Escucho a menudo que cuando había para todos nadie se quejaba. ¿Para todos? ¿Alguna vez hubo para todos? Ah, no, espera, que “todos” no es “todos” , es “todos nosotros”.

También escucho con frecuencia que antes de la crisis todo iba bien…. Y digo yo que si realmente todo iba tan bien, no tiene mucho sentido que ahora, de repente, todo vaya tan mal.

Cuando vuelvo a casa de una manifestación, lo hago con cierta inquietud. No solo por la violencia que se respira en los inevitables enfrentamientos, sino por el mensaje que se detecta detrás de gritos y pancartas. Apenas encuentro personas que salgan a la calle pidiendo un cambio social de verdad. Sin embargo, son muchas las que salen a la calle pretendiendo luchar por un cambio social, cuando lo que en el fondo están reivindicando es que no les toquen sus cosas. Es comprensible que no queramos que nos toquen nuestras cosas, pero digámoslo claro, seamos honestos y portemos pancartas que recen “si no me tocas los cojones, yo te vuelvo a votar”.

No es un héroe el que salva su propia vida, sino el que salva la de los demás. No es un revolucionario el que sale a la calle para reivindicar para él, sino el que sale a la calle para reivindicar los derechos de otros. Porque si no, simplemente, eres un tío cabreado al que la vida le va mal. Y por supuesto que puedes quejarte y pedir recursos para que te vaya mejor, pero eso no es revolución, eso es supervivencia.

Nos movemos cuando la crisis nos asfixia, cuando ya no podemos más. Esto es lógico e imagino que necesario para impulsar el movimiento ciudadano, pero también es peligroso. Es peligroso que nos agitemos en busca de objetivos propios olvidando objetivos ajenos que, al fin y al cabo, tampoco lo son tanto. A veces salimos del cascarón, piamos con desesperación, mamá pájaro nos mete unos gusanos en la boca y dejamos de piar. ¿Si tuviéramos esa vivienda y sueldo digno que tanto reclamamos, se acabarían nuestras intenciones de cambiar este sistema? ¿Cómo de quebradizas son entonces nuestras intenciones?

Por supuesto que estoy de acuerdo en que todos deberíamos tener un buen sueldo y una vivienda en condiciones, sería aberrante no estarlo, pero si tras conseguir cubrir nuestras necesidades básicas nos metemos en esa vivienda digna a seguir sobrealimentándonos gracias a ese sueldo digno y sucumbimos al silencio de esa supuesta dignidad, el propósito de transformación social no es tal.

Lo más desolador de esta situación es comprobar que no deseamos que las cosas cambien, lo que deseamos es que vuelvan a estar como antes. Pero es que si volviéramos a estar como antes, en algún momento volveríamos a estar como ahora, y así hasta el infinito y más allá.

No queremos que escampe la tormenta para reconstruir nuestra vida desde un terreno saneado, lo que queremos es mantener apuntaladas nuestras cuatro paredes, a costa de lo que sea, para seguir viviendo en la pretormenta.

Si nos dieran a elegir entre la posibilidad de un cambio real del sistema en el que vivimos, con toda la incertidumbre que eso conlleva, o que las cosas nos fueran bien de nuevo a nivel individual, ¿qué escogeríamos?

¿Luchamos por un cambio o por una regresión?

5 comentarios

5 Respuestas a “VOLVER”

  1. Valentina dice:

    Nos movemos por una regresión, está claro, Bárbara.
    Decir NADIE sería injusto, y exagerado y ofensivo; pero sí es cierto que no todos los que están luchan o se mueven por un cambio. Y que si todos los que acuden a las manifestaciones lo hicieran por pedir lo que sería beneficioso para otros, para los que de verdad están necesitando que las cosas cambien para vivir sin agobios y sin miedos y poder alzar la vista del suelo, en las manifestaciones habría cuatro, y vocearían menos, y armarían menos bronca o ninguna, y resultarían más dignos de respeto y más creíbles.
    Pero el común de los mortales vive con la vista puesta en el suelo. La cultura — la occidental, al menos, y no tengo conocimiento cercano ni directo de ninguna otra — ha favorecido que la sociedad a la que hemos llegado sea pavorosamente materialista, y hoy vivimos convencidos de que la felicidad está en las cosas.
    Y queremos esas cosas.
    Así que da cosas a todo el mundo y todo el mundo vivirá contento.
    Contento, satisfecho nada más, sí; pero eso será más que suficiente porque satisfacción y contento es lo que se busca y se ansía.
    La felicidad no importa a nadie. Es, aunque nadie lo dice en voz alta y a lo mejor ni lo piensa — porque algo tan estúpido no merece que se le dedique ni un pensamiento —, una especie de quimera para visionarios y gentes que no tienen los pies sobre la tierra.
    A lo mejor es que habría que tener — la frase no es de mi cosecha, pero la escuché una vez y me hizo mucha gracia — “los pies encima de la cabeza”.

  2. Eloísa dice:

    Cuántas veces escuchamos y nosotros mismos decimos: para cambiar, hay que esforzarse… Entonces, si me esfuerzo un poquito (sintiendo por dentro que me esfuerzo muchisísimo) y consigo de nuevo el techo que pare la lluvia en mi salón, ¿me quedarán fuerzas para participar en el cambio común? Mmm, es que eso ya cuesta muchisisisísimo. Primero tengo que mirar en derredor (que ya nos cuesta), ponerme en el lugar de aquellos llamados otros y luego mirar por ellos…
    ¿Somos tan vagos y perros por educación, porque se nos está anquilosando el corazón entre tanto papel de regalo con nada dentro, porque de tanto desaprender se nos está escapando el cerebro a chorros por la coronilla…? Es más fácil echarle la culpa a otros, sentirnos incapaces ante el “gran sistema” y esperar, esperar y esperar… Total, o muero esperando o igual hasta me compro un coche más grande.

  3. sanchoniatón dice:

    Matrix Recargado: has despertado de un sueño ¿y ahora qué? ¿La pastilla roja, un futuro incierto pero sobre una base «real»; o la pastilla azul, volver de motu propio a vivir el anterior sueño de los justos (donde unos pocos -nosotros, claro está- vivimos a lo grande a costa de que otros mueran a lo grande también)?

    O dicho de otra forma: Esta crisis es una estupenda noticia para las tres cuartas partes de la humanidad.

    Afortunadamente el Destino no se para en pastillas azules. Si te duermes en los laureles te despertarás con dolor de cabeza.

  4. CONCHA dice:

    Espero que estemos luchando por un cambio. Si queremos distintos resultados, tendremos que hacer cosas nuevas, aunque volvamos a equivocarnos. Por lo menos, sabesmo lo que no queremos… http://pacalifornia.blogspot.com.es/2012/11/esto-no-funciona.html

  5. Gregorio dice:

    Cuanta razón llevas en tu exposición, Bárbara. Pienso que la mayoría de la sociedad quiere una regresión, no un verdadero cambio de sistema, primero por el vértigo a lo desconocido, segundo por que antes se vivía bien, al menos los que tenían vivienda digna, con una buena hipoteca, eso sí y con un trabajo decentemente remunerado, que permitía tener ciertos «lujos», así considerados hoy un día, como vacaciones o simplemente ocio. L mayoría de la sociedad quiere la regresión a esa situación, da igual que los políticos fuesen igual de malos, que los bancos igual de ladrones, que Europa igual de impositiva…pero ellos se podían permitir sus «lujos».

    Lamentablemente creo que esta situación no servirá para cambiar el sistema y hacerlo realmente más democrático, no la sociedad más justa… pero al menos seguiremos deseando esas utopías.
    Un saludo

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