No ha sido suficientemente analizada la desaparición de las beatas del panorama social; que con su minúsculo monedero, el negro brillante de las cuentas del rosario y las zapatillas en modo “andar por casa”, solían mirar recelosas alrededor al entrar en misa, y salían de ella con un sutil brillo en sus ojos. Los amigos malpensados de la juventud decían que ese comportamiento obedecía al miedo a que ocurriera un suceso definitivo para sus vidas antes de redimir sus pecados mortales en la eucaristía, y con ello perder el prometido paraíso bien merecido por culpa de algún insensato desaprensivo. Pero está claro que el ritual personal tiene ya poca cabida en nuestro mundo, pues solo han sobrevivido a la modernidad aquellos que se practican en clave colectiva, con una leve tendencia a asamblearia.

Hitos, ritos y mitos jalonan las realidades de los pueblos. No hacía falta que Hegel lo dijera tan rimbombantemente para constatar esta obviedad, pero sí hacía falta que se escribiera para que los demás lo leyeran y se crearan los correspondientes departamentos universitarios, como así ha sido.

Detrás de esos comportamientos reiterados y rituales repetitivos, los psicólogos reconocerán obsesiones, pero los sociólogos apreciarán cosmogonías que representan los valores y actitudes de los colectivos, y nos interpretarán nuestro particular sistema de creencias o, lo que es lo mismo, las esencias de los pequeños dioses a los que rogamos y rezamos todos los días del año. Para cuando las cosas van a mayores, y no guardan una relación temporal con la realidad, tenemos esos otros dioses mayores a los que suplicar por un familiar enfermo terminal, un amigo malherido en un accidente de tráfico o un embarazo dificultoso. 

Las caras de resignación más o menos expresadas, o más o menos disimuladas, se suceden en la mañana del solsticio de invierno, una vez que el resultado del sorteo se va comunicando. Como si se tratara de una premonición maldita, el ciudadano de a pie contempla el nuevo ciclo anual, que se inicia con la perspectiva de que otro año tendrá que atravesar por los mismos sinsabores que los que está dejando atrás, no siendo el depositario del dulce dardo millonario de la diosa fortuna. Pensar que lo podría ser es un juego mucho más incierto que el de la atávica beata, que solo apuesta en firme, a conciencia de que la salvación la tiene mucho más cerca al salir de misa.

El movimiento del subconsciente colectivo del día en el que se juega la lotería de Navidad  se aprecia en todos los lugares de trabajo, en la calle y en los bares, y estructura el frío aire matinal en los vientos peninsulares, desde la tramontana hasta el levante gaditano, desde el lebeche alicantino a la vitrolera cántabra, evitando con descaro las espurias fronteras que los hombres levantamos en la tierra.

Cuando individualmente todo un pueblo se nutre de las esperanzas de ser el agraciado de un juego de azar, significa que desconoce las leyes de la física, y además consigue zafarse de la envidia ajena al ser el agraciado de un ente no humano y divino como es la fortuna. Y la versión en negativo de esta realidad es la de que en ningún caso cree que por sus propios méritos será capaz de salir de la negra realidad de una subsistencia ramplona. Aunque la burbuja inmobiliaria supuso, y seguirá haciéndolo, un ruin intento de escapar de un destino indefectible y una suerte esquiva.

Creer en los juegos de azar, con la fe con la que se juega en España y cada vez más en Europa, es un claro síntoma del descrédito y la desconfianza que existe sobre las propias capacidades, y una evidencia de la desesperanza que reina entre la población. Como toda creencia tiene su parte real y su parte supersticiosa, no dejando de ser cierto que las estructuras colectivas en nuestro continente generan una potente sensación de apresamiento, que dificulta pensar que solo por ti mismo llegarás a algún lado.

Una sociedad que cree solo en la ganancia especulativa, en el negocio fácil y el enriquecimiento por el juego del mercado, es una sociedad que se desacredita a si misma, no tiene fe en sus posibilidades y no se mueve a su conquista. No hace mérito alguno para el desarrollo de sus capacidades, y practica la espera activa o pasiva de la plusvalía como única función. Y aunque los políticos luego se llenan la boca con la meritocracia, pocos son los que realmente están en puestos de responsabilidad y poder debidos a sus méritos, y esto es así en parte por la falta de escrúpulos internos, por estructuras que se lo permiten, y por un sistema que ha vaciado casi por completo el sentido del mérito, apoyando por el contrario la imagen insustancial, la invalidez, y la inconsistencia.

Una buena parte de la queja ciudadana, más la que se calla que la que se grita, tiene que ver con este sentimiento de injusticia que provoca que estemos rodeados de personajes públicos sin los mínimos méritos para ocupar pantallas de televisión, programas de radio y páginas de los periódicos. Casi siempre proceden de los mismos ámbitos, esos que una sociedad sana hace tiempo que hubiera condenado al ostracismo, y no a una fama egocéntrica como sucede en las nuestras.

Mientras el sentimiento de frustración rabiosa va creciendo, una agresividad patente ha germinado en el tejido social, y las tensiones van tomado cuerpo entre el escándalo y el estupor de muchos; entretanto a los que urden estas componendas hay que observarlos con detenimiento, para comprobar cómo esbozan una leve sonrisa cínica casi imperceptible. Su satisfacción es nuestro lamento.

13 comentarios

13 Respuestas a “El infortunio navideño y otras merecidas desdichas”

  1. Remedios dice:

    Ahora que comprobamos que no nos ha tocado la loteria, hemos de decir que cuánta razón tiene el autor: a una sociedad que no valora los méritos solo le queda la Loteria, con Hacienda al acecho.

  2. Aclaro primeramente la poca gana de comentar: que las vacaciones son eso, «vacaciones»;

    Aunque en el artículo se habla de varias cosas, me centro en la «loteria» que parece que hay gusto por verla desaparecer…

    Creyendo poco en ella, y siendo el «dinero» que lo mueve «todo», mientras se permita Jugar, es una opción más, de conseguir dinero siempre y cuando la intuición (o suerte, dicen) te acompañe.

    No estoy de acuerdo con lo que el articulista comenta en absoluto…
    tampoco adoro los juegos de azar y esta lotería p.e.nunca la jugué: aunque me la «publiciten en exceso.

    Cada cual con su dinero lo que le parece, (liberalismo), y en los juegos con mucha «cautela» en lo que se gasta y, no creyéndose nada..
    lo de ser «millonario» eso es una estupidez..tener «dinero» no es tener casi todo aunque de una «creencia» se trate..

    hoy los que hayan sido «agraciados con la lotería, que la disfruten que aquí estamos dos días, y que miren algo para ‘arriba’..
    Por-que si te «cayera una maceta» en toda la cabeza y la palmas?-…de qué suerte me hablas?…
    Por que..no todo en la vida, con lotería o sin ella, es «Dinero»;
    Adeu.

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Estimada comentarista,

      Siento que no le haya gustado el artículo, pero por matizar, solo algunas pequeñas cuestiones.

      En ningún momento se dice que desaparezca la lotería, sino que se analiza el fenómeno de la loteria desde la perspectiva social, indicando la «fe» que hay en ella, y la poca «fe» que hay en nuestras propias posibilidades personales y colectivas.

      Por supuesto que estoy a favor de que si «gente quiere jugar» que se regule y se haga. No se plantea en el artículo nada en relación con prohibirla. Igualmente, al que le toque que lo disfrute todo lo que pueda y su cabeza le dicte.

      No creo que sea necesario diferenciar la «suerte» -o la desgracia- de quien le cae una maceta en la cabeza sin comerlo ni beberlo, de quien acude a un despacho de lotería a comprar voluntaria, elegida y intencionadamente un billete para un sorteo.

      Un saludo,

  3. EB dice:

    Carlos, discrepo profundamente con su post. Primero, recurrir a los juegos de azar para argumentar que muchos terminan pensando y rechazando «que solo por ti mismo llegarás a algún lado» me parece que no tiene fundamento alguno. Si muchos creen eso es porque se han dado cuenta en los últimos miles de años de sus limitaciones personales. Sí, el reconocimiento de esas limitaciones sigue siendo tan válida hoy como hace 100 mil años atrás.

    Segundo, los tres últimos párrafos del post hacen referencia a la sociedad, concepto abstracto que no tiene sentido práctico alguno en relación a los temas específicos que a usted le preocupan. En el primero de esos tres párrafos usted habla de “Una sociedad que cree solo en la ganancia especulativa, en el negocio fácil y el enriquecimiento por el juego del mercado”, pero esa “sociedad” nunca ha existido o existirá (salvo que usted se esté refiriendo a una familia, o un clan, o una organización). En el segundo habla de la queja ciudadana que según usted estaría motivada en la falta de méritos de los “elegidos”, y entonces me pregunto en qué “sociedad” los “elegidos” han sido seleccionados por mérito —no conozco ninguna, salvo que se esté refiriendo a algún tipo de organización, pero son pocas las que pueden reclamar que sí han dado al mérito un papel decisivo. En el tercero habla de una agresividad patente en el tejido social, y me preguntó en qué “sociedad” se ha “controlado” la agresividad y cuáles son las fuentes probables de la agresividad hoy día en todas las “sociedades”. No puedo decir que en el país X claramente la frustración rabiosa generalizada sea causa de esa agresividad —aunque sí puedo decir que como siempre hay quienes sacan provecho de esa frustración para acceder al poder por cualquier medio, incluyendo la violencia, hoy bajo la forma de matones que intentan suprimir campos de libertad conseguidos luego de grandes guerras calientes y frías (sí, aquí tengo en mente a los matones de la izquierda podrida que saben jamás serán elegidos por voto popular y entonces recurren a la falsedad y a la amenaza de violencia para conquistar el poder; ya veremos como estos matones “celebran” los 100 de la revolución bolchevique en 2017).

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Estimado EB, agradezco su comentario pese a las discrepancias que encuentra en él respecto a su perspectiva, aunque no es de extrañar dadas las anteriores disputas que ya hemos tenido a lo largo de este blog, y que se incrementan en este día post-sorteo.

      Seguramente estamos en un momento en el que, en el primer mundo, existiendo las limitaciones derivadas de aspectos personales y/o sociales, están son mucho más salvables que hace «100 mil años atrás». Negar esta evidencia es negar la evolución, y el impulso de justicia social que se ha perseguido de diferentes maneras, pese a la tónica sanguinaria que las ha caracterizado. Tratar de superar las limitaciones es lo que explica estamentos como la cultura, instituciones como la educación, las líneas científicas de los campos sociales y las humanidades, el propio arte, las instituciones de apoyo social y caritativas, las labores de las compañías religiosas ahora sustituidas por ONG´s, y así un largísimo etcétera. En otro artículo se analiza algo este tema, y como se ha articulado en la actualidad: http://www.otraspoliticas.com/politica/carino-y-caridad.

      Entiendo su suspicacia hacia el término sociedad calificándolo de «concepto abstracto sin sentido práctico alguno sobre los temas específicos que a usted le preocupan», pero no ofrece ningún argumento del porqué no le encuentra ese sentido, indicando solamente que una familia, un clan o una organización pudieran encontrar un hueco en esa expresión de «sociedad». Y digo que lo entiendo porque ese término es uno de los más manidos y contaminados del lenguaje español. Pero más allá de esta discusión, sí me parece bastante importante el resto de la frase en relación con el acto compulsivo común sobre el enriquecimiento especulativo, base del artículo.

      Respecto a la elección de los más meritorios en los puestos de responsabilidad, no me he parado a analizar sí esto ha sido así, sino que lo planteo más como un ideal a seguir, objetivo que también se comparten en los muchos tribunales que examinan a los cargos (altos y bajos) de, por ejemplo, la administración pública. Otro debate interesante sería si esos procesos de selección son realmente eficaces en conseguir que los más capacitados son los que finalmente son elegidos, o solo los que más capacidad memorística tienen, o mejor se adaptan al formato de selección.

      En cuanto a su tercera objección sobre el control de la agresividad «social», tampoco se hace ni se pretende un análisis histórico sobre él, sino que se hace mención a ella como un elemento indispensable para una adecuada salud colectiva. No cabe duda que una las cuestiones que se le deben exigir a cualquier dirigente con responsabilidad sobre los colectivos sociales, es la de llevar a cabo políticas que aborden estas realidades, y minimicen y canalicen las tensiones que se producen en su seno. Cualquier experto de las dinámicas grupales, es conocedor de estas realidades, y un dirigente político también debería ser experto en esto, pese al bajo perfil personal y profesional de los líderes actuales, que hace que a muchos se nos caiga la cara de verguenza. Las tensiones internas de las sociedades, es uno de los temas centrales de la Historia y de la Socio-Antropología, y resulta obvio analizar la importancia que tienen para no solo entender el devenir de los conflictos, sino esencialmente para prevenir que estos no den lugar a grandes debacles, luchas y enfrentamientos, casi siempre con su alto coste en vidas humanas, la mayoría inocentes. Al respecto, conviene mencionar que el siglo pasado, y lo que llevamos de este, son ejemplos perfectos de la manipulación de las tensiones sociales en favor de las locuras y paranoias personales recogidos en panfletos ideológicos tan elementales como asesinos, computables en siete o más dígitos en número de muertos. Los binomios Fascismo / Mussolini, Nazismo / Hitler, o Comunismo / Stalin, son ilustrativos.

      Sin más enviarle un cordial saludo, y esperar que el próximo año haya más suerte en el sorteo.

      1. Carlos Peiró Ripoll dice:

        Por último, simplemente insistir en la tesis expuesta. Un colectivo entre el que destacan en su faceta pública, en el sentido de comunicación, los mediocres, los impostores, los bufones, los cínicos, los anti-héroes, que llenan los espacios comunes de especulación, simplezas, bravuconadas, griteríos, poses y maledicencias, es una sociedad enferma. Muy enferma.

        1. O'farrill dice:

          Coincido con la apreciación (es sólo eso) que hace el autor de nuestra «sociedad» (entendida como un conjunto de personas obligadas a convivir). La cuestión es si su comportamiento es sólo consecuencia de su experiencia o preparación o si ésta última se ha diseñado y manipulado con fines determinados (premios a los fieles y castigos a los rebeldes, a los «herejes»).
          En cuanto a la lotería nacional y otros «sorteos» son simples juegos de azar donde el ciudadano, hábilmente preparado por la publicidad, espera obtener beneficios sin necesidad de mérito o esfuerzo. Vivo en el centro de Madrid y compruebo cómo ya en el mes de agosto, la gente acude a ciertas administraciones de loterías en busca del décimo de Navidad. No quiero decir las colas ante unas y la escasa afluencia en la de enfrente. Simples mitos y supersticiones que, al final, crean una vida virtual muy distinta a la realidad, pero que parecen dar «seguridad» a los inseguros de por sí. Ellos mismos se hacen las trampas para creer lo que más les conviene. Está en su capacidad de decidir (todavía) qué hacer con su dinero. Ya se ciernen en el horizonte amenazas de una «regulación» total de nuestras vidas en que, posiblemente, se nos imponga como gastarlo y se nos controle donde y cómo lo hacemos.
          Un saludo.

          1. O'farrill dice:

            Hay una errata: en lugar de «censuras» debe entenderse «nuestras». Disculpas pero me lo «corrige» la máquina. Un saludo.

  4. Estimado Peiró me puede llamar Perica, si quiere, que es mi apodo temporal, hasta que se me pase la furia interna a la que me han inducido, aquell@s los «gestores mundiales» y sus suVidas de todo tipo! (Sus proclamas ya archiconocidas), estoy segura que lo que mejor gestionan son los campos de amapola (opio) de Afganistán, les «sientan» muy bien, de ahí sus proclamas a la «masa popular» empobreciendólo todo aún más//Cómo no echar algo de lotería? Pues?-
    Por otro lado, tampoco animo yo a que nadie «juegue» por dios!- no lo veo bien, y/o se hace con cabeza o cómo en todo, «los enganches» pueden ser malísimos!!-
    Con la maceta, hago alusión a que te venden «la suerte dineraria» como poder absoluto y, esto «la suerte»..que tendrá que ver con el dinero?- muy poco creo yo!!…
    Por otra parte, vivimos en Spañistán y ya decía Unamuno: que aquí se premia, el robar y la sinvergonzonería y no! El mérito; y está muy claro que la gente «honesta» no se come un colín…
    Así que,como para no seguir echando…lotería….
    De tarde en tarde..y quien quiera que si un día te cae «el gordo», vaya si cae!!- cobra contigo…Hacienda..y todoCristoViviente!-

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Estimada Perica. Puestos ha debatir sobre el tema de los juegos de azar, cabe preguntarse el motivo de su alta capacidad adictiva. No deja de ser llamativo el efecto de enganche que tiene un comportamiento tan elemental a niveles interculturales, desde China a Europa. ¿Qué hay detrás? ¿Porqué el ludópata actúa compulsivamente como un heroinómano con el opio? ¿Y, sin ser ludópata, que le sucede a un colectivo que gasta ingentes cantidades de dinero en probar a la suerte, al día que se termina un ciclo y comienza otro? ¿Cómo es que dentro de una sociedad racionalista, científica y estructurada, se dan conductas generalizadas como las mencionadas?

      Estas y otras preguntas son las que habría que hacerse antes de lanzarse a aprobarlo o rechazarlo.

      ¡Saludos y Feliz Nochebuena a todos!

  5. Quería anotar que las faltas de ortografía en suVidas/se es a drede…
    en vez de subidas: refiriéndome a sus propuestas de subidas de IVA, De nuevo etc…

    más medidas austeras= más estrangulamiento económico para las personas?-….

    De que va!! Esa gente!!??- sinceramente, de qué??-

  6. Loli dice:

    Estimada Perica:

    No estoy segura si la pregunta es ¿de qué va esa gente?, o más bien, ¿cuáles son nuestras pretensiones?, las de todos nosotros, las de la sociedad en general.

    Las pretensiones de nuestros gestores, al menos los más inmediatos, tengo la impresión, de que irán en función del camino que les insinuemos.

    En una sociedad “democrática”, aún en ciernes, el pago por la no maduración de las gentes, es, seguramente, ese, utilizar las carencias respecto al aún insuficiente funcionamiento mental y psíquico, en provecho de una estructura de sociedad que no quiere moverse un ápice de su “estado”.

    Y a esos gestores, convencidos u obcecados en ello, los elegimos, en buena parte, nosotros.

    Cada vez estoy más convencida, según avanza el blog en el desglose de temas y materias, de que una actitud volcada en la atención de nuestros actos, y sobre todo, en esa dinámica de automatismo a la que no somete esta forma de modelo, en el funcionamiento cotidiano, es fundamental.

    No creo que sea fácil, ni que se pueda conseguir mantenerla, al menos en los niveles necesarios, de manera continuada.

    Pero al menos, es posible, que esa actitud provocara un camino más abierto a la reflexión, los circuitos propios de las adiciones, se resentirían con ello, y las sendas de la inteligencia, de forma más global, se allanarían.

    Pero….es tan importante, me parece, querer hacerlo, que sin esa intención, de poco va a valer, despertarnos de la hipnosis cotidiana, a veces de forma intermitente y abrupta, y al darnos cuenta de la realidad que nos somete, arremeter indignados contra las decisiones de un modelo, al que luego volvemos, sumisos y también deseosos, por nuestra dosis diaria de adormecimiento y secuencias recurrentes de los mismos ritmos.

  7. Lo primero de todo, la pasemos bien o lo mejor posible en estas Navidades, y próximos venideros, porque sí!!- nos lo merecemos…o, así lo creo yo..

    Siempre interesantes tus comentarios Lo Li…pensaré sobre lo expresado..

    En otro momento, a ver si me/respondo, sobre las preguntas del Carlos: curiosas Cómo poco..
    pero..el tiempo es limitado, y los «deberes diarios» un tostón…pero,

    «Quien no Resuelve lo Cotidiano, no sale del ensueño»..
    Aclaro..que a esos gestores-mundiales- de consignas- autericidas/ no les «deseo» nada, ni malo ni bueno;
    Está en mi libertad lo que me parece..
    Saludos y buenas fiestas!!!

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