¿Y si dejáramos de ser competitivos?

Trabaja duro, esfuérzate en ser el mejor y llegarás a donde quieras” ¿Quién no ha oído infinidad de veces frases de este estilo en su niñez? Resumen a la perfección uno de los pilares en los que se basa nuestro modelo económico y social: la competencia. Concepto asociado con el afán de triunfar. Pese a que esto del triunfo admite diversas interpretaciones, en definitiva consiste en situarse en la cumbre de nuestra sociedad y superar a los demás.

Siendo honestos, pocos, por no decir ninguno, podríamos decir que eso de competir y triunfar son ideas que nos han venido impuestas solo desde fuera. En realidad las tenemos muy interiorizadas. En este sentido, hay que reconocer que el modelo social en el que vivimos está siendo sustentado y alimentado por cada uno de nosotros. Pero, aun siendo así, también es cierto que nos lo han inculcado desde pequeñitos, tanto nuestras familias y escuelas como, en general, los medios de comunicación, las empresas y, por supuesto, los gobiernos. Constantemente oímos que, si queremos que nuestra economía crezca y genere más y mejores empleos, tenemos que ser más competitivos, porque nuestro país rivaliza con los demás. Sin embargo, sabemos que en esta carrera muchos se quedan en la cuneta porque hay poco sitio para los ganadores.

En un artículo reciente, Isaac Salama explica cómo la crisis económica ha ido haciendo que cada vez haya más pobres mientras los ricos ven enormemente incrementada su riqueza. Una pobreza que también es relativa, porque no es la miseria que vemos en el tercer y cuarto mundo. Pero, en cualquier caso, es pobreza porque, más allá de las estrecheces materiales, instala la frustración en mucha gente respecto a las expectativas que se había construido. Y, desde luego, destruye la confianza en la justicia y equidad de nuestro sistema económico. Porque ya no basta con esforzarse. Muchos jóvenes terminan sus estudios y luego no encuentran trabajo; o, si lo encuentran, es con un sueldo que no les permite independizarse y hacer su vida. Desde esta situación, por supuesto que se cuestiona el modelo económico, pero también el político. Como se explica en dicho artículo, cada vez son más los indignados que, aquí y en todas partes, apuestan por políticos que prometen soluciones basadas en cambios radicales que ni ellos parecen saber a dónde llevan. Pero es evidente que si el sistema político no puede garantizar que se cumple el pacto tradicional –yo me esfuerzo pero a cambio obtengo el fruto que me prometieron– este sistema queda deslegitimado.

Si nuestro sistema económico consiguiera darle la vuelta a la situación y que la mayoría de la gente se sintiera razonablemente satisfecha con sus logros, o con la posibilidad de alcanzarlos, se recuperaría la ansiada estabilidad, tanto en términos económicos como políticos y sociales. Ahora bien, con el panorama que se vislumbra, ¿es realista creer que eso pueda suceder? La desigualdad, las reducciones salariales o la disminución en las pensiones están ahí. Por mucho que prometan los políticos recién llegados, el nivel de la deuda y del déficit público apenas deja margen para aplicar políticas de choque con el gasto público que pudieran redistribuir y cambiar significativamente la situación. La Unión Europea no lo va a permitir. A fin de cuentas, si unos gastamos más de lo que ingresamos, otros tendrán que prestarnos más y los países que están en mejor situación no quieren volver a correr más riesgos permitiendo que nuestra deuda llegue a hacerse impagable. Podríamos aumentar los ingresos públicos, desde luego. Hay margen para ello. Pero, como ya hemos visto en otra ocasión, ni mucho menos hay tanto margen como para que el sector público se convirtiese en la locomotora que colocase a nuestra economía en una senda de crecimiento sostenible. Suponiendo que ese fuese su papel y tuviese capacidad para ello, lo cual es mucho suponer.

Haría falta que cada vez hubiera más empresas exportadoras, pero claro eso también tiene un límite. No parece realista que esas empresas crezcan tanto como para poder tirar de toda la economía nacional, y además consigan vender sus productos a precios tan elevados como para que la mayoría de los trabajadores españoles tengan sueldos altos.

Tampoco parece que los avances tecnológicos nos vayan a sacar del atolladero. A algunos sí: a los que su capacidad de previsión o la casualidad les coloque en los puestos de trabajo que tengan la llave de esas nuevas tecnologías. Pero a la mayoría no. Desde luego no a quienes pierdan sus empleos por haberse automatizado las tareas que ellos hacían, y tampoco a los que ya no les ofrezcan esos trabajos porque han sido mecanizados. Es otra cara de la lucha por ganar competitividad; por competir mejor. Y luego está la famosa globalización, que hace que cada vez haya más empresas en el mundo haciendo lo mismo para ser más competitivas; esto es, incorporando esas mismas tecnologías robóticas, reduciendo sus costes salariales, etc. En definitiva, las perspectivas apuntan a un horizonte en el que cada vez habrá más perdedores y menos ganadores.

Cuesta creer, por tanto, que este modelo económico aguante mucho tiempo. Al menos para gran parte de la población. Y no parece que haya mucha gente entendida que esté pensando en cuál podría ser el siguiente modelo. Sí hay muchos que se resignan a que el curso de los acontecimientos nos llevará, de una u otra forma, a él. Y todavía abundan los que de verdad se creen que votando a determinados políticos, más o menos ocurrentes, se solucionará todo.

Viene esto a cuento por lo que decíamos antes: en un sistema económico basado en la competencia, algunos ganan y muchos pierden. Lo que he tratado de razonar es que, con este sistema, cada vez vamos a ser más los que perdamos. Todo es relativo, claro. Como somos muchos, habrá muchos que ganen, pero desde luego muchísimos más los que perdamos… salvo que revisemos el significado de ganador y perdedor. Es cierto que la competencia tiene la ventaja de que nos anima a esforzarnos, a huir de la indolencia, pero casi siempre lo hace por comparación con el vecino, no por afán de superarse uno a sí mismo. Se establece la idea de ganador limitando su ámbito de aplicación a aquello que  proporciona más riqueza y poder al propio individuo y, de rebote, al conjunto de la sociedad (aunque, en realidad, luego solo les llega a unos pocos). Pero el individuo, la persona, es mucho más que una máquina de ganar dinero o poder. También existe la curiosidad por saber, por ampliar nuestra visión del mundo con conocimientos que no son útiles para ganar dinero o poder, pero que en cambio nos descubren otras realidades apasionantes. Existe el deseo por introducirse en el mundo del arte, de la belleza, de la sensibilidad. También está el deseo de querer y ser querido, de cultivar de verdad las relaciones afectivas, y no solo cuando nos dejan conciliar. Pero, sobre todo, existe el impulso por ayudar y cooperar con los demás, en lugar de vencerles y destruirles. Y de todo esto, la idea de ganador que hemos acuñado no dice ni pío. A poco que lo pensemos, es evidente que estas nociones de ganador y de la competencia son enormemente empobrecedoras para todos. Incluso para los que supuestamente triunfan.

Desde esta perspectiva, en el fondo sería una gran noticia si este modelo, tan pegado a la competitividad, se viniera abajo. Pero, claro, pese a sus inconvenientes, en la práctica (no en la disquisición teórica), ninguno querríamos empujarle en su caída sin tener la confianza en que otro mejor estuviese preparado para sustituirlo. Pero, para preparar esa alternativa, es imprescindible que previamente nos demos cuenta, y asumamos, que el modelo actual es tremendamente tóxico y que es necesario ponerse a trabajar en otro mejor. En ese caso, quizás podríamos considerar que las oscuras perspectivas que acechan a nuestro sistema económico también podrían constituir una magnífica oportunidad para configurar otra realidad económica y social que fuera más respetuosa y beneficiosa para los seres humanos.

7 comentarios

7 Respuestas a “¿Y si dejáramos de ser competitivos?”

  1. RBCJ dice:

    Traigo a colación unas frases de Henry Ford que pueden ayudar a enriquecer el debate.

    https://www.linkedin.com/pulse/activities/juan-carlos-bravo-recio+0_0hbn00fuopCsfsAmzWVERP?trk=nav_responsive_sub_nav_yourupdates

    Sin duda de momento no disponemos de un modelo económico-social alternativo.Por otro lado en este equilibrio de suma cero, dejemos de momento el aumento de productividad a un lado, debiera ocurrir que muchos vivan mejor para que algunos, menos, vivan peor. La cuestión es cuanto peor y cuántos más proporcionalmente van a vivir mejor y cuanto mejor.Si en el mundo occidental cambiamos de cocina solo dos veces en 50 años , compramos utilitarios y en Haití , India o Ruanda se consigue educación y vivienda digna…hemos avanzado?. El sistema actual permitiría este cambio o lo abortaría?.¿Se puede ser sin más optimista o debemos , en Occidente y la propia población de India , Ruanda o Haitía modificar nuestras pautas de conducta , es decir , valores , objetivos…Sinceramente no creo que ese mundo más ideal que buscamos dependa tan sólo de la actitud de los occidentales, mucho debe cambiar también en los comportamientos del resto del mundo. Unos porque aspiran a copiar sin más y otros porque desprecian los valores de ciudadanía,libertad y respeto que aun existen en nuestra sociedad occidental , eso sí , un poco vieja , conservadora y quizás muy volcada a mirarse a si misma. Como decía Ford cuando comenzó a fabricar coches hasta los ciudadanos con capacidad pensaban que era mejor un buen coche tirado por caballos. Ford cambió la vida de los americanos , Google ha cambiado los comportamientos de la sociedad mundial,pero no sé si ha elevado el nivel de vida de esta sociedad,por cierto tampoco le corresponde.Volviendo a palabras de Ford «un negocio que sólo sirve para hacer dinero es un negocio pobre».¿Retórica?
    Saludos

  2. Gabriel dice:

    Está claro que esa primera frase entrecomillada me suena y mucho;
    también habría que saber a que tipo de competitividad te refieres.
    Cuando aparecieron en el mercado las compañías de telefonía y la “pseudo-liberación” en el mercado de las tasas, creo que muchos nos alegramos de ello, porque supuso tener una linea de teléfono móvil más barata que Telefónica.
    Aunque al final, todas siguen robando y engañando de igual manera y el monóculo opaco de la ley sigue sin que le demos un lavado en profundidad.

    Y hablando del triunfo personal, creo que se puede analizar en millones de formas, tantas como personas habitamos este mundo. Hay un libro de Lao-Tse que seguro te daría Luces.

    En cuanto al artículo de Salama, voy a resumir en unas estrofas, como percibía la ley y la justicia José Hernández en su Martín Fierro, en el 1.872. Las cosas han cambiado afortunadamente, pero no difieren mucho.

    Pregunta:
    Me gusta, negro ladino,
    lo que acabás de esplicar;
    ya te empiezo á respetar,
    aunque al principio me rey,
    y te quiero preguntar
    lo que entendés por la ley.

    Contesta:
    Dende que elige á su gusto,
    lo mas espinoso uno elige;
    pero esto poco me aflige,
    y le contesto á mi modo:
    la ley se hace para todos,
    mas solo al pobre le rige.

    La ley es tela de araña,
    en mi inorancia lo esplico:
    no la tema el hombre rico,
    nunca la tema el que mande,
    pues la ruempe el vicho grande
    y solo enrieda á los chicos.

    Es la ley como la lluvia:
    nunca puede ser pareja;
    el que la aguanta se queja,
    pero el asunto es sencillo,
    la ley es como el cuchillo:
    no ofende á quien lo maneja.

    Le suelen llamar espada,
    y el nombre le viene bien;
    los que la gobiernan ven
    a donde han de dar el tajo:
    le cai al que se halla abajo
    y corta sin ver á quien.

    Hay muchos que son dotores,
    y de su cencia no dudo;
    mas yo soy un negro rudo,
    y aunque de esto poco entiendo,
    estoy diariamente viendo
    que aplican la del embudo.

    Saludos y Felíz Pascua

  3. O'Farrill dice:

    Estimado Manuel, creo que no se trata de ser menos competitivos ya que la propia supervivencia es competencia. Quizá sería mejor orientar nuestra competencia a valores diferentes a los económicos, pero nos llevan por donde quieren y lo que quieren es vernos pelear entre nosotros y, a ser posible, irnos eliminando progresivamente. Si la competencia fuera de conocimientos, de reflexión, de análisis en profundidad de lo que ocurre, entonces quizás dejaríamos de matarnos en una competición estéril (puramente material) para empezar a defendernos de quienes juegan con nuestras sociedades humanas. Un saludo.

    1. Andrés dice:

      Estimado Manuel,

      Tal parece que requerimos no sólo de un nuevo modelo económico, sino de un nuevo modelo de vida. ¿para que queremos un modelo económico, si no sabemos ni para que queremos la vida?

      Encontrar un modelo nuevo, probablemente sea más sencillo, cuando entendamos que promover condiciones de vida adecuadas para todos, puede ser el centro del nuevo modelo, no la ganancia económica, no el éxito social o el prestigio nacional.
      Tal vez suene a Utopia (que no lo es), pero el camino que llevamos sin duda es ya una distopía.

      Pero para facilitar el entendimiento de todo lo anterior, no basta con decidirlo. Tampoco basta con un decreto del gobierno o del ministerio de educación. Es necesario que utilicemos de manera individual, nuestras capacidades cognitivas de una manera diferente. Aceptando nuestras limitaciones, y capacidadades, tomándolas como el resultado de un proceso evolutivo, en el cual no surgimos como una seta del suelo.
      Somos una especie cuya mente/pensamientos/sentimientos/razón, son el resultado de un proceso que debe tomarse en cuenta pàra facilitar la comprensión y despertar la inteligencia que existe en todos.

      Es más factible, crear un mundo mejor, en donde todos aportamos y cuestionamos con lo mejor de nuestras capacidades, y ya no sólo buscamos consumir el modelo impuesto.

      Estimado O’Farrill, le invito a que cuestione que supervicencia = competencia. La evolución es más un proceso de adaptabilidad, no de lucha. Es un proceso dinámico de interelación de efectos y causas complejísimas.

      Un saludo!

  4. Remedios dice:

    Pues fíjese D. Manuel lo lejos que estamos de lo que usted propone. No solo el llamado mundo desarrollado, sino cada vez más el resto, están en la locura colectiva que supone el deporte actual. Asentado en el afán de ganar, y cada vez más a cualquier precio, las diferentes disciplinas deportivas son vividas por los pueblos como una extensión directa de sus ídolos que lo consiguen.

    Simulemos por un momento que los hacemos desparecer, ¿qué pasaría?…

    Saludos cordiales.

  5. Epicureo dice:

    Es normal que haya competencia por los empleos más satisfactorios. El problema es que se considera normal que el ganador se lo quede todo y los perdedores no tengan derecho a nada. Esto es algo que en las últimas décadas se ha incorporado a la organización política y social, dado que los ganadores han tenido poder para configurarla, y además para controlar la propaganda formativa. Cuando el crecimiento económico es fuerte, puede mantenerse la ficción de que «la marea eleva a todos los barcos», pero cuando no es así, empieza a percibirse la injusticia porque cada vez son más los perjudicados.

  6. Carmen Romo dice:

    Muchas gracias por este post. me ha gustado mucho la forma de acercarse al mito de la competitividad, este paradigma sobre el que pivota todo nuestro sistema económico y que resulta tan destructivo para nuestras relaciones de convivencia, para el sostenimiento de nuestra vida en definitiva. Y es un mito porque nada está demostrado sobre si la evolución funciona por competencia o por cooperación. En la naturaleza se dan casos de uno y otro tipo. Y los últimos estudios en neurobiología cada vez confirman más que mas que para competir nacemos más preparados para cuidar y cooperarNo nacemos competitivos, la competitividad es un estímulo que proporciona nuestro sistema porque funciona con el mito de que para triunfar en esta vida hay que producir cada vez más y para producir cada vez más hay que hacerlo a costa de que otro no produzca nada. La motivción por competencia es la motivación del miedo, miedo a perder el trabajo, a disminuir ingresos…La motivación por cooperación es más satisfactoria, más reconfortante para nuestras relaciones sociales de convivencia.• Cierta competitividad es sana si el interés está en la superación personal en elaborar productos de mejor calidad y más sostenibles, pero si la competitividad está basada en ganar yo a fuerza de destruir al otro, esto no puede ser sano, pensando ya en la propia supervivencia de la especie humana. se podría decir que la competitividad es un juego de suma cero, si yo gano 10, hay otro que pierde 10, con la cooperación habrá alguien que gane 5 y otro que también pueda ganar 5
    Os invito a que conozcáis otro modelo alternativo, que sí lo hay y que ya se está poniendo en funcionamiento, respaldado por todo un movimiento social internacional con gran relevancia y difución en España. Se trata de la «Economía del bien común» (EBC) basado en el libro del mismo nombre escrito por Christian Felber y que ya empieza a aplicrse , incluso a nivel de municipios (los minicipios del bien común). Resumiendo mucho, este modelo trata de desmontar la típica discusión estéril : «la alternativa al capitalismo es el comunismo». Los dos sistemas han resultado un fracaso. La EBC pivota sobre el paradigma de la cooperación proponiendo una economía cooperativa de mercado. La Economía del Bien Común (EBC) aparece como una propuesta de nuevo modelo económico, social y político basado en valores esenciales como la solidaridad, la dignidad humana, la justicia social, la sostenibilidad ecológica y la democracia. Su principal virtud es que consigue reorientar la meta de una sociedad, los incentivos para llegar a ella, y los indicadores para medir el éxito de sus logros, de una manera satisfactoria y en consonancia con los derechos humanos y los principios y valores constitucionales.
    La EBC propone un cambio de paradigma desde un sistema donde el principal objetivo es el crecimiento y el beneficio económico, alcanzado gracias a la competencia, hacia un nuevo modelo donde el objetivo es el bien común y la herramienta para lograrlo es la cooperación. Lo deseable es que que nuestras metas como sociedad estén expresadas en términos de beneficios sociales: tener buenos sistemas educativos, de salud, que las personas tengan trabajos provechosos y se remunere dignamente por ellos, respetando e incentivando la iniciativa empresarial, que podamos disfrutar de un medioambiente limpio, que nuestros recursos sean bien gestionados, tener una democracia donde la ciudadanía sea partícipe de la vida pública y de la toma de decisiones.
    El Balance del Bien Común (BBC) es la herramienta que este nuevo modelo propone para medir el éxito y por tanto evaluar nuestros progresos. Este balance ofrece un marco de ordenación y comprensión de los problemas y de nuestras actuaciones, global y coherente, donde se mide la aportación al Bien Común que realiza cualquier organización: empresa, asociación, municipio, comunidades, personas… es decir, nuestra contribución a la mejora de los valores relacionados con los la dignidad, la justicia social, la solidaridad, las sostenibilidad ecológica y la participación y transparencia democrática, cuando interactúa con sus diferentes colectivos o grupos de contactos: proveedores, usuarios, financiadores, trabajadores y la sociedad en general.

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