De la dureza de la vida

Solo hay dos episodios no binarios en la experiencia vital del hombre, uno es el nacimiento y el otro la muerte. El resto es existencia.

…los sucesos internos y externos viene relacionada con la mayor o menor proximidad con estos dos aspectos centrales…”.

Cualquier cuestión transcendente en el curso de la vida, o está relacionada con esos dos episodios, o tiene una importancia distinta a las anteriores. Echando mano de las investigaciones y descubrimientos de la neurociencia, no deja de sorprender como el cerebro siempre está preparado para responder cuando las vivencias bordean o se relacionan con ambas experiencias.

El funcionamiento del sistema nervioso determina que la importancia que se otorga a los sucesos internos y externos viene relacionada con la mayor o menor proximidad con estos dos aspectos centrales, que toma formas muy distintas en función de otras variables, pero sus polos extremos, la subsistencia y la transcendencia, están inexorable e intrínsecamente presentes en cada una de las circunstancias vitales. Eros y Tánatos jugando sus partidas entre truhanes e impostores.

…sufrirá agresiones, invasiones y miedo, mucho miedo, en un entorno que no puede impedir que con frecuencia el Ser sienta la gélida e inhóspita realidad en la que está.”

Mientras, las fases en las que se construye la identidad en el sentido amplio del término, van sucediéndose en forma de construcción, conservación y metamorfosis, para el despliegue total de las redes y las capacidades que implican. Imparable, la gestión cerebral programa una secuencia para dar sentido a lo que sucede y dirección al destino. Un juego en el presente para liberar al pasado y proyectar el futuro. Los diferentes “yoes” se van superponiendo progresivamente hasta alcanzar un máximo de autoconsciencia allá por el final del periodo conocido como adolescencia definitiva, donde el gigantesco engranaje cerebral ha terminado su descomunal tarea de crear un individuo completo.

Durante su desenvolvimiento, estos “yoes” van a atravesar episodios complicados y difíciles, va a estar sometido a estados de desconcierto, vacilación y susto, sufrirá agresiones, invasiones y miedo, mucho miedo, en un entorno que, pese a la intención protectora y las cosmogonías estructuradoras que ofrece, no puede impedir que con frecuencia el Ser sienta la gélida e inhóspita realidad en la que está. Tribulaciones, pensamientos terroríficos, impulsos iracundos, fuerzas que toman cuerpo y dominan a los individuos en su interioridad con los que no se sabe muy bien qué hacer, pese a los cauces que todo el conjunto ofrece. Somos como una central nuclear que surca un tiempo y espacio desconocido con escasas instrucciones para su adecuado manejo.

…y se generalizan los dramáticos estados mentales alterados, reconocemos la falacia del bienestar y las zonas de confort”.

Escasas son las herramientas con las que sofocar el ardor o ablandar la dureza, si acaso la alegría, una aspiración artística o un breve e intenso encuentro, tan necesarias como para enloquecer en una persecución desenfrenada que cae casi siempre en bucles adictivos o en la desesperanza depresiva.

…la megafonía mediática repite incesantemente sus mensajes, esperando las cosechas de la repetición compartida, al tiempo que se van sumando grilletes a las cadenas con las que penar en la fiesta.”

Ahora que los sucesos pandémicos han desmoronado las tapias de unos “yoes” esencialmente endebles bajo las capas musculadas de los gimnasios y la cosmética, y se generalizan los dramáticos estados mentales alterados, reconocemos la falacia del bienestar y las zonas de confort; toman fuerza una pléyade de gurús de la nada ofreciendo sus sabios consejos para mecanos condenados a la repetición, mediante retahílas de fórmulas axiomáticas infalibles que se sostienen con telas de araña sospechosas de disimular las renovadas y pesadas mentiras de los “egos”, para un beneficio tramposo.

Encadenadamente y cabizbajos las infinitas filas de ciudadanos hace tiempo que abandonaron la esperanza de atisbos de verdad, mientras que la megafonía mediática repite incesantemente sus mensajes, esperando las cosechas de la repetición compartida, al tiempo que se van sumando grilletes a las cadenas con las que penar en la fiesta.

La responsabilidad nos debería llevar a contemplar el cielo y a ayudar a hacerlo a los demás. Nadie que tenga una cierta responsabilidad debe pronunciar palabra alguna, aunque nunca lo harán.

2 comentarios

2 Respuestas a “De la dureza de la vida”

  1. Victoria dice:

    Carlos,
    Refleja muy bien el doloroso existir cuando nos aproximamos, por medio de nosotros mismos o de otros seres -la intensidad varía en función de que sean queridos, cercanos, coetáneos, o simplemente otros, si se trata del hecho de la muerte-.
    Sin embargo, no entiendo muy bien el párrafo de cierre.
    Por favor, ¿podría ampliarlo o aclararlo?
    Muchas gracias y un cordial saludo,

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Victoria, disculpa la tardanza en contestar, otras obligaciones contraídas me han demorado. El artículo pretende poner en evidencia las dificultades, o sucesión de ellas, que a muchas personas les acaece en sus vidas y la forma en la que se suelen tomar estas por parte del medio social en el que vivimos. Cuando no es «tú te lo has buscado» es «yo te voy a decir como hay que hacerlo», y cuando no es «eres el culpable de tu situación» es «fíjate yo lo bien que lo hago». A lo mejor habría que plantearse si una parte del problema que estas personas están teniendo, está en la respuesta cínica con la que los medios responden a estas realidades. Leyendo la prensa frecuentemente me sorprende como al lado de noticias sobre los suicidios aparecen un sinfín de otras sobre la frivolidad de personajes de cotilleo con sus idas y venidas de una vida dedicada al postureo, la trivialidad y la fama, que ocupan la mitad de la prensa «seria». Y los gobernantes, más allá del efecto que las noticias sobre el dolor de las personas pueden producir en los «cuerpos electorales», parecen no entender nada del malestar existencial que padece una parte importante de la sociedad que dirigen. Así los supuestos valedores de la dignidad humana parecen estar siempre dispuestos a lanzar sus proclamas sobre el sufrimiento humano, mientras consienten y participan activamente en las políticas del miedo ajeno… y del beneficio propio. Que vivimos en una sociedad enferma de cabo a rabo es una realidad que hay que aceptar y asumir, y que no somos parte de la solución sino del problema, también.
      Gracias por tu participación.

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