, aunque los estudios más profundos estén indicando otras cosas.
Transcribo literalmente de dicho libro: “El ecologista escéptico” de Bjorn Lomborg, profesor asociado de Estadística en el Departamento de Ciencias políticas de la Universidad de Aarhus, Dinamarca:
“La teoría de Malthus defendía que la población crece anualmente de forma exponencial. La población del planeta se duplica cada cuarenta años. Por lo tanto, en ochenta años seremos cuatro veces más y en ciento veinte años nos habremos multiplicado por ocho. La producción de alimentos crece más despacio…La población crecerá más deprisa, mientras que la producción alimentaria se mantiene constante. Por lo tanto la producción de alimentos perderá la carrera frente a la población. Mucha gente morirá de hambre.»
«Sin embargo las pruebas parecen desmentir esa teoría. La población raramente crece de forma exponencial, y la cantidad de comida no aumenta linealmente. De hecho, la producción agrícola mundial se ha duplicado desde 1961, y en los países en vías de desarrollo es ahora el triple. Esto significa que se ha producido un crecimiento estable en la cantidad de comida disponible para cada miembro de la población.»
«Según declara la ONU, producimos un 23% más de comida per cápita que en 1961, y el crecimiento en el porcentaje de suelo cultivado por persona ha crecido en los países en desarrollo hasta un 52%, y parece que algo similar ocurre con los productos cárnicos…»
“A pesar de este incremento en la demanda el precio de la comida bajó más de dos tercios desde 1957 hasta principios de 2001”.
“….A nivel global, la proporción de personas hambrientas ha bajado desde un 35 hasta un 18%, ….en 1949 se predecía que sería de un 45%”.
“…Desde 1970, el porcentaje de personas hambrientas ha descendido en todas las regiones, cuando el descenso de porcentaje de personas hambrientas en el mundo debería haber aumentado al mismo tiempo que se ha duplicado la población de los países en desarrollo.”
“Desde luego, estas cifras siguen siendo inquietantemente altas….(dramáticamente altas, añado yo),… pero es importante enfatizar que en la actualidad hay 2.000 millones de personas más que no pasan hambre”.
Si bien es cierto que los datos referidos están referenciados en el 2001, los criterios en los que se basa, los modelos, no creo que hayan variado tan drásticamente como para afirmar que la tendencia haya cambiado y sea mayor el número de seres humanos que pasan hambre.
Para mí, una de las consecuencias que puedo sacar al respecto, es que, quizás aún a pesar intereses egoístas, de economías y mercados que pongan por encima sus beneficios sobre la existencia de las personas, de las poblaciones, se consigue, sin embargo, construir las condiciones, las bases, para asegurar la alimentación y vida de todos los seres humanos que pueblan este mundo…, y sobra…, pues se podría alimentar y asegurar la supervivencia a muchos más.
El problema no es, pues la capacidad de abastecimiento, sino las intenciones y la voluntad real y mantenida de que esa tendencia de optimización y redistribución de recursos, medios y alimentos, siga por unos caminos, por criterios de llegar y mejorar cada vez a más cantidad de poblaciones de forma continuada, y que la “hambruna” de un solo ser humano, suponga un drama y una llamada a buscar qué se está haciendo mal, más que a plantearnos que lo que ocurre es que “somos demasiados”, porque….parece que no es verdad, pero sí que podemos y debemos hacerlo mejor, y ahí es donde quizás deberíamos hacer el hincapié,…
Los seres humanos no sobran….pero quizás falten.
¿Por que los que dicen que 7000 millones de personas son demasiadas no promueven los suicidios colectivos? Ah, no, que los que sobran son los demas…
Efectivamente, hay personas malisimas, aunque no todos coinciden en quienes son los malos.
La brutalidad de la especie humana es parte de su naturaleza animal.
Pero su sentido de trascendencia es lo que la hace humana. Y los animales son animales y las plantas son plantas, que parece que olvidamos las cosas mas basicas
Que facil hablar desde nuestra hartura y hacernos los dignos. ¿ Es que nadie ha tenido abuelos que les hayan hecho respetar la comida? ¿Es que nadie se da cuenta de que el Estado del Bienestar nos ha dado muchas cosas pero nos ha quitado la responsabilidad y nos ha convertido en niños y no permite hacer cosas de adulto?
Solo un ejemplo: bosques comunales de los que se sacaba leña segun necesidad. Ahora son necesarios permisos y gaitas para tener el bosque limpio y las casas con leña.
Porque al final todo es una cuestion de respeto, a nuestro cuerpo, a nuestro entorno, a las personas y a las cosas.
A ver, señora, he dicho que SOBRAMOS 7000 millones, no que sobran. Y que eso es insostenible. Si hubiese una limitación drástica de la natalidad esa cifra caería en picado sin necesidad de envenenar gente a mansalva, ¿no le parece?
Que esa limitación drástica de la natalidad….también implica, queramos admitirlo o no, matar a un montón de seres humanos.
O si no…profundice en qué consisten la mayoría de los programas de «planificación» en ese sentido…..sin aún conocer, pero sí ya atisbado, aunque no divulgado, gracias a las trabas oficiales, los mecanismos biológicos de eso que llamamos «vida», tanto en su inicio, como en su aparente «final».
Desde la ignorancia, y lo sabemos, y hasta las leyes así lo contemplan, se pueden cometer muchas barbaridades….pero eso no nos exime de responsabilidad.
Por otro lado….cantidades ingentes de comida, y productos agrícolas y derivados de la ganadería…, en buen estado, adecuados para el consumo…,seres sacrificados para posibilitar nuestra existencia en esta tierra…, y que podrían alimentar a millones de personas,…son desechados, lanzados sin ningún miramiento ni atisbo de responsabilidad o consciencia de lo que estamos haciendo…al basurero en que parece se quiere convertir este mundo….
Todo en aras de una supuesta «economía»…,mercado..,.que solo beneficie a una parte la población de esta tierra.
Eso, me temo, que sí que hace insostenible la habitabilidad en el planeta.
Esa actitud es la que puede ser un enemigo potente de nuestra supervivencia como seres «humanos».
La natalidad se puede controlar perfectamente sin necesidad alguna de matar. Se soluciona perfectamente con – como decía un señor viejecito que llevaba la contabilidad de una librería donde trabajé de joven – menos chipichusqui.
Pero qué disparate ¿No? Siendo como es el chipichusqui amén un artículo de primera necesidad un derecho humano.
Y los hijos que se engendran, pues… Se suben al mismo carro que el que los engendró.
Y más chipichusqui.
Entiendo que el tema del “control de natalidad” no es algo que se pueda abordar desde planteamientos lineales o moralistas, donde ambos parecen compartir el mismo nivel primario.
Sinceramente creo que es demasiado simple, fácil, o directamente, hasta la expresión de una actitud personal que se pretende rodear de argumentos razonados o justificativos, el achacar (o así lo he creído entender, si no, por favor que se me perdone), un supuesto exceso de “seres humanos”, a la incontinencia ciega e inconsciente de hombres y mujeres en cuanto a su relación con el sexo supone.
El tema es mucho más profundo, y hay muchas maneras de observarlo y describirlo.
Según esos “puntos de vista”, podemos sacar unas conclusiones u otras, desgraciadamente, la mayoría de las veces, y a niveles más bien desde situaciones muy ignorantes (como puede ser la mía, desde luego), esas conclusiones están cargadas del peso de los pre-juicios.
Sin embargo, desde el sentido “global”, que se apunta en el artículo y en los comentarios, habría que tener en cuenta otros datos, modelos, criterios que los puramente “moralistas”.
Por ejemplo, todo aquello que se desconoce respecto al equilibrio de las poblaciones, pero que sin embargo actúa, sin que aún, desde un punto de vista digamos “científico”, se sepa las leyes que lo rigen.
Así como fue considerable el número de nacimientos que se produjeron después de las dos primeras guerras mundiales, y que fueran mayor el número de niños que el de niñas nacidos.
¿Promiscuidad pos-traumática por parte de las mujeres occidentales?.
También ahora, y desde un punto de vista altamente sospechoso, las políticas del “control de natalidad” se parecen querer centrar en aquellas poblaciones con mayor índice de mortalidad infantil, y además víctimas muchas de ellas de grandes masacres y genocidios, más o menos silenciados, con las ocurridas en Africa y mientras Europa, y en general el “mundo desarrollado” miraba a otro lado y enviaba “cascos azules” cuya actuación….aún se cuestiona.
Creo que en los estudios de Demografía, se contemplan parámetros donde se observa una mayor actividad reproductiva, además de una mayor fecundidad en lo que respecta a la actitud de la parte femenina, de aquellas poblaciones víctimas de esos “exterminios masivos”, o de «grandes hambrunas».
¿Barbarie promiscua?….Esas actitudes, parecen que han permitido que esos pueblos no hayan desparecido totalmente, como seguramente ocurrió en Europa y América después de las dos Guerras, y que permitió una “reposición” prácticamente igual de población masculina, como la que había muerto en los combates.
Sinceramente, pienso que nos queda mucho por saber, conocer, profundizar….al respecto.
Desde una situación de ignorancia, de desconocimiento de cómo funcionan las leyes de la naturaleza, las que también nos rigen a los seres que poblamos este mundo, no podemos otorgarnos una capacidad de juicio que no poseemos, y menos aún que de esos “juicios” salgan sentencias…..como soluciones “finales”.
Y lo siento, la palabra “drástica”…..no parece, precisamente, indicar un camino de profundización o de comprensión ante la complejidad que el ser humano y su organización comporta.
Sin embargo, y es algo que pocas veces se aborda en estas cuestiones, sobre todo cuando lo que se trata es de que determinadas “consignas” se mantengan flotando en las vías de comunicación, la educación sí que es importante.
Pero la que despeje al niño, al hombre, el camino a sus capacidades, que le permitan indagar en sí mismo…y descubrirse.
Esa educación, es importante….y a lo mejor para ello, también es importante que más seres humanos puedan nacer en este mundo.
La responsabilidad, igual es, tratar de hacerlo mejor, y facilitar las mejores condiciones posibles para ello…., imagino que es ahí donde habría de dirigir el esfuerzo, hacia los cambios de “modelo”, que puede que esas “leyes” aún no descifradas, pero que sin embargo, parece que si influyen de manera bastante determinante, nos estén abocando.
A propósito, en algún sitio leí que «modelo», no es algo estático, sino un concepto que «algo susceptible de transformación», dinámico….hacia aquello cuya conformación final se está desplegando, pero aún le falta.
Sin embargo lo aplicamos a las estructuras sociales, como algo inamovible, cuando, se sabe desde materias como la Sociología, que no es así…como otras tantos «axiomas» a los que nos hemos aferrado….con «grilletes de hierro».
El artículo original tenía visos de profundizar en el inevitable tema de la aparición y desaparición no solo de las especies animales, sino también de toda forma de vida, en su intento por prevalecer genéticamente sobre su entorno, ese ciclo ineludible que nos muestra cualquier análisis serio y objetivo del pasado, que se encuentra mucho más allá de cualquier intento por parte del ser humano de evitar cuanto menos de dirigir. Desde Heráclito el hombre se ha visto asediado por la presencia del cambio continuo como forma de existencia a todos los niveles físicos y biológicos y esa problemática encierra una interrogante de carácter esencial para intentar encontrar el sentido de la vida humana propia en el remolino universal. El tema es de una trascendencia radical y merita una profundización al margen de cualquier teoría de carácter psicológico sobre el comportamiento más o menos agresivo del ser humano, o una recomendación respecto al régimen dietético recomendable para encajar el relevo de las formas de vida sobre el planeta.
¿Y quién decidiría cuáles de las 7mil millones de personas, son las que sobran?
¿Cuál será la ideología para decidirlo? ¿vamos por sorteo? ¿Color de piel u ojos? ¿Color de la religión? ¿Zona del mundo en que se vivie? ¿Según el dinero o educación? ¿por hambre?
Decir que somos muchos, habre la puerta a procesos de deterioro muy peligrososo, como guerras de exterminio y peores atrocidades.
En cambio, entender que cada uno somos representantes del resto de los 7 mil millones, es algo diferente. No somos 7 mil millones de problemas, sino 7mil millones de soluciones.
Podemos lanzarnos a educarnos y a educar en construir una vida estable con el entorno y la salud humana y planetaria. En donde se cuide la natalidad y el impacto ambiental de todos y cada uno de nosotros.
Eso pasa por un cambio interno y profundo, pero también por cambios en la organización social, cultural, económica. El capitalismo nos lleva a buscar aumentar el consumo y extracción de recursos, lo cual es incompatible con la vida largo plazo en un planeta finito.
Y no hablo de lanzarnos al socialismo. En ocasiones pensamos en una sola dimensión, con un extremo en el socialismo y en el otro al capitalismo. Sin embargo podemos pensar en otras direcciones. Otras formas de vivir son posibles, en donde maximizar la salud de los seres humanos y la restauración del medio ambiente sea el objetivo económico y lo que genere la económica.
Debemos pasar de la dupla socialismo-capitalismo a una economía multidimensional, centrada en un humanismo ecológico. Actuar no desde ideales, sino desde hechos concretos y actuales.
En donde por una vez, tomemos en cuenta nuestros orígenes evolutivos, entendiéndonos como seres con un cerebro adaptado a la vida nómada, pero con capacidades técnicas muy desarrolladas.
Es tiempo ya, de que dejemos atrás la infancia como humanidad, y como personas. Contemplemos todo con maduréz. Entendamos que todos los problemas y asuntos que afrontamos están interelacionados, desde la forma en que utilizamos los hemisferios cerebrales, hasta el cambio climático, la política, los conflictos personales, etc.
No son problemas separados, por ende, acciones separadas para su solución, son simplesas que ya no tenemos tiempo de permitirnos.
El reto que afrontamos es mayúsculo y mayúscula también es nuestra responsabilidad y lo requierido por todos y cada uno de nosotros.
Muchos saludos a todos,
Este pasado cuatrimestre he estado dedicando un atardecer a la semana a una clase de filosofía. Tres horas.
El cursillo cubre desde Hegel hasta finales del siglo XX y su tema central es el concepto del «self», del «yo mismo», el «dasein», etc y su eclosión durante este periodo histórico.
Quedan aún tres o cuatro clases y me ha resultado muy instructivo por muchas razones. Especialmente porque mis conocimientos previos eran abismales, el joven profesor ha resultado ser una persona notable y la mitad de los asistentes son señoras con la agudeza de Alicia.
También ha sido muy interesante ver que, Hegel aparte, el resto de filósofos parecen trabajar desde una cosmología previa al principio del siglo XX. Es decir, anclados en lo biológico y en la cosmología Newtoniana. Algo que la ciencia ha superado desde los años 20 del siglo pasado.
He excluido a Hegel de la anterior reflexión porque como muchos pensadores con formación teológica tiene pensamientos que bien podrían haber surgido del Upanishad o de la Física de Cuerdas.
Por qué esto es así comienza a merecer nuestra atención. Porque una de las cosas que emergen del cursillo –a poco que se reflexione sobre lo leído y oído– es que la Filosofía no emerge autónoma sino que surge desde los diseños y los recursos del Poder. Algo evidentísimo en Hegel desde antes incluso de su contratación.
El Poder nunca es ajeno a la filosofía que se desarrolla en sus instituciones educativas y tampoco a las ideas que son proactivamente comunicadas.
Me ha gustado mucho la reflexión de Alicia acerca de las pocas proteínas que necesitamos y lo bien que «sabían» cuando esos animales no vivían, como ella dice, «una vida tan cruel y tan diferente de su medio natural». Tan sencillo y tan claro que casi se nos saltan las lágrimas al recordar. Igual que las escenas finales de «Soylent Green».
Hoy se nos bombardea con el concepto de Escasez. Una escasez rotundamente falsa pero muy conveniente para el Poder de muchos tipos. La escasez, la conciencia de ella, permite grandes precios y grandes fiscalidades.
Y sin embargo a nuestro alrededor todo es abundancia. El ejemplo más sangrante es el del Agua en un planeta que no solo tiene el 80% de su superficie cubierto de ella sino que dentro de su parte emergente hay aproximadamente dos veces el volumen de agua que existe en los mares.
Pero hay escasez y por tanto hemos montado un pedazo negocio y fiscalidad en torno a esa idea falsa.
Que el Poder no es de fiar –en estas cuestiones– es tan evidente como su interés en seguir anclados en la cosmología previa al siglo XX. De hecho no fue el poder quien descubrió la electricidad. Se ha limitado a controlar su producción para que haya lo que el Poder necesita: Escasez, control, precio alto y fiscalidad brutal.
Felices fiestas, gracias por el artículo, por los comentarios y los nuevos comentaristas como Psellus. Es bueno recordar que el Bizancio cristiano duró mil cien años más que Roma.https://www.britannica.com/biography/Michael-Constantine-Psellus.