Pocos animales reúnen en sí mismos tantos atributos negativos como la cabra (Capra aegagrus hircus). Porque se puede ser un cabrón, estar como una cabra, resultar ser un chivato, o ser el chivo expiatorio de un colectivo. Y en lo gráfico, también encontramos referencias negativas, pues se le identificará con el demonio, que es poco menos que el peor de lo peor en el judaísmo hebreo y en el cristianismo ortodoxo, al igual que se le ha pintado con frecuencia en cuadros y estampas representativas del Aquelarre pagano. 

Según los más apreciados antropólogos de las religiones, el macho cabrío era una figura que caracterizaba la divinidad en épocas precristianas, pues simbolizaba tres atributos esenciales: la nutriente, la fortaleza y la energía supranatural. Esta identificación con el macho cabrío, según estas fuentes, vendría dada por los aspectos físicos del animal, en los que los cuernos le dotan de conexión con el más allá y el espacio, las barbas con la habilidad del manejo de un lenguaje aún incipiente para la época de la que hablamos, la testuz como la gran fuerza de choque ante los impedimentos, y, sobre todo, esa capacidad motriz que le permite vivir al borde del abismo, y poder estar en contacto mínimo con la tierra. 

Esta cualidad para sostenerse en un espacio minúsculo de terreno, tan bien explotada por la cultura circense a lo largo de milenios, despertaba la admiración de unos y otros, que le otorgaban el poder de las aves, y la mayor de las destrezas entre los mamíferos vivos; y, en una concepción animista-animalista, resultaba muy próxima a lo sobrenatural. Tanto es así que algunos ejércitos modernos, especialmente instruidos en el desprecio a su propia muerte, no dudaron en utilizarla de mascota por ese simbolismo. 

La asociación, pues, del macho cabrío con lo demoniaco, parece una maniobra de las religiones monoteístas para desterrar de la constelación metafísica a uno de los principales “dioses” de la cultura religiosa anterior, asociándolo con el paradigma del Mal por antonomasia. La limpieza de la culpa, los pecados y las inquinas, esencial en los procesos de acercamiento a la divinidad, se ejemplificaba mediante el ritual del chivo expiatorio, que consistía en depositar las culpas sobre un macho al que el sacerdote imponía sus manos, y que luego abandonaban en pleno desierto, según la tradición hebrea conforme a las instrucciones otorgadas por Jehová. Así visto, el chivo en las grandes tradiciones monoteístas era el principal animal sobre el que recaía el Mal, los procesos de expiación y la representación de lo demoniaco. 

Con esta concepción tradicional negativa del chivo, ahora nos sorprendemos en cambio, que en lo social el papel del chivo haya adquirido la importancia que tiene en la actualidad, adoptando formas que camuflan estas asociaciones negativas previas; porque si algún rol está adquiriendo especial relevancia por su presencia y buen cartel, ese es el del chivato. 

Nunca mejor dicho, ya que, en toda la vida de dios, el chivato era ese ser ladino, cobarde, advenedizo y lameculos, que ponía en oídos del poder de turno, los aconteceres acaecidos fuera de su control y conocimiento. Ser acusado de ello por cualquier colectivo era uno de los peores adjetivos que a alguien se le podían atribuir, y suponía de inmediato el arrinconamiento, si no la exclusión, de la vil y mezquina persona que lo ejercía. Chivarse era la peor de las traiciones a la ley grupal en el mundo de los subordinados, en un juego en el que el poder se entendía como un mal necesario y sobrevenido al que había que limitar su capacidad general, y habitualmente coercitiva y represiva, mediante maniobras de supervivencia que solían estar dominadas por la alegría, la juerga y la travesura. En general suponían un ejercicio de transgresión con el que se liberaba parte de la presión a la que la ley solía tenerte sometido. 

Pero ahora resulta que la ley es supuestamente la de todos, el bien es común y no una cosa de unos pocos, los valores son compartidos, y el pensamiento es para todos el mismo. Y aquello de que Hacienda somos todos, se ha extendido al mundo de lo tangible y lo intangible, como la calle, el Metro, los supermercados, la circulación, la limpieza y la imagen, por twitter y Facebook, y se mete en la vida privada diciendo cómo tienes que comer, de qué hay que hablar y cómo debe ser el comportamiento en la cama. Una tiranía como la de siempre solo que compartida por muchos más, con la habilidad de que quien la impone consigue hacer creer a los demás que es por y para todos, y que no tienen rubor alguno en penetrar en la intimidad. 

Los muchos que lo comparten son los militantes de la comunidad, en un juego tan ramplón como peligroso, que les dicen a los demás cómo tienen que comportarse, cuál debe ser su escala de valores, a dónde deben dirigirse sus actos, en qué consiste pensar, y cuáles son los objetivos a perseguir. Y por lo tanto, se sienten valedores, defensores y ejecutores de lo que la ley dice, poniéndola muy por encima de los individuos, la responsabilidad individual o el sentido de cualquier forma aceptable de libertad. Habría que ver la realidad personal de estos comisarios del bien común, porque seguramente esa cacareada tarea de cambio social que realizan, contradice directamente su propia capacidad de cambio propio, y solamente es una estrategia perseverante y antigua de disimularse ante sí mismos a base de arrogarse un mando sin mayor sustancia que el poder que contiene. 

Entonces no son chivatos, sino agentes de una ley común tan involutiva como las demás, pues sigue siendo impuesta e incuestionable, a unos pobres mortales que necesitan ser liderados para que no se pierdan, instruidos para que no desbarren, y reeducados para que aprendan. Su proliferación ha adoptado masivos actos de testimonio, si bien solo hay dos tipologías: la física y la tecnológica, personas de a pie casi siempre uniformados y cámaras y cachivaches que nos graban sin parar. 

Los chivatos, que nunca se habían marchado, han conseguido aliarse con el patriarca de lo común, para inflarse a sancionar, multar, castigar, expedientar, recriminar y reeducar a propios y extraños, con la absoluta creencia de la importancia transcendental de su quehacer y el pomposo andar del macho de los pelícanos, que hinchan e hinchan el buche, pero que al replegarse resulta que únicamente es aire, y nada más. Y, de paso, han ilegalizado la transgresión como último recurso de los díscolos, que son mayoría en el mundo de los uniformes sociales, obligándolos a las drogas o a la locura. 

Dada la amplia proliferación de los chivatos, ¿no se debería volver a los rituales expiatorios del hebraísmo?, y si pretenden acarrear con los males de un colectivo ¿no será mejor que penen como antaño en el desierto? 

Quieren evitar el apocalipsis en la sociedad, sin preguntarse si acaso no lo estarán trayendo ellos mismos.

6 comentarios

6 Respuestas a “El retorno del chivo”

  1. EB dice:

    Me pregunto quiénes son para usted esos que «quieren evitar el apocalipsis en la sociedad, sin preguntarse si acaso no lo estarán trayendo ellos mismos». Nada en su largo post sirve para identificarlos y supongo que debe ser porque es más fácil ser ambiguo. Nada permite centrarse en algo concreto que permita una conversación seria; sí, mejor moverse en la ambigüedad para evitar errores y malentendidos. No siendo concreto usted evita la cuantificación de los chivatos, dejando entrever que son muchos cuando quizás sean unos pocos; sí, todos hemos conocido alguno, pero todos sabemos que no todos los demás lo son. Si quiere ser serio sobre un problema no puede evitar por lo menos una especulación sobre su importancia cuantitativa. Supongo que su intención no fue mostrar a los lectores su erudición sobre los chivos –de igual manera que en posts anteriores su intención no habría sido mostrar sus profundos conocimientos sobre X para concluir que el mundo es y será una porquería– pero quizás estoy equivocado.

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Sí, ha dado en el clavo: bien cierto es que para encontrar respuestas es imprescindible primero hacerse preguntas. Pero no estamos aquí para resolver las insolvencias o carencias de los lectores, y mucho menos para que algunos aprovechen la exposición abierta que todo artículo supone para ejercer el santo oficio del juicio público.

      El estilo acusativo, sentenciador y condenatorio que con frecuencia usted utiliza, resulta que no es el mío, y si por un momento usted lo dejara de hacer pudiera ser que entendiera algo más de lo expuesto.

  2. Loli dice:

    Hace poco se estrenó un anuncio en televisión, que, a pesar de querer tener un carácter progresista de avanzadilla en el respeto y la tolerancia, lo cierto es que, al menos en mí, despertó una profunda inquietud.

    La “futurista” (ojalá empezará a no tener que seguir teniendo ese mensaje profético, pero parece que las cosas no se lo ponen fácil) obra de George Orwell, 1984, describe, entre otros “horrores”, como el ambiente hogareño, el de la familia, no solo ya deja de ofrecer (en la ficción del relato), el único reducto de afecto, tolerancia y cariño, en una sociedad “uniformada” y “funcionaria” toda ella…(todos trabajan para que el sistema “funcione”), sino que se convierte en la cuna y el primer campo de ejercicio de la “delación” y “denuncia” de todo aquello que amenace la maquinaria estatal.

    En el anuncio mencionado más arriba, se proponía como criterio de avance de toda una “sociedad”, el ejemplo de que si en el entorno de una familia, el progenitor exponía un calificativo “inadecuado”, ante una determinada posición o identidad “sexual”, el hijo, adolescente de catorce años, debía recriminarle su actitud y exponerle, se supone, las razones para ello.

    El problema es que, plantear esa forma de comportamiento dentro de la intimidad de un hogar, queriendo hacer de ese hogar una delegación temprana de “consignas sociales….o políticas, desde un medio de comunicación tan potente como es el audiovisual, pues suena….tremendo.

    El que la actitud con los seres que afectivamente tenemos más cercanos, resulte más o menos compleja o complicada, forma parte de la relación, el aprendizaje, la resolución y el trabajo que se ha de dar en el núcleo íntimo familiar.

    El fomentar unas determinadas funciones, en hijos adolescentes, como correa de transmisión de criterios que encima se delimiten legislativamente…..se me antoja un medio intimidatorio, que valida….y llega a legitimar el “chivatazo”.

    Parece que existe un Proyecto de Ley para que a las personas que trabajan denunciando los coches mal aparcados o a los que se le ha pasado la hora, se le considere como Autoridad, dentro del perfil, o cercano a él, del Policia Municipal.

    No deja de ser curioso verlos pasar fotografiando con sus móviles las matrículas de los coches “subversivos”, o “descuidados”.

    Todo esto puede parecer anecdótico, pues nos encontramos en una sociedad democrática, con libertad de pensamiento, y donde nadie puede ser discriminado ni por su origen, religión, raza, condición sexual….¿o no?….

    ¿Qué es lo que puede estar dando tanto miedo, en una sociedad con un funcionamiento que parece es ya el escalón más alto al que el ser humano puede aspirar, que el poder al que se ha adherido, el del Estado, se esté afanando en desplegar las hojas escritas en el libro de Orwell de manera insidiosa, unas veces, otras…de forma descarada?.

  3. Carlos Peiró Ripoll dice:

    Pues efectivamente Loli así es. Vamos de cabeza a una sociedad polarizada entre ciudadanos que persiguen a otros ciudadanos. El Poder, que ahora toma forma de Estado absolutista, ha propiciado y lo seguirá haciendo, una división interna entre sus miembros, de manera que unos abducidos por ese sentido del bien común perseguirán a otros que se los define como díscolos y desviados.

    En el artículo se pretende poner en evidencia esta realidad, que es una práctica tan antigua como el «divide y vencerás», en el que el ejemplo que utilizas en tu comentario es un buen botón de muestra de esa aseveración. Hay algunos otros como la forma en que se aplica la excluyente ley de restricción del tabaco, las incipientes iniciativas sobre las mediaciones vecinales, o las ventajas que recaen sobre un ciudadano que denuncie a los defraudadores a la Hacienda, que van en una línea similar.

    Estoy contigo en que nunca hasta ahora ha habido un nivel de desarrollo de conciencia individual como el que en la actualidad existe. Eso es una conquista fundamental de las sociedades occidentales basado en la oposición al fundamentalismo, ya sea eclesiástico, político, o militar. Pero también es una clara amenaza a otros sistemas más profundos y menos evidentes de Poder, que están llevando estas formas de mantener el control social. Así, hay igualmente, una clara oposición a dos de los fundamentalismos que supondrían un cambio radical a los sistemas de vida ciudadana, que tienen que ver con los modelos educativos y con la responsabilización de la sociedad civil. Su principal enemigo actual se llama el pensamiento único y homogeneizado.

    Aún es pronto para advertir con claridad la realidad de estas luchas que se avecinan, y sus síntomas actuales no dejan de ser un tanto caricaturescas de ese problema mayor. Por ejemplo, los populismos que nos rodean son manifestaciones de un deseo mayoritario de mayor impicación en la escena pública, que no encuentra una manera adecuada de tomar forma, y acaban emulando estilos colectivistas anteriores.

    El reto es enorme y no dejará de dar lugar a luchas y enfrentamientos próximos, y el ansía de búsqueda del hombre de su destino libre tiene delante importantes desafíos. Mientras sigamos llamando a los chivatos por su nombre.

    Gracias por tu comentario y un saludo.

    1. pasmao dice:

      Excelente artículo Don Carlos y excelente la aportación de Loli

      Simplemente añadir y respecto a las cabras. En mi pueblo los pastores suelen mezclar cabras con los rebaños de ganado ovino (obejas), y lo hacen no sólo porque les guste mas la leche de cabra o los cabritos al horno, que los corderos, o la leche de oveja; si no también porque ayudan a guiar el rebaño.

      Las cabras tiran del rebaño de las ovejas, suelen ir las primeras y las ovejas van detrás. Lo que facilita el trabajo de los perros.

      Significativo eso de que las cabras sean las que «guien» el rebaño.

      Respecto a lo de las delaciones.. sería de agradecer que uno de esos que nos cuentan acerca del «uso alternativo del derecho», es decir la facultad de Juez para ajustar discrecionalmente la Ley a una realidad social, algo muy apreciado por la progresía que lo prefiere a reformar la Ley, para que así el Juez tenga un papel donde mande mas, si ello conviene.

      Junte delaciones, chivos expiatorios, división de la sociedad con ello y estaremos un paso mas cerca del estado Orwelliano o Happyworldiano (según los gustos) que nos acecha.

      Un cordial saludo

  4. Rosae dice:

    Es casi cómo para apearse de todo, sí- porqué no?…

    Se celebra el día ese del orgullo gay… A bombo y platillo, defendiendo derechos ya reconocidos..
    Con un despiporre de la leche..
    Muchos derechos reconocidos y libertad!! Claro que sí…

    Y eso de comprar «bebés» y legislar sobre ello?,
    Habiendo tanta infancia sin «nada» y tanta víctima por guerra… A ya que esto no interesa… Ya… Once-mil-niños-desaparecidos víctimas de las «guerras», pero es más cuki «comprar un bebé» a una madre pobre… Qué mola mogollón!!
    Ya…. Ya…. Hablar así es demagogia…
    Claro es SU libertad.. La de los «adinerados»…
    Me ha comentado un chivo «expiatorio» que todo este «despiporre e indecencia humana» terminará pagándose…
    En barrios enteros de europa/norte., gobierna la Sharia islámica, las fuerzas del orden han perdido el control… Las «noticias occidentales» no comunican nada… Para qué? –

    Sigamos con la fiesta y el despelote..
    Que del hambre, pobreza, precariedad y víctimas de toda índole ya se ocupan los «gobiernos» regalando a la banca miles de millones de euros…… Esto no se está pasando de rosca? –

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