El otro día les pregunté a unos amigos si enviarían a sus padres a una residencia cuando ya no pudieran valerse por sí mismos. Casi todos contestaron que sí, sin dudarlo. Luego les pregunté si ellos querrían acabar sus días en esas condiciones y la respuesta ya no fue tan contundente.
Supongo que nos quedamos más tranquilos pensando que los ancianos tienen todo lo que necesitan en su acogedora residencia con fluorescentes y televisores a todo meter, pero es curioso que sigamos viéndolos como esas personas que nosotros nunca seremos.
¿Sería suficiente para nosotros contar con cuidado médico, un televisor, un dominó, una función de teatro infantil por Navidad y tres sopas diarias? La respuesta es no. Entonces, ¿por qué pensamos que para ellos sí lo es? Bastaría con preguntarnos honestamente qué creemos que necesitaremos en nuestra ancianidad para dar respuesta a lo que puedan estar necesitando ellos.
Entre la protección y el paternalismo existe una línea difícil de identificar. Con los ancianos la cruzamos constantemente. El paternalismo suele ir orientado hacia la búsqueda de superioridad moral. La protección debería ir orientada a proporcionarles las mejores condiciones que estén a nuestro alcance sin pretender obtener nada a cambio.
Hablamos de los ancianos como si la vejez fuera un gremio: “El gremio de los abuelos”. Como si pertenecer a la misma generación fuera una afinidad. Y sobre todo, como si los que todavía no hemos alcanzado la vejez no fuéramos a alcanzarla nunca. Pero esas personas a las que hemos metido en ese gremio ficticio también tienen intereses, miedos, ilusiones y proyectos. ¿De verdad creemos que todo eso desaparece cuando cumples 80 años, así, de golpe? “Mañana cumple usted 80, olvídese de quién es y adáptese a ser un afable anciano que no desea nada y se dedica a esperar la muerte viendo Sálvame”.
Encuentro muy grave reducir la existencia a la supervivencia. No basta con tener comida y techo, esto es necesario, pero no suficiente. También necesitamos un estímulo para seguir levantándote de la cama. A todos nos hace falta alegría, amor, aprendizaje, impulso, emoción y confianza.
¿Cómo aceptamos una sociedad que apenas contempla la conciliación laboral con el cuidado de los ancianos? ¿Qué tipo de sistema inmisericorde estamos apoyando, que prioriza el trabajo sobre las necesidades de otros seres humanos? ¿Por qué no se están poniendo en marcha iniciativas políticas para que los familiares puedan encargarse de sus mayores? ¿Por qué no se recoge suficientemente en la ley de dependencia?
Algunos de los que me estáis leyendo tenéis a familiares en residencias. Sé que hay quien no puede ocuparse de personas que necesitan un cuidado especial a diario. Sé que hay quien no llega económicamente, o se siente incapaz de convivir con quienes se han vuelvo complicados de trato. Sé que en general nadie disfruta del hecho de enviar a sus padres o abuelos a una residencia, y sé que hay situaciones en las que los ancianos están mejor en este tipo de sitios que en sus casas, pero también sé que estamos asumiendo esta práctica con demasiada tranquilidad.
¿En qué momento dejamos de indignarnos ante la soledad forzada y el abandono de los ancianos? ¿Cuándo decidimos que lo mejor es guardarlos solos con tal de que no nos estorben? ¿Qué tretas psicológicas estamos utilizando para justificar esta bestialidad?
En la otra cara de la moneda nos encontramos con esos ancianos que viven solos y mueren solos sin que nadie repare en su ausencia durante semanas. Rehusaron trasladarse a una residencia porque preferían seguir viviendo en su casa mientras pudieran, pero tampoco contaban con no recibir visitas de nadie nunca más.
Una anciana contaba en un documental que su deseo era morir en la calle. Cuando le preguntaron por qué, ella respondió que así no moriría sola. Ahora que vengan todos los que se llenan la boca hablando del estado de bienestar. Ese estado que nos resistimos a soltar por terror a lo que venga después, cuando a lo que hay que tenerle terror es a lo que estamos viviendo ahora.
Si este es el bienestar al que aspiramos, que no cuenten conmigo para perpetuarlo.
No tengo, por menos, Bárbara, que agradecerte el abordar un tema tan importante, como incómodo, en esta sociedad de la «comodidad» en la que creemos estar «con toda clase de derecho», instalados.
Es hora de abrir ese «melón».
Yo solo lo voy a abrir un poquito….porque es muy largo y tendría que dar para intensos debates..ojalá..
Juventud, plenitud, ocio, diversión, distracción….realización…y necesidades cubiertas, son términos, que educativamente, se ha favorecido que se fueran instalando en nuestros circuitos neuronales…aquéllos que utilizamos de forma más rutinaria y automática, como imágenes referenciales.
Ya en los colegios, se les plantea a niños de ocho o nueve años, como taller de trabajo, el modo en que invertirían su dinero para que les rente más y mejor, …de cara a un buen plan de…..¡Jubilación!.
Pero ¿qué significa, para esta sociedad ser un «jubilado»?.
Pues algo muy lejos de lo que el término «júbilo» realmente, tendría que suponer.
En realidad puede convertirse en el «principio del fin»…para mucha…demasiada gente. Es la maquiavélica trampa del Sistema.
Es el momento en que aquellos referentes en los que fuimos educados, empiezan a no servir…
Unos cuantos años (muchas veces pocos) después de alcanzado el anhelado subsidio jubilatorio…la vida sigue su camino…muchas veces pasando factura y acelerando procesos producto de haber vivido..o sobrevivido…como esta sociedad ha obligado a hacerlo…sin tener en cuenta para nada la biología y otras muchas cosas, de los seres humanos que la forman.
Entonces los modelos y referentes de juventud, lozanía y…provecho..también decaen. Hay que empezar a atender a las personas en aquellas cosas en las cosas en que van necesitando ayuda…a los ancianos..a los viejos..a los que «ha viajado» más que nosotros..y siguen haciéndolo.
Y esa actividad que en otras sociedades «más primitivas» y «menos civilizadas» que la nuestra, supone un deber y hasta un privilegio, para nuestro «adelantado sistema»es…un problema.
Primero se convence a las familias de que cuidar de sus mayores es una pérdida de tiempo y potencia que debe emplear en el «trabajo» fuera de la casa (a las mujeres, sobretodo, cuidadoras natas en las familias, se les trata de convencer…y os aseguro que desde postulados psicológicos conductistas…cuidadosamente escogidos, que su «realización» está fuera, trabajando..y no en tareas sin «futuro», como es el cuidado del hogar y …menos de sus «mayores»).
Luego también está la necesidad «cuasi vital» a la que se ha llevado a las familias, para que todos sus miembros tengan que trabajar, si quieren vivir bajo un techo…o incluso,ya, ..comer todos los días.
¿Y qué hacemos con el anciano? esa figura que ya no es «venerable»…es decir objeto de respeto, aunque nada más sea porque acumula una experiencia de vida, de forma más o menos consciente mucha veces, sí, pero la acumula…y ésto forma parte también de nuestra vida y de la riqueza de toda la toda la humanidad.
Bueno, pues entonces es necesario «aparcarlo».
Eso sí, bajo la apariencia de que es «por su bien», y para su «mejor cuidado».
Aparece entonces el concepto «novedoso», de que para cualquier actividad vital, es necesaria una formación y una «especialización».
Me explico, para ser madre, por ejemplo, para serlo..y luego ser capaz de cuidar y conocer a tu hijo…bueno, pues para eso es necesario que tengas a «profesionales» a tu lado que te guien en todo momente, te digan cuáno lo haces bien..o cuándo te estás equivocando (y cuidadín con ésto)…de verdad, ..está ocurriendo.
Bueno, pues para el «complicado» (que no complejo…porque no se contempla desde la complejidad…por más que las instituciones se empeñen en «vendérnoslo así») cuidado del anciano, a quien el sistema no sabe dónde meterle para que no «estorbe»…manteniéndole apartado y custodiado, para sacarle a pasear, solo cuando al sistema le conviene (léase, por ejemplo, en «tiempo electoral), pues, aquí, mucho más, se vuelcan los poderes públicos, en convencernos de la necesidad de «cuidados profesionales».
Se convence a la familias de que ellas no pueden aportar el cuidado especializado que sus mayores requieren…y que además podrían estar incurriendo en una negligencia si no aplican los protocolos establecidos por el propio sistema para aportar esos «cuidados».
Tampoco se les ayuda, como bien apuntas Bárbara, o se aprovecha y valora la experiencia que ya existe en las familias, de generaciones enteras cuidando de sus mayores….simplemente se desprecia como forma inadecuada y antigua de asistir a la «vejez».
Y así llegamos a una de las joya de la corona de nuestro Estado del Bienestar: las Residencias para Personas Mayores.
Lo que da para otro…otros muchos comentarios.
Desde la perspectiva de la utilidad, el anciano puede resultar ambas cosas: útil, si posee ingresos económicos para costearse su «parking antesala de la muerte», porque entonces es un cliente -y solvente- , incluso es fuente de supervivencia de otras familias bien por ser la fuente única de ingresos de la primera o segunda generación, bien por sustitutivo de esa residencia en cuanto a que se paga al familiar para que lo cuide remuneradamente dada la coyuntura de que éste carece de empleo, incluso sacándolos de las residencias; o inútil, equivalente a carga asumible por sus familiares o la sociedad, si no los tiene o resultan insuficientes. Si, además, no goza de una salud «aceptable», mucho peor.
Por otro lado, la vejez resulta fea, desagradable, en la mayoría de las veces, en contraposición al mundo de la infancia. Por tanto, la predisposición a atender a los ancianos no abunda.
Mientras siga dominando la supervivencia y los criterios económicos como medidores del nivel de «civilización» de la sociedad «desarrollada»… las residencias de ancianos, sujetas también a la lógica del beneficio, no desaparecerán.
Excelente reflexiones, sobre un tema tabú en nuestra civilización del estado de bienestar; los ancianos.
El maltrato al anciano en las residencias privadas y/o ámbito familiar va en aumento. Nos escandalizamos ante la violencia contra, mujeres, niños o animales y sentimos indiferencia y ocultamos la lacra del maltrato al mayor.
Algunos servicios de urgencias de los hospitales, profesionales médicos, interrogan hasta enjuiciar al acompañante masculino que acuden con una mujer o un niño con un ojo morado, por el contrario hace la vista gorda si esa situación se produce con un anciano institucionalizado en una residencia privada. Es la doble moral instaurada en este País.
http://maltratoalanciano.blogspot.com.es/
Cuando era niña las abuelas llevaban todas moño. Un moño que muchas no se habían, evidentemente, hecho ellas mismas; pero siempre había alguien que decía “hazle el moño a la abuela”.
Las abuelas no llevan ya moño.
Es un pequeño síntoma de cómo la sociedad — que decimos “la sociedad” como si fuera un ente extraño, ajeno a nosotros mismos; así es “la sociedad” la culpable de los males que nos aquejan porque para eso ha sido “ella” la que nos ha deshumanizado — ha ido poco a poco dejándose abducir por un egoísmo aterrador.
Es, sin embargo, la misma sociedad que ha ido labrando el que los viejos no sean seres amables; seres, quiero decir, a los que resulte grato amar.
Porque qué hace, me pregunto, que una persona que fue activa, discurrió y discutió y se comunicó y se interesó por el mundo en el que vivía se deje, en el momento en que se jubila, ir transformando de día en día en una especie de cosa pasiva que se resigna a mirar lo primero que le viene al ojo (Sálvame, sin ir más lejos) sin elegir, sin criterio, y sin más preocupación mientras mira que el observar qué le duele.
Es una especie de espiral, los viejos no son deseables porque les hemos puesto en bandeja el no serlos; porque estos gobiernos, todos los que hemos ido teniendo desde que somos tan civilizados y tan modernos, han propiciado el embrutecerlos a base de viajes absurdos a… Benidorm, por ejemplo (que no tengo nada contra Benidorm, que no lo conozco) donde, en una especie de guetos no mejores que las residencias, los someten a hacer el ridículo con gimnasias desmañadas en las playas, por la mañana, y por la noche otra vez el ridículo bailando con gorritos imposibles.
Dónde estás aquellos viejos de leyenda — he oído decir, como en la canción de Serrat, que conoce a alguien que tiene un pariente que tiene un amigo que conoce a un viejo que da gusto oírlo — a los que, cuentan, se pedía consejo porque la vida los había hecho sabios.
¿Por qué vamos en dirección contraria?
¿Por qué esa obsesión, nacida de no sé dónde, de “espíritu joven” que no he visto que encierre más frescura que el descaro, la absoluta ausencia de pudor con que los viejos se colocan un disfraz de eterna juventud grotesco?
Y no me estoy metiendo con los viejos; es más yo misma soy vieja.
Pero, mira, en cierto modo ahora al escribirlo caigo, los extremos se tocan. Se cría mal a los niños, y se crea, se forja mal la vejez que han de vivir los viejos.
¿Pero cómo el niño mal criado sabrá, cuando llegue a adulto “gestionar” — es una palabra que detesto, pero creo que se usa — a ese extraño que (Bárbara, ¡qué razón tienes!) que no aprendió a aprender que sería nunca.
Y con niños mal criados no me estoy refiriendo a niños que tiran papeles al suelo y no ordenan su cuarto.
Me estoy refiriendo a niños que no incorporan a su conocimiento la inquietud de qué es el vivir y el para qué sirve más allá de satisfacer caprichos y tener las necesidades — otra palabra, “necesidades”, que tiene su miga; que hay gente que muere sin haberse ni siquiera interesado por saber si necesitaba “algo” que no fuese bien tangible o de consumo — cubiertas.
Y es el mundo que los “socializados” hemos creado.
Pero no va a ser la sociedad que nos socializó quien lo desmonte. Habremos de ser cada uno, sin ampararnos en subterfugios ni eufemismos los que salgamos, uno tras otro, del montaje.
Y cuando se quede vacío se desmoronara o, por si acaso no, a lo mejor no estaría mal prenderle fuego y que de tanta estupidez que nos anega, no quedaran ni las cenizas.
Seguramente, y a lo mejor se ha hecho ya, si se hiciera un estudio sobre ello, se vería que algunos de los lugares donde más consumo se hace de antidepresivos de última generación son las Residencias de Ancianos y Centros de Mayores.
Además, una observación, no demasiado exhustiva, llevaría a cualquiera que quisiera tomarse la molestia de ralizarla, a contemplar, como las denominadas «demencias seniles» y «deterioros cognitivos» de las personas mayores que ingresan en estos centros , con más o menos buenos niveles de independencia física e intelectual, se producen y desarrollan, la mayoría de la veces,con una aceleración más rápida de la que cabría esperarse después de una atención y cuidado «especializado» cómo el que se intentan dar en estos centros.
Las dos cosas anteriormente expuestas, ya sería razón suficiente, como para plantearse que el modelo actual de «Cuidado_Aparcamiento» de Anciano, en este sistema, no funciona.
Hay países, dentro del entorno europeo, donde hace ya tiempo que parecen haberse percatado de ello, y desde los propios Estados, pues sí que, a pesar de todo, prima la economía, han empezado a ver que cambios en la forma de atender a sus mayores, también redunda en menos costes a las arcas públicas.
Un anciano que se haga demasiado pronto «dependiente»…ante una perspectiva de vida cada vez más larga…son gastos a cubrir por la sociedad….así de crudo.
Por eso en Alemania, Inglaterra, Noruega, Irlanda, se vienen poniendo en marcha otras formas alternativas de atender a sus mayores…viendo que con ello, también mejora la llamada «calidad de vida»…pero desde aspectos que se contemplan poco cuando se habla de ello: acompañamiento, calidez,cercanía familiar.
Así se viene aportando más ayuda a las familias para atender al anciano en su propia casa, o a ayudar a familiares ha hacerlo.
Las residencias tienden a ser más pequeñas, y la tendencia también es a respetar el mobiliario de las propias casas, el cual se traslada a las habitaciones donden van a instalarse los residentes ancianos, e incluso se crean infraestructuras de cuidado que contemplan que sean los propios familiares quienes lo lleven a cabo….aún existen muchas más formas que se están contemplando en otros sitios como Autralia, EEUU…
No es lo ideal..todavía, pero es mejor que quedarse anclado, como parece que ocurre en España a nivel institucional, en macroresidencias, mamotretos que funcionan cómo lo haría una «industria», con horarios rígidos, restricción de movimientos, programación abosoluta en la vida del anciano….sin tener en cuenta ni su biología ni su ritmo…ni su especial aspecto psíquico…ni tampoco el nº necesario de cuidadores, que son realmente necesarios para mantener, de la mejor forma posible ese cuidado aunque sea básico.
En realidad sí se tiene en cuenta todo ello, pero solo desde el papel y el protocolo….imposible de llevar a la práctica dentro de la rigidez de funcionamiento de estos sitios, rigidez..por otro lado necesaria…porque sino no hay manera de que siga adelante…es la maquiavélica contradición que encierra este sistema.
Creo, Victoria, que sí es posible que el concepto «residencia de anciano sujeta a la lógica del beneficio», pueda ir desapareciendo…aunque solo sea porque se vea que ese beneficio no va de la mano con aparcar así a las personas mayores.
Un paso más allá ,necesario, rompiendo la tendencia social de juntarnos solo por edades afines en función de determinados intereses….se dará junto con nuestro desarrollo como personas, y dependerá mucho de nuestro esfuerzo para conseguirlo, tengo la sensación.
El cuidado del anciano en residencias o dentro de la familia, sí, pero existen ancianos, cada vez más, que no tienen familia. Y con no tener familia me refiero a absolutamente nadie de su propia sangre; ni siquiera el típico sobrino que aun a regañadientes pudiera ocuparse de qué hacer con el viejo o la vieja.
Por otra parte, a viejos y a jóvenes, a todos nos gusta eso de sentirnos libres; pero parece ser que sólo lo queremos cuando nos sabemos autosuficientes, que cuando nos percatamos de que dejamos de serlo… ¿A cuantísimos viejos no es más que frecuente escuchar lamentarse de lo solos y abandonados que se sienten?
Así que, con familia o sin ella, el problema del viejo o, bueno, “anciano” que suena mejor, es su propia vejez, y sus problemas y carencias no van a remediarlo ni personas cercanas, aunque las tuviera, ni lejanas, ni ningún tipo de institución de esas en las que, cuando hay lo que se suele llamar suerte, se dice que se les trata con mucho cariño.
¿Hay algo más humillante que recibir un cariño por el que se está pagando?
Que me parece bien pagar, entendámonos, y yo misma tendré que hacerlo y quizás pronto; pero, por favor, ruego desde estas líneas a los hados de mi destino que no me manden a ninguna parte donde me vayan a tratar con cariño, que con absoluta corrección estoy segura de que tendré bastante.
Ah, y un ordenador; eso sí, aunque esté medio changado.
Y no será necesario — que cuando un viejo se arremanga a vivir no hay quien lo pare — que sea una residencia cara; que qué falta le hace al viejo anciano una pista de padel al que no jugó jamás. Ni sabe cómo se escribe, que el ordenador me lo subraya en rojo.
En fin…
He conocido algunas residencias por familiares. La primera, a la que tuvimos que llevar a mi abuela por razones de fuerza mayor, fue denunciada por mi madre por maltrato y fue clausurada, pero no resultó tan fácil ni rápido como el deterioro de los ancianos allí alojados, tuviesen o no esa patología de demencia senil u otras, Loli.
En otras, más o menos lujosas -por la cuota mensual a pagar, carísima en todo caso-, también están hacinados en los cuartos comunes (salas, comedores) por la escasez de personal y la mayoría no cualificado. Un … ¿cómo denominarlo: huésped, enfermo, cliente…? se quejaba porque todo era como en un cuartel.
Comparto contigo, Alicia, en que el cariño del cuidador debería quedar fuera de la mensualidad, pero también es cierto que algunos mayores «compran» la compañía de forma tirana, si bien para ello ha de concurrir el interés espúreo del que se ofrece a «ayudar y cuidar», sobre todo cuando no hay herederos directos, así como dándose bastantes casos de estafa por parte de extraños pero con apariencia de ángeles cuidadores. No son escasos los Notarios que acuden a dichas residencias de ancianos.
No me refiero a pequeñas residencias tipo familiar porque estén ubicadas en un piso o en fincas pequeñas, o llevadas como «negocio familiar», y que en vez de abordar una forma más cercana de cuidado del mayor, lo único que buscan es un lucro indigno a costa de seres humanos…aunque hayan o sigan «viajando»: los ancianos, los «viejos».
Sé que han proliferado y seguramente lo siguen haciendo, aquí y en el resto de países,..en ese caso, son las leyes las que deben estar alerta y actuar con diligencia, es algo que se debe exigir a todo Gobierno, creo yo.
No, me refiero a otros intentos que desde Administraciones de los países que nombré en el otro comentario, de abordar de forma más coherente y eficaz, las consecuencias que están suponiendo, para las sociedades, dividirlas por edades últiles y no útiles.
De estos ejemplos a los que aludo, y de los que me gustaría poder aportar más información, entiendo que están propiciados, apoyados, y en su caso, fiscalizada su gestión por las propias Admnistraciones….otra cosas sería casos de negocios privados y «familiares», que entiendo, si existe una verdadera tutela por parte de las leyes, solo deberían funcionar si cumplen las condiciones y la finalidad pactada con esas administraciones…pero no es el tema al que quería referirme.
Mi intención era hacer hincapié en que se puede ir cambiando el concepto de «anciano aparcado», o que el cuidado de las personas…que lo necesitan…es una actividad inútil, en una sociedad que solo parece vivir para producir y consumir. Que ese cambio es necesario y que desde los propios Gobiernos es está empezano a ver que este modelo de Bienestar falla.En los ejemplos anteriores hablo de que las familias cuidan de sus mayores en las propias residencias…supongo que unas serán privadas, otras públicas y otras concertadas, me imagino, en Europa funciona bastante el modelo de «concertada», bajo supervisión y control de la propia Administración.
Es decir, el cuidador funcionario, solo está de apoyo y ayuda, y en los casos en los que es necesario una atención más exhaustiva, pero mientras, se favorece que el vínculo familiar se mantenga y no se rompa.
Repito…no es lo ideal…pero habría que empezar por romperse un poco la cabeza y ver la manera de reparar esta forma tan abyecta del cuidado del anciano y personas «dependientes», sin que esto tenga necesariamente que pasar por su aislamiento y cuasi ocultación.
Tampoco he querido decir, pero a lo mejor ha dado esa impresión, que el mundo del anciano, que también es el nuestro…pues lo del tiempo, no deja de ser un «convenio», sea un mundo fácil de bondad, serenidad…
Miedo, deterioros en la memoria…y el tipo de personalidad, con el que uno se ha defendido y desenvuelto en su vida, suelen abocar en desconfianzas, irascibilidad, intransigencias, actitudes sumamente egocéntricas, por lo general, los defectos del carácter se acentúan, si no se han resuelto de alguna manera a lo largo del desarrollo vital, y se acentúan, porque aumenta también el miedo ante la vulnerabilidad, entre otras cosas.
Si a esto se le añade que juntamos a todos los «viejos» en un solo sitio, para vivir, respirándose los unos a los otros, dándoles mínimas o nulas posibilidades de relación con otras edades de población ni de bocanadas de «aire nuevo», pues entonces no es de extrañar que se aceleren las «demencias» y los problemas de cognición…es necesario algún tipo de «desconexión», de un entorno que ya lo viven como «hostil», para sobrevivir.
Yo también, como tú Alicia, he vivido los tiempos en los que, a pesar de todo, y del carácter más fácil o difícil del «abuelo», a éste se le cuidaba en casa, o si estaba solo, los vecinos del entorno, también se hacía cargo muchas veces. Es cierto que lo he vivido en un entorno social no favorecido económicamente, y donde estas actitudes eran muy normales y…asumidas.
Recuerdo, asímismo, como la figura del «anciano», en ese entorno familiar, donde muchas veces convivíamos un montón de gente de distintas edades en espacios reducidos de vivienda, resultaba…distinta …y a veces fascinante…para los niños, porque de alguna forma y a pesar de todas las dificultades que suponía la escasez de medioss, de algún modo, digo, rompía con la dinámica..era alguién que ya estaba fuera de muchos engranajes sociales…y si estaba en condiciones de ello…nos contaba su experiencias, el famoso tópico de «las batallitas del abuelo», pero es que era así.
Tampoco recuerdo haber oído hablar, en esa época, y en mi entorno, de ningún caso de vecino o conocido, que aún viviendo solo, hubiera muerto también solo y sin conocimiento de nadie, por vejez, en su casa…todos nos conocíamos..y sencillamente, aquello era impensable.
No quiero decir que lo que yo viví, fuera extrapolable a otros sectores de población, o pasara de igual manera en otros sitios…no lo sé, pero que hay actitudes y disposiciones que son posibles, y más deberían serlo ahora, que contamos con más medios.
Y si que es verdad, Alicia, que no se trata actitudes «empalagosas» de «cariño»…vale, primero porque cuando entras en una institución, los que se encargan de esos cuidados básicos, querámoslo o no, son trabajadores, asalariados….cumplen un trabajo, mejor o peor, y a veces como buenamente pueden…no han profesado para entrar en un convento, y por mucha vocación que haya, los sentimientos, los vínculos emocionales, no son los mismos en el ejercicio del trabajo por un salario, que los que puedes desplegar con lazos familiares o más cercanos…ni se pueden pedir, a no ser que caigamos en actitudes impostadas.
Creo que lo que sí que se hace necesario, es un cambio importante y dífícil de mentalidad, en principio, por nosotros mismos, porque aunque este debate de mucho de sí…mientras no nos de miedo pensar qué vamos ha hacer con nuestros mayores cuándo no se valgan por ellos mismos, o no quiero ni saber del vecino mayor, que lo mismo no tiene a nadie y me tendría que implicar en ayudarle, y no tengo tiempo, y bastante tengo con lo mío…pues…seguiremos cercados y sitiados por el «Estado del Bienestar», crudo y duro.
Yo creo que hay dos aspectos en este asunto:
1. La manera de vivir ha cambiado.
Antiguamente la mayor parte de la población se quedaba en el mismo barrio, o como mucho en la misma ciudad o pueblo donde se había criado y donde contaba con una inmensa red de gente de ‘confianza’: familia, amigos, vecinos, conocidos, que en general podían, y estaban dispuestos, a echar una mano.
Ahora las familias están bastante dispersas de donde crecieron. Sin ir más lejos, yo soy la que estoy más de cerca de mis padres, a 200 km, y mis hermanas a más de cuatro horas de viaje cada una, y eso que no hemos salido de España.
Espero poder ayudar a conseguir que mis padres tengan una buena calidad de vida y en lo posible no separarles de su entorno.
También es cierto que antiguamente los 70 años era ya una edad considerable y no daba tiempo a que se manifestaran ciertas patologías asociadas a la edad avanzada.
Aunque hay ocasiones en que más que una residencia se necesita un hospital, no me parece de recibo enviar a una residencia a compartir habitación con un desconocido a alguien que se ha estado deslomando durante toda su vida. Vaya un premio!
2. El Estado ha arrebatado a las personas su responsabilidad, las ha infantilizado tanto, les ha ‘facilitado’ tanto las cosas, que ahora cada vez menos gente cree que tengan que ocuparse ni de sus niños ni de sus mayores.
No digo que no deba apoyar el cuidado de niños y mayores, pero que lo haga de una manera más humana. Y eso sólo puede hacerse apoyando a los cuidadores, no sólo creando estructuras que los aparque, ojos que no ven…
Ha cambiado la manera de vivir, es cierto, pero nos están vendiendo que es un cambio tan contundente, que hace incompatible destinar tiempo a cuidado, no ya de los mayores, sino hasta de los propios hijos….todavía no útiles, al parecer socialmente, y a los que mientras alcanzan la edad para ello, o se les «guarda» o se les escolariza y se les aplica planes de estudio encaminados ha hacerles económicamente útiles y supuestamente «emprendedores», cargándose materias como la filosofía, humanidades..etc….
No, no es para tanto, hay más dificultad en cuanto a las distancias, puede ser, pero para nada tendría que suponer un obstáculo insalvable, puesto que también hay mejores comunicaciones y estructuras sociales como para , si son bien utilizadas, y si se quiere, poder organizar un circuito más coherente con nuestra propia naturaleza, con la atención y cuidado.
En Suecia, creo que es, por ejemplo, en el tema de atención sanitaria, independientemente de las visitas médicas que se realizan a domicilio, también hay una enfermera asignada para aquello ancianos que vivan solos o con familiares, solo para su atención, y/o coordinación familiar en esa atención si la situación lo precisa.
Como bien apuntas, Paz, habría que empeza a pensar en dedicar las energías y esfuerzos que desde el Estado se dedican a aplicar protocolos imposibles, impostados de otras estructuras sociales, o bien que tienen otra forma de organizarse, o que ya directamente están obsoletos, y que se realizan con el dinero de todos, en , vez de aparcar a los «dependientes», en todo lo contrario, «sacarlos», «integrarlos», apoyar y reforzar a los cuidadores, a las familias y hasta en implicar, con ayuda y refuerzos, a vecinos y entornos, en esa labor….es dinero público, son nuestros «dependientes»….¿por qué no?.
Hola,
aunque con un poco de retraso, pero animado por mi experiencia personal, voy a dejar una breve réplica a un artículo que me ha parecido poco sustancial.
El segundo párrafo es para confirmar que yo, si no estoy plenamente capacitado para valerme por mi mismo en el futuro, estaré encantado de «hacerme socio» de alguna residencia.
Por partes. Un anciano consciente debería dejar de lado el yo para centrarse en el vosotros. No esperar que los hijos renuncien a un tiempo precioso para seguir desarrollándose como personas sería un signo de generosidad y comprensión. Ya sé que ellos nos cuidaron de pequeños, es ley de vida no un deuda eterna.
La diferencia generacional es otro factor a tener en cuenta. Los vínculos familiares son necesarios y buenos para ciertas cosas, pero el día a día (excepto el trabajo) lo pasamos con personas afines culturalmente y generacionalmente. Dónde mejor que rodeado de gente a la que entiendes y te entiende para emplear el tiempo. Conversaciones, juegos, desarrollos físicos,…. todo bajo códigos comunes. Menudo estímulo!
Lo anterior no quiere decir olvidarse. La familia, los hijos, es un punto de referencia para ubicarse en el mundo cuando otros anclajes empiezan a fallar. Visitas, paseos, comidas, ocio hasta donde se pueda, deben ser una constante a realizar para evitar las profundidades del desarraigo.
La ley de dependencia, las residencias, los cuidadores, son elementos que debemos cuidar y a los que debemos exigir lo máximo. Todos/as sabéis a lo que me refiero. No vale sentar a alguien en una silla y ponerle la tele con lo primero que se emita al apretar el botón de on. Optimizar recursos pero individualizar el trato.
Y, si queréis, atendiendo al plano meramente mercantil, se pueden crear muchos puestos de trabajo cualificados alrededor de la llamada tercera edad. Y digo cualificados porque hace falta formación, humanidad, cultura, capacidad de entendimiento, expresión y paciencia para ejercerlos. Muchas más exigencias que en muchos de los trabajos existentes en el catálogo laboral actual.
Por tanto, sí a la residencia capacitada. Espero encontrar una en condiciones en el futuro. Si es que llego.
Saludos.
Mucho más tarde que el comentario anterior me gustaría reavivar este debate. Las residencias de ancianos no son ningún paraíso, no hace falta visitarlas todas, basta con oír las noticias que saltan a la prensa cada cierto tiempo. Lo que son es uno más de los negocios del siglo nuevo ante el alarmante envejecimiento de la población en los países desarrollados. Un negocio que capitaliza y comercializa las responsabilidades de los hijos para con los padres eximiéndolos por completo de cualquier juicio moral sobre su conducta de desapego total con la ancianidad, aunque sea la de sus padres. Como en el artículo, coincido en resaltar la idea de que los que ahora no son viejos llegarán a serlo y es muy probable que rehúsen un trato como ese. La vejez, como la muerte, son las dos lacras que el sistema social y económico en el que vivimos se empeña en enmascarar.